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En familia [Priv. Gilbert Weber]

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Mensaje por Alois Trancy el Dom Dic 09, 2012 4:36 am

Había pasado una semana, pero para Alois había sido como un año entero por múltiples motivos. Pasaba el día en el hospital, entre la habitación de Gilbert y las de Aaron y Luca. Repartía su tiempo entre los tres, especialmente entre los hermanos Weber. Gil se recuperaba lenta pero progresivamente. En cuanto a Aaron, el rubio sintió una pena terrible al ver aquel rostro que tanto se parecía al de su amado congestionado por el miedo, al borde de las lágrimas, hasta que entre Alois y las enfermeras lograron convencerle de que su hermano estaba bien, que solo necesitaba reposo. Alois no tenía muy clara qué mentira le había contado Gil al pequeño, pero después de hablar con él el niño parecía mucho más tranquilo.

Era agotador tratar de parecer animado a todas horas, pero afortunadamente tenía mucha experiencia en lo que a fingir se refería. Cuando estaba con Gil y los niños, Alois parecía un remanso de paz y sonrisas, justo lo que todos necesitaban: algo a lo que agarrarse desesperadamente para pensar que todo iba bien. Que nada había cambiado. Pero todo había cambiado: Alois había sido despedido.

Ciel no había podido soportar la humillación de ser golpeado por Zack en medio de clase, pero que Alois no se quedara con él, en lugar de correr tras Gilbert, había sido la gota que colmaba el vaso. Le ordenó que se quedara y se fue. Le llamó decenas de veces al móvil y no lo cogió. Desapareció durante un día entero sin dar explicación alguna. Alois conocía muy bien a Ciel Phamtonhive, y cuando cruzó el umbral de su mansión sabía lo que iba a ocurrir. No importó cuánto se disculpara, ni siquiera que se suplicara o dejara que le golpeara hasta desahogarse sin oponer resistencia. Con cada reproche, con cada golpe, con cada humillación se preguntaba que había visto en aquel niño mimado y caprichoso para enamorarse de él. ¿Tan desesperado había estado de encontrar a alguien a quién amar que le había valido aquel mocoso? Alois ni si quiera se molestó en darle una explicación porque sabía que Ciel nunca entendería que se había ido porque Gilbert era más importante que él. Ciel nunca entendería que alguien fuera más importante que él.

Así que Alois se había quedado sin fuente de ingresos y, lo peor, sin sitio donde vivir. No le dejaban quedarse en el hospital por la noche así que se despedía de todos con una sonrisa radiante, les besaba deseándoles buenas noches y salía a la calle sin tener ni idea de dónde acabaría durmiendo. Los primeros días se las apañó bastante bien tirando de llamadas a contactos. Pero Alois no se engañaba: aquellos hombres que le abrían sus puertas no lo hacían porque fueran sus amigos, querían algo a cambio. Pero Alois no quería dárselo, así que si tenía suerte y no le echaban inmediatamente, a la noche siguiente no podía volver al mismo sitio. Se quedaba acurrucado, en silencio, atormentándose sobre qué iba a hacer cuándo se le acabase el poco dinero que tenía ahorrado para el hospital de Luca. ¿Cómo se ganaría la vida a partir de ahora? ¿A su edad podría conseguir un trabajo con el que le diera para pagar las facturas y además alquilar algún apartamento? Solo se le ocurría una cosa que le daría tanto dinero… Y no quería hacerlo. No ahora que tenía a Gilbert. La idea de que Gil le odiara por ello, que se sintiera asqueado por su “oficio”, le atormentaba. Sabía que Gil tenía su propio apartamento pero temía que si justo después de confesársele le decía que le dejara vivir con él pensara que solo quería aprovecharse de él. Y no quería eso. Quería ser alguien en quien el albino pudiera apoyarse, no alguien que le diera más problemas.

El mismo día en el que a Gil le daban el alta Alois consiguió una oferta de trabajo. Fue al local (cerrado al público por ser de día) pensando que el dueño lo contrataría como pianista, para amenizar las veladas de sus clientes en aquel selecto pub. Pero después de escucharlo tocar y deshacerse en alabanzas por sus dotes musicales, aquel hombre se disculpó diciendo que era demasiado joven para el puesto. No encajaba con el perfil que estaba buscando. Claro que tenía otra oferta para él… y Alois sabía que era la que tenía en mente desde el principio. No dijo que no directamente sino que le pidió tiempo para pensarlo: quizás era su única opción al fin y al cabo.

Apareció por el hospital después de aquello, cargando una maleta en la que se suponía que llevaba la ropa de Luca, pero que en realidad contenía la suya también y el resto de sus posesiones. Como celebración del alta de Gil y dado que los pequeños estaban mejor habían recibido permiso para salir todos unos pocos días. Esa idea era lo único que animaba a Alois en esos instantes, lo único que le ayudaba a mantener la sonrisa mientras ayudaba a su hermanito a vestirse. Luca estaba tan emocionado por la idea de salir… El rubio lo abrazó contra sí con fuerza.

-Onii-chan también se alegra mucho, Luca.- le dijo mientras contenía el nudo que se había instalado hacía días en su pecho.- Vamos a pasarlo genial en casa de los Weber, ¿vale?

-¡Claro!

Y así, cogidos de la mano, esperaron en la entrada a que llegaran los hermanos Weber. “Al menos” pensó Alois “podremos pasar unos días tranquilos, juntos… Ya habrá tiempo para preocuparse de lo demás”.




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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Dic 09, 2012 12:14 pm

La semana en el hospital había sido eterna. Las horas parecían no transcurrir nunca, menos cuando se encontraba con Alois. En ese momento el tiempo pasaba tan rápido que hubiera deseado que se quedara con él todo el tiempo, pero no lo hizo. Sabía muy bien que no era su único “paciente” a visitar. “Debe ser agotador pasarse el día aquí…” pensó una vez mientras lo veía marchar, devolviéndole la sonrisa al contrario, quien se veía siempre tan enérgico y radiante…

Gilbert se veía inútil en comparación, una carga. Siempre que marchaba Alois, Gilbert intentaba sentarse al borde de la cama por sí mismo, y una de las veces que se puso en pie apoyándose en la cama, una enfermera que justo entraba, se le acercó con prisa y lo volvió a tumbar. Era un mal paciente, tratara quien le tratara; hombre o mujer. Siempre que se veía solo, cuando no andaba dormido o viendo la TV, cuando ya estaba desesperado por no saber que hacer, volvía a intentar levantarse, apoyándose en la barra del suero. Al tercer día, el doctor pasó por su habitación por la tarde, y estando enterado de sus “esfuerzos”, le prometió que si descansaba y no se movía durante cuatro días, le darían el alta. A él y a su hermano. A éste ultimo por unas semanas.

Aquello hizo que se quedara en la cama todo el día, con y sin Alois, recuperándose su cuerpo de forma progresiva gracias al reposo, la comida y las atenciones.

Así, aburrido como una ostra, una de las veces que Alois le visitó, le propuso pasar unos días con él en su casa cuando le dieran el alta, informándole de que a Aaron le permitían salir por unos días. El rubio aceptó, y Gilbert tenía mayor motivo por el que reposar y recuperarse.

Iba a olvidar aquello como si de un mal sueño se tratase, aunque, era en sueños cuando los recuerdos le abordaban. Apenas lograba pegar ojo por las noches por las pesadillas, durmiendo por ello gran parte del día, y cuando lograba pegar ojo en la oscuridad de su cuarto, se despertaba con el rostro bañado en un sudor frío. Tenía que olvidar aquello como fuera, solo necesitaba tiempo….

Y así transcurrió la semana, llegando al fin el día de irse.

-¿Aun no estás listo? –preguntó el albino al entrar en la habitación de su hermano y verlo únicamente con sus pantalones. –No encuentro el collar de papa –respondió sin dejar de un lado a otro, rebuscando en el armario un poco angustiado. Gilbert sonrió al verlo en su mesilla, acercándose a ésta y cogerlo. –Aquí está, no te preocupes. –Aaron se relajó, sonriendo tontamente por no haber visto y se terminó de vestir, colgándole el albino el collar al final. -¿Ya está todo? ¿No quieres llevarte nada? –Dicho esto, el rubio negó con un ademán de cabeza, acercándose a su hermano y agarrandos de la mano fueron juntos a recepción, donde les esperaría Alois y Luca.

Aaron estaba emocionado. Nunca antes había tenido invitados en casa cuando iba, y los que iban no eran otros que Luca y su oni-san. Le parecía genial, tanto que desde que salieron de la habitación hasta que los vieron a lo lejos, el menor no dejaba de comentar todo lo que haría o enseñaría a Luca. Gilbert, caminando a su lado aun con alguna tirita y venda puesta encima pero oculta por la ropa que Zack le había traído, sonreía. Nunca antes su hermanito había estado tan entusiasmado y excitado que ahora.

-¡¡Lucaaa!! –saludó en voz alta Aaron mientras se acercaban los Trancy, soltándose de su hermano y echando a correr hacia ambos rubios para acortar distancia. Algunas personas les miraron, pero no les dieron importancia. Gilbert no tardó en llegar con ellos.–Bueno, ya podemos irnos. Espero que no hayáis esperado mucho, este renacuajo no ve las cosas ni aun teniéndolas en frente–se excusó con una sonrisa, picando a su hermano, quien lo miró a él y luego al resto, sonrojándose, poniendo un pucherito.– ¿Por qué tienes que contar eso…?–murmuró aun de morros.–Venga, no te pongas así –le revolvió el cabello amistoso.

-Cuando queráis–anunció Gil, poniéndose los cuatro en marcha hacia su casa. A pata. No se encontraba muy lejos, a unas tres o cuatro manzanas del hospital.





. . . . . .
Una vez el pequeño apartamento…

-Estáis en vuestra casa, así que adelante-les invitó a pasar, siendo el primero Aaron, quien arrastró consigo a Luca para enseñarle la consola que tenia. Una play station corriente, la más vieja. Era como su reliquia.


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Mensaje por Alois Trancy el Sáb Dic 15, 2012 3:58 am

Al ver bajar a Gilbert y su hermano por las escaleras todos los malos pensamientos de Alois desaparecieron al instante. Fue una sensación extraña, pero ver a aquellos dos juntos, dirigiéndose hacia Luca y él, sonrientes y felices por la perspectiva de pasar aquellos días juntos, hizo que el nudo del pecho del rubio se aflojara hasta casi desaparecer por primera vez en una semana. Sonrió con ternura al ver la pequeña escenita que montaron los hermanos Weber. Aaron era tan adorable que realmente daban ganas de abrazarlo y no dejarlo ir. Y Gil, en su papel de hermano mayor, se veía realmente cool. Alois se descubrió mirándolo cual colegiala enamorada y retiró rápidamente la mirada, sonrojándose un tanto. Pero aquel gesto tonto le hizo sonreír: si aún podía sonrojarse por algo así era que todavía quedaba algo bueno en él. No importaba lo que Ciel le hubiese dicho aquel día, no pensaba creer sus palabras crueles. Todavía quedaba una oportunidad para él.

Los más pequeños caminaban delante, parloteando sin parar y disfrutando con todas sus fuerzas de aquel primer paseo por la calle en, ¿meses? Viéndolos así parecían niños normales, sanos como cualquier otro… Y Alois deseó que durante aquellas semanas pudieran tener una vida lo más normal posible. Lo intentaría con todas sus fuerzas. Y no estaría solo, porque tenía a Gilbert… Aun estando en plena calle no pudo resistir la tentación de rozar su mano con la del albino y agarrarse infantilmente a dos de sus dedos. No se atrevió a hablar o si quiera mirarlo por la vergüenza, pero se sintió estúpidamente reconfortado solo por el hecho de que el otro no apartara la mano.

No tardaron mucho en llegar al pequeño apartamento. Gilbert lo mantenía en tan buenas condiciones que casi podías olvidar al cruzar el umbral en qué barrio y qué tipo de edificio se encontraba. Los niños se lanzaron como locos sobre la consola.

-Gracias.- sonrió Alois felizmente, habiendo soltado la mano de Gil tiempo atrás.- Con permiso~.

El piso era pequeño. Solo tenía una cama, aunque ésta era de matrimonio, pero también había un sofá y si conseguían futones podrían ponerlos en el cuarto que hacía las veces de despacho de Gil. Alois se paseó lentamente por la casa visitando cada sala, haciéndose una idea de cómo vivía el albino allí. Pero al llegar al cuarto vio algo que no le gustó demasiado: el armario y los cajones estaban abierto y revueltos, y un par de latas de cervezas olvidadas por el suelo le hacían imaginar quién era el causante de aquel desorden. Por primera vez sintió una punzada de celos.

-¿Fue Zack quien te llevó la ropa al hospital?- preguntó tratando de sonar natural, despreocupado. Le estaba infinitamente agradecido a aquel hombre por salvarle la vida a Gilbert, pero su parte egoísta no podía evitar recordar los rumores… Esos que decían que aquellos dos eran amantes… Pero, ¿acaso Gil no le había dicho que le quería? ¿Eso les convertía en novios? ¿Significaba eso que no volvería a estar con el peliazul? P-pero él parecía tener la llave del piso… Alois comenzaba a descubrir que estar enamorado conllevaba también mucha inseguridad. Tragó saliva y sonrió.- ¿Dónde debería dejar nuestro equipaje, Gil?

No podía comportarse como una persona celosa y posesiva (aunque lo fuera). Debía guardarse su inseguridad para sí mismo o Gil pensaría que era un paranoico y se enfadaría. Pero había tantas cosas que Alois no sabía sobre las relaciones de pareja… Deseó poder abrazar en esos momentos al albino y decirle de nuevo cuánto lo quería, pero las risas de los niños en el cuarto de al lado lo retenían. ¿Debían contarle todo aquello a Aaron y Luca? ¿Querría Gilbert que los niños supieran que estaban juntos? Alois no habría tenido problema en decírselo a su hermanito, sabía que lo entendería, pero tal vez Gil no quisiera que su hermano supiera que le gustaban los hombres… o que le gustaba el propio Alois…

No, no, no y no. Debía sacar esos pensamientos negativos de su cabeza. ¿Por qué simplemente no podía dejar de darle vueltas a las cosas y disfrutar del momento? Quizás… quizás porque no sabía cómo ser, simplemente, feliz.




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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Dic 15, 2012 9:53 am

Le alegraba la idea de que Alois y su hermano se quedaran en su casa unos días. No es que fuera muy grande su apartamento, pero se las sabría apañar para encontrar modo de buscarles un sitio en el que pasar las noches. Comida no tenía mucha, pero eso se arreglaba yendo al supermercado 24h a un par de manzanas. Y bueno, el baño… solo había uno, así que irían por turnos si o sí. No quedaba otra. Si eligió ese apartamento fue porque estaba cercal hospital y era más que suficiente para él y su hermano, aunque mayormente era para él. No es que estuviera en lo mejor de la ciudad, pero en fin, los conflictos de aquella zona en la que vivía no era tantos como los que podía haber cerca del instituto por el día o por otras calles o todas horas. Era por decirlo de algún modo, dentro de lo peor, lo mejorcito que había.

Gilbert con la maleta de su hermano en mano, le enseñó la casa al rubio para que situara donde estaba cada cosa, lo cual no le seria muy difícil pues el salón y la cocina se conectaban, y únicamente había tres puertas, una en cada pared, muy juntas, al final del pasillo. La primera en visitar fue el dormitorio, siendo Alois el primero en entrar y ver el inusual desorden de su armario. –Siento reconocerlo pero si…Ya me extrañaba que estuviera todo como lo dejé. -respondió con un suspiro, maldiciendo a Zack para sus adentros por lo guarro, desordenado y despreocupado que era. Se acercó a la cama y dejo la maleta de Aaron, acercándose a recoger su ropa y guardarla. Alois miraba el lugar y parecía pensativo mientras Gil se ocupaba en poner orden a su armario. –Ah, pues… -miró a uno y otro lado de la habitación mientras doblaba la última camiseta. –Déjalo sobre la cama por ahora, o donde quieras, da lo mismo –le respondió terminó de guardarla camiseta, cerrando ya el armario.

La risa de los dos niños al otro lado de aquella pared, en el salón, llenaba por completo la casa. Era agradable escuchar reír a ambos niños, verlos en un lugar fuera del hospital y verlos divertirse como dos niños cualesquiera. Sin embargo, quien atraía su atención ahora era el rubio. Le debía mucho. Zack le había contado que había sido él quien les había salvado a ambos, que había traído a los chicos para ayudarles a salir de aquel lugar. Le debía mucho.


-Alois, quédate todo el tiempo que quieras, no me importa. Incluso cuando tengan que volver Luca y Aaron al hospital – soltó, acercándose a él, estrechando la distancia que había entre ellos, situados casi en cada punta de la habitación. Gilbert desconocía nada de que aquel chico al que siempre acompañaba y para quien trabajaba le hubiera despedido, así como que le
hubieran echado de casa y estuviera buscando trabajo. No era consciente de nada de aquello. Nadie le había dicho nada, ni Alois. –Se está muy solo cuando no hay nadie más en casa. ¿Qué me dices? –le propuso, sonriendo un tanto nervioso por su posible respuesta, creyendo de antemano que la rechazaría por tener que trabajar para aquel chico de su edad. Así que se apresuró a añadir; -Si ese chico, el morenito ese con el que sueles estar no te deja lo entiendo. Tienes que conseguir dinero,
como yo…

Algo vio en los ojos azules del contrario cuando dijo aquello. Como si hubiera dicho algo que no debiera. Gilbert no comprendió que pudo ser, pero eso le hizo creer mas férreamente que si que no tenia ninguna oportunidad de que Alois pudiera quedarse con él. Que pudieran vivir juntos como una pareja. Eran algo jóvenes, si, pero eran mucho mas maduros que muchos otros de su edad, por lo que podrían hacerlo. Lo único que tenían que aprender era el cómo vivir como pareja, pero eso se aprendería.


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Mensaje por Alois Trancy el Sáb Dic 15, 2012 12:35 pm

El albino se puso a ordenar el cuarto mientras hablaba y Alois tuvo oportunidad de observarlo… y de comerse un poco más la cabeza. Maldito Gorila Azul, ¿cómo se atrevía a desordenar así la ropa de Gil? Alois (que no tenía muy buen concepto de Zack y cada vez era peor) lo imaginaba olisqueando la ropa interior de *su amante y masturbándose. Sí, seguro que un mono haría eso. Aunque fuera el mono que salvó la vida de Gil…

Dejó la maleta en la cama mientras se mordía los labios en un esfuerzo por dejar de pensar así. Era un día para estar feliz, maldita sea. Era mucho mejor concentrarse en Gil y en la forma en la que los músculos de su espalda se marcaban bajo la camisa que llevaba mientras doblaba la ropa. O en la forma en la que su voz resonaba por toda la habitación… pidiéndole que se quedara.

-¿Ah?- Alois lo miró confuso mientras se acercaba a él. Le estaba proponiendo que se quedara en su apartamento. Pero, ¿cuánto tiempo? ¿Unos días más? ¿Para siempre? ¿Cómo debía interpretar sus palabras? ¿Estaba bien sentir esa calidez en su pecho solo por la mera oferta?- ¿Aquí, contigo?

Pero igual lo propuso Gil se echó un poco atrás. Que mencionara a Ciel rompió la magia. Casi inconscientemente Alois dio un paso atrás, no porque no quisiera estar con el albino sino porque el alemán había sacado sin proponérselo un tema controvertido. Alois ni si quiera había decidido si le contaría o no a Gil sobre su despido. Pero, ¿acaso quedarse con él no arreglaría gran parte de los problemas que tenía? Temía confesarse, pero si no se lo decía ahora tendría que mentirle. Y no quería mentirle.

Avergonzado por su propia debilidad el rubio se apretó las manos y desvió la mirada, farfullando su respuesta:

-No creo que a Ciel le importe a estas alturas. Ya no trabajo para él… No puedo volver a su casa. P-pero no quiero ser una carga para ti, así que pagaré la mitad del alquilar. E-es decir, claro que quiero vivir contigo, si tú quieres… De alguna manera me las apañaré, conseguiré el dinero.

Su vergüenza casi lo llevaba a las lágrimas de rabia, pero las contuvo. Por primera vez en años tenía que confesar que necesitaba desesperadamente la ayuda de alguien porque no podía valerse por sí mismo. No le quedaban "amigos" a los que recurrir para pasar la noche sin pagar el peaje. Y en el fondo agradecía a los cielos que lo hubiese propuesto Gil y no hubiera tenido que proponerlo él y ponerlo en el compromiso de aceptar.

Fue hacia Gil, eliminando el poco espacio que aún los separaba, y lo tomó de las manos. Buscó sus ojos, ahora que podía verlos ambos.

-No seré una carga así que, ¿realmente está bien que me quede aquí contigo?




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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Dic 16, 2012 3:26 am

-¡Si, claro! –asintió con una leve sonrisa inocente, sin esperarse lo siguiente de Alois.

Gilbert se extraño de la reacción del menor, desapareciendo su sonrisa lentamente. No era eso lo que se había imaginado a pesar de haber tenido en mente la posibilidad de que tuviera que negar su oferta. En verdad, pese a tener esa posibilidad en mente, no la había asumido por completo, así que al retroceder un paso Alois, Gilbert sintió como la desilusión le bajaba por el cuerpo. Sus egoístas deseos de que el rubio viviera con él ya no se cumplirían, solo había que verle el rostro, esa mirada que por un momento fue capaz de ver, como se apretaba las manos…

La mención de aquel otro chico, el tal Ciel, hizo reacción en el rubio. ¿Por qué? No lo sabía, pero no tardó en descubrirlo.

“Ya no trabajo para él…” Esas palabras lo explicaban todo.

Por un instante no supo si alegrarse porque ya no tenía que estar las 24 horas con ese sujeto, disculparse con Alois por haberle hecho decir aquello (pues desconocía que parte de que le despidieran fuera suya al quedarse Alois a cuidarle y le diera más importancia a él que al moreno.) o qué hacer. Se quedó ahí, de pie, frente a él, mirándole y escuchándole. Tal vez fuera egoísta e incorrecto sentir la “felicidad” que sentía en ese momento el albino pese a encontrarse el rubio diciéndole aquello con los ojos humedecidos y su voz dispuesta a romperse en cualquier momento.

-No eres ninguna carga, Alois. Y no te preocupes por el alquiler, ¿vale? Me las he arreglado bien hasta ahora. No te preocupes por eso… -Pese a decirle aquello, queriendo quitarle hierro a su situación, pues sabían lo duro que era que te despidieran, y mas aun debía serlo si era tu única fuente de ingreso aquel trabajo, no pareció convencer del todo al rubio. Cuando éste acortó las distancias y cogió sus manos conectándose sus miradas, Gilbert no pudo sentir unas tremendas ganas de estrecharlo, de tenerlo para él, de robárselo a su hermano menor, de que se quedara. ¿Cómo le podía preguntar algo así?

-No hace falta ni que lo preguntes Alois –dijo aferrando mas férrea e íntimamente aquellas manos contrarias. –Siempre que te quedes conmigo estará todo bien –añadió y lo besó. Primero de forma casta, superficial, pero una vez probó la miel de sus labios continuó de forma mas atrevida, olvidándose de aquellas risas y voces infantiles procedentes del salón.

Únicamente Dios sabría que ocurriría con ellos, de lo que vivirían, lo que se enfrentaría y lo que superarían. Sin embargo, ahora eran ellos dos quienes sabían cuanto se deseaban. ¿Sería capaz de contarle Gilbert a Aaron que salía con Alois? Tal vez por ahora no, era demasiado pequeño, aunque… ¿no seria siempre pequeño a sus ojos?


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Mensaje por Alois Trancy el Dom Dic 16, 2012 4:22 am

¿Qué tipo de cara estaría poniendo Gil en esos momentos? ¿Pensaría que Alois era patético por haber perdido su trabajo? ¿Se arrepentiría de haber hecho su oferta ahora que sabía que solo sería una carga? El rubio solía mostrarse como una persona muy positiva, de esas a las que la vida, por muchos golpes que le den, no puede borrarle la sonrisa. Pero eso solo era una fachada: en realidad era débil, patético y llorón. Como un niño pequeño que lo único que quiere es que alguien le solucione los problemas y le mime. Pero es que estaba muy, muy cansado de llevarlo siempre todo a cuestas. Estaba harto de las preocupaciones por no saber si al final del mes le alcanzaría para pagar las cuotas del hospital; harto de no poder hablar con nadie sobre ese tipo de cosas…

Pero Gil pasaba por lo mismo. Seguramente el albino era el ser más parecido a él que había en la tierra ahora mismo. No podían aligerar la carga el uno del otro, pero quizás… ¿si la compartían se notaría menos su peso?

El albino no apartó la mirada ni las manos. Para sorpresa de Alois solo asintió con seguridad y le confirmó que todo estaba bien. Que quería que se quedara con él. Y parecía totalmente sincero. Cuando le besó, al principio el menor se sorprendió, pero rápidamente su mente se quedó en blanco y sus ojos se cerraron para disfrutar de aquella tierna caricia. Cuando Gil quiso ir a más le abrió su boca gustoso, recibiéndolo. Apretó las manos ajenas sin dejar de responder a ese delicioso beso.

“Me preocupo demasiado” pensó “me quiere y yo le quiero, ya basta de tanto dudar. No puede ser tan difícil dejarse llevar”.

Finalmente rompió el enlace de sus manos porque necesitaba desesperadamente tocar más de Gilbert. Una de sus manos fue hasta la cadera ajena y la otra hacia su rostro. Se inclinó tanto sobre el otro que acabó por hacerlos caer a ambos sobre la cama, él encima de Gilbert. Pero no podía dejar de besarlo, de acariciar sus labios y su lengua con los propios. Sentir el cuerpo del albino bajo el suyo le hacía sentir bien. Ni si quiera escuchaba ya a los niños en la salita con su juego.

-Perdón, me dejé llevar demasiado.- se disculpó riendo un poco, cual niño juguetón, cuando finalmente fue necesario romper el beso. Sin embargo aún no se movió: le gustaba demasiado sentir la calidez del cuerpo ajeno. Luego su sonrisa se suavizó un tanto, volviéndose más tierna, agradecida.- Te agradezco todo lo que estás haciendo por nosotros, Gil. Hacía tiempo que no veía a Luca tan emocionado por algo. Y bueno yo… ahora mismo me siento estúpidamente feliz.- y rió de nuevo con naturalidad, todos los malos pensamientos de antes volando lejos.




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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Dic 16, 2012 12:05 pm

Tal vez las teorías de la física tenían que empezar a cambiar, pues en el cuarto en el que se encontraban aquellos dos jóvenes resultaba que los polos de mismo signo se atraían. Eran, de no ser por pequeñas diferencias, como dos gotas de agua, la media naranja del otro, almas gemelas… ¿Qué probabilidad había de que dos personas de edad semejante tuvieran una vida tan idéntica? Que fueran al mismo instituto ruinoso, que no tuvieran padres, que tuvieran que buscarse la vida para pagar el hospital de sus hermanos menores, que se esforzaran por ocupar el lugar de sus ausentes padres en los corazones de los menores…

Debía de haber un 0,1% probabilidad de encontrar a esa otra persona, y sin embargo, ellos dos se habían encontrado. La suerte les había sonreído a ambos. Tal vez el destino les tenía guardado que se conocieran en el hospital hace unos años atrás ya. Fuera como fuese, Gilbert sabía que ya nada malo podía pasar. Atrás había dejado una infernal semana que se esforzaría por olvidar, y a partir de ahí todo podía ser mejor de lo que había sido hasta entonces. Alois estaba ahora en su vida, y más concretamente, tendido sobre el albino en la cama. Se habíandejado llevar demasiado en aquel complice beso.


Gilbert miró al contrario desde abajo al finalizarse el beso, sonriendo por la risueña disculpa de Alois, así como por como habían acabado y por volver a escucharle reír. La última vez que lo hizo fue aquella noche en la que tuvieron su… ¿”primera cita”? Gilbert rodeaba su espalda con los brazos.

-No has sido el único, jaja… -le respondió, quedándosele mirando a los ojos. Le gustaban estos, tan azules como el propio cielo. –No es nada…Aaron también lo está –le iba respondiendo según le agradecía el rubio. Agrandó la sonrisa en cuanto confesó como se sentía. –Pues sabes…? Se te ve muy lindo cuando estás así. Así que, ¿qué te parece no dejarte de sentir así siempre y pones la comida hoy? –le propuso en voz lenta y suave, rompiendo a propósito la magia colándole aquello ultimo, sonriendo travieso al final, estrechándolo contra si. Le costaría soltarlo ahora que lo tenía.

¿Cuantas veces había terminado con Zack en aquella cama? ¿Dos, tal vez tres veces? Y sin embargo no se sentía tan bien como estando con Alois sin hacer nada mas que estar ahí tendido. Las aventuras ocasionales por despecho o por borrachera con Zack habían terminado. Ya eran cosas del pasado. No se lo contaría a Alois, era demasiado vergonzoso contar algo así, y más para el orgulloso albino, quien ni siquiera hablaba de eso con Zack.

-Nunca he probado hecho nada por Alois-chan… -añadió un tanto mimoso, haciendo un pequeño amago de morderle juguetón el labio inferior para al final acabar por aflojar su abrazo. En algún momento deberían volver junto a los menores, que aunque distraídos con la consola, no tardarían en echarles en falta…


Última edición por Gilbert Weber el Dom Dic 16, 2012 2:02 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Alois Trancy el Dom Dic 16, 2012 12:56 pm

Le encantaba sentir los brazos de Gilbert rodeándolo, reteniéndolo: lo hacían sentir cómodo y protegido. Por fin había encontrado su sitio en el mundo, eso era lo que pensaba cuando miraba los magníficos ojos carmesíes del alemán. Le gustaba la forma que tenía de sonreír, pícaro y cariñoso a la vez. Sintió que el corazón le daba un pequeño brinco cuando Gil lo llamó lindo. Alois estaba acostumbrado a los piropos (los recibía a todas horas) pero viniendo de los labios del albino se le hacía algo nuevo y maravilloso. Aún recostado sobre él comenzó a dibujar círculos sobre su pecho sin dejar de sonreír, coqueto.

-Parece un trato justo.- aceptó su “oferta”, lamiéndose provocativo el labio que Gil le había mordisqueado. Aquello se estaba poniendo peligroso: hacía más de una semana que no tenía sexo y su cuerpo se lo pedía a gritos. No estaba erecto pero sí sentía un cosquilleo por todas aquellas zonas de su cuerpo que estaban en contacto con el albino… Su cuerpo estaba demasiado acostumbrado a la lujuria.- Entonces dejaré que Gil-kun pruebe mis mejores platos… Hasta que se relama los dedos del gusto…

El roce de sus piernas, la mirada felina, hambrienta, las manos ávidas de piel, el tono aterciopelado… Alois tuvo que hacer un gran esfuerzo para detener todo eso y levantarse de la cama. Se recolocó sus rubios cabellos tras las orejas y se volvió para sonreírle al otro como si nada.

-Veamos que tienes en la cocina~.

Sin más Alois salió del cuarto, pues tenía la sensación de que un poco más y habría devorado a Gilbert allí mismo y sin consideraciones. Ni si quiera él podía ser tan descarado como para hacer algo así con sus hermanitos en el cuarto de al lado.

-¿Tenéis hambre, chicos?- preguntó a los menores, que seguían concentrados en su juego. Como si de pronto se dieran cuenta del vacío en su estómago ambos contestaron con un escandaloso “siiiiii”. Luca empezó a alabar las dotes culinarias de su hermano, bien orgulloso.- Oh, vamos Luca no es para tanto. Estoy acostumbrado a cocinar porque era parte de mi trabajo, pero en realidad casi todas las recetas que me sé son de dulces.- Ciel era un goloso compulsivo y, si el mundo era un lugar justo, algún día desarrollaría diabetes. El rubio caminó hasta la cocina y se puso a revisarla entera con ojo crítico.- Algo me dice que vamos a tener que ir de compras o los cuatro vamos a morir de hambre estos días, jajaja.

Pero mientras decía eso último sus ojos se habían vuelto a posar sobre su amante. Aaaa~h, bien podría haber subsistido él todo ese tiempo comiendo solo Gilbert… ¿Ese chico siempre había sido tan condenadamente sexy o el amor le había alterado la visión?

-¿Qué quieres comer, Gil?- le preguntó con un tono que dejaba demasiado espacio a segundas lecturas. Realmente era un chico pervertido.




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Mensaje por Gilbert Weber el Mar Dic 18, 2012 1:00 pm

Ensanchó su sonrisa al aceptar Alois la oferta, más que nada por como éste dibujaba con su dedo sobre su pecho y se saboreaba el sutil rastro que él mismo había depositado en sus labios con aquel pequeño y juguetón mordisco. Eran tan hermoso y provocativo el contrario… Gilbert no se separaría de él, ni tan siquiera dejaría de mirarlo si no fuera porque eso no era mas que una utopia. –Me gusta la idea… -confesó, rasgando la mirada. Sabia que aquello iba con segundas, y así lo interpretó. Aun por haber salido del infierno que tanto le torturaba por las noches y del cual aun tenia marcas en su cuerpo que parecía no borrarse, el albino se mostró completamente normal, como si nada hubiera pasado, como si esa semana pasada no hubiera existido nunca. A fin de cuentas… ¿Qué mejor manera de pasar página volviendo a la vida normal? No seria tan difícil a fin de cuentas.

Echó de menos la cercanía de Alois cuando éste se puso en pie, su olor, su mirada observándole tan de cerca, sus tentadores y suaves labios…. Sin embargo, no resultó ser tan insoportable la separación cuando, sentado a los pies de la cama, Alois se
giraba para sonreírle. Hasta ahora solo se había sentido así por una única sonrisa, la de Aaron. Ahora, con la de Alois se sentía de la misma manera, feliz y afortunado por ser el receptor de esas sonrisas, por ser la persona capaz de hacerles sonreír.

-Je!, no creo que te encuentres mucho… -comentó mientras se ponía en pie y seguía a Alois fuera del cuarto, dirigiéndose hacia la abierta estancia en el que estaban la cocina y el salón.

Los menores apenas se percataron de ellos, y dudaba que lo hubieran hecho de no haber preguntado nada el rubio sobre si tenían hambre. Gilbert se fue a sentar junto a los pequeños, sentándose en medio por orden de su hermanito. Cuando Luca comenzó a contar y alardear de lo bien que Alois cocinaba, a Aaron se le hizo la boca agua, y no dejaba de mirar a Luca atento a lo que decía, imaginándose todos aquellos sabores, toda aquella comida… Gilbert no pudo evitar no soltar una carcajada al ver como, con la interrupción del rubio quitándole importancia a sus dotes, Aaron despertaba de golpe de su golosa y azucarada fantasía.

-Ya te lo dije. Pero no te preocupes, podemos coger hoy un poquito de Luca y para cenar un poquito de Aaron –dijo mientras les pellizcaba sin fuerza, haciéndoles cosquillas, en los costados a ambos. Los niños soltaron a reír por las inesperadas cosquillas por parte del albino, quien comenzó a reírse por como se retorcían sentados en el sofá, sin soltar sus manos los mandos de la consola, intentando y pidiendo que parara.

-Oniii!! –soltó su hermano al no poder mas. –Me hago piis!! Para..!! jajaja…–soltó entre risas, parando como buen hermano. Les quedaban “muchos” días por delante para reír cuanto quisieran, no les iba ha hacer gastarla tan pronto.

Mientras los menores se tranquilizaban, volviendo al videojuego, el rubio preguntó a Gilbert que quería comer. ¿Se podía hacer algo decente con lo que había? Si era así, adelante, sino… Pues habría que ir al supermercado como bien había previsto Alois. –Aah… pues no sé. ¿Arroz con salchichas? –preguntó sin estar muy seguro. No era para nada un manitas en la cocina, y su dieta hasta ahora había estado compuesta por comida precocinada. Calentar y listo. Y casi siempre lo mismo, así que no estaba acostumbrado a eso de; “que quieres comer” estando en casa. –Si, salchichas. Yo quiero. – ¡Y yo! –soltaron los pequeños, quienes estaba presente, al parecer, cada vez que oían algo de comida por medio. –Bien, pues eso y alguno de tus postres chef –le dijo, poniéndose en pie sin que los menores le dijeran nada porque se marchaba de su lado, acercándose a la barra americana. –¿Tienes todo o toca salir a comprar? –preguntó, sonriendo sesgadamente, sentándose en uno de los altos taburetes.


Última edición por Gilbert Weber el Miér Feb 06, 2013 3:09 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Alois Trancy el Dom Dic 23, 2012 5:16 am

Tras su poco fructífera búsqueda de alimentos Alois fue hasta la barra americana y apoyó allí los codos, colocando luego su barbilla sobre sus palmas. Una sonrisa suave, plena, se formó en sus carnosos labios mientras observaba a Gil desenvolverse con los niños. Era una escena de lo más tierna y familiar, una que no dejaba ver por los problemas que todos ellos tenían que pasar día a día. En aquellos momentos Aaron y Luca parecían niños normales, y Alois quería soñar con que siguieran así para siempre. Habría dado su vida si fuera necesario para que su Luca viviera una vida larga y sana…

Su sonrisa creció un poco más mientras los tres chicos discutían sobre lo que querían comer. ¿Arroz con salchichas? No se le ocurría una comida más sencilla que esa, ¿así como iba a poner de manifiesto sus artes culinarias? Pero no se habría atrevido a llevarle la contraria a esos tres. Además Gilbert fue hacia él para decirle que le daba libertad total con el postre, algo que al rubio le encantó.

-Genial, menú cerrado pues. Pero me temo que sí que habrá que ir a comprar, o igualmente tendremos que hacerlo esta tarde.

Acordaron que Gilbert se quedaría cuidando de los niños y sería Alois quien fuera al super. El rubio había visto uno de camino a la casa así que no tuvo problema de localizarlo en esta ocasión. Fue llenando su cesta con todo lo que necesitarían para los próximos días. Por primera vez en mucho tiempo tuvo que fijarse en los precios antes de escoger el producto: Ciel ya no estaba para apoquinar la cuenta. Una vez las bolsas estuvieron llenas (y el bolsillo de Alois algo más vacío) volvió a la casa para preparar la comida mientras el albino distraía a los niños. Alois pronto se hizo con la cocina y se movía por ella como si fuera la suya propia. En cuanto tuvo el arroz cociéndose se dedicó de lleno al postre: tarta de chocolate, la favorita de Luca. Le llevó su tiempo hacerla pero le puso todo su empeño, especialmente en la decoración final con nata montada y fresas frescas.

Finalmente estuvo todo listo y pudieron sentarse en los altos taburetes a comer. Fue divertido porque era una escena muy natural: los niños estaban realmente felices. Se manchaban el uno al otro con tomate y Alois tenía que reñirles por desperdiciar la comida, pero la sonrisita delataba su diversión. Llegados al postre el rubio sabía que tenía a los tres chicos (o al menos a dos de ellos) babeando ante la tarta. Dejaron que los niños comieran primero el postre mientras ellos limpiaban la cocina y lavaban los platos. Para cuando se fueron a dar cuenta los dos se habían quedado dormidos en el sofá, abrazados el uno al otro, y Alois no pudo resistir la tentación de sacarles una foto con el móvil.

-¿No son adorables?- le preguntó a Gilbert con una sonrisilla. Luego volvió a la cocina para servir su porción y la del albino.- ¿Te parece si comemos en tu habitación? No quiero que los despertemos.

Pero su mirada lo delataba: quiero estar a solas contigo decían sus ojos. Al llegar al cuarto se sentó en la cama y tomó el primer trozo de tarta con la cuchara, alzándola hacia Gilbert en una silenciosa invitación.




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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Dic 23, 2012 5:26 pm

La comida resultaba estar deliciosa. ¿Desde cuando no comía algo casero tan rico? Su comida precocinada no tenía ni comparación con la casera por mucho ingrediente fantástico que le echaran. Además de que daba pereza de por si siempre hacer lo mismo para comer; coger el primer paquete, ponerlo a calentar 10 minutos después de ha saber cuanto tiempo llevaba en ese sobre y, con una pinta no tan apetitosa a como venia en la portada del envase, acabar por comerlo porque no había nada mejor. Gracias que Aaron no se terminaba sus cenas en el hospital... aunque ahora, ya no comería tan mal. Eso estaba más que claro.

Gilbert andaba secando los últimos platos con un trapo cuando Alois sacó una foto a los pequeños. La verdad es que se les veía muy tranquilitos y felices ahí dormidos en el sofá, agarraditos como… ¿ellos? Por un instante, por su mente pasó la imagen de su hermano y Luca, ambos ahora siendo unos adolescentes. En su imagen mental no lo vio, pues se trató de un flash, pero por su relación con Alois, en su interior, en aquella imagen, la relación de ambos menores, ya adolescentes, eran más que obvio.

Se giró ante el comentario de Alois, dejando el último plato sobre la encimera mientras el rubio, contento e ilusionado por su foto, comenzaba con la repartición de tarta para ellos dos. El albino se secó las manos con un poco de papel antes de hacerse con el platito con su trozo de tarta de chocolate, teniendo encima una de las fresas que Alois le había colocado por encima. Gil se dispuso a tomar la cuchara con su mano libre cuando el contrario le propuso ir al dormitorio para no molestar.

Gilbert no prestó atención a la depredadora mirada del rubio, pues enseguida posó su mirada de Alois a los niños, que dormían placidamente como dos angelitos.

-Será lo mejor, vamos. Detrás de ti –le dijo haciendo un pequeño ademán con la mano que sostenía su cuchara para que fuera primero. Al llegar, el albino cerró la puerta tras su paso, viendo a Alois dar el primer bocado al postre mientras lo señalaba con el cubierto. Éste sonrió, captando la intención y ganas del contrario de que se acercara.

-¿Está rico? –preguntó con aquella sonrisa suya mientras se acercaba y se sentaba a su lado con su plato y su cubierto en cada mano. –Mi cacho no se ve con tan buena pinta… -comentó mirando su porción, y, haciéndose con su fresa dejando la cuchara a un lado de la tarta, sobre el plato, la copio con los dedos. –Tal vez sea porque le falta algún ingrediente… -continuó diciendo picardía, pasando la fresa por sobre los labios de Alois, acercando su rostro para jugar con aquel trozo con sus bocas
aun plato en mano Gilbert.

Hacía una semana que había salido del mismo infierno, y el albino se había encabezonado en que saldría cuanto antes, que aquello no era ni más ni menos difícil que lo que ya había tenido que vivir y superar en toda su vida. Tenia que superarlo si o si aunque fuera a la fuerza (lo que pretende ahora con Alois, se pone “a prueba”). Sin embargo, aquel infierno regresaba cada noche en forma de pesadilla para atormentarlo. “Es solo una pesadilla, nada mas… Eso ya ha pasado…” se decía al despertarse agitado, con un sudor frío empapándole la frente y nuca.


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Mensaje por Alois Trancy el Jue Dic 27, 2012 12:35 pm

Escuchar como la puerta se cerraba tras él le produjo un leve escalofrío de anticipación. Mentiría si dijera que no tenía en mente alguna que otra cosilla de índole pervertida… pero también mentiría si dijera que esperaba que Gilbert estuviera tan “perceptivo”.

-Delicioso~.- respondió con tono suave, sensual, cruzando sus piernas delicadamente mientras el albino se sentaba a su lado. Lo vio juguetear con el postre y coger la fresa que coronaba el trozo de pastel. Sonrió juguetón.- En ese caso gustosamente lo endulzaré para ti…

Entreabrió sus labios de forma sugerente, adaptándolos a la fruta que el mayor le tendía. Lamió lentamente los restos de chocolate y nata sin apartar sus ojos celestes nunca de los carmesíes. Pero Gilbert no se conformó con que Alois degustara la fresa, sino que se inclinó para compartir con él ese pequeño placer. El rubio mordió la fruta y para cuando sus labios entraron en contacto con los del albino cada uno tenía un pedazo en su boca. Sin embargo aquello no era suficiente para Alois, él necesitaba más de esos labios y esa lengua que se le antojaban más dulces que cualquier fresa del mundo. Posó su mano libre sobre el muslo de Gilbert, acariciándolo sin prisas de abajo a arriba una y otra vez mientras se besaban.

-¿Mejor?- preguntó cuando finalmente rompieron el contacto. Los ojos de Alois chispeaban de vida, felicidad, emoción y, ¿por qué no decirlo?, excitación. Sus uñas presionaron con más fuerza la piel bajo el pantalón, sin llegar a clavarlas o hacerle daño en ningún momento, solo creando una presión agradable… y atrevida.- Prueba el chocolate, es aún más delicioso que la fresa… sobre todo si escoges el plato adecuado.

Los ojos, los labios… todo el cuerpo de Alois invitaba a abrazarlo, a tocarlo, a saborearlo. Muchos años vendiendo su amor le habían dotado de una gran facilidad para mostrar y entregar sus afectos. Para él el coqueteo era ya algo innato. Y allí, bajo la mirada carmesí, Alois se mostraba como la manzana de Adán, la fruta prohibida: un simple bocado que podía empujarte a una espiral sin fin de lujuria. Y él se entregaba abiertamente, sin dudas o vergüenza. Sin mojigatería. Dejó su propio plato sobre la cama y se llevó ambas manos a la camiseta para tomarla del borde y alzarla un poco, mostrando la blanca y suave piel de su vientre y estómago.

-¿Quieres probar?- se ofreció, pues era la mejor forma que conocía de expresar su amor: entregándose por completo al placer, compartiéndolo con el otro, provocándoselo al otro… Ni si quiera se paró a pensar que posiblemente Gilbert aún no estaba preparado para eso. Por ignorancia o inocencia Alois se dejó engañar por las sonrisas y las mentiras de su amante y, efectivamente, creyó que ya estaba bien.




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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Dic 30, 2012 6:26 pm

No pudo evitar no sentir ganas de tomar aquellos labios, de lamerlos y saborearlos, de jugar con el contrario con aquel trozo de fresa… Y eso fue lo que hizo. Con aquello, el albino se autoconvencía de que su oscura semana no lo atormentaría más. Puede que solo en sus sueños, pero no eran más que eso, pesadillas que únicamente no le dejaban dormir. Eso tenía solución, y era recuperar durante el día el sueño perdido, ni más ni menos. Por lo demás, Gilbert se sentía bien... ¿O no?

Cuando Alois le puso la mano sobre su muslo mientras se besaban, acariciándolo de aquella manera, una punzada en sus sentidos lo alertó de aquel inesperado tacto, sintiéndose un tanto incomodo por ello. Aun así, continuó unido a aquellos labios carnosos del contrario hasta que se separaron, habiéndose comido su trozo de fresa el albino ya.

-Mucho más sabroso de lo que imagine –respondió, mirando aquellos azules orbes que brillaban tan intensamente, más incluso que aquella noche que pasaron junto hacia un par de semanas. Su primera noche. La presión de aquella mano volvió a
ponerlo alerta, pero se obligó a relajarse, a pasarlo por alto. “Es Alois, no va a pasar nada…” –pensó mientras sonreía levemente como solía hacerlo, convenciéndose continuamente de que ya había pasado lo peor, que debía superarlo si o si. No tenía más opción que avanzar.

Ni cuenta se dio de cómo Alois había llegado a empezar a subirse la camisa un poco, mostrando su plano y blanco vientre. El rubio se estaba mostrando realmente sexy, realmente abierto y realmente provocador. Sin embargo… no era él el que
fallaba, sino Gilbert.

El albino había dejado su plato de tarta también sobre la cama, a un lado, y mirando aquellos ojos y después a aquel vientre de forma intermitente, alargó una de sus manos dispuesto a tocarlo, a acariciarlo. El propio Gilbert se había acercado al menor, dispuesto a besar su cuello mientras iba a palpar su cuerpo, dispuesto a quitarle aquella camisa, tenderlo en la cama…. Pero no, todo se quedó en una ilusión pues apenas a punto de rozar su piel con sus dedos, el albino apartó la mano
como si el cuerpo ajeno le quemara, como si que diera asco.

-No puedo hacerlo…

Apartó la mano y se puso en pie dando la espalda a Alois, mirándose las manos que le empezaban a temblar, cerrándolas con fuerza para que cesara el temblor. Todos sus recuerdos, todo su dolor, todas sus experiencias vividas aquella semana empezaron a salir de aquel oscuro rincón en el que las había guardado. Su cuerpo se encontró tenso; hombros encogidos, cabeza gacha, ceño dolorosamente fruncido… Se le veía claramente que estaba evitando que sus miedos salieran a la luz.

-No puedo hacerlo…. –repitió tembloroso pero sin llorar pese a que sus ojos empezaban a ahogarse en lagrimas. –No si no dejo de recordar cada una de esas manos, su forma de tocarme cuando te toco a ti… Siento nauseas… no puedo, Alois… -un par de lágrimas caían por sus ojos de mirada seria, afilada y asustada al mismo tiempo, la cual miraba a sus blancos puños con el rostro gacho.

Aaron no sabía nada de lo que le pasó a Gilbert para que acabara en el hospital. Él le había dicho que se había puesto malo por el trabajo, y que como tenía mucho que hacer, que no había tenido tiempo para visitarlo. Esperaba que nunca se llegara
a enterar de aquellos días de su vida…


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Mensaje por Alois Trancy el Lun Dic 31, 2012 6:20 am

Todo parecía ir bien. Gilbert le respondía a su apasionado beso y Alois confundió el sobresalto del albino cuando lo tocó con mera sorpresa. Ajeno al terrible debate mental que su pareja estaba sufriendo, Alois seguía cada vez más y más caliente. Deseaba sentir a Gilbert contra él, sobre él, debajo de él… ¡cualquier manera le valía! Pero había pasado tanto tiempo desde la primera y única vez que probara esa piel tan clara… Cuando alzó su camiseta, mostrando la suya propia, solo podía pensar en lo mucho que deseaba sentir las cálidas manos del Gil dibujando su silueta. Estaba tan centrado en sí mismo y en su deseo egoísta que no se percató de como temblaba aquella mano que se acercaba a él, ni de lo apagados que se veían los ojos del otro mientras se inclinaba sobre su cuello. El rubio cerró los ojos, esperando por el dulce contacto…

Uno que nunca llegó. Lo primero que pensó el menor al ver que Gil se apartaba de él apresuradamente y le daba la espalda fue que había sido rechazado. Por un instante que se le antojó eterno la mente del chico vagó por una y mil posibilidades, a cada cual más aterradora. ¿Y si el albino se había parado a pensar con cuántos chicos había estado antes Alois? ¿Y si le daba asco? ¿Y si se había replanteado su relación? ¿Y si…? Hasta su reacción de pánico estaba siendo egoísta, centrándose solo en el “yo”. Pero no era más que un reflejo de su propia inseguridad.

Sin embargo Gilbert lo aclaró todo antes de que la confianza del menor se desmoronara totalmente. Y entonces vino el golpe, fuerte y doloroso como un puño en su cara. Sintió como si una mano helada le oprimiera el pecho. Gil tenía miedo. Gil estaba asustado, nervioso… traumatizado. ¿Cómo podía haber pensado ni por un instante que el muchacho había podido superar esa infernal semana de violaciones en tan poco tiempo? Se había dejado llevar por sus sonrisas tranquilizadoras, por su apariencia de chico fuerte, autosuficiente… Pero ni si quiera Gil podía salir de algo así sin represalias. Y Alois debería haberlo sabido. ¡Maldita sea, él mejor que nadie debería haberlo sabido! El rubio se sentía en esos momentos tan mal que deseaba golpearse la cabeza contra la pared o algo semejante.

-Gilbert, lo siento, he sido muy egoísta…- comenzó a disculparse. Sentía un nudo terrible en la garganta al ver aquellos hombros tensos, temblorosos. Deseó con todas sus fuerzas ir y abrazarlo, pero no sabía si eso lo asustaría aún más.- He sido muy estúpido, Gil. Perdóname…

En el silencio de la casa podía asegurar que Gil estaba llorando, y haciendo un enorme esfuerzo para que no se le notara. Ahora Alois empezó a ver las señales que antes había pasado por alto e imaginar el tremendo esfuerzo que el albino habría tenido que hacer para guardarse todo para sí mismo… ¿Y qué había hecho Alois por él? Saltarle encima como la perra en celo que era. No se había parado a pensar que Gil necesitaría espacio, tiempo, apoyo, comprensión. Y ahora estaba aterrorizado por la idea de tocarlo y volver a hacerle daño.

Respiró profundamente. Tenía que calmarse. Igual que en el hospital, cuando se prometió que sería fuerte por los dos, ahora tenía que volver a serlo. No iba a llorar. Iba a ser un hombro fuerte sobre el que Gilbert pudiera hacerlo si lo necesitaba. Iba a ser para Gil eso que él siempre había querido tener y nunca había encontrado en sus momentos más duros: un apoyo fuerte y estable. Como un faro en medio de una tormenta.

-No podrás pretender para siempre que aquello no pasó, Gil.- le dijo con un susurro, pero con la voz firme y cariñosa a la vez, sin moverse de la cama.- No puedes olvidarlo: tienes que aceptarlo y aprender a vivir con ello. O nunca lo superarás.- aquella no eran palabras vanas, era realmente lo que Alois pensaba. Era lo que él mismo había tenido que aprender a hacer después de entrar a trabajar para los Phantomhive.- Así que déjalo salir Gil. No tengas miedo, yo estoy aquí, justo detrás de ti. Déjalo salir y yo te reconstruiré desde los pedazos.

Aquella era una promesa, la más seria que Alois había hecho en su vida. Era una responsabilidad tremenda, porque le estaba prometiendo a Gil que lograría recomponerlo aún cuando el albino se lanzara de cabeza a su autodestrucción. Pero el rubio lo sacaría de allí: cuando Gil no pudiera dar un paso más por sí mismo él lo sostendría. No sabía cuánto tiempo, cuánto dolor o cuántas lágrimas les llevaría, pero lo harían. Juntos. Y esta vez, despacio.




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Mensaje por Gilbert Weber el Jue Ene 03, 2013 4:52 am

Desde que había despertado en el hospital, desde que había vuelto con Alois, con Zack, y con Aaron, el albino, había estado intentando enterrar lo mas hondo posible lo ocurrido, los recuerdos de esos días y hasta sus emociones. Todo en un mismo pack. Vivir aparentando que nada había pasado no podía ser tan difícil al fin y al cabo, ¿no? Si lo hacía, Zack no tendría por qué preocuparse por él, no tendría que tomar venganza por su estupidez originada por no hacerle caso cuando le decía que no debía meterse en pubs como aquellos, y menos solo. Si lo hacía, si aparentaba estar bien, mostrarse igual de fuerte tras mascaras y mascaras, Alois seguiría con él. No quería cargarlo con más. Estaban en situaciones idénticas, llevando a hombros a un hermano menor enfermo. No, no quería que cargara con él. No quería hundirlo más.

Apenas escuchaba las disculpas del menor, centrándose en no recordar, en detener la oleada de recuerdos que le venían a la cabeza sin compasión, uno tras otro. ¿Qué podía hacer? ¿Seguir cavando más y más hondo en su interior y esperar a que todo aquello que ahora le asaltaba no volviera a florecer como una mala hierva? ¿Qué podía hacer?

Gilbert apretaba tanto sus manos que se le estaban volviendo blancas, y sus uñas se le clavaban en sus palmas, siendo aquel punzante dolor, y su orgullo, lo que le seguía manteniendo en aquella habitación, lo que le hacia no ser absorbido por todo eso que lo estaba abrumando.

Las lágrimas salían contenidas de aquellos rasgados y rojizos ojos que, por las lágrimas, resultaban ser más rojos por la irritación de éstos. Todo su cuerpo, hasta su mandíbula, se encontraba en tensión, estático de ahí de pie de espaldas al menor. De dar un paso, no sabía a donde ir…

El silencio le pareció eterno, y por un momento, hasta se le pasó por la cabeza que Alois no era más que una ilusión, que no estaba ahí. Ni Alois, ni tampoco su hermano y Luca en la habitación de al lado. Una nueva oleada mas intensa lo golpeó, llevándose las manos a la gacha cabeza, cerrando con fuerza los ojos. –Quiero olvidarlo…desaparece… -susurró al borde del llanto. La lejana voz del menor resultó ser como la llave a su alma, y aunque pareciera no oírlo, lo hizo.

Sus piernas flaquearon, cayendo de rodillas al piso, no tardando en hacerse una bola en aquella patética postura. Sus manos se deslizaron hasta quedar a cada lado de su rostro, ocultándose tras sus manos mientras lloraba. Su encorvada espalda se veía temblar, y las lágrimas caían al suelo formando pequeños charquitos. Se sentía patético, débil y solo mientras lloraba en silencio, ahogando el llanto ahí retraído y de rodillas en el suelo.


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Mensaje por Alois Trancy el Dom Ene 13, 2013 8:49 am

El alma de Alois compartía el sufrimiento del albino, estremeciéndose ante su palpable dolor y desesperación. El chico sabía que lo que le pasaba a Gilbert era normal, que antes o después todo habría tenido que volver a él pues uno no podía escapar conscientemente de los recuerdos… pero aún así se sentía terrible por haber sido él el desencadenante de todo ese sufrimiento. Alois quería mucho a Gilbert, estaba sinceramente enamorado de él y habría hecho cualquier cosa por librarlo de aquel dolor. Se habría cambiado gustosamente por él, habría aguantado esa semana de duras torturas y humillaciones si con ello hubiera podido mantener a Gilbert a salvo. Puro, inocente, limpio. Pero ahora el albino estaba tan manchado como el rubio… Y en ningún momento hubo algo que él pudiera hacer por cambiar ese destino. Por mucho que le pesara, Alois era un inútil.

Pero ahora podía hacer algo por él. Ahora podía estar a su lado, podía ayudarlo a superar aquel terrible episodio. Así que cuando le vio caer sobre sus rodillas y llevarse las manos al rostro, desesperado por mantener la compostura a pesar de todo, se levantó de la cama y fue tras él, arrodillándose a su espalda. Por un instante se quedó paralizado, con sus manos en el aire, sin saber si hacía lo correcto… pero no se le ocurría qué más podía hacer. Era lo que el propio Alois habría querido. Así que lo abrazó estrechamente, rodeándolo con sus flacos brazos y apretando su mejilla contra el hueco entre los omoplatos del albino. No lo dejaría ir, ni si quiera aunque se revolviera con violencia. No lo dejaría escapar porque en el fondo sabía que esos brazos, por débiles que fueran, serían lo único que le mantuviera a flote cuando sus recuerdos lo estaban arrastrando. Gilbert tenía que afrontarlos, mirarlos frente a frente y entender que aquel desgraciado accidente no le hacía menos valioso y preciado en modo alguno. No era menos digno de estar vivo que antes de las violaciones.

-Shhh… No temas Gil, déjalo salir…- le susurró al oído con tono conciliador, calmado, cariñoso.- Yo soy el único que está aquí, ellos solo están en tu cabeza. Ya no pueden hacerte daño. No temas enfrentarlos porque yo estoy contigo. Lo estaré en todo momento. Vamos Gil, gírate y mírame, así no podrás olvidarlo…- notaba el cuerpo del otro temblar, casi sentía su pesar como algo físico que le laceraba el corazón. Pero aún así sacó fuerzas de la flaqueza para sonreír contra ese cuerpo, más vulnerable que nunca. Pero, misteriosamente, también más hermoso que nunca.- No te dejaré olvidar cuanto te amo, Gil…


Última edición por Alois Trancy el Dom Feb 03, 2013 5:48 am, editado 1 vez




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Mensaje por Gilbert Weber el Mar Ene 22, 2013 1:52 pm

Patético. Así tenía que verle Alois en aquel momento, y no sería de extrañar. No podría reprochárselo, ni tampoco negárselo pues él mismo se sentía así en aquel momento. Destrozazo, hundido, sucio, patético y marcado para siempre. Así se veía en ese momento en el que no dejaba de llorar, apretando las mandíbulas para ahogar aquellos sollozos, para que su hermano no pudiera oírlo, para despertarlo. No soportaría que su hermano supiera la verdad, que lo viera tan hundido como estaba ahora.

Ahí en el suelo, arrodillado y escondiendo su rostro, se desahogaba como bien le había dicho el menor que hiciera. Estaba dejando salir todo, pero quello no hacía que se sintiera mejor. No, pues le hacia mostrar débil, y notaba como le faltaba el aire, como los ojos le ardían y como notaba un vacío en su interior. Quería dejar de llorar, y seguir con su vano intento de enterrar lo ocurrido, y bien hondo en su interior, en las tinieblas de su corazón. Sin embargo, ese vacío disminuyó con el abrazo del menor, y por algún motivo, se sintió consolado, aliviado por la idea de que no estaba solo. Gilbert no dejó de llorar, aunque lo intentó, escuchando las palabras de Alois.

Sus recuerdos, las imágenes de esa semana, aquellos rostro que apenas llegaba a ver, visualizando todas las caras borrosas por lo mal que lo había pasado, sus gemidos de dolor, sus suplicas de piedad, de que pararan… Todo se fue esfumando de su cabeza poco a poco tras las palabras del menor, tardando Gilbert en
apartar sus manos de su rostro de llorosos ojos y rojas mejillas. Por un momento, pareció que no se giraría, pero lo hizo. “No estoy solo…” se dijo mentalmente mientras se erguía, aun de rodillas, muy lentamente hacia Alois, a quien vio a su lado.


“No te dejaré olvidar cuanto te amor, Gil…”

-A…-Alois… -dijo aun cayendo lagrimas por sus mejillas, respirando algo agitado pero encontrándose mas tranquilo en comparación a hacia un rato. –N-no me dejes nunca, Alois… dijo “echándosele” encima, rodeándolo con sus brazos del cuello y hundiendo su rostro en el hueco de su cuello y hombro. De aquella forma se fue relajando, volviendo su respiración a una mas tranquila, mas pausada.

Se sentía seguro con el rubio a su lado. Tal vez no fuera fuerte, tal vez no fuera intimidante y puede que a ojos de mucho no fuera gran cosa, pero Alois tenía
sus virtudes propias, y las estaba demostrando con él. “El me salvara…” llegó a pensar el albino, quien se sentía cansado y desanimado aunque a gusto y tranquilo.


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Mensaje por Alois Trancy el Dom Feb 03, 2013 6:24 am

Los brazos de Alois estaban abiertos para Gilbert, esperando con paciencia que él se sintiera con fuerza de girarse y aceptarlos. Ver aquellas lágrimas en esos ojos tan rojos, mucho más que de costumbre, hicieron a su corazón encogerse de dolor una vez más. Había tanto dolor en Gil, tanto sufrimiento, tanto miedo… Como una frágil figurita de cristal que en cualquier momento podía romperse en miles de pedazos que nunca podrían volver a unirse. Alois sabía que aquel era un momento crucial para la salud mental del albino, y temía hacer algo mal y estropearlo para siempre… Por eso tuvo que confiar en que las mejores palabras eran las que le venían directamente del corazón. Por eso le confesó una vez más su amor. Un amor que había nacido de improvisto, tan fuerte que casi no parecía de este mundo, pero que no podía ser otra cosa que verdadero. Porque no había manera de que alguien pudiera llegar tan profundo en su alma de otra manera.

-Claro que no, Gil. Te prometo que vamos a estar siempre juntos…- la voz de Alois era poco más que un susurro, calma y pacífica. Escondía las lágrimas de su propio dolor y desesperación muy dentro de él, dejando tan solo salir al exterior los sentimiento que pudieran hacer sentir bien a Gil: la seguridad en sus propias palabras, la fuerza de su convencimiento. Alois sería fuerte por los dos. Lo abrazó contra sí y acarició sus blancos cabellos, dejándole desahogarse sobre su hombro. Las lágrimas de Gil eran cálidas y húmedas…- No voy a dejarte solo, vamos a salir adelante juntos. Somos unos supervivientes natos, nada puede con nosotros mientras tengamos algo en esta vida que proteger. Y yo ya tengo dos… no, tres cosas, que quiero proteger con todas mis fuerzas.- sí, ahora además de Luca quería hacer felices a Gilbert y Aaron a como diera lugar.

Ninguno de los dos adolescentes vivía la fantasía típica de la edad de que el futuro estaría lleno de sueños cumplidos: dinero, fama, éxito profesional y personal, amor, salud… Ellos sabían que el mundo era un lugar duro y cruel. Podías sentirte afortunado si tenías una sola cosa de esa lista. Alois, a sus tiernos 16 años, ya sabía lo que le esperaba de la vida con casi total seguridad: vivir rápido y morir joven. Antes o después pillaría una enfermedad de trasmisión sexual si seguían usando su cuerpo como moneda de cambio. Nunca podría salir a ver mundo porque tenía que quedarse a cuidar de su hermano. Siempre viviría acosado por las deudas. Pero para él Luca merecía todo eso y más porque había aprendido que podía alcanzar su propia felicidad a través de la de otros. También sería feliz si Gil lo era. Sí… incluso en aquel mundo duro y cruel aún había esperanza.

Gil parecía estar calmándose poco a poco, y Alois se preguntó si era hora de que ellos se echaran una siesta también. Sin dejar de acariciar su cabeza y espalda el rubio le preguntó al otro si quería que se movieran a la cama. No pensaba soltarlo hasta que se tranquilizara del todo y, con suerte, se durmiera. No creía que el albino estuviera aún preparado para hablar de lo que había ocurrido.




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Mensaje por Gilbert Weber el Miér Feb 06, 2013 4:23 am

El contacto con el menor, sentir su calor, sus brazos rodeándolo, sus palabras consolando su alma… Eran cosas que necesitaba ahora mismo, estando Gilbert desahogándose en aquel hombro del rubio, asintiendo torpemente cuando le “recordó” que eran unos supervivientes natos dentro de aquella gran “selva”.

Si había sobrevivido había sido por Aaron, por nadie mas, pero ahora… ahora tenía a personas a su alrededor que le importaban tanto como su hermano, y daba las gracias porque aquel alguien fuera Alois y su hermano, ya que el rubio conocía el duro estilo de vida que llevaban y no era tan débil como podría aparentar. Supervivientes natos… Ninguno soñaba grandes cosas. Sabían que hacerlo era ridículo y una pérdida de tiempo. A lo único que aspiraban ambos hermanos mayores era poder sacar a los pequeños adelante y hacerles felices, sacarles una sonrisa como fuera aunque por ello tuvieran que sacrificarse cada día. Fracasar en esto, era para Gilbert, y seguramente incluso para Alois, lo peor que podría pasarles. Si fallaba a su hermano, sería un fracasado, un inútil…

Gilbert se aferró al menor, relajándole su olor y aquellas caricias tras su cabeza y espalda, dejando sus hombros de temblar poco a poco según se iba calmando. Asintió con la cabeza cuando le preguntó el menor que era hora de que descansaran ellos también. Les vendría muy bien un descanso por corto que fuera.

Se pusieron en pie, se acostaron sobre la cama tras dejar los platos del postre en las mesillas de los lados. Éstos estaban intactos, casi.

Ambos jóvenes se quedaron dormidos sobre la cama, tan juntitos como Luca y Aaron se habían quedado dormidos en el sofá al otro lado de la habitación. El albino cayó enseguida a los brazos de Morfeo, agotado como andaba psicológicamente… Hora y media mas tarde…

Los niños, despiertos tras su siesta inesperada en el sofá, se despejaron y, al ver que estaban solos y no se oía nada, se miraron. –Habrán ido a dar una vuelta –argumentó Luca, pues Aaron nunca se había quedado solo en casa y se le veía un poco “incomodo”. El pequeño alemán asintió a lo dicho por el pelirrojo. Sin saber muy bien que hacer ninguno de los dos allí, Aaron propuso pintar algo. Se notaba que el alemán era menor que el contrario, pero Luca no se negó ante la idea de dibujar algo para su hermano.

Fue así como ambos menores acabaron entrando en el dormitorio, donde los mayores descansaban uno frente al otro. Los niños se quedaron en la entrada un segundo, pero Aaron, de puntillas, se acercó a la
mesilla más cercana a su hermano. Al ver el plato de la tarta de chocolate hizo gestos a Luca para que se acercara, sonriendo por aquel dulce tesoro. Al abrir el cajón donde Gilbert guardaba las pinturas para Aaron, así como algunos de sus dibujos más antiguos, el alemán susurró algo al pelirrojo, quien dudando al principio, acabó cediendo a la “inocencia” de Aaron.

Cada uno junto a su hermano, tomaron un par de rotuladores de colores y pintaron aquella media cara que no estaba pegada a la almohada con círculos y extraños garabatos, marchándose al salón con aquellos platos del postre aun sin apenas probar para comérselo entre los dos tan felices. –Los hemos dejado muy guapos –dijo divertido el rubio, llevándose un trozo de tarta. -¿Estas seguro de que se borrará con agua? –preguntó el mayor un tanto dudoso ahora que se paraba a pensar en si seria o no verdad. –Cuesta un poquito quitarlo, pero si se quita.


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Mensaje por Alois Trancy el Lun Abr 08, 2013 8:53 am

Alois se quedó despierto mucho después de que a Gilbert le pudiera el cansancio. Abrazado a su amante, el rubio veló largo rato su sueño acariciándole el cabello y la espalda, susurrándole palabras tranquilizadoras. El amor que sentía por aquel chico le resultaba aún sorprendente, nuevo y maravilloso. La forma en la que Gil conseguía sacar lo mejor de él mismo era impresionante. Aquel sentimiento era totalmente incomparable con lo que una vez sintió por Ciel, y solo ahora el rubio se daba cuenta de que aquello nunca fue amor. No lo había podido ser porque no era ni una ínfima parte de lo que sentía por Gilbert. Aquel amor era algo sólido y verdadero a lo que se podría agarrar aun cuando todo lo demás se desmoronara a su alrededor…

Porque se desmoronaría.

Llegó un momento, cuando estuvo seguro de que Gil estaba profundamente dormido, que ya no sabía si esas palabras tranquilizadoras eran para el albino o para él. El rubio sabía que vendrían tiempos duros. Que Gil superara su trauma llevaría mucho tiempo y paciencia, pero aquella solo era la punta del iceberg. Demasiado acostumbrado a pensar siempre en los problemas, Alois no pudo evitar que oscuros pensamientos fueran a su mente… ¿De dónde iban a sacar el dinero para pagar el hospital de los niños? ¿Para vivir si quiera ellos? Quería resolver aquellas incógnitas por sí mismo y así ahorrarle ese quebradero de cabeza al otro… Pero solo se le ocurría una opción. Y no quería escogerla.

El rubio miró una vez más el rostro dormido del albino, tan tranquilo y hermoso que parecía irreal. Tenía que hacer lo que fuera por él, ya había sufrido demasiado. Bien pensado trabajar en aquel club tampoco sería tan malo... Desde luego no algo con lo que no hubiera tenido que enfrentarse antes. Podía hacerlo de nuevo. No era una inocente damisela, el mundo no iba a dejar de girar porque se vendiera un poco más. Pero eso dinero pagaría facturas y aliviaría la carga de Gil. “Es lo correcto” decidió “no hay otra salida”.

El sueño terminó por vencerlo también en los brazos de su amante, haciéndolo ajeno a las travesuras de sus hermanos pequeños. Por mucho que quisiera no podría enfadarse con ellos por algo así, porque ver esa pequeña trastada le hacía darse cuenta de cuánta inocencia quedaba aún en los dos niños. Y Gilbert y él iban a defenderla. Juntos.

FIN DEL TEMA





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