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Negocios con trampa y para terceros (Gin) [CERRADO]

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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Oct 06, 2012 2:26 pm

Había pasado algo más de una semana desde que le habían dado aquella paliza tras la partida al poker. Había pasado algo mas de una semana desde que se había acostado con su mejor amigo, Zack, y no por segunda vez como el había creído al principio, sino que resultó ser la tercera. Y había pasado algo más de una semana desde que tuviera que recuperarse nuevamente de dinero, pues éste nunca era eterno, y tan rápido como venia, se iba. Sus facturas habían sido pagadas; casa, hospital, pagos retrasados… Y había tenido que gastar el resto para hacer las compras de lo que los alumnos le pedían (que recuperaría con un pequeño interés en el intercambio), algo de ropa para su hermano pues la que tenia se le quedaba pequeña y cuando salía con él a la calle o se iba a casa de Gil un fin de semana, se le veía a leguas, y… en definitiva, entre sus “negocios”, la comida y necesidades básicas se fundió gran parte de las reservas, ahorrando lo poco que le sobró, metiéndoselo en la hucha que Aaron tenia en casa de su hermano.

Así pues, habiéndose recuperado de la paliza, quedando como mucho algún rasguño, regresaba a aquel local al que siempre iba para ganarse algo de pasta. No le quedaba mas remedio, de algo tenia que vivir, y el dinero que ganaba por ayudar una temporada en alguna tienda no era ni suficiente para aguantar una semana. Era normal que hubiera acabado por dejar de hacer estos trabajos y centrarse en atender mas a sus “negocios”, y por regla de tres, uno no compra sin pasta, y la pasta el no la conseguía sin jugar.

Aquella noche, en “La Vieja Banda”, no reconocía muchas caras, y de las que reconocía, prefería mantenerse al margen. Se sentó en una mesa tras ojear de antemano como iba cada una. Aquello era como ir de caza; se analiza el territorio, las presas y sus posibles depredadores. Uno siempre podía darse el susto de que un simple herbívoro pudiera desplumarte, pero era un riesgo que había que correr, y un peligro que había que visualizar. De ser un animal en aquella fauna, él se consideraría una águila, aunque tal vez no de las imponentes, pero si de las observadoras. De ahí que, tras analizar, minutos después se sentara junto a los que iban a ser tanto sus “presas como cazadores”…

La partida fue larga e intensa. Gilbert fue resistiendo, viendo como la gente se retiraba y entraba gente nueva con más dinero. Él llevaba ya poco más que el doble de lo traído encima en un principio. Unos 5.000 yenes más o menos. Era avaricioso, y ese era su punto débil y fuerte, aunque en cuanto al juego, este aspecto era negativo. Sin embargo, en esta ocasión recordó la emboscada al salir de aquel mismo local. Se había percatado que algunos de los conocidos, y no tan conocidos, le miraban. Si luego quería salir y llevar de una pieza y con su botín, mejor era plantarse ya. Y así lo hizo.

Se plantó, cogió su dinero y se dirigió a la salida intentando pasar desapercibido. Con lo ganado hoy, pagaría su alquiler para la semana siguiente y la semana en el hospital, que no era nada barato.

Tal vez no fuera tan buen luchador cuerpo a cuerpo como Zack y el resto de chicos de su banda, pero si que tenia ese sexto sentido de que algo iba mal. Y con algo con lo que defenderse tampoco resultaba tan inútil el albino, así que miró a cada uno de sus lados y se apoderó de una pata suelta de una silla de madera.

-Baja eso antes de que te hagas daño –dijo una voz procedente de la oscuridad del callejón. Gil, con la pata sujeta a modo de espada, se encaró a aquella oscuridad, teniendo su dinero en la mochila que colgaba a su espalda. –Enserio, bájalo –insistió la voz, apareciendo un tipo alto, delgado y tan albino como él entre las sombras. Éste sonreía de una forma que le daba escalofríos y le ponía incluso nervioso, y su mirada… Era tan rasgada que apenas lograba ver sus iris, aunque por la oscuridad y distancia tampoco sabría decir siquiera de que color eran estos. -¿Qué quieres? –preguntó sin bajar su “arma” improvisada. El contrario, con sus manos despreocupadamente guardadas en los bolsillos de su chaqueta, se paró a una distancia de dos metros. Puede que algo más. –Negociar. He oído hablar de ti. Dicen que consigues todo lo que uno quiera. Por ahí te llaman el “Genio” –comentó. Gilbert seguía sin confiarse. A fin de cuentas, ya había recibido en aquel mismo callejón una paliza hacia días, no quería otra. – ¿Y que es lo que te interesa? Ahora ando ocupado de trabajo…–pese a andar en guardia, los negocios eran negocios, y mientras no hubiera nadie mas que aquel contrario, no habría problemas. –Información.
Solo eso. A cambio te pagaré la cantidad que me pidas, siempre y cuando sea razonable –mantuvo su sospechosa sonrisa…

-¿Información? ¿Qué tipo de información? –preguntó entre curioso por lo que podría tratarse. Eso y que… ¿para qué diantres necesitaba un tipo como aquel información? Era tan alto como Zack, por su cuerpo incluso podría decirse que igual de fuerte, aunque este era algo mas delgado y hacia incluso dudar, pero el alemán, mejor que nadie, sabia que la fuerza no lo era todo.

-Eso lo sabrás una vez aceptes –respondió con aquella sonrisa tan intrigante y sospechosa, así como burlona e infantil. ¿Quién era ese sujeto? Era muy raro, y le ponía nervioso. –No me meto en temas sin conocerlos. Es como tirarse a una piscina sin saber si habrá agua, nada o un montón de mierda. De que se trata –insistió en saber el alemán, “esgrimiendo” aquella pata de silla. Aunque pareciera que estaba serio, molesto y poco interesado en aquel negocio, en verdad estaba nervioso, tenia un miedo desconvido, como si supiera que lo ha pasaría no seria bueno, y… en verdad, que le pagaran cuanto quisiera por información era un buen negocio. Fácil y rápido.

El contrario ensanchó su sonrisa, al parecer divertido, satisfecho o a saber por qué.

-Ahora es cuando dudo si lo de “Genio” es por lo precavido que eres o porque de verdad cumples los deseos de la gente, aunque sea a cambio de dinero –comentó con sorna, aunque a Gil no es que le hiciera ni pizca de gracia. –En fin… -dijo, comenzando a avanzar hacia el frente. –Baja eso de una vez y hablemos formalmente. -¿Le iba a contar sobre qué quería información? ¿Había cecido a ello? Gil, lentamente, dubitativo, bajó aquella pata que usaba como arma. ¿Estaba bien lo que estaba haciendo? ¿Estaba bien confiar en ese sujeto que le ponía los nervios de punta?

-¿De que se trata? –quiso saber, insistente.

-Me han dicho que eres del Dokusei, y que estas en esa banda tan conocida. En la que está el autoproclamado “Rey” –le soltó sin reparos, mirándole tras sus rasgados ojos, aun con esa indescifrable sonrisa y con sus manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, negra. Gil tragó algo forzado, intentando disimularlo malamente al escuchar que el contrario sabio de él, así como que se interesara por la banda. No sabía por donde iba el albino aquel, pero
sabía que lo sabría enseguida…


-Si, es verdad –asintió un tanto tenso, mirando al mayor con sus rojizos ojos, sospechando, empezando a arrepentirse de todo sin saber por qué.

-Bien. Pues lo que quería era que me hablara de esa banda, y más concretamente, sobre su líder –concretó, y en ese momento Gilbert abrió los ojos.-¿¡Sobre Zack!?

-Ese mismo –asintió.

Gilbert desvió la mirada a un lado, agachándola. Zack era su mejor y único amigo, hablar sobre él la banda que tanto significaba para él a un extraño como aquel era como traicionarle. Mejor dicho, era traicionarle. Su confianza la perdería si llegaba a enterarse de que había sido él quien se había “chivado” y había alargado sobre el y la banda. No, no podía hacerlo. La mayoría de integrantes de esta se la traían floja, el tenia su labor dentro de esta, pero aun así, eran como su familia. Sin esta y sin Zack era como volver a estar solo en el mundo, volviendo a cargar con su hermano en solitario.

-Yo… No puedo hacer eso–afirmó mirando al contrario con firmeza, pero esta solo duró unos segundos hasta que el contrario le cogió de la camiseta a la altura de vientre y lo acercaba hacia sí, hablando a en su oído. –Claro que puedes… Y lo harás –sentenció.Sentenció tan firmemente que Gilbert sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo de pies a cabeza, sintiéndose además incapaz de moverse por aquel tono para nada amistoso, burlón o normal con el que había hablado hace un momento.

Off; Al ser la misma user, para avanzar,ultilizaré a ambos pjs en cada post. Así el tema tendra una mejor comprension, sera mas rapido y lineal y... terminaré antes esta pequeña trama XD


Última edición por Gilbert Weber el Vie Dic 07, 2012 2:02 am, editado 3 veces
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Mensaje por Gin Ichimaru el Dom Oct 21, 2012 11:46 am

Gin estaba muy decidido a conseguir aquella información. Unos tipos de su banda, simples peones sin importancia, le había informado sobre aquel albino alemán; sus negocios, su escasa familia formada únicamente por un hermano hospitalizado, la estrecha amistad con su “Rey”… Le dijeron cosas superficiales pero mas que suficientes, y estas tres cosas era de las que se aprovecharía el mayor.

Teniéndole preso por su camisa, a al altura del vientre, y con la boca cerca de su oído tras sentenciarle que hablaría, Gin notó su tensión, como un escalofrío lo hacia temblar por un instante. El mayor sonrió satisfecho. Le agradaba causar aquella sensación de miedo en sus victimas. Si, Gilbert se había convertido en la victima desde el momento en que el nombre del alemán llegó a oídos del japonés.

-Nmm…No, no voy a decirte nada. Suéltame -le dijo aun tenso por la extrema cercanía del mayor, además de encontrarse en aquella situación en la que estaba a total disposición. Gin era más alto y más fuerte, no había más que verlos. El mayor apartó su rostro y lo miró a los ojos con los suyos rasgados. Su mascara facial era indescifrable. –Claro –aceptó, tirándolo al soltarlo, haciéndole chocar primero contra un gran contenedor de basura, tropezando el menor y acabar contra la pared al contarle el camino el mayor con su desquiciante tranquilidad. Gilbert tenía mas que claro que de esta no se libraba tan fácilmente.

-La negociación ya ha comenzado. No puedes negarte a hablar. ¿Quieres ese dinero, verdad? Claro que lo quieres, para tu hermanito… -jugaba el oriental con el germano, quien lo miraba con ojos abiertos, preguntándose mil cosas respecto al contrario. Parecía conocerle muy bien cuando el pequeño ni había visto siquiera a ese otro. –Yo no he… Agh!! –soltó, interrumpiéndose al golpearle el mayor en el vientre, haciendo que el alemán se doblara hacia delante, sin caer aun al suelo de rodillas. –Claro que has aceptado. Al interesarte por el motivo. –Le señaló, y volvió a golpearlo, esta vez, cayendo Gilbert al suelo, amarrándose el estomago. Gin se arrodilló frente a él, agarrándole de la barbilla sin mucha delicadeza y alzó su rostro para ver este, congestionado de dolor. El mayor seguía sonriendo de aquella forma tan desconcertante.

-Venga, no me hagas golpearte más. Seguro que quieres que negociemos a tu forma… -comentó. Gilbert no quería pasar por otra paliza. No otra… -¿Qué me dices? –preguntó, virando el almena la mirada a un lado, reprochándose lo que iba a decir… ¿¡Era tonto acaso!?

-De…déjame en paz… -le dijo entre dientes, viendo como el contrario negaba decepcionado y con aquella sonrisa aun
plantada en su rostro. Lo último que vio fue como el suelo se acercaba y veía todo al ras del suelo, el horizontal. Su vista se nubló, oscureciéndose por completo al colocarle alguien algo sobre la cabeza. Una bolsa de tela, áspera y asfixiante que le raspaba la cara. Otro golpe en la cabeza acabó por desvanecerle, quedando su cuerpo inmóvil, inconsciente a lo que pasaba.

-Estupido crío… Vaya si cantaras todo sobre tu amado “rey” –comentó Gin, ordenando a uno de sus matones que se había mantenido en la oscuridad hasta aquel momento en que le colocó la bolsa en la cabeza al menor, ordenándole Gin que cargara con él mientras marchaba a salir, tranquilamente, de aquel callejón pésimo.


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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Oct 27, 2012 12:09 pm

Podía decirse que salieron “juntos” de aquel callejón. Aquel que acompañaba a Gin, cargando con el alemán, lo metió dentro de un coche oscuro que espera no muy lejos de la boca de la calle. Sin luces y en silencio hasta que arrancó el
motor, el coche no era visible, siendo una oscura sombra más en la noche. Una vez dentro el encapuchado y mondado el albino en el asiento del copiloto, aquel que cargó con el inconsciente alemán, hizo marchar el coche de allí.

A donde se dirigían era un sitio que, al menos ellos, su banda, la banda de Gin, consideraba seguro. Se encontraba no muy lejos de la ciudad, en los alrededores, ahí donde se encontraban unos grandes almacenes ya abandonados desde hace tiempo. Era un sitio tranquilo, y mas desde que “sacaron a la basura” de ahí a palos y claras advertencias. Gin y el resto de los integrantes de la banda, todos del ryuu, aun siendo “unos ricachones mimados” como solía decirse, sabían hacer las cosas bien.

Llegados al almacén, ataron a Gilbert las manos a las espalda con una cuerda, así como que le ataron a una columna de hierro algo bástate oxidada por los años. Las cuerdas que le mantenían de pie allí, pegado de espaldas a la viga, era unas cuerdas situadas entorno al pecho. Y cuando se decía entorno al pecho, era precisamente sobre éste, pues le habían despojado de su ropa. Tanto de cintura hacia arriba como de cintura hacia abajo. Lo tenían allí de exposición, aun con el saco en la cabeza, encontrándose el alemán aun inconsciente.

Al ver como aquel subordinado suyo, junto con otro lo preparaban; le desnudaban, ataban e iluminaban únicamente al apresado, Gin no pudo no sonreír satisfecho por tener en sus manos a la persona que ese falso “rey” mas quería. Solo había que ver las marcas del chico en torno a su clavícula y sobre su cuerpo en general. Estaba marcado por todas partes, y por las marcas (que eran en verdad de la paliza de hacia unos días y las causadas por Zack), el albino dedujo que les gustaba jugar duro. A eso él también sabía jugar….

Pasó como una hora hasta que Gilbert se despertó, y para cuando lo hizo… le había sido metido un vibrador, el cual lo lubricaba por dentro. Le dolían las muñecas que tenía atadas a la espalda, (entre su cuerpo y la viga de oxidado hierro), no veía
nada por culpa de aquella bolsa de áspera tela que le cubría la cabeza, notaba la presión sobre su pecho y tenia las piernas entumecidas. Y que decir del frío tenía, así como la extraña sensación de invasión. Gin, sentado frente a él con tranquilidad, con las piernas cruzadas cómodamente una sobre la otra, apoyando su mejilla sobre el puño, cuyo codo se apoyaba a su vez en el reposa brazos de una silla, presionó el botón que hacia funcionar el vibrador. Gilbert, que movía a uno y otro lado la cabeza, muy confuso y con un nervioso miedo, echó su cubierto rostro hacia atrás, soltando un gemido que en vano intentó ahogar.

Los subordinados del albino japonés se encontraban, no todos, solo como unos 10, viendo el espectáculo desde el limite de aquel lugar donde el foco de luz que iluminaba a la redonda el cuerpo del rehén. Gin se encontraba sentado dentro de aquel límite, a la vista de todos. Menos de Gilbert.

El albino comenzó a dirigirse al alemán, insinuando que si aquello le gustaba podía recibir más y más intenso, que solo tenia que estarse callado para ello. Gilbert, no respondía a sus preguntas pese a sentirse humillado, sabiendo que estaba despojado de sus ropas y siendo violada sus intimidades en toda regla. Sin embargo…, al ver Gin que no aclararía pese a reírse de su estado, humillándolo aun mas de lo que la propia situación le humillaba, acabó por quitarle el saco de la cabeza y dejar aquel cuerpo a merced de sus hombres, los cuales, después de tanto mirar, tenían mas que ganas de tocar al alemán, quien andaba encendido por el vibrador de su trasero.

Gilbert, viendo como el albino se marchaba hacia la oscuridad tranquilamente, con aquel saco colgando de su mano, vio como aquellos otros tipos salían de aquella misma oscuridad a la que Gin iba. El menor no pudo evitar abrir sus ojos con miedo. Sabía lo que iba a pasar. Veía sus intenciones con tan solo mirarlos a los ojos. Nervioso, coménzó ha agitarse lo máximo que pudo, pero ni logró ceder las cuerdas que lo mantenían atado a la viga. En un intento de hacer volver al albino, empezando a tocarle uno de esos salidos ryuus de impecable uniforme blanco, pidió que volviera. Sin embargo, el albino no le hizo caso y se mantuvo viendo todo aquello con satisfacción y entretenimiento.

Aquellos tipos acabaron desatando al alemán tras haber sido tomado por tres de aquellos diez tipos. Todos querían su parte de él, así que para disfrutarle mas lo desataron de la viga, manteniendo sus manos atadas a la espalda. Lo violaron sin consideración, destrozándole tanto el cuerpo como el alma con aquello que le pareció eterno a Gilbert. Sus lagrimas no les ablandaba, sino todo lo contrario, les parecía excitar mas. Uno tras otro, tras otro, tras otro… fueron tomando del menor, quien deseó que le golpearan y dejaran inconsciente, hasta incluso que lo mataran ahí mismo de forma limpia para ahorrarse aquel infierno interminable.

Ahí tirado, sin fuerzas y destrozado, completamente desnudo y cubierto de semen de aquellos tipos y del suyo, Gilbert se sentía sucio, repúgnate… A su mente vinieron las palabras de Zack aquella mañana en su habitación, no hacia muchos días. Recordó a Aaron, y con éste a Alois, a su hermano y… y por ultimo a sus padres. No tenía más lágrimas que poder derramar, y hasta se sentía destrozado por eso, por no poder siquiera llorar a quienes le importaban….
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