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Choque de Reyes [Priv.][+18]

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Mensaje por Zack Fleischer el Dom Oct 28, 2012 7:16 am

Zack estaba empezando a preocuparse en serio: no encontraba a Gilbert por ninguna parte.

Al principio no le dio importancia, total era bastante probable que no fuera a clase por simple vaguería. O a lo mejor iba los días que no iba Zack. Pero cuando uno está acostumbrado a ver una persona a diario al final la acaba echando en falta… sobre todo si es uno de sus mejores amigos. ¿Dónde diablos se había metido ese albino? No lo veía desde que se lo tiró por última vez, hacía ya tres días. ¿Tan mal había quedado después de aquello? Quizás… Tras pensarlo un rato Zack llegó a la conclusión de que lo mejor sería ir a verlo a casa. Pero no estaba allí. Tal vez había salido, pensó, volveré mañana… Pero al día siguiente tampoco estaba. Ni al siguiente. Y en su apartamento no había señales de que hubiera pasado por allí en todo ese tiempo. Algo empezó a olerle mal. Fue al hospital a ver a Aaron, pero el pequeño le dijo que su hermano no iba a verle desde hacía un tiempo. El pequeño parecía tan preocupado y triste que Zack sintió compasión por él.

-Seguro que está liado con el trabajo, no te preocupes renacuajo.- le dijo con voz segura, sonriendo y desordenándole el pelo. Y el niño trató de sonreír también y creerle.- Ya verás como mañana mismo se pasa por aquí con un gran regalo.

Pero Zack sabía en qué trabajaba Gilbert y los peligros que entrañaba. Su pequeño malestar se convirtió en un fuerte presentimiento… Y de los malos. Aquella noche se pateó toda la puta ciudad buscándolo en cada bar o garito donde le sonara que el albino había ido alguna vez. Preguntó a quienes le conocían y a quienes no, pero nada. Nadie sabía nada de Gilbert, como si la tierra se lo hubiera tragado… Al séptimo día Zack perdió la paciencia del todo. Aquello ya era serio. Un millón de posibilidades pasaban por su mente y a cada cual peor. Ya solo se le ocurría una idea, y era una bastante desesperada…

-¿Dónde está esa puta de Alois?- su voz, potente como un trueno, rebotó en aquella clase de primero haciendo que la inmensa mayoría de alumnos se cagaran en los pantalones (casi literalmente). Todas las mirada se volvieron hacia Alois, la próxima víctima del Rey del Dokusei, preguntándose que podía haber hecho el rubio para hacer enfurecer así al mayor. El propio Alois tuvo dificultades para fingir calma cuando vio al gigante alemán acercarse a su pupitre a zancadas y tomarle de la pechera de la camisa, zarandeándolo como si no fuera más que un muñeco de trapo.- A ti te quería yo ver. ¿Dónde coño está Gilbert?

-Haz el favor de soltarme…- pero Zack no solo no lo hizo sino que además lo arrastró hasta la pared del fondo del aula y lo estampó contra la pared. Alois gimió de dolor y cerró los ojos con fuerza, esperando la lluvia de golpes que, por una vez, creía no merecer.- S-suéltame…

-¡Te he preguntado que donde está, zorra! ¡Estoy seguro de que tú lo sabes!

-¡¡No, no lo sé!!- gritó, furioso. ¡¿Por qué aquel imbécil no le dejaba explicarse?! Por el rabillo del ojo vio que Ciel se acercaba a tratar de detenerlos.- ¡De verdad no sé donde está! Ciel… ¡no!

Pero fue demasiado tarde. Ciel Phantomhive trató de golpear a Zack por la espalda, lo que terminó con el menor en el suelo con la cara cubierta de sangre por el revés que le soltó el peliazul. Alois observó aquello con terror. ¿Cómo se le había ocurrido a Ciel intentarlo si quiera? ¿Cómo había podido Zack golpear así, sin contenerse si quiera, a un chico que era la mitad que él? ¡¿Qué diablos estaba pasando?!

-¡Tienes que saberlo, tú eres su amante, joder!

-¡¡No lo sé, no lo sé!! ¡No le veo desde hace más de una semana! ¡Es la verdad, joder!- las lágrimas se le saltaron muy a su pesar, pero no podía contener el dolor y el miedo que sentía. Miedo a aquel hombre que podría destrozarlo sin el menor esfuerzo, pero también miedo porque se confirmaban sus sospechas: Gil había desaparecido. Y si Zack Fleischer estaba allí, y estaba así, es que realmente era algo grave.- No lo sé… No sé donde está…

Al final Zack acabó por creerle. Lo soltó, dejándolo caer sobre el suelo llorando, y le dio una patada a un pupitre mandándolo por los aires y provocando que varios más volcaran. Varios alumnos de primero gritaron asustados y se apartaron de su camino. Un profesor trató de detenerlo en la puerta de clase pero se apartó al ver su cara (no le pagaban lo suficiente como para jugársela así). El peliazul se sentía frustrado y eso era algo que llevaba muy mal. De momento decidió salir del instituto a que le diera el aire o realmente iba a acabar matando al primer gilipollas que se le cruzara. Recogió su mochila en clase y fue a por sus converse al casillero de la entrada.

Y entonces encontró la nota.

Era un simple trozo de papel doblado, con una sola línea en su interior, escrita a máquina. Zack se la quedó mirando en absoluto silencio, como hipnotizado. Escuchó pasos a la carrera que se detuvieron junto a él. Alois jadeaba por el esfuerzo.

-Quiero ayudarte… a encontrarlo…- jadeó, con la cara aun cubierta de lágrimas. Había dejado a Ciel atrás, algo que jamás pensó que haría. Pero Zack había plantado la semilla del miedo por Gil en su pecho y ésta estaba creciendo a pasos agigantados. Entonces vio la cara de Zack y la nota.- ¿Qué…?- el peliazul se la tendió.

“Si quieres recuperar lo que has perdido ven a esta dirección, solo. Un error y pierdes tu juguete”.

Alois se sobresaltó al escuchar el estruendo que provocó Zack al hundir uno de los taquilleros de un puñetazo. Estaba incluso más furioso que antes, lo suficiente como para que Alois temblara de miedo solo con verlo. La línea que unía en esos momentos a ese hombre con la cordura era muy, muy fina.

-No sé quién es ese hijo de puta, pero puede darse por muerto. Dame eso.- le arrebató la nota con la dirección a Alois y se puso rápidamente sus zapatos, saliendo después con pasos decididos del vestíbulo, hacia la calle. Notó que le agarraban del brazo y se giró con brusquedad.- ¡¿Qué cojones quieres?!

Alois, que ya entendía lo que ocurría, estaba de nuevo al borde de las lágrimas. No sabía ni cómo había vencido su terror para detener al peliazul. La mano con la que le agarraba temblaba terriblemente.

-L-llévame contigo, por favor.- le suplicó.- Gilbert está… Yo quiero ayudar…

-Tú eres un puto inútil. Si te llevara no serías más que una jodida carga.- le replicó sin compasión.- Vete a consolar a la otra nenaza y déjame a mí el trabajo de los hombres.

Se lo quitó de encima con un movimiento brusco del hombro y echó a correr por el patio, rumbo hacia su Harley. Sintiéndose terriblemente dolido Alois solo pudo mirarlo marchar…

-¡¡ TRÁELO DE VUELTA!!- atinó a gritar, ya sin poder contener el llanto desesperado.

Le pareció que Zack le hacía un gesto con la mano antes de doblar la esquina y desaparecer de su campo de visión.

Spoiler:
U: Pedazo de tocho que me ha salido.... Prometo medirme a partir de ahora xD Aclaro que Alois es un pj mío también, por si alguien se pregunta porqué lo uso (?)


Última edición por Zack Fleischer el Dom Oct 28, 2012 12:31 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Oct 28, 2012 11:04 am

Los días pasaban muy lentamente allí donde estuviera, y desgraciadamente, sus esperanzas de salir de ésta era mas y mas pequeña a cada rato. No tenía ni idea de los días que llevaba ahí de esa forma; desnudo y maniatado, tirado todo el día y noche en el frío y sucio suelo de aquel almacén, mal alimentándose con un hogaza de paz y media botella de agua pequeña al día.

Era una tortura, peor incluso. Su destrozado cuerpo lo sentía pesado, y apenas tenia fuerzas ni ganas de moverse mas que
para encogerse y hacerse aun mas bolita ahí tirado en el suelo, de lado, para retener algo de calor. Temblaba tanto por el frío como por pensar en lo que le ocurriría dentro de unos minutos, o tal vez una hora. Ya no iban juntos, pero siempre que alguien se acercaba a él, en parejas o individualmente, no se limitaban a mirarlo. Volvían a tomarlo hasta satisfacerse o hasta que Gilbert caía inconsciente. Algunos incluso les daba igual si lo encontraban o dejaban inconsciente, pues lo violaban hasta verse satisfechos. El alemán tenia el cuerpo lleno de marcas causadas por la presión de aquellas manos y otras no causadas por las manos, además de tener las muñecas lastimadas por la cuerda que las mantenía unidas y las rodillas y codos con
rasponazos infectados. Y que decir de su trasero… Lo habían roto bien roto los cabrones del Ryuu. Por entre sus piernas, no solo tenia los rastros de semen suyo y de a saber cuando mas, sino que además unos hilos de sangre manchaban sus piernas por detrás y hasta el suelo.


Tenían a Gilbert como a un animal.

Un día, tal vez el tercero o a saber… El albino que se le apareció en el callejón vino a hacerle las preguntas que no quiso responder aquella primera vez. Lo había estado llamando a gritos cuando se fue y lo dejó con sus “sabuesos”, y desde entonces hasta ahora, a pesar de pedir en sollozos que viniera, que hablaría, no le parecía hacer caso. Hasta ahora.

Esta vez, allí tirado hecho polvo, sin poder siquiera poder sentarse, le contó cuanto quería saber, suplicándole que lo dejara ir una vez le contó todo lo que quería saber. La sonrisa y la negativa del mayor a su propuesta hicieron que Gilbert sintiera como su alma era nuevamente apuñalada, llorando en ese momento por saber que ya si que no tenía esperanzas.

-Aaron… Aaron… -murmuraba y repetía una y otra vez mientras sollozaba allí tirado hasta que se acabó por quedar dormido.

Al de dos días, Gilbert cayó enfermo, y nadie hacia nada por él. Por hacer, ya apenas ni lo tocaban. Le tiraban cerca de su cuerpo su mísera ración de pan rancio y su escaso botellín de agua diaria. La única consideración que tuvieron con él fue
cubrirlo con una manta, vieja y sucia que había por el almacén, pero manta al fin y al cabo. Gilbert con eso se conformaba, cubriéndose por completo, ocultando su cuerpo bajo aquella gruesa y áspera tela para evadirse de la realidad, para que nadie lo mirara, para… para olvidarse del mundo como éste había hecho con él…


Enfermo y como estaba, se pasó los últimos días bajo aquella manta, sin descubrirse para nada, dormitando todo este tiempo. O a saber… Algún que otro Ryuu ya pensaba que el chaval la había palmado por lo poco que se movía. Y sino, poco le quedaría para palmarla.




Aquel ultimo día, Gin estaba ansioso porque viniera aquel autoproclamado rey. Le había dejado bien claro en el mensaje donde encontrarlo. Si tanto quería recuperar a su “mascota”, que viniera a por ella, que le esperaba un regalito por ser “tan amable” de
tomarse las molestias de no causarles molestias y ser él quien se pasara a por “ella”.


El almacén aquel día andaba con mas gente de la normal, pero a Gilbert le importaba poco, se había cerrado en sí y pasaba de lo que ocurriese mas allá de aquella manta que, pese a estar a la vista el muchacho y su manta, le hacia sentirse invisible.


Spoiler:

Fotos; Gilbert y Aaron Weber
http://24.media.tumblr.com/tumblr_m3oqg8SMZ51qgeqf6o1_500.jpg
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Mensaje por Zack Fleischer el Dom Oct 28, 2012 12:30 pm

Su Harley Davidson rugía como nunca, obligada a ir a una velocidad casi suicida. Era como en una de sus carreras, pero esta vez Zack competía contra el tiempo. Estaba furioso como nunca lo había estado. La sangre le bombeaba dolorosamente en las sienes, en el cuello, en el pecho… Cada latido recordándole lo que estaba pasando y como el tiempo se le escurría entre los dedos. Rápido, tenía que ir más y más rápido. Hacia aquel lugar donde sin duda lo esperaba una trampa… No, hacia aquel lugar donde lo esperaba Gilbert. Quien quiera que hubiese planeado aquello estaba a punto de descubrir lo peligroso que era llevar a ese nivel de ira a alguien como Zack Fleischer.

No obstante estaba claro que no era inteligente acudir a un sitio así sin preparación alguna. Zack no sabía ni a quién ni a cuántos se enfrentaba, pero es que tampoco le importaba. Aquel era su gran fallo: era un irreflexivo. Y, si no lo cambiaba, nunca podría ser un buen líder… Pero según su punto de vista tampoco se podía ser un buen líder si se dejaba a su suerte a sus subalternos. Iba a rescatar a Gil aunque le costara la vida. Lo juraba por Claire.

Detuvo la moto cuando ya veía a lo lejos la fábrica abandonada. El motor se silenció pero aún siguió desprendiendo calor. Zack se bajó y se quitó el casco, lanzándolo a cualquier parte. Abrió una de las dos bolsas de cuero que llevaba la Harley y extrajo varias cosas. Abrió y cerró un par de veces a Susan, su navaja automática, para comprobar cuán suave iba y después la guardó en el bolsillo de su pantalón. Luego se colocó un par de puños americanos de acero. Y, por último, comprobó que el estuche donde guardaba su bonita colección de dientes estaba bien cerrado: aquel día iba a conseguir, como poco, una docena más. También llevaba encima el móvil (una reliquia con, al menos, diez años de antigüedad) pero no creía que lo fuera a usar como no fuera para llamar al servicio de recogida de basura.

Mientras se dirigía con paso firme hacia la entrada de la fábrica iba pensando en lo mucho que se parecía aquella situación a la que había vivido con Tsuya. Pero esa vez Satô estaba con él y había usado el sentido común así que sus compadres habían terminado acudiendo en su ayuda. Aquella vez no sería así porque nadie de la banda sabía que estaba allí… Y Zack estaba demasiado ocupado sintiendo odio como para pensar en llamarlos. Esta vez estaba solo. Y, por las huellas sobre el suelo polvoriento y algunas motos más allá, la otra parte no lo estaba tanto.

Pero no importaba. Ya nada importaba salvo sacar a Gilbert de allí.

Tomó una tubería de hierro que encontró entre un montón de escombros y fue directo hacia las dobles puertas metálicas de la fábrica. Las abrió de una violenta patada haciendo que el estruendo se extendiera por todo el lugar con un eco imparable.

-¡¡DAD LA CARA, CABRONES HIJOS DE PUTA!!- gritó a la oscuridad.

Vio un bulto oscuro más adelante, inmóvil, pero aún no se atrevió a acercarse. Primero debían salir las ratas. Todos sus sentidos estaban alerta, a la espera de encontrar una presa, un objetivo para toda su mala leche acumulada… El lugar solo estaba levemente iluminado ya que las ventanas estaban mugrientas. Era un sitio húmedo, frío y sucio. ¿Cuántos días hacía que tenían a Gil allí?

-¡¿DÓNDE COÑO ESTÁ GILBERT?!


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Mensaje por Gin Ichimaru el Dom Oct 28, 2012 1:32 pm

Al fin llegó. El falso rey esta allí, y por lo que Gin había visto desde una de las ventanas de la fabrica, situada en uno de los despachos de ésta, venía solo y muy, muy cabreado. Eso le gustaba. Podría decirse que le excitaba. Se puso en pie de aquella vieja silla de oficina y salió de la oficina que había proclamado como suya. Desde lo alto de una de las pasarelas, el albino, con su sonriente mascara, salio a recibir al escandaloso invitado. No fue el único, pues aquella llamativa forma de entrar y darse a notar hizo que todos salieran de entre las maquinas, de las salas situadas por allí cerca… Vamos, que de no haber nadie a primera vista, de aquel lugar comenzaron a salir tíos y tíos de blanco uniforme. Incluso por las pasarelas que iban por entre las complejas e inservibles maquinas aparecían estos tipos.

-¿Quien es ese Gilbert? –preguntó uno de los ryuus que andaban por aquella primera planta.

-Creo que es el mierda ese por el que viene –le respondió el de al lado, despreocupado y hasta burlón. –Anda que…podía habernos dicho como se llamaba –le dijo, dándole un codazo amistoso al otro, comenzando ambos a reírse a carcajadas. –Seguro que lloraba por eso, jajajaja –continuó.

-Sí, sería por eso, JAJAJAJA, porque por la cara que ponía parecía gustarle –siguieron burlándose fríamente del albino, a quien habían trasladado de donde había estado todo este tiempo en la fabrica, cerca de la entrada. A quienes les tocó hacerlo se les “escapó” un par de patadas para que dejara de agitarse, pues al intentar quitarle esa manta, el albino se ponía hecho una furia. De ahí ni que se moviera ahora.

El resto de ryuus miraban al peliazul como si fuera una presa, un invasor. Lo esperaban, si, pero no se esperaban que fuera aquel tipo que se hacia llamar “rey” alguien tan estupido como para venir solo. Sin embargo, el tío se presentaba ahí, solo,
sin nadie que lo respaldara, y ¿por qué? Para llevarse con él a su basura dokusei. Gin, desde lo alto y entre algunos de sus subordinados, se divertía con aquel espectáculo. Últimamente no podía quejarse por falta de diversión.

-¿A que estáis esperando? ¡¡Vamos, darle una paliza!!
-¡Siii! Vosotros, los de abajo. ¿Os da miedo o que pasa? –les picaban los que andaban por las pasarelas, queriendo ver acción de la buena.

Algunos de los más gallitos del lugar, de esos que obedecen sin pensar, se adelantó con paso firme y seguro, haciéndose sonar los nudillos mientras miraba al peliazul. Otro, cogiendo un bate que le pasaba uno de sus compañeros, marchó segundos después que aquel primero, y así unos cuantos mas se le fueron acercando a Zack, en formación de punta de flecha ( > ), impidiendo que el nue pudiera acercarse a aquel que descansaba insconsciente bajo la tela aquella, encontrandose éste entre los que se acercaban a Zack y los "espectadores" de los cuales habian salido éstos ocho.

-Menudo imbecil…
-Si, no vas a durar ni dos ostias, peliazul… -dicho aquello, uno de aquellos tipos que se le acercaron, ocho en total, se abalanzó hacia Zack, comenzando así la pelea.

De los ocho, solo dos habían sido listos de ir con algo entre las manos, un bate o una barra de hierro que había pillado antes de unirse a aquel grupo que acabaría con Zack. El resto, confiados en que lo tenían fácil por el número, se atrevieron ir sin nada, a pelo, bastándose a su parecer con sus propios puños y piernas.

Arriba, así como el resto de ryuus que no iba a tomar parte de aquel espectáculo, se burlaban de algunos de sus propios compañeros, así como daban por perdido al peliazul. Gin, en silencio, miraba todo aquello. Quería ver por sí mismo si era verdad lo que le habían contado sobre aquel sujeto. Si era tan interesante como decían. Tal vez encontrara un buen rival a fin de cuentas….



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Mensaje por Zack Fleischer el Dom Oct 28, 2012 3:14 pm

Como ratas que eran empezaron a aparecer por decenas, saliendo de entre las sombras y los rincones. Reconoció sus uniformes blancos: Riyuus. Debía de haberlo imaginado. Las putas palomas de mierda empezaban a picotear a los cuervos, atreviéndose a pensar si quiera que tenían una oportunidad de ganar. Pero Zack les sacaría los ojos y se comería sus entrañas. Contó veintisiete entre los que lo observaban desde las pasarelas y los de la planta baja, pero aún podían quedar más escondidos. Cualquier persona en aquella situación habría sentido miedo; habría entendido que uno contra treinta era una posición insalvablemente desfavorable, habría comprendido que su vida estaba en peligro. Habría sentido terror.

Pero lo que Zack Fleischer sintió fue ira. Ira y excitación. Todo su cuerpo se preparó para el combate inminente: su corazón bombeó más deprisa, sus músculos se llenaron de sangre, sus sentidos se agudizaron hasta lo imposible. Puede que el peliazul fuera un estúpido, incluso un suicida, pero la idea de huir ni si quiera se le pasó por la cabeza. Sus ojos azules, fieros y terroríficos, saltaban de uno en otro buscando a esa persona, ese tipo que lo había planeado todo, ese que era el líder… Pero solo vio mierda. Carroña. Tipos que se dedicaban a burlarse de Gilbert y de él, sin ser conscientes de lo cerca que estaban de perder algo más que los dientes. Porque Zack estaba empezando a entender cosas, a sospechar cosas… y no le estaba gustando nada. Sabía como funcionaba aquel mundillo porque él mismo era parte de él… Lo que no quería decir que fuera a perdonarlos. Ni mucho menos.

-¡¿Quién coño es el líder?!- gritó recorriendo el lugar con la mirada, ignorando a los tipos que empezaban a acercarse a él.- ¡Si tienes huevos da la cara ahora!- pero claro, solo recibió risas e insultos. Zack escupió al suelo con desdén.- ¡Debí imaginarme que el jefe de una panda de putos niños ricos sería el más cobarde de todos! ¡¡Pues escúchame bien allá donde estés!!- Zack apuntó hacia arriba con la tubería, amenazador.- ¡¡VOY A LIMPIAR TU BASURA Y DESPUÉS VOY A DESTROZARTE, HIJO DE PUTA!!

Zack en esos momentos se veía como un hombre fuera de sí. Y los hombres fuera de sí cometen mucho fallos y son fáciles de derrotar, o al menos así lo debían pensar los ocho Riyuus que se dispusieron a lanzarse sobre él. Y ciertamente el peliazul tenía muchos defectos, pero había tres cosas que se le daban francamente bien: las carreras, el sexo y las peleas.

El primer chico que se le acercó se tragó un puñetazo con los puños americanos en plena cara. Siendo Zack mucho más rápido que él no tuvo tiempo ni de tratar de esquivarlo. De los dos siguientes uno se llevó un terrible golpe de la tubería de Zack en el costado, sintiéndose ceder las costillas con un crujido espeluznante. Antes de que nadie supiera qué estaba pasando el tercero yacía en el suelo, derribado por una patada en la rodilla que seguramente le habría provocado una fractura. No se levantó porque Zack le pateó la cabeza.

Todo aquello había ocurrido en un instante, tan rápido que toda la fábrica se quedó en un silencio expectante… Antes de empezar a gritar enloquecidos. Ya no eran burlas, sino insultos y ánimos a sus compañeros. Aquella pelea no sería tan rápida y fácil como todos habían esperado. Los otros cinco al ver caer de aquella manera a sus compañeros trataron de retroceder pero Zack no era de la misma intención. Se enzarzó en una pelea a puño limpio contra otro y, cuando un segundo quiso atacarle con un bate por la espalda, lo detuvo con una de las técnicas de bloqueo de los Tukusama. Zack era un experto en boxeo y además llevaba practicando kendo en el dojo de la familia de Toshi desde los cinco años. La tubería, cual katana, era una extensión de su brazo: rápida y terrible. Zack gritaba a cada ataque, cual bestia desatada. Aún cuando recibía algún golpe parecía que ni lo notaba y rápidamente estaba contraatacando de nuevo. Era imposible mirarle sin recordar la figura del Berserker de los videojuegos. ¿Cómo podía la simple furia impulsar así a un hombre?

-¡¡Vamos!! ¡¿Es esto todo lo que tenéis, palomas de mierda?!- gritó cuando el octavo tipo estuvo gimiendo en el suelo y Zack estuvo salpicado de sangre, prácticamente ajena en su totalidad.- ¡Venga, ostias! ¡¡Venid ahora el doble!! ¡¿Qué importa cuando no sabéis ni lo que es el jodido honor?! ¡¿Cuántos de vosotros creéis que hacen falta para tumbar a un solo Dokusei, eh?!- se dio una fuerte palmada sobre su pecho, remarcando el negro de su uniforme.- ¡¡Si vuestro puto líder tuviera lo que hay que tener vendría aquí a enfrentarse en un uno contra uno, joder!!

Estaba desatado, furioso, enloquecido… Pero al mismo tiempo era todo un espectáculo. Fuerza, resistencia, agilidad, instinto. El poder combativo de Zack se basaba en una mezcla de estas cosas y técnicas concretas entrenadas. No había estrategia. No había orden ni concierto. El rival más cercano era su presa y cuando uno caía iba directamente a por el siguiente. No le intimidaba el número ni los golpes, no le temía al dolor debido al subidón de adrenalina… Pero algo en él inspiraba que aún sin ella no se dejaría amedrentar por algo así.


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Mensaje por Gin Ichimaru el Dom Oct 28, 2012 4:13 pm

Gin se mantuvo allí arriba sin molestarse, sin sobresalir del resto de sus subordinados cuando el otro gritó preguntando quien de ellos era el líder. Nadie lo delató, tampoco esperaban verlo allí entre ellos. El albino, simplemente se limitó a observar, en silencio y con aquella indescifrable sonrisa, como luchaba contra su morralla. Era algo digno de ver, tenia que admitirlo.

Los propios Ryuus se quedaron impresionados por lo poco que había tardado en cargarse a los tres primeros. Y de qué manera. Mas de uno escuchó como crujían los huesos de uno y de otro, arrugando el rostro en una mueca de asco por el sonido causado a cada golpe del peliazul sobre aquellos cuerpos de blancos uniformes. Bueno, ahora no tan blancos.

Por mucho que sus compañeros los animaran como estupidos chimpancés, no lograron hacer mas que ruido inútil. Aquel Zack era toda una bestia, no había duda. Su mirada era pura rabia, y su fuerza, resistencia y hasta agilidad eran impresionantes.Si, Gin había despertado la mejor parte de aquel “rey”. Estaba muy excitado por lo que estaba viendo, por la manera de luchar tan salvaje que tenia, tan poco disciplinada y tan característica de los del Dokusei.

Rabiosos por la actitud del contrario, llamándolos a todos mierda e inútiles, blandos, mas de uno saltó de la pasarela a las maquinas y de éstas al suelo para marchar hacia el peliazul, así como los que se encontraban a cierta distancia de Zack,en el mismo piso, tras aquel muchacho que se encontraba bajo aquella manda en mitad de aquello, comenzaron a agitarse y a marchar hacia él en una segunda tanda barras de hierro en mano. Gin observó aquello. Le resultaba gracioso, así como gratificante, ver la subordinación ciega que tenían hacia él. Eran como perros amaestrados. Y como había logrado amaestrar a aquellos “perros”, amaestraría a aquella gran bestia.

-Dejarlo ya, no me dejéis en tan mal lugar –comentó en alto, haciéndose oír notablemente. Muchos pararon en seco y miraron allí de donde salía la voz, arrugando el entrecejo algunos por esa actitud de su propio líder al que se habían visto, muchos,sometidos por pura dominación. Ninguno siguió avanzando, viendo como el albino, sin ninguna prisa, bajaba de la pasarela con una agilidad casi felina, llegando al suelo. El grupo de Ryuus que se encontraba en el suelo se abrió paso según avanzaba, sin comprender ni siquiera éstos qué era lo que pasaba por la cabeza de aquel sujeto de indescifrable rostro de rasgados ojos y permanente e irritante sonrisa. –Dame eso si no piensas usarlo –le dijo a uno que portaba una de aquellas barras, pues a falta de su espada, ya fuera la de madera o la de verdad, lucharía con algo que se asemejara a una katana. El muchacho se la entregó sin rechistar, apoyando ésta, Gin, sobre su hombro mientras seguía avanzando. Los que habían empezado a dirigirse a donde Zack se miraron. Muchos retrocedieron, y alguno que otro fue a ayudar a alguno de sus compañeros para quitarlo de en medio.

-Aquí estoy –acabó diciendo una vez se detuvo frente a Zack, a cierta distancia. -¿Te gustó la bienvenida? Me pareció lo mas indicado para un cuervo como tu –comentó tan tranquilo, pareciendo no estar impresionando ni molesto por lo que acababa de hacerle a sus subordinados. Para el albino aquellos tipos no eran compañeros, de todos los de la banda, apenas un puñado que podía contar con una mano eran personas a las que consideraba como tal. El resto eran simples peones. Algunos con mayor o menor valor pero peones a fin de cuenta.

Con aquella sonrisa aun en su rostro y la barra de hierro apoyada sobre su hombro, al menos unos de sus extremos, negó con la cabeza. –Me decepcionas… Vienes aquí, gritas que te devolvamos a tu puta y te olvidas de ella con un combate. La verdad, Zack, pensaba que eras diferente, tal y como me han dicho y me ha confirmado tu cuervo, pero…. –suspiró de forma sobreactuada, fingiendo decepción, señalándole entonces con la barra de hierro. –Eres como yo en el fondo. Admítelo. –sonrió, mostrando sus iris de un azul hielo tras su rasgada mirada al contrario. –O sino, demuéstramelo –le retó, esperando a que se abalanzara contra él en cualquier momento y así comenzara la danza entre ellos.

Gin se guardaba algunos ases bajo la manga….


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Mensaje por Zack Fleischer el Lun Oct 29, 2012 12:04 pm

Cabreados por tus palabras muchos de aquellos tipos empezaron a avanzar hacia él. Zack los observó acercarse sin asomo de miedo o preocupación: solo había espacio en sus ojos para esa furia ciega, ardiente y destructora. Solo quería golpear, golpear, golpear… Hasta quedar totalmente satisfecho. Cosa que no ocurriría si en el Riyuu Maindo solo había inútiles como los que acababa de derrotar. Una vez más no pensaba que muchas hormigas juntas podían más que el saltamontes.

Y entonces apareció. No le hizo falta gritar para hacerse oír: su voz era, en sí misma, una orden de silencio para sus hombres. Y estos la acataron, sumisos. Zack de inmediato localizó al dueño de aquella voz tan tranquila y divertida a la vez. El tipo en cuestión se asomó por la pasarela y saltó sin mayor dificultad, sus chicos apartándose a su paso. Era alto, pero no tanto como Zack, y parecía bastante flacucho, poca cosa… Pero no olvidaba que todos esos chicos lo seguían, por lo que algo bueno tenía que tener aquel albino con cara de zorro. Solo con verlo el peliazul ya sintió asco, como una especie de repulsión natural, innata. Conforme lo veía acercarse con esos aires de gran señor pensaba que era el mismo hombre que se había atrevido a desafiarle, a subestimar a los Dokusei y a llevarse a alguien de su banda… Era el bastardo que le había robado a Gilbert. Sus miradas se cruzaron y saltaron chispas.

-Sí, ha sido una buena bienvenida… Me ha quedado bastante claro que esta puta banda está formada por inútiles y cobardes.- le replicó Zack, mordaz. Su propia “espada” descansaba sobre su hombro, como si ambos líderes fueran una imagen especular el uno del otro. Solo que la barra del peliazul goteaba sangre de paloma.- Al menos me ha servido de calentamiento. Ahora podré romperte la puta cara sin que me dé ningún tirón.

Se miraban, se analizaban, y los demás los observaban. Desde luego el albino era el que se mantenía más calmo y frío, pero Zack no se le quedaba atrás en lo que a seguridad en sí mismo se refería. Con todo no dejaba de ser un hombre y su respiración era algo pesada… Pero aún le quedaban muchas energías. Si caía al final, no sería porque no lo hubiera dado todo. No obstante las siguientes palabras del albino lograron lo que se proponían: tocarle los huevos al Dokusei. Apretó la barra de hierro con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

-¿Ibas a dejarme llevármelo así como así? No lo creo, kitsune. Primero voy a darte una lección y luego de buena gana me dirás dónde lo tienes. Pero te advierto ya una cosa…- alargó la tubería hacia él, amenazándolo en igual medida.-… lo que le hayas hecho te lo voy a devolver multiplicado por diez. El que avisa no es traidor, escoria. Estás muy equivocado si crees que tú y yo somos iguales. Porque yo, blanquito, soy capaz de matar por los míos.- miró alrededor, a todos esos uniformes blancos que los miraban con expectación. Allí no se veía compañerismo, ni amistad ni nada. A esa gente solo los unía una cosa: la sed de sangre. Se quitó la chaqueta del uniforme y la tiró, quedándose solo con una ajustada camiseta blanca de tirantes. Iba a necesitar toda la movilidad posible y, por experiencia, sabía que la visión de sus músculos solía amedrentar a los japoneses, esos enanos flacuchos.- Demuéstrame porqué te siguen todos estos pijos de mierda, kitsune. ¡¡Vamos!!

La pelea había comenzado. Dado que el albino le esperaba con la barra en alto, en guardia, el primer encuentro fue una “lucha de espadas”. Zack descargó una serie de golpes brutales y el acero gritó. Unos pocos fueron suficientes para darse cuenta de que ese chico tenía al menos tantos conocimientos de esgrima como él. Parada, esquive, ataque, contrataque… Eso provocó que una sonrisa enorme pintara sus labios. La locura de la pelea lo arrastró y lo hizo soltar una carcajada.

-¡Venga kitsune, dámelo todo!


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Mensaje por Gin Ichimaru el Lun Oct 29, 2012 4:13 pm

Era la primera vez que se veían, que se encontraban cara a cara, y aun así, había un odio y una rivalidad entre ellos tan intenso que casi era palpable. Más por parte del peliazul que del albino, al que ya le había apodado aquel sujeto como kitsune. A Gin aquello le hizo gracia, o eso pareció al ensanchar aquella final sonrisa suya. Aquel Zack le resultaba todo un personaje.

-Tal vez… -insinuó cuando preguntó si acaso le habría dejado llevarse a su putita de allí tan libremente. De seguido, Gin alzó una ceja, intrigado por aquello de lo que quería advertirle, dejando ver parte de sus dientes al sonreír de lado, entreabriendo
sus ojos de hielo. –Eso me parece interesante… -comentó con excitación, una perversa excitación.

El contrario exhibió sus músculos al despojarse de su chaqueta. A Gin aquello no le impresionaba para nada, cosa que a algunos de sus “palomas” si. Imbeciles… Eran unos mierdas, no lo negaba. Apenas un puñado valía la pena de todos ellos. El
albino ni se acongojó. ¿Por qué? Tipos más musculosos e impotentes a primera vista habían caído a su paso.

-Deseo concedido… -comentó no muy alto, abalanzándose a la vez que el peliazul al ataque, entrechocando en un estruendoso choque aquellas dos barras metálicas.

Aquellas dos piezas metálicas gritaban ensordecedoramente a cada choque, saltando chispas por la intensidad de los golpes. Era una pelea de titanes. Una y otra vez, sin descanso, el entrechocar del metal no dejaba de oírse por todo el lugar. Los inútiles de los ryuus miraban absortos aquel combate, sin embargo, en ningún momento llegaban a pensar que su líder pudiera perder. Lo habían visto combatir en los patios y terrazas del instituto, y habían oído todo tipo de rumores sobre sus hazañas incluso fuera del mismo. El mero pensamiento de que su albino e imprevisible líder fuera a perder era algo que ni se les pasaba por la cabeza.

Choque, choque, bloqueo, evasión y esquive, volviendo a contraatacar contra el peliazul sin dudarlo, manteniendo su peculiar sangre fría, así como aquella sonrisa excitada por el combate. Para lo delgado que se veía, Gin era bastante ágil, y aunque no pareciera tan potente como el contrario, su velocidad de movimiento y reacción, así como su aguante físico, lo hacía un buen oponente.

Se lo estaba pasando bastante bien. No lo negaba. Y el contrario, al parecer, tampoco, mostrándolo con aquella carcajada que no hizo más que animar al albino. Satisfacerlo.

-Eres un cuervo interesante… -lo halagó durante el largo beso de los metales, midiendo sus fuerzas durante unos segundos en aquel tira y afloja. –Pero un cuervo a fin de cuentas –acabó añadiendo, y con ello, le dio una patada en la rodilla con todas sus fuerzas, aprovechando para asestarle un golpe con la barra en un costado, en sus costillas. Su objetivo, claro estaba, era desencajarle ésta (la rodilla), y hasta rompérsela si cabía la posibilidad, en este caso los dos sitios golpeados. Ambos se separaron, uno por el golpe y el otro por el impulso, manteniendo una distancia más que suficiente, mirándose mutuamente a los ojos, saltando más que chispas entre sus miradas.

-Dime una cosa… ¿Eres tan tonto como para dar tu vida por rescatar a esa puta? –le preguntó desde aquella distancia, viendo al contrario arrodillado por el golpe de su rodilla. Al parecer si le debió de dar bien, ¿pero hasta que punto? Con su barra señaló
aquel bulto que había tirado en el suelo, cerca de los ryuus, cubierto por una vieja y sucia manta. –Antes de que me respondas,… –añadió rápido, antes de que le dijera nada, señalándole ahora a él con aquel hierro usado a modo de espada. –saber que aceptó negociar conmigo. Aceptó venderte a cambio de dinero. Si eso no es traición, que alguien me lo explique –soltó irónico, sin dejar de sonreír de aquella forma. Una de las habilidades del albino era el juego mental. Un gran pasatiempo para él. Mentiras, verdades… Tan fáciles de manipular…

Gin empezó a caminar lentamente en torno al peliazul, con aquel “arma” bajada.

-Si no te lo devolví como si nada fue porque quise enseñarle yo mismo el verdadero sentido del honor. Eso que dices que no tenemos, aunque… para no tenerlo –sonrió burlón, creído, acercándose mas a él sin prisas, paso a paso, rodeándole como a una presa. –nadie me ha vendido que yo sepa –añadió con burla. Demasiado bien conocían los métodos de “educar” a la gente de aquel sujeto. Al final el albino se puso a su lado, agachándose un tanto hacia él, siempre alerta, agarrándole de su azulado cabello por la nuca, echándole el rostro atrás. –Además, me sirvió de cebo. No está de más darles a las putas un uso diferente, ¿no crees?

Zack tenia el rostro con algunos rastros de sangre procedentes de aquellos que le dieron la bienvenida, aunque también le pertenecía a él, al menos la sangre que emanaba de su cabello, cerca de la frente. Ese el mas visible.


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Mensaje por Zack Fleischer el Lun Oct 29, 2012 5:48 pm

Estaban muy igualados. El albino peleaba bien, era rápido y tenía buenos reflejos. No era tan fuerte como Zack pero lo compensaba con una agilidad mayor. Ambos sonreían, totalmente embebidos por aquel combate. Ambos lo disfrutaban a su manera. Las barras de hierro chocaban una y otra vez y saltaban las chispas por el rozamiento entre ellas. Casi parecía un duelo de espadas de verdad… Y estaba terriblemente igualado. Pero cuando dos combatientes presentan las mismas fuerzas una sola diferencia, por mínima que sea, desequilibra la balanza al final. Y Zack ya había peleado contra ocho: su resistencia estaba desgastada.

El peliazul solo pudo echar la pierna hacia atrás unos centímetros cuando percibió las intenciones de su adversario. Aquel movimiento, mínimo, no le bastó para evitar la patada pero sí para que el albino no le rompiera la rodilla. No obstante el dolor fue intenso y aquel momento de debilidad bastó para que lo derribara con un fuerte golpe en el costado. Zack salió disparado, girando por el suelo hasta acabar varios metros más allá. Trató de ponerse rápidamente en pie pero el dolor en su rodilla se lo impidió. Maldijo entre dientes, con un ojo cerrado y los dientes apretados para contener el dolor. Si esa tubería hubiese sido una katana de verdad estaría muerto. “¡Maldición!” pensó, furioso y dolorido. Las risas de los Riyuus, que daban aquello por acabado, le tocaron bastante los huevos. Ahora que su líder tenía el control volvían a mostrarse seguros y altaneros… Putas palomas.

Los fríos ojos del zorro se burlaban de él desde su posición elevada. Señaló entonces el bulto del cual se había percatado al llegar, aquel que estaba custodiado por varios de los suyos. Los ojos de Zack, marcados por el dolor, observaron la figura inmóvil con un extraño brillo: una mezcla de furia y quizás miedo. No podía seguir ignorando todas las señales que estaba recibiendo. “Su juguete”, “su puta”, “mientras lloraba”, “parecía gustarle”… todas aquellas cosas las habían dicho los Riyuus refiriéndose a Gilbert. Y allí estaba ese bulto, inmóvil… No se había movido ni una vez desde que había llegado…

-Cállate… Cierra la puta boca.- le ordenó, pero su tono era distante, falto de fuerza o amenaza. Su atención no estaba ya en el albino o sus estúpidos secuaces. No le importaba que insinuara que Gil lo había traicionado. Eso ni le molestaba. Ir haciéndose una idea de lo que le había ocurrido a su amigo durante esos siete días era mucho peor… Ni si quiera notó como el líder de las palomas se le acercaba y seguía hablándole, burlón. Pero cuando lo agarró del pelo y tiró de él Zack despertó. No por el dolor de su rodilla, ni si quiera por el de su cuero cabelludo. Despertó porque tenía frente a sí esos malditos ojos color hielo, tan impunemente alegres y sonrientes.- No te atrevas a pronunciar esa palabra… ¿Qué honor hay en que treinta maltraten a uno? ¡¿Qué jodido honor hay en eso, eh?!

No tendría otra oportunidad como esa. Ignorando el dolor que aquello le produjo por el agarre a su cabello, Zack placó al albino a la altura de las rodillas, lanzando todo su peso (que no era poco) contra él. A penas notó como le arrancaba aquel mechón, ni el sangrando que eso supuso, porque estaba demasiado ocupado rodando por el suelo y luchando por posicionarse sobre ese maldito hijo de puta. Lo consiguió, no sin esfuerzo y dolor, pero una vez tuvo el control no se contuvo a la hora de asestarle un puñetazo tras otro. Era tal la rabia que sentía que por unos instantes pudo ignorar todo lo demás: no existían los Riyuus, ni si quiera la fábrica, ni el intenso dolor en su rodilla, ni el roce de los puños americanos sobre su piel, rasgándola… Solo ese maldito zorro y él.

-¡¡Te voy a matar, cabrón!!- gritaba entre puñetazos. Hubiera querido transmitirle el asco que le daba, la repugnancia que suscitaba en él alguien que era capaz de tratar así a una persona que, evidentemente, era mucho más débil que él. Porque lo que ese hombre le había hecho a Gilbert, su Gilbert, no tenía nombre. Era demasiado: se había pasado de la raya, la había pisoteado, violado y escupido sobre ella. Pero en esos instantes de enajenación Zack era incapaz de expresarse salvo con los puños. Con todo no pasó mucho tiempo antes de que los Riyuus se le echaran encima y lo apartaran de su líder.- ¡¡Te mataré, puto kitsune de mierda!! ¡¡Voy a borrar esa sonrisa de tu maldita cara!! ¡¡SOLTADME, JODER!!

Pero por mucho que se revolviera lo estaban agarrando entre cuatro. El subidón hormonal se desvaneció y el dolor volvió de golpe, debilitándolo rápidamente. Alguien le dio un puñetazo en el estómago, luego otro golpe en la cara… Pero Zack solo tenía ojos para ese maldito zorro blanco. Escupió sangre al suelo, jadeando.

-Si querías verme no hacía falta llegar a estos extremos. Al contrario que otros que se esconden tras sus compañeros, yo siempre doy la cara.- logró decir cuando se “relajó”.- Deja ir a Gilbert ahora y terminemos con esto… ¡Dile a tus chicos que me suelten y ven aquí que termine de arreglarte la cara!

Una cara que, por otro lado, ya no era tan pálida y bonita. Ver la sangre recorriendo ese rostro, antes sonriente, fue una pequeña victoria para Zack en aquellos momentos en las que todo estaba perdido. Ojalá le hubiera sacado algún diente… Ya lo buscaría después. Si salía de aquella, claro.


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Mensaje por Gin Ichimaru el Mar Oct 30, 2012 12:42 pm

Gin se encontraba realmente confiado. Su jugada última había levantado el ánimo de sus subordinados, que lo empezaron a vitorear como si se trataran de un grupo de estúpidos simios. Los ignoró completamente, yendo a lo suyo con la confiada, incredulidad y pasiva chulería de quien sabe que tiene todo ya en bandeja. Era consciente de que si no se levantaba era porque le debía de haber jodido bien la rodilla, y por lo que veía, aquel tipo musculoso y de cabello azul ya no era lo que parecía ser. ¿Dónde se había quedado esa bestia? ¿Ya lo habia domado? Si era así, había sido muy fácil.

Al tirar de su cabello, sus miradas se volvieron a encontrar, y los ojos azules de aquel mierda de Zack ardieron de golpe. Lastima que Gin en ese momento no se esperara las intenciones del contrario, habiéndose limitado a sonreír con gusto ante aquella explosión de rabia que sus ojos reflejaron. Sin darse cuenta, de un segundo para otro se encontraba en el suelo, rodando con aquel tipo con el objetivo de ponerse encima y aplacarlo, sin embargo, el peliazul era mas fuerte, y le había pillado desprevenido, por lo que acabó bajo él, recibiendo puñetazos a diestro y siniestro pese a intentar defenderse al interponer sus brazos de por medio.

Golpe, golpe, golpe y bloqueo... Recibía si o si, incluso al defenderse, pues los puños americanos que llevaba puestos, de no acabar “acariciando” su cara, acababan por darle en sus huesudos brazos. Se le abrió un corte a un lado de la frente, otro en el labio y sangraba por la nariz. Gin no se limitaba a defenderse, propinando también algún que otro golpe a su barbilla o mandíbula, aun así, ni comparación con la fuerza que golpeaba uno y el otro. De no ser porque aquellos que eran sus subordinados más que sus compañeros le quitaron al grandullón de encima, aquello habría sido algo malo. Lo había mirado a los ojos, y estos eran de pura locura y descontrol.

Se pasó el dorso de la mano por sobre los labios mientras se levantaba sin perder de vista al cuervo, escupiendo a un lado algo de sangre que tenia en la boca al haberse mordido la lengua en uno de los puñetazos. Dos se le habían acercado para
ayudarlo, pero el albino arisco y enojado porque lo llegara a tocar, los rechazó bruscamente. Ya no sonreía, y aquello, para muchos, por no decir todos sus subordinados, era algo nuevo. Si ya les daba mal rollo que estuviera siempre con aquella sonrisa indescifrable, que ahora estuviera sin su “mascara” era algo que les daba peor rollo.

El barrote de Gin había caído a un lado al ser tirado al suelo por Zack, pero aun así, no le importaba. No lo echaba tampoco de menos. Se colocó la chaqueta con aires de grandeza, ahora manchada por la sangre y la suciedad del suelo, sin prestar
atención a los cuidados de sus “sabuesos” tras los gritos de aquella bestia, dirigiéndose de nuevo hacia el peliazul, remangadas sus mangas hasta el codo. – ¡Tks! –soltó tras oír sus palabras, encontrándose frente a él. –Negocié con unos de vosotros, no lo haré de nuevo –dijo dándole un puñetazo y se hacia sonar los nudillos para seguir hablando. –Y tu puta puede irse. Si puede, claro –esbozó una perversa media sonrisa, y no tardó el golpearle la mejilla contrario con su otro puño mientras sus “sabuesos” lo sujetaban. De la herida de su lado de la frente comenzó a caer un hilo de sangre mayor.

-Voy a cerrate esa bocaza que tienes, escoria. Y fijate si soy generoso que con un poco de suerte, sino la palmas antes, te ragalaré un viaje al hospital –dijo con burla, aunque completamente seguro en lo que decía, asestándole un golpe tras otro; un puñetazo en la mandíbula, en el vientre… Tras una larga serie el albino parecía haberse descargado, volviendo a pasar su dorso de la mano por sobre sus labios, escociéndole el corte de éste, que lo tenia hinchado.

-¡Darme la puta barra! –ordenó mirando al contrario, alargando el brazo hacia sus “sabuesos” para que se la tendieran. –Te voy a reventar la puta cabeza… -le avisó sin apartar su fría mirada de sus ojos, recibiendo el metal a no tardar mucho.

Muchos de los del Ryuus se miraron acongojados por lo que su líder pretendía hacer. ¿De verdad tenia pensado matarlo? Muchos de ellos, aquello de las bandas se lo tomaba como un juego; unas peleas por aquí, fiestas por allí, chicas guapas… No tenían ni puta idea de donde se metían muchos de ellos. Aun así, no parecían tener intención de detener a Gin.

Listo para asestar su golpe final, pareciendo aquello una escena de sacrificio, estando aun Zack agarrado por unos ryuus y arrodillado, Gin no golpeó, bajando el metal. Al ver que era un tipo rubio, un nenaza de nada, Gin pasó de él y volvió su atención al peliazul, pero enseguida se le fueron sumando uno y otro, y otro tipo a aquel medio metro. Algunos de los ryuus retrocedieron ante la aparición de dicho número de Dokusei. Su uniforme negro los delataba como tal. De casi treinta, apenas algo más de la mitad se mantuvieron en su sitio. Eran muchos, más incluso que ellos. El albino no se acongojó, manteniéndose firme, pero al ver que avanzaban decididos a por bronca, decididos a llevarse lo suyo, quienes sujetaban a Zack lo dejaron libre, y muchos más retrocedieron. Gin, enojado, miro a sus lados. Casi estaba solo. Sus “sabuesos” habían salido con el rabo entre las piernas.

-Tsk, has tenido suerte… -comentó no muy alto, lo suficiente como para que Zack lo escuchara, mirándolo desde arriba. –La
próxima vez que nos veamos no será así –le aseguró, retrocediendo un par de pasos de espaldas, de cara a los Dokusei, antes de girarse y marchar de allí tras sus “sabuesos”. No le había hecho mucha gracia que lo empezaran a abandonar allí, sin su permiso, pero de haberse quedado, sabiendo lo poco que valían en combate, debían de ser como mínimo tres por dokusei. Ya pagarían unos pocos por la acción de todos. El miedo era su arma de gobernación en aquel grupo.

De aquella forma, con el avance imponente de los Dokusei, los Ryuus abandonaron por el lado contrario la fábrica… El bulto que había bajo la tela, allí poco mas delante de Zack seguía estando Gilbert, desnudo e inconsciente, completamente hecho
polvo y con fiebre, en un estado lamentable. Sucio, herido, algo mas delgado y sudoroso, tiritando esporádicamente por la fiebre.


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Mensaje por Alois Trancy el Vie Nov 02, 2012 9:42 am

Alois había corrido por todo el instituto en busca de los compañeros de Zack. No se había parado a pensar en el miedo que le daban esos enormes chicos de tercero y segundo, ni en los esfuerzos que había hecho hasta ahora para no cruzarse en sus caminos. Al verlo llegar jadeando por el esfuerzo, aquellos tipos se burlaron de él y le dijeron todo tipo de “piropos”, todos ellos bien conocidos por el rubio. Él los ignoró y les rogó que le escucharan. Trató de explicarse pero al principio no le creían: Alois no era un miembro de la banda de Zack. Como no paraba de insistir acabaron por empujarlo y tirarlo al suelo, pero el rubio se volvía a levantar y rogaba más fuerte. Uno de esos tipos enorme lo levantó en peso y trató de intimidarlo como un poco antes lo había hecho Zack. Pero Alois, a pesar del miedo, no se echó a atrás. Al final se miraron entre ellos, preguntándose si decía la verdad. ¿Gilbert no era ese albino amigo de Zack? ¿El que le pasaba la información? Sí, alguien había oído que pasaba mucho tiempo en su casa. Se rumoreaba que eran amantes… Y Alois se tragó sus celos y su dolor porque ahora lo único que importaba era acudir en auxilio de Gilbert.

-¡¿Vais a venir o tendré que ir yo solo?!

~0~

Zack observó al albino ponerse en pie y escupir sangre. Le había dejado la cara hecha un cuadro: que se jodiera. Su uniforme manchado de sangre y polvo era mucho mejor. Pero aún lo mancharía más, aún no había terminado de teñirlo de rojo. En cuanto se librara de aquellos cabrones que lo sujetaban…

Recibió un golpe tras otro sin poder hacer nada por evitarlo. Notaba el sabor de su propia sangre en la boca y un zumbido en la cabeza. No había parte de su cuerpo que no le doliera, pero con todo se negaba a darse por vencido. Forcejeó hasta que sintió que se le desencajarían los hombros, y entonces mostró su rebeldía escupiéndole a ese maldito zorro en la cara.

-Si sabes lo que te conviene me matarás, hijo de puta. Porque como salga de ésta no voy a parar hasta verte sometido bajo mis pies, paloma de mierda.- no era muy inteligente provocar a tu captor en condiciones como aquellas, pero a Zack siempre le había perdido su bocaza y su falta de sentido común. Así que no era de sorprender que el Riyuu exigiera su barra de hierro. Zack lo miró a los ojos, sin asomo de miedo, y se vio reflejado en ellos: furia animal, descontrol, sed de sangre. Sonrió, cual lobo.- Venga, hazlo si tienes huevos. Demuéstrales a tus chicos lo que es ser todo un hombre.- se burló, haciendo referencia a las circunstancias en las que se encontraba, totalmente retenido.- ¡¡Venga, ábreme la puta cabeza antes de que te la abra yo a ti!!

Aquella pelea de adolescentes se les había ido a todos de las manos. Algunos de los Riyuus retrocedieron unos pasos, asustados por la idea de ir a presenciar un asesinato. Y aquel podía haber sido el final de Zack Fleischer: un final patético para una vida patética. Se había dejado matar por estúpido. Solo entonces se dio cuenta de que no debería haber ido solo allí, de que debería haber cerrado la boca… Demasiado tarde.

Lo último que pudo pensar antes de ver caer sobre él la tubería de acero fue que ya no podría enseñar a nadar a Tsuya.

Pero el golpe nunca llegó. Una sombra se interpuso entre el Riyuu y él. Una sombra que jadeaba con dificultad, sudaba por el esfuerzo y tenía una bonita cabellera dorada. Zack tardó unos segundos en reconocer a Alois, allí plantado delante de él, con los brazos extendidos como si quisiera defenderle. Eso casi le hizo reír: ¿cómo iba a protegerlo con aquellos bracitos que tanto temblaban? Pero allí permaneció, sin moverse. Vaya, tenía los cojones mejor puestos de lo que había pensando…

Se armó un poco de revuelo con la llegada de los Dokusei. Zack, mareado por el dolor, la pérdida de sangre y aquel molesto zumbido, no logró reconocer a la mayoría. Tampoco fue consciente de cómo las palomas empezaban a retirarse y los suyos los seguían, a la caza. De pronto Zack se vio cayendo de bruces contra el suelo y la voz del zorro fue lo único que pudo escuchar con claridad.

-No… por supuesto que no será así…- logró articular, sorprendido de las pocas fuerzas que le quedaban de pronto.

Lo vio alejarse pero no pudo seguirlo. Buscó entonces a su alrededor y vio al niño rubio más allá, arrodillado en el suelo con algo entre los brazos. Lloraba. Repetía un nombre una y otra vez, abrazando aquel bulto pálido e inmóvil. Zack trató de ponerse de pie pero no pudo, así que simplemente se arrastró hacia allí. Cada movimiento era un suplicio pero trató de ignorarlo. Aquello no era nada, nada comparado con lo que él había tenido que sufrir, con lo que había tenido que vivir…

-Gilbert…- Zack alargó su mano, temblorosa por el esfuerzo, hacia el rostro inconsciente del albino. Todas las pruebas de su tormento estaban allí, para tortura de Zack.- Gil, qué te han hecho…- pero lo sabía, desde el principio lo había sabido. Lo había violado y torturado durante días enteros, todos esos malditos hijos de puta… ¿Y por qué? Solo porque pensaban que era su chico.- Todo ha sido mi culpa…

Alois no podía parar de llorar y acariciaba el cuerpo inconsciente del muchacho con tanto amor que hasta dolía mirarlo. Fue entonces cuando Zack comprendió las palabras de Gil aquel día en su cama: “solo yo conozco al verdadero Alois”. Lo había malinterpretado todo desde el principio.

Varios de sus chicos se acercaron a él y lo ayudaron a levantarse. Tenía que apoyar su peso en ellos casi por completo, pues la más mínima carga sobre su rodilla era un suplicio. Todo había acabado: los Riyuus habían huido como las ratas que eran.

-Llamad a una ambulancia.- ordenó Zack, incapaz de mirar durante más tiempo a Gil sin sentir la bilis en la boca por la rabia y la culpa.- Y largaos todos de aquí antes de que lleguen o tendremos que dar demasiadas explicaciones. Con que Alois se quede con Gilbert y conmigo será más que suficiente.

Era la primera vez que llamaba al rubio por su nombre. Al menos eso se lo había ganado por salvarles la vida a ambos aquel día.




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Mensaje por Gilbert Weber el Vie Nov 02, 2012 3:28 pm

Con la aparición de los Dokuseis los Ryuus desaparecieron de la fábrica sin dejar rastro. El albino se había visto obligado a retroceder junto a sus subordinados, que ante la idea de asistir a un asesinato a sangre fría por una tontería de instituto, muchos se replantarían todo aquello de las bandas. Una cosa era hacer bandas y cuidar de su reputación y territorio y otra era ya toarse aquello como si de verdad fueran yakuzas. Que se tomaran a la competencia tan en serio.

Al final, desperdigándose cada uno por su lado, el albino acabó por irse a uno de sus sitios favoritos. Estaba cabreado. Cabreado por la voluntad de aquel tipo, Zack, de ir él solo a rescatar a alguien tan patético como aquel alemán. No entendía como alguien como él se había arriesgado hasta tal punto por esa basura. Y no solo eso. Estaba cabreado por el hecho de que sus Ryuus huyeran de miedo, de que huyeran sin su permiso. No los tenia tan controlados a fin de cuentas, y eso era algo que resolvería si o si a su manera. Si hacia falta, el instituto se organizaría internamente mediante una dictadura.

Solo, y empezando a atardecer, Gin se quedó largo tiempo sentado en el puerto, en un banco frente al mar. Tenia la cara bastante “retocada” con aquella herida que había dejado de sangrar a un lado de su frente, cerca del cuero cabelludo, así como
un moretón a un lado del ojo, sangraba de vez en cuando de la nariz todavía y la lengua le dolía horrores todavía por el mordisco dado sin querer en uno de los golpes del peliazul.


. . . . .

En la fábrica, el inconsciente Gilbert no se enteraba de nada de lo que pasaba a su alrededor. Su cuerpo blanco, delgado, maltratado y afiebrado era el resultado de una dura semana de torturas de los ryuus. Lo que lo dejó inconsciente fueron los
violentos golpes que le asestaron para trasladarlo de un lado a otro, pues opuso resistencia pese a su lamentable estado. Ahora, por aquella estupidez, por no sentir, no sentía ni las caricias de aquellas manos sobre su piel, ni aquellas lagrimas ajenas caer por su rostro, ni aquellas innumerables miradas… Nada. Ahora su mundo era completa oscuridad, vacío y la mas completa de las nadas.

Los muchachos de Zack obedecieron a su orden llamando a una ambulancia para que fuera en cuanto antes a aquella fábrica, marchándose todos cuanto antes, dejándoles allí solos. ¿Qué más podía pasar? La ambulancia no tardó mucho en llegar, y en cuanto vieron a Gil, lo subieron a la camilla rápidamente, separándolo de Alois. Zack y el rubio, fueron con ellos, y Zack fue ayudado por uno de los enfermeros por sus heridas, su rodilla y su cansado estado.

Sin dejar de moverse, el enfermero que iba atrás, junto a los compañeros del albino, empezó a inspeccionar a Gilbert, quien había sido cubierto por una manta de las de la ambulancia hasta el pecho, habiendo dejado la sucia y vieja manta de antes en la fábrica. Le midió el ritmo cardiaco, le miró las pupilas, le tomo la temperatura y le dio un par de inyecciones de algo. Todo durante el trayecto en la ambulancia. Para cuando llegaron, una nueva camilla esperaba a Gilbert, quien entró por urgencias al interior del hospital, desapareciendo tras la puerta rodeado de gente. Las atenciones ante Zack, aunque menos rápidas que las de su amigo, también le llegaron, acercándosele con una silla de ruedas…


Un par de horas mas tarde…

No recordaba nada. De pronto, como si despertara de un sueño que nunca recordó haber tomado, sin abrir todavía los ojos ni hacer gesto alguno, sintió algo blando bajo su cuerpo. Un cuerpo que sentía cansado y hasta pesado, pero para nada dolido. El calor de aquello que le cubría le llegaba hasta el pecho, manteniendo ambas brazos frescos al encontrarse fuera de aquello que lo mantenía caliente. Algo en su frente, supuso que una compresa húmeda, le refrescaba la frente, y, aunque tenue, una luz procedente de arriba chocaba sobre sus cerrados ojos.

Lentamente, de un momento para otro a pesar de llevar unos escasos minutos despierto sin aparentarlo, sin saber por qué, Gil empezó a abrir los ojos con cierta dificultad. Tenia uno de los ojos malherido, pese a no notarlo, no viendo por el nada al habérselo cubierto con un parche. Entre esto, las vendas en torno a sus muñecas y hombro y los rasguños, pequeños cortes y moretones el albino, a primera vista, estaba hecho un Picasso.

De no ser por la suero, le dolería el cuerpo horrores, y mas su trasero…

-Chicos… -dijo en voz suave y con cierta sorpresa, pero para nada susurrante, al abrir los ojos y ver a ambos en aquella habitación que tanto se parecía a la de Aaron. Sabia perfectamente donde estaba. Se conocía demasiado bien el hospital como para no reconocerlo.

Intentó levantar la mano hacia Alois, pero apenas logró separarla de la cama unos escaso y patéticos centímetros. Sus ojos carmesíes se humedecieron tras aquella primera y única palabra. Ver a Zack y a Alois en aquella misma sala tras aquella pesadilla… Ver a Zack con aquella nueva cara que le habían dejado… Se mordió el labio para contenerse, rasgando la mirada para no llorar, pero no pudo evitarlo. Había sido demasiado duro para él aguantar todo aquello. Había llegado a perder la esperanza de todo; de ver a su hermano, a Zack, a Alois, se había sentido sucio por los abusos de los Ryuus y por haber vendido a su mejor amigo… Ahora que la vida parecía irle “bien”, pensar en haber terminado de aquella forma… Pero no solo no pudo retener las lágrimas por esto, sino por lo mucho que había deseado en todo momento ver a aquellas dos personas tan importantes para él.

-Lo…lo siento… -dijo cerrando con fuerza los ojos, sintiendo una punzada de dolor en e parcheado, y aforrándose con ambas manos a las sabanas de sobre su vientre para no llorar como una niña, derramándose por una de sus mejillas grandes lagrimones mezcla de todo tipo de sentimientos acumulados; miedo, dolor, tristeza, alegria, soledad.... ¿Por qué se disculpaba? No lo tenía muy claro. La victima era él, pero aun así, se sentía estupidamente culpable por chivarse, por no hacer caso de las “sabias” advertencias de Zack, a quien nunca hacia caso respecto a sus “negocios” y que sitios visitaba para ellos.

Spoiler:
Off; jajaja, para haberme despertado de mi siestas (estaba reventada hoy XD) a las ocho casi nueve, no escribo tan mal. XDDD


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Mensaje por Alois Trancy el Dom Nov 11, 2012 6:05 am

Al llegar al hospital los habían separado. A Gilbert y Zack se los habían llevado a urgencias, quedándose Alois totalmente solo y perdido en medio de aquella enorme sala de espera. Su corazón palpitaba muy fuerte y las manos le temblaban del nerviosismo. No podía estarse quiero. Caminaba de un lado para otro, en círculos, dándole vueltas a la cabeza. Todo había pasado muy rápido y no había tenido tiempo de pensar realmente en lo que acababa de pasar. Pero para cuando la enfermera le informó de que habían subido a Zack y Gil a planta el rubio ya era consciente de lo cerca que había estado de perder la albino… Si es que no lo había perdido ya por el trauma que le causaría todo aquello. ¿Cómo debía comportarse frente al albino? ¿Debía consolarlo o hacer como que no había pasado nada? Allí, delante de la puerta de su cuarto, Alois se lo preguntaba. Un error ahora podía traer consecuencias terribles…

Pero al abrir la puerta y verlo allí, cubierto de vendajes y tiritas, conectado al suero, pálido y delgado, con los labios resecos por la deshidratación y el rostro destrozado, Alois solo pudo hacer una cosa: llorar. Se arrodilló frente a la cama de Gilbert y lo tomó de una de las manos, llorando sobre ella sin parar. Menos mal que estaba sedado y no podía verlo, porque la escena era patética. “Lloraré ahora” se dijo “porque luego tendré que ser fuerte por los dos”.

Pasó el tiempo y Alois estaba ya más tranquilo. Se había sentado junto a la cama del albino pero no había soltado su mano. De pronto se oyeron gritos en el pasillo.

-¡Qué estoy bien, coño! ¡¿Queréis apartaros?! ¡No necesito una puta silla de ruedas! ¡Qué puedo yo so-….!- silencio.- ¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaah!!!! ¡Hijos de puta! ¡La madre que os parió a todos! ¡¡Dadme la puta silla, ¿no veis que me duele, hostias?!- silencio.- ¿Cómo que no puedo? ¡Dejaré de poder, cojones! ¡Apartaos de mi camino!- los gritos se oían más cerca, y un sonido chirriante y metálico los acompañaba.- ¡Oe, doctor me está tocando ya los huevos! ¡¡Qué no me pincha una mierda más!!... No enfermera, no iba por usted, usted lo está haciendo genial… ¡Es el gilipollas ese que dice que tengo que descansar!- ya estaba toda la tropa en la puerta.- ¡Descansaré cuando vea Gilbert, joder!

Zack, a quien habían tenido que dar varios puntos en la cabeza, el labio y la ceja, no estaba tan mal como el albino, pero su aspecto también era bastante decadente. Vestía el típico pijama de hospital y se podía intuir que llevaba varias zonas vendadas. Pero sin duda lo que más llamaba la atención era su pierna escayolada desde la rodilla hasta el pie. Venía peleándose con un médico y un par de enfermeras, pero al entrar al cuarto con su silla se percató de que Gilbert había abierto los ojos. La sorpresa le duró un instante: después le cerró la puerta en las narices a los demás. Necesitaban privacidad. Con gesto mortalmente serio arrastró su silla hasta la cama, junto a Alois.

-Gil, no hace falta que te esfuerces.- le susurró con una voz repleta de cariño el menor, tomando entre las suyas aquella mano que trémulamente intentaba alzarla. Se la llevó al rostro para acariciarla con su mejilla. Gil había comenzado a llorar y Alois agradecía haber gastado ya todas sus lágrimas.- Ya está todo bien Gil… Todo está bien…

Pero Gilbert se soltó y se agarró a las sábanas mientras lloraba con más intensidad. Era realmente doloroso verle en aquel estado, tan impotente, tan derrotado, tan… vulnerable. Alois sentía un nudo en el pecho que le dificultaba el respirar. Gilbert se estaba disculpando. Se estaba disculpando… ¿Por qué? ¿Por qué las cosas habían tenido que salir así? ¿Por qué Gil, qué había hecho él para merecer algo así?

Zack se puso en pie. No hizo sonido alguno pero por el sudor de su frente se podía intuir el esfuerzo que aquello le suponía. Con pasos lentos y tambaleantes alcanzó la cabecera de Gilbert y puso una de sus grandes manazas sobre su cabeza.

-No te disculpes, idiota.- le dijo con su tono normal, incluso se revolvió un poco el pelo como hacía siempre.- Debería ser yo el que se disculpara, te metiste en todo esto por mi culpa… - en el rostro del peliazul se notaba que trataba de hablar con calma cuando los sentimientos que le invadían poco tenían que ver con eso. Para que su rostro no le traicionara terminó por empujar la cabeza de Gil contra su pecho, abrazándolo de aquella manera. Pero Alois pudo ver como sus ojos azules brillaban inquietantemente: odio, ira, sed de sangre. Alois se estremeció.- Tú solo concéntrate en recuperarte, ¿de acuerdo? Yo me voy a encargar del resto…

-Zack…- quería detenerle porque algo le decía que ese peliazul estaba pensando en cometer una locura. Pero un simple vistazo de esos ojos azules lo silenciaron por completo.

-Yo me voy a encargar del resto.- repitió. Soltó la cabeza del albino y le limpió un poco las lágrimas del rostro con sus manos.- Lo siento Gilbert. De verdad que lo siento, no sabes cuanto…

Zack no era un hombre que supiera expresar sus sentimientos. No obstante bastaban esas pocas palabras para entender cómo se sentía. Si no hablaba más era para no cargar con más cosas a Gilbert, pero Alois tuvo la sensación de que el peliazul también tendría su propia dosis de culpabilidad… El cómo la llevaría era todo un misterio.




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Mensaje por Gilbert Weber el Lun Nov 12, 2012 12:33 pm

No sabía muy bien que era lo que sentía en aquel momento, pues, sabiendo que todo había pasado, que ya no pasaría ni un día mas en aquel frío lugar tan tortuoso, los sentimientos se le arremolinan. Todos los sentimientos que creía haber perdido afloraron de lo más profundo de él, pues hasta el odio se lo había llegado a guardar. Como en una cajita invisible, Gilbert había metido todos sus sentimientos ahí, guardándolo en su interior para que no le arrebataran lo único que en esos momento tenia; su orgullo, su vista a futuro, sus recuerdos con Aaron, las tonterías con Zack, las charlas con Alois, las cenas su hermanito, los momentos divertidos en clase cuando se armaba bulla por nada… Hasta los mejores recuerdos con sus padres cuando
solamente eran tres. Por miedo a perderlos, Gilbert se había encerrado con sus recuerdos como haría una tortuga con su caparazón, sin embargo, ahora estaba en casa, con su “familia”. Cerrarse en sí ya no le era necesario, pues sabia que ellos lo cuidarían por patético que el albino.


No dejaba de llorar, apretando las manos sobre sus
piernas, agarrando con toda la fuerza que podía las sabanas,
mordiéndose el labio inferior. Todo con el objetivo de dejar de llorar, de dejar de mostrarse tan mierda, peor que un niño asustado. Ni cuenta se había dado de que Zack se había puesto en pie hasta que notó el peso de su mano sobre su cabeza, mirándole con aquel ojo que tenia intacto. Lloroso y rojizo por las lágrimas. Al mirarlo Gilbert se sintió pequeño, débil e indefenso, sin entender muy bien por qué cargaba con la culpa. ¿Acaso no se había metido en esto por no hacer caso a Zack de no andar por ese tipo de locales? ¿Por qué…? El abrazo del contrario, lo pilló por sorpresa pese a no dejar de mirarlo a los ojos, desbordándose lagrimas de sus ojos, incluso del parcheado, que empezaba a darle punzadas de dolor.


Con aquel abrazo pudo oler el olor de Zack, tan reconfortante como cuando Alois le acarició la mano con su mejilla. No le veía
el rostro, pero lo único que necesitaba era estar con los suyos, con su “familia”. El ojo malo le dolió un poco mas al tener el rostro contra su pecho, pero el poder hundir su rostro en este por un momento le sentó bien aun por lo patético que aquello pareciera.


-Zack… de-deja todo como es-...-tá…. –pidió un poco entrecortado, con dificultad por la agitación de su respiración, intentando tranquilizarse y dejar de llorar mientras Zack limpiaba las lagrimas con una de sus grandes manos. Una de las manos del menor llegaron a alcanzar un cacho de la bata de Zack, que era la misma que él llevaba puesta. –Mírate…. –Había visto a Zack en más de una ocasión tras las peleas y era la primera vez que lo veía con una pierna escayolada, teniendo que usar una silla de ruedas. –Deja…lo, por favor… –insistió, pues no quería que nadie sufriera por él o por su culpa. Poco a poco se anquilizaba, aunque se trababa aun entre respiración y respiración, habiendo dejado de llorar. Alguna que otra lágrima rezagada aun caía.

Entonces miró a Alois, tras haber soltado la bata de Zack, dejando caer su mano sobre sus piernas, junto a la otra, que descansaba sin moverse, sin agarrarse ya a la sabana. –¿Te quedaras aquí…? –le preguntó, deseando que se quedara con él, acabando por acercar aquella misma mano que había “agarrado” a Zack para que la sostuviera.

Un par de enfermeras, supervisado por un doctor de blanca bata, vinieron a por el peliazul a no tardar...


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Mensaje por Alois Trancy el Mar Nov 20, 2012 3:30 pm

No pensaba dejarlo como estaba. Eso era lo único que Zack Fleischer tenía claro en ese momento. No sabía qué iba a hacer, pero que no dejaría ir a ese maldito kitsune solo con aquellos golpes estaba tan asegurado como que la mañana precedía a la noche. No se conformaría con haberle partido la cara: iba a cobrarse en ese albino diez veces lo que Gilbert había tenido que sufrir. El peliazul nunca, jamás, hacía una promesa en vano.

-Olvídate de mis heridas, no son nada.- le aseguró, quitándole hierro al asunto.- Mi pierna no está rota, solo es un esguince de rodilla. Pero ese estúpido doctor decía que me la escayolaba porque estaba seguro de que de otra forma no guardaría reposo. Tsk, si no llega a estar la enfermera delante le parto la cara por listo…

El peliazul siguió despotricando contra su médico mientras Alois se apresuraba a coger la mano de Gilbert de nuevo. No lo diría en voz alta, pero el pequeño rubio había sentido el mordisco de los celos al ver a aquellos dos tan unidos. La forma en la que se miraban, en la que se hablaban, incluso en la que tocaban… todo denotaba una gran complicidad. Corrían rumores por el instituto y los Riyuus habían confundido a Gilbert con el amante de Zack. ¿Sería acaso verdad? Pero, ¿no había ido el peliazul a buscarle precisamente a él esa mañana argumentado que era Alois quien ocupaba dicho papel? Y, más importante que todo esto, ¿tenía realmente derecho el rubio a sentirse de aquella manera?

No era el momento ni el lugar para pensar en aquello. Alois sacudió la cabeza y trató de sonreír con toda la normalidad posible.

-Claro que sí, Gil.- le aseguró, besando delicadamente esa mano que sostenía entre las suyas.- No voy a ir a ninguna parte.

Pero Zack no podía decir lo mismo. El doctor por sí solo nunca habría conseguido sacarlo de allí, pero la presencia de las dos enfermeras rebajó bastante la furia del “gorila azul”. Frente a las mujeres ese chico era tan manso como un corderito. Tras despedirse del albino con un nuevo revolver de cabellos se marchó con el traqueteo de su silla. Permanecería esa noche en el hospital pero le habían asignado otra habitación. Cuando Alois y Gil se quedaron solos, este primero se puso en pie para acercarse a la cabecera de la cama.

-¿Estás bien? ¿Necesitas que te traiga algo? ¿Te pido otra almohada?- a pesar de lo acostumbrado que estaba a los hospitales se sentía algo torpe en esos momentos. Sabía lo que tenía que decir, pero no cómo comenzar a hablar… Hacerlo con tacto era importante, pero las palabras le quemaban en la boca. Finalmente se echó sobre Gilbert, abrazándolo con firmeza y cuidado a la vez, temeroso de dañarlo pero incapaz de contener sus sentimientos por más tiempo.- Me alegro tanto de que estés bien… Ni si quiera puedes empezar a imaginarlo…- se apartó un tanto para poder mirarlo a los ojos (al menos al que aún estaba sano) y sus rostros quedaron a escasos centímetros. Los labios de Gilbert estaban resecos y agrietados, seguramente por los golpes y la deshidratación, pero Alois nunca había deseado tanto besarlos.- Ahora todo está bien. Todo va a ir bien. Voy a estar contigo todo el tiempo, Gil…

Y se inclinó una vez más dispuesto a besarle, a demostrarle así cuánto lo quería, cuán desesperadamente deseaba estar con él y hacerle olvidar todo…




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Mensaje por Gilbert Weber el Vie Dic 07, 2012 3:32 am

Sintió un profundo y agradable calor en su pecho cuando Alois le prometió que se quedaría con él, notando el calor de sus manos en la suya. Suaves, pequeñas y de cálido tacto. No quería que le soltara, se sentía seguro con el rubio. Lo único que quería ya lo tenia; estar con los suyos.

Miró como el doctor, junto con dos enfermeras, se llevaban a Zack de la habitación sin que éste hiciera otra cosa que bedecer, volviendo a revolverle el cabello en su despedida antes de marchar. Aquel gesto siempre le había molestado, pero en esta ocasión el albino lo notaba totalmente diferente.

Una vez solos, escuchando la voz de Zack alejarse por el pasillo, Gilbert miró a Alois, quien se había puesto en pie. Se le hizo extraño ver a Alois desde abajo, pareciendo éste más grande que él. Además de que también se le hacía extraño ser ahora él el paciente después de estar tan acostumbrado a ser quien cuidara de su hermano. Gilbert no dejaba de mirar con su ojo sano al rubio, quien parecía sentirse tan torpe como Gil ante aquella situación. El silencio que los rodeaba acabó desvaneciéndose, finalmente, por la voz de Alois.

-No, deja… Estoy bien así… -le aseguró. Sin embargo, quería tenerlo mas cerca, que le abrazara para poder oler su aroma y que nunca le soltara pese a lo que pasara. Había pasado un infierno, y lo único que mas quería ahora era estar junto con Aaron, Zack y, sobre todo con Alois. No sabría decir por qué, pero si, quería estar con Alois por encima de todo. La última vez que se vieron no pudo decirle que le quería. Aquella noche se reprimió esas palabras y durante su infierno, en su mente, no
dejaba de lamentar y decirse una y otra vez que debía habérselo dicho.

Tal vez su mirada o el brillo de su único ojo visible delatara sus pensamientos, o puede que Alois ya no fuera capaz de aguantar más, éste se le echó encima, abrazándole, rodeándole aquellos brazos su cuello con delicada firmeza.

Aquello le pilló desprevenido, y por unos instantes se quedó estático entre su calor, su aroma y su voz. Voz que, por lo que dijo, delataba que Alois estaba mucho mas preocupado de lo que se había mostrado durante el rato que llevaba despierto. Eso, pensara lo que pensara la gente le agradó oír. Le gustó oír a Alois decir aquello, todo aquello.

Con esfuerzo, levantó la mano por el que le inyectaban el suero y acarició una de sus mejillas, arrastrando sus dedos hasta sus labios cuando se inclinó el contrario. Tan carnosos…pero no podía besarlo. No aun.

Su mirada rojiza de un único ojo se posó en los ojos del contrario. Ojos de un azul tan claro que parecía que tenia una porción de cielo contenido en ellos. –Alois, no puedo… -dijo en voz suave, sin forzar, descendiendo los dedos de sus labios por su barbilla y cuello, plantándose en su hombro. Sus manos estaban frías, pero no le importaba tanto eso como lo que debía de estar pensando el menor. –No puedo hacerlo después de esto…Necesito decírtelo… -continuó, pegando su frente a la de Alois cerrando los ojos un momento; -No sabes lo mal que lo he pasado sabiendo que no te lo dije antes… Alois –le miró nuevamente. –Te quiero –brotó de sus labios, suave y sincero.


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Mensaje por Alois Trancy el Vie Dic 07, 2012 2:25 pm

La mirada de Gilbert era tan intensa que Alois no habría podido romper el contacto visual aunque hubiese querido… Que no quería. Podría haberse dejado arrastrar y perderse en ese iris rojizo, extraño e hipnotizante. En esos sentimientos que trasmitía y que el rubio no sabía leer. Aunque sería más acertado decir que creía que la lectura que él le daba era imposible… Porque Gil no podía sentirse igual que él, no podía corresponderle. Eso habría sido tan afortunado… ¿y cuándo había sido afortunado Alois Trancy? ¿Por qué todavía no se rendía y seguía buscando ese calor, ese cariño, en los ojos de quienes se cruzaban en su vida? Nunca funcionaba, ¿por qué ahora sí?

La mano de Gil sobre su mejilla era cálida y sus dedos suaves, amables. Alois le observaba embelesado, deseando poder besar esos dedos que ahora dibujaban sus labios, su mandíbula, su cuello… pero sin atreverse. Creía que si hacía el más mínimo movimiento, por pequeño que fuera, rompería el hechizo. Pero iban a ser las palabras del albino quienes lo rompieran.

“No puedo… No puedo hacerlo después de esto…”.

Por un terrible instante todo se vino abajo en la mente del rubio. En su cabeza aquellas palabras significaban que Gilbert se había dado cuenta de que lo que sentía por él era una locura. Alois estaba sucio, estaba usado, carecía totalmente de principios y de valor. No era la persona adecuada de la que enamorarse. Y no importaba cuán grande fuera el corazón de aquel chico de mirada carmesí: no podría amar a alguien como él. Era demasiado pedir.

Apenas fue consciente de como Gil unía sus frentes y cerraba su ojo sano, hablando con suavidad y ternura, desde el corazón. Casi no notaba su mano sobre su hombro, reteniéndolo junto a él. Sus ojos, la ventana de su alma, mostraban su infinito pesar, cargados de lágrimas, perdidos en las sábanas de Gil cuando éste lo pegó a sí. Y su voz, esa voz tan amable y masculina, le llegó como un eco lejano a ese lugar oscuro de su mente donde se encontraba.

“… Te quiero…”.

-¿Eh…?- Alois le miró sin entender, los ojos anegados de unas lágrimas que aún podía contener. Estaba seguro de haber escuchado esas dos palabras pero, ¿acaso no era imposible? P-pero Gil le estaba mirando de esa manera tan intensa, esperando una respuesta o Dios sabe qué. Y Alois simplemente no podía creerlo a pesar de tener todas las pruebas frente a sí.- ¿M-me quieres? ¿A m-mí? P-pero… pero yo soy… Yo n-no…- las lágrimas empezaron a salir a borbotones, desobedeciendo sus designios de mostrarse fuerte ante Gil. Pero estaba tan… feliz. Confuso, sí, pero feliz. Empezó a sollozar, todo su cuerpo temblando al tiempo que el llanto se hacía más fuerte, como si de un niño pequeño se tratara. Habían pasado tantas cosas… Sus sentimientos eran una marabunta imparable.- Y-yo t-también… Yo también, Gil…

Aquello fue lo único que logró articular mientras se dedicaba a dar el espectáculo frente a ese chico que tenía muchos más motivos para llorar. Justo entonces Alois notó la vibración en su bolsillo: su móvil estaba sonando. ¿Cuántas llamadas iban ya? Decenas seguramente. Pero el rubio se negaba a cogerlas, no aquel día ni en aquel momento. En esos instantes, con Gilbert tan cerca suyo, ese mocoso malcriado no podía importarle menos.




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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Dic 08, 2012 11:13 am

Vio en su mirada el desconcierto tras aquellas dos palabras que tanto le habían atormentado durante aquellos infernales días. Las lágrimas anegaban los ojos de Alois, quien se le veía que se esforzaba por contener, en vano, las lágrimas. Gilbert sonrió ante tal imagen. Había sido, en parte, culpa suya haberle hecho llorar a Alois por sus rodeos, pero se sentía aliviado ahora que se había confesado al contrario.

-Te quiero… -Le cortó al contrario para que dejara de dudar, susurrándole aquello con la misma sinceridad con la que se lo acababa de decir.

Acarició la nuca de Alois sin despegar su frente, sonriendo calidamente sin importarle el agudo tirón del corte de su labio inferior. Con su otra mano el albino rodeó la espalda del rubio, notando como su cuerpo temblaba como el de un niño pequeño.
Sus lágrimas recorrían su rostro como dos sendos ríos. –Eres un tonto… -le dijo con dulzura, y como a un niño, le acercó el rostro a su hombro bueno para que se desahogara, recostándose hacia atrás en su ligeramente reclinada cama. Alois, sin dejar de llorar le confesó, tendido a su lado, sus mismos sentimientos hacia él. Gilbert nunca había experimentado tal agradable sensación antes pese a su lastimado cuerpo…

-Soy afortunado por tenerte… -le dijo en voz suave, encontrándose él boca arriba sobre la cama y el menor a su lado de costado, con su cabeza en su hombro. Era tan estrecho Alois que ambos entraban en la cama, aunque algo ajustados, pero eso no le importaba a Gil. El suero le hacia desaparecer el dolor de su cuerpo, aunque por desgracia no le hacia desaparecer el cansancio. Por eso, tras aquello, cerró sus ojos (visiblemente uno) sin soltar a Alois. -Alois… ¿Me prometes visitar a Aaron? –le preguntó esperando su respuesta, empezando a quedarse dormido al de poco de recostarse y dejar su cuerpo reposar de nuevo. –Pero aun no, ¿vale?...–Era como un niño que quería a su lado a su querido peluche. Ambos lo eran…

Off;
Spoiler:
supongo que podríamos dejarlo aquí. Gil necesitara reposo XD. De seguir con estos dos, pasaríamos a la semana siguiente, cuando le den el alta (¿?) Podrían ir a casa de Gil. Además, creo que haré que Aaron pueda salir durante unos días
del hospital, así que se quedara en casa de su hermanito albino :p. Alois se podría traer a su hermano también, jaja, así se les da mas juego a los pobres niños.


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