Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Registro del grupo
Ayer a las 5:28 am por Director Dokusei

» Registro del físico
Ayer a las 5:14 am por Director Dokusei

» Civiles — Sociedad
Ayer a las 4:46 am por Director Dokusei

» Políticos —Gobierno
Ayer a las 4:44 am por Director Dokusei

» Policía — Ley
Ayer a las 4:43 am por Director Dokusei

» Pandilleros — Bandas
Ayer a las 4:42 am por Director Dokusei

» Famosos — Idol's
Ayer a las 4:36 am por Director Dokusei

» Instituto Lotto
Ayer a las 3:52 am por Director Dokusei

» Academia Sakuranomori
Ayer a las 3:50 am por Director Dokusei


Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Ir abajo

default Re: Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Robert Walker el Dom Ene 13, 2013 7:41 am

Cuando Valenti golpeó su escritorio con ambas manos no hubo ningún cambio aparente en Robert: siguió reclinado sobre su asiento, con manos y piernas cruzadas despreocupadamente. No había esperado el leve destello de ira, pero tampoco le preocupaba. Se sentía a salvo tras su escritorio, tras su cargo. Valenti no se atrevería a agredirle porque eso sería algo muy estúpido. Y Valenti no era estúpido. Además, aunque lo hiciera Robert sabía defenderse perfectamente, pues era imposible llegar tan alto como lo había hecho él y con tantos enemigos a cuestas sin saber hacerlo. Tan solo se quedó allí, esperando el siguiente movimiento del rubio… Y sus palabras le hicieron sonreír con cinismo. ¿Cicatrices? Pues claro. De todas las formas y colores, de las que marcaban la piel y de las que marcaban el alma. Pero ni él quería compartirlas con el detective ni éste se lo iba a pedir más que retóricamente.

Le dejó hablar, sin interrumpirle en ningún momento. Escuchando con atención mientras memorizaba cada palabra, cada leve gesto en el duro y atractivo rostro del más joven. Elaborando y perfeccionando cada vez más el patrón mental que estaba construyendo para ese hombre. Le gustaron las agallas que mostró, la fuerza de su determinación y su falta de miedo al decir las cosas por su nombre. La fiereza de sus ojos, siempre fijos en los propios, sin dejarse amedrentar por su frialdad e inexpresividad.

Ahora estaba casi seguro de que Damon Valenti era su hombre. Un ser perseguido por el pasado y sin un futuro al que dirigirse, alguien quien vivía solo por la emoción del presente. Robb podría poner la zanahoria delante de su nariz y Valenti correría feliz tras ella, porque era un hombre que necesitaba una meta para sentirse útil. Para sentirse vivo. Estaba convencido de que cuando le expulsaron de su anterior puesto se hundió en la miseria, dejándose llevar quizás por el alcohol, quizás por las drogas, quizás por el sexo… o quizás por todos ellos. Su aspecto físico actual parecía concordar con tal suposición. Lo único que tenía que establecer Robb ahora eran los límites.

-En realidad la existencia de su hermano no me supone inconveniente alguno. Es más, si usted no tuviera esa “herida”, probablemente ni me interesara. No quiero más policías para patrullar las callas y poner multas de tráfico. Como bien ha supuesto lo que quiero es gente que no tema meterse en las cloacas e impregnarse de la suciedad de la que está hecha esta ciudad.- Robb hablaba con calma, su voz siempre comedida y con un deje de educada condescendencia. Se incorporó en su silla y apoyó los codos en el escritorio, cruzando sus manos y mirando por encima de estas a Valenti.- Le quiero justo para lo que está pensando: es mi deseo que se infiltre en la yakuza de la ciudad. Ambos sabemos lo difícil que eso será, como sabemos que la única salida es el éxito. No habrá nadie para salvarle si mete la pata, ni nadie que llore su cadáver cuando lo encontremos en el río. No podrá retirarse en mitad de la operación y le será retirada su placa mientras dure por su propia seguridad. Solo responderá ante mí, pero no le reconoceré públicamente cuando eso comprometa la operación. A cambio tendrá carta blanca y todos los recursos económicos que pueda necesitar. Y, cuando todo esto termine, recibirá una preciosa medalla que podrá fundir para hacer balas si ese es su deseo. Nada más.

No era de extrañar que nadie quisiera aquel trabajo. Se arriesgaba mucho para ganar realmente poco, así que normalmente estaba reservado para gente con un gran sentido de la justicia… o para gente como Valenti, sin nada mejor que hacer con su vida.

-No dude que dispararé, Detective Valenti.- sonrió de manera felina, oscura y casi dulce.- Si me deja lo utilizaré hasta que no pueda obtener nada más de usted, y probablemente disfrutaré viéndole consumirse. Me temo que soy un poco retorcido.- rió levemente.- A mí solo me importa el bien común, y no tengo reparos con acumular daños colaterales. Soy de los que dejarían morir a su madre para salvar a mil desconocidos. Solo es una cuestión matemática, de balance. Por supuesto le digo esto en confianza, pues nunca lo admitiré fuera de este despacho por no ser “políticamente correcto”. Pero los dos sabemos, y la gente que nos criticaría sabe, que solo la gente que piensa así puede obtener resultados en una situación desesperada como esta. Así que dígame, Detective: ¿si le digo que dispare lo hará sin pedirme explicaciones? Porque a veces podrá parecer un delincuente a ojos de quienes no conocen toda la verdad…

Eso era realmente lo que quería saber. Porque llevaba tiempo dándole vueltas a un pequeño plan para acelerar un poco las cosas en la ciudad. Por una vez no tenía que ver directamente con la yakuza, así que necesitaba a alguien sin escrúpulos. Alguien que confiara ciegamente en su plan, y que si Robert decía que tenía que ser así, era porque realmente era necesario. Por supuesto era algo independiente, igualmente deseaba ver a Valenti infiltrado.


avatar
Robert Walker
Policía
Policía

MENSAJE : 26
Localización : Detrás de ti

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

default Re: Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 07, 2013 12:12 pm

A pesar de la nueva postura del hombre, gélido en apariencia, demasiado afilado para no tener llamas escondidas, las palabras de su nuevo "superior" le hicieron sentir más cómodo. Tranquilo, como si el óxido en las placas ajenas lograra hacer brillar la suya.

Así que ése era el nuevo escenario... Una ciudad podrida, escoria en el cuerpo y rigidez al cargo. Oh, seguro que en su antiguo distrito habían disfrutado eligiendo su nuevo destino. Habrían reído, saboreando el blanco inmaculado de Walker. Imaginando nuevas críticas. Tal vez, soñaran con un tiro acertado, a bocajarro, en cualquier callejón de esa ciudad domada por las tríadas. Pero la vida tenía precio en todas partes, y la basura tenía el aroma familiar que Valenti había aprendido a soportar. El hedor de la muerte, el sudor y la pérdida. Familia. Hogar.

Pasado. Que volvía a golpearle, esta vez a cara a cara. Sonrió, apreciando el directo en su estómago. Siempre supo disfrutar una buena pelea, y era capaz de respetar a su adversario. Rápido, diestro, clínico. Hundiendo las palabras en la herida adecuada. Abriendo poco a poco las cicatrices de su memoria, de su currículo. Haciendo sangrar su apellido.

- Tiene estilo, Walker. Me gustan los hombres que no necesitan los preliminares.

Le miró fijamente, apoyando ambas manos en la mesa, brusco, devolviéndole el reto. La injuria había sido lanzada, y con ella el sin fin de preguntas y acusaciones. Preguntas que no tenían una respuesta única, porque le definían. Interrogantes que le habían arrastrado hasta esos ojos, de cristal, que buscaban que él mismo hallase las palabras.

- ¿Ha sido herido, Inspector? ¿Hay cicatrices tras esa seda blanca?


Su rostro pareció envejecer mientras su voz tomaba el tono único de las confesiones. Esa acidez oscura y densa, que no susurra pero desvela secretos. El timbre de lo que pesa dentro y no mejora al compartirlo.

- Mi hermano es una herida abierta. Estará siempre ahí. En mí. En mi sangre, en mi apellido. Me marca, como puede marcarle a usted esa mirada acuosa, serpentina, que amenaza en silencio. Angelo es parte de mí, como yo seré siempre parte de él. Proyecta una imagen que no he elegido, Walker. Una imagen que significa algo en las calles y arroja reflejos distintos en la Comisaría. Es... una carga. Pero también una ventaja. Nadie puede llegar tan dentro, tan profundo. Y usted lo sabe. Tengo llaves para esas puertas cerradas.

Su postura se endureció, tensa, enfatizando su resolución.

- Me pregunta qué puede esperar... Todo. Puede esperarlo todo, Walker. Porque no hay nada que no esté dispuesto a hacer y no tengo nada que perder. He elegido mi bando. Puede que nunca sea un policía modelo, pero no soy un delincuente. No me importan las leyes, me importa la gente. Y no dejaré que toda una ciudad baile la canción que entonen los disparos. El valor es también un arma. Empúñeme y dispare. Usted decide el objetivo. Pero no pretenda que después de mancharme las manos lleve "planchado" el uniforme. La mierda te consume. Te cambia.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

default Re: Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Robert Walker el Dom Nov 18, 2012 5:46 am

Sonrió levemente ante la corrección que le hizo el más joven. Seguía con ese aura de suficiencia a su alrededor, como si fuera vital que su postura contra la autoridad quedara clara, palpable. Pero no era tan estúpido como para desafiarle directamente, claro. Al menos de momento. Y Robb no era tan orgulloso como para no admitir una pequeña crítica.

-La gente tiende a subestimar el poder de la cortesía y los buenos modales.- replicó con tono adoctrinador, sin perder esa sonrisa de fino galán inglés.- Es muy fácil ser amable con los demás. Debemos respetarnos los unos a los otros, ¿no? En eso consiste la convivencia social.

Efectivamente para aquel hombre la cortesía era importante, pues bajo aquellos prefectos le habían criado en su tierra natal. Así que Robert Walker te sonreirá con amabilidad mientras aprieta el gatillo. Buenos modales ante todo. Sin embargo en sus ojos se veía que sus palabras, sobre todo las dos últimas frases, eran más irónicas que reales. Y no se molestaba en tratar de disimularlo. ¿Para qué frente a un tipo como Damon Valenti? No, Robb prefería que el detective lo “calara”. Que supiera que bajo su perfecto traje blanco había un ser muy parecido a él… en ciertos aspectos. Aunque aún no pudiera intuir quién de los dos era realmente el peor.

Se reclinó en su silla para escuchar hablar a Valenti. Por su rostro, aún sonriente, se veía que estaba interesado en lo que le decía. No solo en las palabras, sino también en la forma de pronunciarlas. En el descaro innato de su voz, tal vez inconsciente por la costumbre. No solo no respondía sus preguntas si no que además era él quien quería guiar la conversación hacia su terreno. Definitivamente ese perro iba a necesitar mucha disciplina… Pero, cual padre comprensivo, Robert podía permitirle algunas licencias. No tenía intención de tratar de neutralizar la autonomía de ese hombre, solo guiarla hacia el camino que más le convenía al propio inspector.

-Ciertamente aquí pone muchas cosas interesantes,- admitió señalando la carpeta con su nombre.- pero bajo ciertas condiciones la verdad puede ser esquiva… Como cuando no caes en gracia al encargado de redactarla. En cualquier caso no tengo inconveniente en responder a sus preguntas.- se inclinó hacia delante, apoyando los codos en el escritorio. El tema se volvía más serio y su postura también.- Ha sido muy acertado por su parte mencionar a la Hidra, detective. Esta ciudad es la Hidra: por muchas cabezas que se intenten cortar siempre aparecen más y más. No sé si lo sabe, pero extraoficialmente las altas esferas de la policía están a un paso de dar por perdida esta ciudad. No importa lo que escuche en esta comisaría: el poder ahora mismo está en mano de la yakuza. Nos superan en número, en presupuesto, en armamento… Y súmele a eso la corrupción dentro del propio cuerpo policial.

Los ojos azules de Robb, fríos como témpanos de hielo, no encajaban con el aire distendido de su tono. Aquel hombre vivía por y para su trabajo, así que realmente estaba implicado en todo aquello. Y no había nada que odiara tanto como saber que su base estaba infestada de sucias ratas.

-Mi “plan maestro”, detective Valenti, tiene varias etapas. El primer paso, en el que ya estoy totalmente inmerso, consiste en sanear esta comisaría. Es increíblemente difícil sacar adelante cualquier operación cuando a la yakuza le llega un diario completo de cada uno de tus pasos. Cuando el cuerpo esté totalmente limpio, aún si eso supone perder al 75% de la plantilla, podremos empezar a servir al contribuyente. Pero no le necesito a usted para eso, detective. Tengo en mente un trabajo a su medida… si lo que pone en el informe es cierto, claro. Ahora, detective Valenti,- algo en su expresión cambió, como si se oscureciera de malicia.- ¿qué puedo esperar de usted, quien ha sido recientemente suspendido de empleo y sueldo? ¿Qué puedo esperar de usted… con un hermano como el suyo?

Ya que Valenti había querido jugar fuerte desde el principio, así jugarían. Robb no tenía problema en poner todas las cartas sobre la mesa: dudaba del hermano de un criminal. Sí, había oído hablar de Valenti, el narco. Y sí, sentía prejuicios ante Damon, no los escondería. Ahora bien ese hombre aún tenía su carta bocabajo… ¿Sería aquel lazo familiar un problema o una ventaja? ¿Qué había llevado al hombre de ese informe a unirse al cuerpo cuando, a todas luces, debería estar junto a su hermano dándole dolores de cabeza a Robb?


avatar
Robert Walker
Policía
Policía

MENSAJE : 26
Localización : Detrás de ti

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

default Re: Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Invitado el Vie Nov 16, 2012 4:19 am

Sintió como esos ojos azules, limpios y demasiado huecos, le reconocían. Esa familiaridad que se posa en las miradas cuando saben de ti. Cuando creen saber quién eres. Cómo eres. Y sonrió, felino, al escuchar ese tono cortés, educado y preciso. Inglés... a juego con su traje blanco y su expresión dominical, en la primera fila de la Iglesia.

Joder, cómo le habían provocado desde siempre los príncipes azules. Los empollones de gafas anchas y desaprobación entre los labios. Los reyes del balón, de pechos firmes y mentes torpemente atléticas. Los buenos en su área, ídolos, tópicos. Los Don Perfecto que no cruzan los límites y creen que son capaces de trazarlos. Damon había nacido para pisotear cada una de sus rayas. Para romperles las gafas, quitarles la pelota, hacerles sentir niñas dejando atrás una masculinidad usada por reflejo y sentirse peores, débiles, amenazados. Damon había nacido para ser el mal ejemplo, deseado. Y se le daba bien...

Por éso estaba ahí, siendo ahora el "poli malo", esperando un café que al parecer sólo debía pedir... Como si vivir no tuviera un precio. Como si algo fuera realmente gratis. Dejando a su sonrisa crecer, bélica, encarando a ese hombre de pelo liso, coleta prieta y porte refinado. Deseó poder ser testigo de cómo se tomaba sus cafés su nuevo Jefe... y pensó que tal levantase los meñiques, divertido.

- Detective. Detective Valenti -corrigió por reflejo- Hace tiempo que dejé atrás el uniforme, Señor Walker. Gracias por el café, de todos modos. Ha logrado que un "por favor" parezca fácil de pronunciar si a cambio recibes lo que buscas.

Disfrutó al eludir ese cargo, demasiado largo y petulante, reduciendo su nombre al título común que anunciaban las placas de los cajeros de supermercados. Observó su postura, dominante y segura, y sintió el primer esbozo de simpatía por ese hombre que proseguía sus rituales uno a uno, ignorando no sólo parte de su presencia asilvestrada y epatante, sino las líneas de historial que le habrían prevenido. "Así que no te importa... Walker".

La sonrisa en sus labios adquirió un tono cálido que se extendió también a sus palabras y acarició la ironía que despertaba en su mente ser "un experto en anti-vicio"... Porque podía ser un experto, sí, pero lo era por dejarse perder. Por adentrarse en esos vicios y pecados, hasta llegar a conocer cada porqué y cada uno de los cómo.

- Estoy seguro de que lo sabe todo de mí... Hay muchas líneas repetidas en mi expediente. Seguro que alguien como usted saca sus propias conclusiones sobre mis puntos fuertes. Parece más interesante no centrarse en el pasado. ¿Verdad? Hablar de usted. Del ahora, a su cargo. Crimen Organizado... ¿Eh? Como si hubiera un plan Maestro guiando cada apetito... ¿Cómo ha decidido luchar contra la hidra, Walker? ¿A quién quiere que muerda?

Miró a los ojos crudos y vacíos de Walker, con su dorado en llamas, lleno de veteranía, consejos y heridas ya cicatrizadas. Lo miró, como un producto de la noche, criado error a error, lleno de batallitas y experiencias, vistiendo esa piel suya, aprendizaje a través de la sangre y la amargura. Le miró con los ojos dorados del alcohol y el neón, con el oro de la muerte y el metal.

Le miró, a su servicio. Dispuesto y entregado. Con los ojos dorados de su placa, las pupilas oscuras, policiacas. Dispuesto a obedecer... a su manera. Buscando una misión. Más hambriento de causas que de emociones nuevas. O puede, que de ambas, como siempre.


Última edición por Damon Valenti el Lun Ene 07, 2013 12:13 pm, editado 1 vez

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

default Re: Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Robert Walker el Vie Nov 16, 2012 3:13 am

Había buscado en la montaña de documentos pertinente el informe sobre aquel Damon Valenti. No le costó demasiado encontrarla porque estaban por orden alfabético. Robert era una persona muy ordenada, metódico en sus quehaceres. Eso podía parecer un incordio para muchos, pero a él le permitía estructurar al mismo tiempo sus pensamientos y recuerdos. Como un disco duro, el cerebro del inspector almacenaba montañas de datos, tantos que debían ser codificados de alguna manera. Un nombre, un número, una fecha, una dirección… tan solo algo insignificante como eso podía desbloquear en su mente el archivo completo de cualquiera de las investigaciones que llevaba o había llevado. Ahora, con la carpeta beige en la mano, se recostó en su silla y la abrió. Lo primero que llamó su atención fue la fotografía de la esquina superior izquierda. Era una foto formal pero un observador atento podía intuir las migajas de un hombre rebelde: la comisura derecha del labio levemente elevada, la chispa casi pícara de sus ojos, la relajación de los músculos de su cuello. Daba la impresión de que Valenti se había tomado aquella fotografía con la actitud de quien cree que es una práctica estúpida.

Sus ojos azules, siempre inexpresivos, se deslizaban por las líneas allí escritas. Era sorprendente lo vacía que estaba la lista de méritos en comparación con la de sanciones. Según aquello Valenti era un tipo que trabajaba a su aire, ignorando órdenes directas. No trabajaba bien en equipo. Era demasiado violento e impredecible. Le faltaba sentido común. No respetaba la ética policial… Y las críticas seguían y seguían. Pero nadie le había despedido y habían tardado bastante en sancionarlo seriamente. ¿Por qué? La respuesta estaba allí escondida, entre líneas. Valenti había llevado a acabo misiones de una peligrosidad altísima: infiltraciones. Y Robb sabía, como seguro sabían también los anteriores superiores de aquel hombre, que un policía así era difícil de encontrar. Muy pocos estaban dispuestos a jugarse tanto el pellejo por un sueldo de mierda.

El inspector escuchó movimiento al otro lado de su puerta y alzó la mirada justo para ver entrar al tipo de la foto – o más bien a una versión ajada y mugrienta – por su puerta. Cerró la carpeta sin prisas y la dejó sobre el escritorio, sonriendo cordialmente a modo de saludo.

-Sí, así es.- asintió, ignorando intencionadamente el tonito de burla que el otro había usado al llamarlo “jefe”.- Bienvenido.

Antes de que tuviera tiempo a ofrecerle asiento ya lo había tomado. Robb tampoco le dio importancia, al fin y al cabo Valenti solo estaba haciendo lo que se esperaba de alguien como él: mostrar un descaro innecesario y marcar su “territorio”. Todos sus gestos y movimientos parecían orientados a mostrar su desagrado por la situación, por esa autoridad que no respetaba y por el propio Robert. Ojos fijos, sin miedo. Postura abierta, despreocupada, insinuante y provocativa. No pedía, tomaba. No mostraba ni la educación más básica. Robb lo miró de arriba abajo, lentamente, sin prisas. Reparó en sus ropas descolocadas y demasiado usadas, su barba sin afeitar, su olor fuerte, masculino… Y sonrió una vez más, de medio lado, como quien mira a un niño que trata de hacerse el duro pensando que lo único que parece es ridículo. Patético. Pero divertido.

Todo Valenti parecía gritar: “soy mejor que tú y me importa una mierda lo que opines al respecto, dame rápido las órdenes para que pueda ir a resolver las cosas como me dé la gana”. Un perro salvaje. Quizás hasta un lobo en vano tratado de disciplinar. Eso era lo que tenía delante.

-Pedirlo. Faltaría más.- Robb siguió sonriendo con condescendencia y después cogió el teléfono y marcó un número. La respuesta fue casi inmediata.- Yamamoto-san le agradecería que trajera un café para el señor Valenti. No esa bazofia de la máquina expendedora, haga el favor de bajar a la cafetería de al lado… Sí… Sí… Muchas gracias.- colgó y volvió a dirigir su rostro amable hacia su “invitado”. Era un poco inquietante como los ojos no seguían en su expresión al resto de sus rasgos.- En seguida se lo traen, agente Valenti. Tenga la bondad de esperar unos minutos.

Robert se reclinó en su silla y apoyó los codos en los reposabrazos, entrelazando sus manos a la altura de su pecho, las piernas cruzadas bajo el escritorio. Le mantenía la mirada al otro sin aparente problema alguno. No se sentía nada intimidado por ese hombre tan “salvaje”. Es más, cada vez le parecía más divertido.

-Mi nombre es Robert Walker, Inspector Jefe del Departamento Contra el Crimen Organizado. Aunque sea en estas condiciones le doy la bienvenida a nuestro departamento, agente Valenti. Tengo entendido que es usted especialista en anti-vicio, ¿me equivoco?

Era una pregunta de pura cortesía. Claro que no se equivocaba. Robert Walker raramente se equivocaba.


avatar
Robert Walker
Policía
Policía

MENSAJE : 26
Localización : Detrás de ti

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

default Re: Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 14, 2012 11:45 am

Se sintió malignamente satisfecho ante la incomodidad del agente, que finalmente, debió darle paso y conducirle al interior de la Comisaría permitiéndole entrar. "Ser uno de ellos, uno de los buenos". No pudo ni quiso evitar mostrar una sonrisa sardónica y reivindicativa, más reluciente que su placa. Puede, que igualmente irónica en él. Inesperada en su cuerpo. En su persona. La sonrisa de un "Ken" americano y perfecto, en su identidad epatante. Como un guiño más, la maldita broma de un maestro capaz de reírse de sí mismo. Del karma. Del puto universo.

Le pesaban los pies, pero no era el fruto del nerviosismo típico que tal vez debiera haber mostrado al menos una vez tras cometer errores... No. Era simple fatiga, el lastre de una noche violentamente física, el sello de una mente sin café, de un estómago sin desayuno. Damon no conocía la culpa. Al menos no hasta ahora... a pesar de haberse equivocado 70 veces 7. Siempre había sabido vivir con sus errores. Con las consecuencias mordaces de sus actos. No era un cobarde, era coherente. Cuando la jodía sabía que la estaba jodiendo. Pero a veces, valía la pena. Era necesario. Y otras veces... Bueno, no todos se conforman con intuír qué ocurrirá si traspasas "la línea". Algunos necesitaban probarlo.

No disfrutaba de las consecuencias, funestas, que solía conseguir como "premio" por su estupidez, intrépida y osada. No era un masoca, y los castigos no lograban erizarle la piel ni ponerle dura la entrepierna. Era... simplemente, esa necesidad de mirarte de verdad en el espejo. De conocerte. De saber de qué eres capaz. Hasta dónde llegarías. De conocer el sabor de tu sangre. De tu sexo. De tus sombras.

Damon creía que el pecado no se vence con virtud. Se vence sólo a través de la verdad. Conociéndolo. Saludándolo. Y no con prohibiciones. Las cuadrículas morales se le antojaban demasiado estrechas. ¿Cómo parar a tu enemigo si no entiendes su forma de pensar? ¿Cómo aprovecharte de debilidades que no comprendes? Damon había aprendido a ser más fuerte nutriéndose de esas enfermedades en las almas. De los pecados y las faltas. De los instintos. De los deseos.

Porque todos los hombres eran bestias. Y todos, estaban sedientos.

La pregunta era: ¿Qué querían beber? Y Damon había bebido mucho. Pero aún no demasiado. Ahora era casi un experto. Podía mirar a un hombre y ver sus hoquedades. Esos vacíos, secretos, intuyéndose. Pero aún, no estaba cansado. Aún tenía hambre. De verdad y de carne. De saliva. De realidad.

Las calles seguirían a oscuras, noche tras noche. Y deseaba seguir adentrándose en esa densidad, tan negra y acuosa... Con su placa en un bolsillo, como si fuera una linterna de emergencia. Por éso estaba ahí, en Comisaría. Por éso había venido. Damon era un desastre, pero tenía un propósito. A veces la ley también necesita verdugos. Mercenarios de sonrisas quebradas. Forasteros dispuestos a ganarse la estrella puntiaguda de los Sheriffs.

Llamó a la puerta de ese despacho recorriendo a la mujer insulsa que debía haberle anunciado al "nuevo Jefe" con ojos ávidos e inquisitivos, que se tiñeron de aburrida indiferencia. A veces, las personas lograban que creyera en la ilusión de un Dios con moldes, fabricando clones en cadena. Como la secretaria... igual a otras, a tantas otras en tantos otros sitios que no sabía si hacerle sentir clemencia o vértigo. Replicantes detrás del escritorio. "Litle boxes... Valenti". Huellas de rutinas que nunca lograrían hacerle sentir cómodo, sino asfixiado.

Decidió ignorar sus pensamientos y el rugido sordo de su estómago mientras no esperaba a ser invitado y atravesaba el umbral del despacho sin necesidad de ser anunciado o recibido. Ansioso, y a la vez desganado, en una combinación que sólo parecía natural en él. Mitad conciencia, mitad cuerpo.

- Mi nuevo Jefe. Supongo.

Sonrió, plástico, exagerado. Su mandíbula, afilada y viril pareció ensancharse bajo el peso de una mueca implantada. La sombra oro de su barba rebelde pareció crecer también, libre, reclamando su rostro. Después, el gesto murió sin más, siendo relevado por el estatismo cansado de un trasnochador empedernido, a primera hora de la mañana. Bueno, al menos era lo que Damon entendía por "madrugar"... A pesar de ser ya mediodía.

De nuevo eludió cualquier rasgo de formalidad, diligencia o respeto, sentándose en la única silla frente a ese hombre elegante, trajeado y blanco, pulcro, de cabello domado y rostro pálido, burgués. Abrió las piernas con el descaro cómodo de un adolescente, con la mirada gualda y la bragueta encarando ese nuevo cuerpo, tan rígido, tan tenso, tan perfecto y artificial. Tan correcto.

Si Damon fuera un hombre normal, tal vez incluso "un policía normal", se hubiera sentido acomplejado por su camisa abierta y bermellón, sus pantalones vaqueros ajustados, el olor a otros hombres y otras pieles en su ropa, y ante todo, sobre todo, por su suspensión y su traslado. Pero no lo hizo. Se sintió intrigado por esos ojos cautos y serenos, sonrió con desdén y se recostó en la silla como un gato indolente, sintiendo secos sus labios y su boca.

- ¿Qué tengo que hacer para conseguir... uno de ésos?


Señaló el café, marchito, después de dejar intencionadamente la pregunta a medias, en el aire. Puede que fuera pronto, pero su lengua seguía siendo suya, al fin y al cabo.


Última edición por Damon Valenti el Lun Ene 07, 2013 12:13 pm, editado 1 vez

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

default Re: Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Robert Walker el Miér Nov 14, 2012 9:41 am

Dos meses. Dos meses y los cambios ya empezaban a notarse. No era que hubiera arreglado el tema de la superpoblación de yakuza, tampoco esa multitud de adolescentes descontrolados que campaban a sus anchas por la ciudad. No, los cambios eran más sutiles. Más… íntimos. Pero cualquiera que trabajara en la Comisaría de Policía de la ciudad los podía notar. El Inspector Jefe Robert Walker, encargado del Departamento Contra el Crimen Organizado, se había propuesto empezar por quitar la “mala hierba del jardín”. Traslados, despidos, sanciones, expulsiones temporales y otra serie de medidas – menos convencionales – estaban a la orden del día. Aquel elegante y encantador hombre, siempre perfecto en su traje de chaqueta blanco inmaculado, siempre con una sonrisa en los labios, no tenía reparo alguno en hacer una limpieza profunda de esa carroña corrupta del cuerpo policial. Y, por supuesto, se estaba granjeando toda una serie de enemigos en el proceso.

No era que Robb creyera en la ley, ni si quiera creía en la justicia, pero nunca le había gustado perder. Y ahora la policía era su equipo, así que ellos tampoco podían perder. No más inútiles incapaces de hacer su trabajo, ni más cobardes que no se atrevían ni a patrullar por los barrios conflictivos ni a enfrentar a la yakuza. No más corruptos que vendían hasta a sus madres por un puñado de papeles de colores y que lo venderían a él por incluso menos. Le daba igual quedarse solo con un puñado de agentes porque en la cantidad no estaba el éxito, sino en la calidad. Solo quería a su alrededor a los mejores. Y los demás a patrullar el tráfico y hacer papeleo.

Se había propuesto solucionar los problemas de aquella ciudad a toda costa. No porque pensara en el bien de los civiles ni nada parecido, sino simplemente porque sería un enorme logro para su historial. Cuando sus superiores lo habían mandado allí lo habían hecho como medida desesperada: no veían a nadie más cualificado para ello. Así que si conseguía que todo saliera como debía, tendría un ascenso a las altas esferas asegurado. Ese era su objetivo: escalar hacia la cima… Y si tenía que hacerlo sobre una montaña de cadáveres así sería. A Robb no le importaba nadie más que sí mismo y sus objetivos. Para él todo aquello era un juego. ¡La vida era un juego! Y, una vez más, él nunca perdía.

Aquella mañana estaba sentado tras su escritorio con una taza de café bien fuerte y una montaña documentos, ordenados por secciones. Llevaba tres días leyendo uno por uno los expedientes de todos los policías de su jurisdicción. Robb era especialista en leer a través de la gente y le habría gustado entrevistarse con todos, pero era imposible. Así que con aquellos historiales debía de ser suficiente. A parte iba dejando aquellos que le resultaban de alguna manera interesantes… pero había muy pocas carpetas en ese montón. En cambio los montones de “potencialmente corrupto”, “incompetente” y “demasiado legal” estaban bastante crecidos.

Sonó el teléfono. El recepcionista le informó de que el agente Damon Valenti, número de placa XV69, preguntaba por él. Robb alzó una ceja y puso a su cerebro a trabajar… un instante después recordó esa carpeta que su secretario le había llevado días atrás. Un trasladado. Sin mucho más esfuerzo recordó dónde había puesto dicha carpeta.

-Háganlo subir a mi despacho. Ahora tengo tiempo para atenderle.- ordenó con tono cordial.

Apuró su café y terminó de ordenar las carpetas en sus respectivos montones. Aún le quedaban muchos por leer, pero la idea no le desanimaba. No obstante ahora le parecía mucho más interesante entrevistarse con aquel hombre. Un despojo que otros le había enviado para deshacerse de él, puede que incluso con la intención de incordiar al propio Robb. Pero donde todos leían rebeldía y desacato, Walker leía diamante en bruto. Puede que Valenti fuera justo lo que andaba buscando… siempre que lo que ponía en su historial fuera cierto.


avatar
Robert Walker
Policía
Policía

MENSAJE : 26
Localización : Detrás de ti

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

default Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 14, 2012 7:21 am

Era de día. Al menos eso creía Damon, con los ojos aún entornados por el escaso sueño, la resaca infernal en su cabeza y el sabor pastoso y amargo en su garganta. ¿Dónde estaba? Una cama deshecha, gruesas cortinas de colores oscuros y su ropa tirada por el suelo, amontonada, sucia, ajada. El aroma de la carne y el sudor inundándolo todo. "Hogar, dulce hogar", pensó, esbozando la primera sonrisa del día.

Poco a poco su mente pareció ir despertando también, abriéndose, como sus ojos. Esbozos de la noche acudieron a él, rellenando los huecos de ese puzzle incompleto que le había llevado hasta la habitación de ese motel de mala muerte en las afueras... dónde podías alquilar camas con muelles destrozados, por horas. Estaba hecho una mierda, con la espalda quebrada en pliegues imposibles, frío en los pies y ganas de mear. Al levantarse descubrió también el desacuerdo de su estómago, inestable y hambriento, tras haber recibido la caricia de licores distintos durante... ¿días?

Espera... ¿cuándo le habían suspendido? ¿El miércoles? Y hoy era... ¿Martes?¿Domingo? Joder, ni siquiera hubiera logrado acertar el año en que vivía. Todo se reducía a este único momento de arcadas, pasos lentos y aletargados, y el rabioso ansia clamando por un cigarrillo entre sus labios. Al menos eso era todo, hasta escuchar el rumor bajo las sábanas, aún en el lecho mugriento y deprimente dónde habían pasado la... ¿noche? ¿Horas? ¿Días o semanas?

Joder. Esperaba que no fuera una puta. Ni siquiera sabía dónde coño estaba su cartera... Volvió atrás sin haber logrado llegar hasta el baño, retrocediendo para arrancar la incógnita bajo las sábanas, de un ocre que antaño debía haber sido blanco.

- Vete.

Tenía un humor de perros por las mañanas. Le importaba una mierda el cuerpo que hubiera compartido. Para él, el deseo era una necesidad. Y las personas, anatomías con las que saciar ese apetito. Filetes capaces de hablar y tocarte los huevos. Quería un café, no esbozar una excusa, soltar un billete de 50 o reírse ante la culpabilidad de unos ojos desconocidos.

No hubo respuesta. El patán desnudo sobre la cama sólo le miró mal, con la misma expresión en su rostro. Hastiado. Hambriento. Mareado. A saber qué coño habían estado haciendo. No dijo más, agradecido por el silencio, buscando un cigarrillo. La primera calada le supo a Gloria. Una Gloria concreta, de cenizas, que sólo han probado los grandes perdedores. Pero celestial en su humo sin expectativas. En su lúgubre muerte anunciada. Como un fin retrasado que besas en los labios. Una promesa.

Lanzó el paquete a su anónimo compañero observando su cuerpo una última vez. Era un capullo con suerte, se había ligado a un puto adonis incluso yendo ciego. Bien por él. No lo recordaba, pero le dolía todo. Seguro que lo habían pasado bien...

- Voy a la ducha. Suerte.


Esa era una frase de despedida. La despedida más amable que Damon regalaba. Su propia versión de las flores de disculpa, los bombones y la lencería fina. Eso era todo. Y sin duda era mucho más agradable que un "Sal de aquí. Si no te has ido cuando salga de la ducha te daré de hostias hasta que entiendas que no pintas nada. Me importas una mierda." Amenaza no enunciada que pensaba cumplir si llegaba a verse en la necesidad...

Avanzó, desnudo, sin rubor ni complejos, sintiéndose como un insecto kafkiano, reptante y asqueroso. Joder, necesitaba esa ducha. Cerro la puerta tras de sí. No quería invitados. No así, no ahora. Damon odiaba "lo que le daban gratis"... aunque casi nunca llegaba a renunciar a ello. Era un mendigo. Su líbido tenía un plato preferido, pero no dejaba pasar cualquier comida disponible... "Nunca sabes cuando volverás a poder comer". Pero joder, cómo disfrutaba poder pedir "a la carta".

Abrió el grifo y entró bajo la lluvia mortecina y caliente, sin la estúpida pretensión de lavar sus pecados o dejar todo atrás. Tan sólo complacido por el tacto tibio y suave llevándose consigo los sudores, los humores, el peso de la vida. Como si pudiera ser sólo un poco más joven, gota a gota. Más vida que jugar y perder.

Después de algunos minutos volvió a sentirse una persona. Bueno, al menos algo parecido. Un imbécil cualquiera, libre, activo. La dignidad estaba sobrevalorada.

Cuando volvió a la cama la soledad era la única compañía. Mensaje recibido. Al parecer era un gran comunicador, como se sorprendería su madre... Había algunas cosas -pocas- en las que era jodidamente excepcional. Incluso, había logrado que le pagaran por algunas.

Se vistió con las mismas ropas, jodidas como él, sin saber dónde coño habría dejado aquel intento de maleta. La caja de cartón dónde su "respetado" Jefe había lanzado hasta los clips de su puto escritorio, después de firmar su traslado.

"No eres un policía, Valenti". Sonrió, como un pirata. Era verdad. Era mucho más que eso. Era lo que hacía falta, el puto as negro en la baraja. Y lo sabían. Aunque le odiaban, lo sabía. Nadie más tendría huevos. Nadie más se infiltraba como él. Nadie se jugaba la boca con su tesón, despreocupado. Valenti era un loco, un temerario, un criminal que quería a otros criminales entre rejas.

Abrochó los botones de su camisa, sin llegar a cerrarla. Se hundió dentro de sus pantalones, ceñidos, y pasó sus dos manos sobre la melena mojada que empapaba su rostro. Estaba presentable. Iba vestido. Punto. Guardó el zippo en sus bolsillos, recuperó el paquete de tabaco, buscó la pistola en el primer cajón de la mesilla y retomó su placa, que volvería a ser válida en ¿dos días? Eso creía, al menos. Con la seguridad que susurra lo que añoras, fuertemente.

Y así, bajó, pagó la habitación a un japonés con cara de chino y ojos sospechando, arrugados, y caminó y caminó hasta llegar al distrito al que le habían re-destinado. Andando sin reparar en el frío de la mañana, en el tráfico y los trajes negros encorbatados en todas las aceras. Pensando simplemente en un café o un trago... Puede que ambos, llegando hasta las puertas de la Comisaría y entrando, como un pez que se traga el anzuelo.

Avanzó hasta la recepción dónde un agente de uniforme le miró con desdén. Con la sonrisa cínica que dibujan todos los cocodrilos, sacó la placa del bolsillo y habló con voz ronca y gastada, un poco afónica.

- Ey. ¿A quién debería presentarme? Me han trasladado. ¿Quién es el Jefe?


Última edición por Damon Valenti el Lun Ene 07, 2013 12:14 pm, editado 1 vez

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

default Re: Errores con nombre propio [Priv. Robb Walker]

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.