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Derroche, para eso hemos venido

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Mensaje por Takekawa Yuuta el Mar Sep 04, 2012 12:47 pm

El día había comenzado particularmente bien. Cómo en muchas ocasiones, se había dado a la fuga del instituto para darse ciertos lujos. Hoy eran las compras. Se había despertado con aquella idea en mente. Se celebraba el cambio de temporada, por lo tanto, las vitrinas redecoradas enseñaban nuevas prendas tan coloridas como la misma primavera. Asimismo, hoy estrenaban un juego que había estado esperando por un tiempo y que no había podido comprar antes después de haber discutido con su amada madre. Esa perra le bloqueó las tarjetas y le arrebató la mesada todo el mes. Y de su padre nada se supo hasta hace unos dos días, viaje de trabajo, decía él. Un bledo le importaba. Lo importante es que con el juego en manos podía derrochar como condenado en cosas que quizás nunca usaría. Esa era la enfermedad de los niños ricos. Tienen dinero, lo gastan sin pensar. Era la vida de muchos, él se podía incluir cuando tenía estos arranques matutinos.

Avanzaba observando las vitrinas mientras canturreaba el último éxito de una de las bandas que de alguna manera había pasado a la cima en su lista de favoritos. Su rostro llevaba estampada aquella expresión de idiota que solo Dios sabe como se la quitaba de encima durante los fuertes entrenamientos con el sensei; un tanto oculta gracias a los lentes oscuros y enormes que llevaba puesto, nunca olvidaba que tipo de enfermedad sufría, por eso no se arriesgaba tanto como se pensaría. Hace un rato había cambiado las ropas del instituto por una tenida mucho más de su estilo. Ropa ajustada que marcaba su cuerpo de maravilla, de color negro con tonalidades entre amarillas y salmones. Un par de broches y correas que servían de accesorios y decoraciones. Y por supuesto su “encantadora” sonrisa, que era más que suficiente para obtener varios números telefónicos a los que pronto les daría un buen uso. Era obvio, sino para que guardarlos.

Pasado un rato, y con una cantidad de bolsas considerables entre las manos, se apoyó en una de las paredes vacías que quedaban rumbo a la sección de comida rápida del lugar. Aquel “patio de comidas” estaba más que repleto de bulliciosa gente que tardaría su tanto en vaciar los distintos locales.

“Moriré de hambre” Murmuró para sí, creyendo solo por instantes que eso podría pasar en el transcurso de unas horas. Suspiró resignado, esperando sin quitar la vista del lugar. Pronto quedaría un espacio para comer alguna porquería. De momento, mientras no se aburriera, cualquier cosa le sentaría bien.



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Mensaje por Alois Trancy el Mar Sep 04, 2012 2:06 pm

Estaba que echaba humo. O lo habría estado de tener tiempo para enfadarse, cosa de la que carecía gracias a las exigencias de cierto enano caprichoso, egoísta y tuerto. Ciel se había despertado aquel día con el pie más izquierdo que de costumbre. A Alois le costó muchísimo despertarlo y eso que lo dejó dormir hasta el límite posible antes de que ambos llegaran tarde al instituto. En cambio él se había levantado a las seis y media de la mañana para prepararle el desayuno tradicional inglés como al señorito le gustaba, porque el señorito no podía comer dulces industrializados. También había tenido que plancharle el uniforme y limpiarle los zapatos al señorito, total para que al final el señorito lo volviera a arrugar todo al ponérselo. ¿Cómo diantres se podía ser tan torpe? ¡Ciel no sabía ni vestirse solo! ¿Qué clase de educación le había dado su padre…? No, mejor no seguir por ahí. Alois no quería pensar en el fallecido señor Phamtonhive.

Pero todo su esfuerzo había sido en vano cuando Ciel se miró al espejo y llegó a la conclusión de que el uniforme le quedaba corto. Alois le dijo que se equivocaba. Ciel insistió y le mostró los brazos: se le veía un par de centímetros de piel. Un maldito para de centímetros. Pero aquello le valió como excusa para negarse a ir a clase (un Phamtonhive no puede ir por ahí como un pordiosero) y mandar a Alois de comprar. Le hizo una lista larguísima de cosas que supuestamente necesitaba y le dijo que aprovechara las rebajas, que eso le gustaba mucho a la gente de clase baja como Alois. ¿Por qué diablos estaba enamorado de alguien tan imbécil y egocéntrico como Ciel?

Sin dejar de despotricar a los cuatro vientos el rubio había terminado por ceder y salir de compras. Le gustaba comprar, pero solo cuando eran cosas para él, así que a la media hora ya estaba saturado. Tres horas y un número considerable de pesadas bolsas después, Alois al fin terminaba los encargos y se arrastraba hacia la zona de descanso. Las tripas le rugían y se moría por algo dulce… Pero todas las mesas de todos los restaurantes y cafeterías parecían estar ocupadas. Milagrosamente el rubio vio que una mesa se vaciaba y corrió hacia allí sin mirar si quiera qué tipo de restaurante era aquel. Y, como su suerte era una furcia esquiva y traicionera, para cuando llegó había otra persona lista para ocupar la mesa.

Alois suspiró sonoramente, demasiado cansado para seguir esperando. Miró a la otra persona y decidió que aquel chico parecía simpático. Probaría suerte.

-Disculpa,- dijo con su mejor sonrisa de niño encantador.- ¿te importa si compartimos mesa? Esto está realmente a tope hoy con eso de las rebajas.




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Mensaje por Takekawa Yuuta el Vie Sep 07, 2012 9:31 am

Acomodó sus oscuros lentes mientras esperaba, evitando quedarse en un lugar muy iluminado. Eso de poseer una delicada mirada era molesto incluso de noche, nada en casa podía ser muy brillante o comenzaban los malestares tales como jaqueca o irritación ocular.

Le había tocado esperar un par de minutos. No parecía molesto en ningún momento. Muy por el contrario. Durante la espera se había tomado su tiempo para observar el lugar y a las personas que abarrotaban dichas mesas. Eran todos seres muy distintos e incluso el comer era extravagante a sus ojos. No tardo en divisar a una pareja que terminaba de arreglar sus cosas para retirarse, era su señal. Tomó sus bolsas y caminó con tranquilidad a esa mesa que en poco terminaría libre para su uso. Al fin algo de comida, sentía como sus tripas se alborotaban exigiendo algo de comer. Y no fue hasta que escuchó la voz del menor que se percató que no había sido el único que había ido tras esa mesa.
Miró de manera despreocupada al chico, Rubio y más bajo que él. Sonrió con dulzura al escucharlo, asintiendo con tranquilidad.

- Claro, claro, siéntate. Dicen que la comida sabe mejor en compañía. Además, estoy seguro que si me niego te tocaría esperar un buen rato – Comentó mientras se sentaba a un lado, dejando las bolsas a sus pies. Ciertamente no l molestaba compartir la mesa, incluso siendo el contrario un desconocida. Quizás, se debía a su curiosa personalidad, a la falta de vergüenza o a esa escases de sentido común que tanto parecía caracterizarle – ¡Oh! Pero te lo advierto, soy muy parlanchín, no te dejare digerir con tranquilidad.

Espero a que el contrario aceptara, que se sentara antes de continuar con cualquier encuesta. De paso observaba el cuerpo del chico, mucho más menudo que él, ciertamente le hacía pensar que tenía a lo mucho unos 14 años. Destacaba también sus facciones para nada japonesas. Esos ojos grandes y claros bordeados por las largas pestañas. Su cabello rubio parecía casi brillar por cuenta propia. Le gustaba conocer a personas que parecían tan únicas o que destacaban con facilidad. Solían ser, en su mayoría, los puntos que buscaba a la hora de ser una molestia o, simplemente, cuando buscaba alguna compañía.

- Dime, ¿Cómo te llamas y qué edad tienes? – Encuestó sonriendo de manera idiota mientras esperaba que alguno de los meseros se dignaran a atenderlos.



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Mensaje por Alois Trancy el Dom Sep 09, 2012 3:02 am

Tuvo suerte de que aquel chico fuera justo lo que parecía: una persona sociable. Alois mantuvo su sonrisa deslumbrante mientras era recompensado con una muy parecida. Era bastante atractivo con sus rasgos suaves, sus ojos divertidos y una de esas sonrisas que te llena toda la cara. No era demasiado alto pero desde luego sí más que él. Debería tener más o menos la edad de Alois… pero su cara no le sonaba de nada. Claro que aquel no era motivo suficiente para catalogarlo como un Riyu, ya que Alois no tenía por norma fijarse en los tipos de su instituto… En el Dokusei mirar a alguien a los ojos podía considerarse motivo suficiente para ganarte una paliza o algo peor. Mejor pasar desapercibido. Y Alois bien que lo intentaba, pero era bastante complicado para alguien con su cuerpo y sus rasgos: la belleza era un arma de doble filo.

-¡Gracias!- respondió de la forma más encantadora posible.- Realmente me haces un gran favor. Me muero de hambre y no quiero esperar más…- hizo un leve puchero mientras dejaba las bolsas en el suelo y se sentaba frente al otro. Inmediatamente sonreía otra vez.- Jajaja, no te preocupes por mi digestión: una buena conversación nunca es mal recibida.

Escondido tras su sonrisa el rubio intentó leer a través del otro. ¿Era una buena persona o solo se lo hacía? ¿Era real su sonrisa o tan falsa como la de Alois? No se fiaba de la gente así como así; había aprendido a desconfiar de todo y de todos hacía bastante tiempo. Pero por mucho que mirara a aquel chico no conseguía catalogarlo… O era totalmente sincero o un maldito maestro del engaño. En fin, el tiempo lo diría.

Alois tomó la carta y empezó a ojearla mientras calculaba mentalmente el dinero que le quedaba. Maldito Ciel, siempre le daba el dinero muy justo para que no pudiera estafarlo con las vueltas.

-¿Yo? Alois. Alois Trancy.- respondió a la pregunta del otro.- Y tengo 17 aunque no los aparente. Es una lata que nadie se lo crea nunca… ¡pero es cierto!- ese comportamiento infantil solía ayudar a que los demás bajaran la guardia ante él. Pero ahora necesitaba sonreír adorablemente otra vez.- ¿Y tú? Es raro comer con alguien de quien no sabes ni el nombre, ¿verdad?

El camarero ya se acercaba a tomarles nota y Alois observaba con deseo contenido la lista de postres, especialmente los helados. Le encantaban esas preciosas copas de helado que hacían los japoneses pero eran tan caras… “Maldito jefe tacaño”. El camarero ya estaba allí preguntándoles qué deseaban tomar y Alois se mordía el labio inferior en su doloroso debate interno. Tendría que pedir algo más barato pero quería esa copa de helado tan bonita de la foto… Alzó la vista hacia el otro rubio preguntándose de pronto si habría alguna forma de engatusarlo para que pagara por él. Por intentarlo que no quedara…

-Todo tiene una pinta deliciosa pero es tan caro…- puso cara de pena y se llevó un dedo a los labios, mientras miraba la carta, como si estuviera indeciso. Estaba tan acostumbrado a fingir, actuar y mentir que le salía con una facilidad pasmosa.




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Mensaje por Takekawa Yuuta el Lun Sep 10, 2012 7:53 am

- ¿Alois? Qué lindo nombre, me gusta mucho como suena. Obviamente no eres japonés, ¿Cierto? ¿De dónde eres? – Encuestó sonriendo, de verdad era un curioso nombre, de momento no lo había escuchado antes y mucho menos aquel apellido, incluso con los contactos de su padre, era bastante curioso jamás haberlo escuchado – Sabes… de verdad no aparentas tener mi edad – Murmuró Inclinándose sobre la mesa, acercándose un poco más al menor – De verdad creí que eras menor, no solo por lo bajito, también por tu rostro – Yuuta carecía de algo importante. Respeto por el metro personal. Ese tipo de cosas no eran importantes para él. Sin propasarse se notaba ese poco respeto hacia la burbuja personal de otros.

Se sentó como correspondía, volviendo a tomar la carta entre sus manos analizando el menú mientras el mesero le miraba con una sonrisa extraña. Seguramente la conversación entre ambos desconocidos era suficiente para causar extrañeza en otros.

- Quiero una hamburguesa emperador con triple queso, patatas fritas, nuggets de pollo y una Coca Cola, de esa que viene en el vaso más grande que tengan – Sentenció con una dulce sonrisa en el rostro. Si bien, la dieta que poseía no era lo más equilibrado cuando comía fuera de casa, dentro era todo sano acorde al tipo de alimentación que debía poseer gracias al arte marcial que practicaba.

Ya contento con tener su pedido hecho no era más que esperar a que la orden estuviera lista. De paso, conversaba con aquel chico, lo bueno era que no le tocaría comer solo esta vez.

- ¿Yo? Mi nombre es Yuuta, Takekawa Yuuta. Es un gusto, Alois-tan~ - Respondió con calma mientras esperaba que el comentario hiciera su pedido – Bueno, mi edad creo que ya la sabes. Ya mencione que tenemos la misma edad, aunque yo cumpliré los 18 años en poco tiempo.

Miró con curiosidad al contrario al escuchar su comentario. Recordó el menú y realmente le parecía que los precios eran bastante adecuados a la clase media. No los encontraba alto como en los restaurant a los que iba con su padre, quizás el chico que estaba frente a él era pobre… aunque algo raro para todas las bolsas que llevaba.

- No son tan caros – Canturreó sonriendo, una parte del había asumido que no era más que una broma del contrario o solamente llegaba a esa conclusión al haber gastado todo su dinero en lo que llevaba en las bolsas – Seguramente hay algo en el menú que te puedas permitir, sin importar como se vea todo, acá hasta los condimentos saben mejor que en el resto de las tiendas.

Sip. Su aire de idiota muchas veces le permitía saltarse un montón de cosas. Podría parecerlo pero tonto no era, no le invitaría la comida a alguien que no conocía sin tener algo en mente. Y con aquel chico no tenía planes, no de momento. Si le hacia un invitación, seria a un motel, por sexo. Aunque ciertamente, preferiría a una chica. Aquel chico no parecía tener mucho que ofrecer y de todos los números que había conseguido durante sus compras, habían un par de chicas demasiado bien dotadas, de esas que por todas partes ofrecen satisfacerte. Pero bueno, quizás a la noche vería ese tema, de momento su preocupación era comer. Ya comenzaba sentirse enfermo gracias a la falta de alimentos.



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Mensaje por Alois Trancy el Sáb Sep 15, 2012 10:48 am

Aunque al rubio no le molestaba tanta palabrería, lo cierto era que sí lo hacía el hecho de que el otro chico lo llamara bajito y cara de niño, más que nada por lo cerca que se puso cuando se lo dijo. ¿No sabía lo que era el espacio vital? Pero no perdió la sonrisa, al fin y al cabo prefería seguir mostrándose amable. Y tampoco era para tanto lo que decía de su físico, en realidad era cierto. Tener ese aspecto de niño pequeño le servía a veces para conseguir lo que quería. Y otras le metía en líos.

-Soy inglés, nacido en Londres.- le respondió sin retroceder ni un ápice ante el otro.- Sí, me lo suelen decir. Es tan problemático…- rió un tanto, con su coquetería innata.

El camarero acudió a su mesa y el desconocido se puso a pedir su comida. Mientras tomaba nota de todo, el chico se volvió hacia Alois y se presentó como Takekawa Yuuta. Takekawa… ¿dónde había oído antes ese apellido? No lograba recordarlo. Tampoco tuvo mucho tiempo para pensarlo porque Yuuta se puso a hablar otra vez como si le hubieran dado cuerda.

Alois trató de que no se le notara en la cara lo mucho que estaba tocándole las narices en ese momento. Había algo en la forma tan “inocente” en la que pasó por alto su indirecta que lo hizo enfadar. De pronto el rubio se sentía estúpido y humillado, porque estaba casi seguro de que el rubio lo había entendido perfectamente y aún así había dicho aquello. ¿Hasta los condimentos? ¿Lo dejaría comer sobrecitos de azúcar antes que invitarlo? Hablaba como si le pareciera increíble que a Alois no le llegara para pagar aquello. Se fijó en todas las bolsas que Yuuta traía encima y se preguntó si sería un niño rico. ¿Tal vez un estudiante del Riyu? Su cara no le sonaba y no había más institutos en la ciudad a parte del Dokusei… Decidió mantener las apariencias como pudiera y andarse con cuidado.

-Tienes razón Yuuta-kun, seguramente lo habrá.- a pesar de su sonrisa le palpitaba una vena en el cuello. Ricos bastardos. Volvió a repasar la carta y terminó por elegir una copa de helado mucho más pequeña (y menos vistosa). Después de tomarle nota el camarero se fue a traerles sus pedidos.- Parece que has tenido un día productivo. Te envidio, no pareces tener problema alguno con el dinero.- señaló las bolsas de Yuuta con la cabeza. Suspiró pesadamente, dramatizando.- A mí también me gustaría ser un niño rico de papá…

Dejó caer aquel comentario con la intención de, con suerte, fastidiar. De alguna manera quería hacerle notar que su comentario de antes le había molestado. Aunque era una forma muy infantil de pensar porque para empezar Yuuta no tenía porqué invitarlo, y para seguir… ni si quiera estaba seguro de que Yuuta fuera un chico rico. Pero era fácil averiguarlo.

Alois soltó una pequeña risita pícara y miró a Yuuta con complicidad.

-Aunque tu papá no estará muy contento si se entera de que hoy te has saltado las clases, Yuuta-kun,- cruzó sus piernas bajo la mesa y su pie rozó levemente una de las piernas del mayor. Podría haber parecido un roce accidental si Alois hubiera tardado menos en mover su pie para retirarlo o si no tuviera ese aire de coquetería en la mirada.- Que chico tan travieso…




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Mensaje por Takekawa Yuuta el Jue Sep 20, 2012 8:22 am

- He oído que Londres es muy lindo, jamás he podido viajar a ese lugar. ¿Por qué has venido a una ciudad como esta? – Encuestó dando a entender lo poco que apreciaba el lugar donde vivía, para él había ciudades mucho mejores en Japón y otros países. ¿Por qué abandonar una tranquila ciudad para vivir en este caótico terreno?

A estas alturas su prioridad era ingerir algo de alimento, no se preocupaba en lo más mínimo en la vida estudiantil que podía tener el menor. Tenía claro que su cara no la había visto antes y no era de sorprender, muchas pasaba de la gente del instituto y quienes le parecían menos interesantes son a quienes ni los ojos le recordaba. Era normal, en un instituto donde las peleas y riñas son cosa diaria uno debe saber a quienes observar. Había peleas que eran realmente cómicas y ridículas, eran de las que más disfrutaba.

- ¿Acaso esas cosas que llevan no son tuyas? – Encuestó con sorpresa al oírlo, mirando una vez más las bolsas y luego al chico. Entonces pensó que el contrario podría estar o trabajando o haciendo recados, sino para que cargar esas cosas y soltar comentario tan de novela. – Rico e hijo de papá no es buena combinación. La mayoría de los niños ricos escasamente tienen contacto con sus padres, estos les extienden dinero solo para fingir un lazo que no existe. El amor paternal en personas con dinero no es más que apariencia. Y ser hijo de papá significa más la vida en la clase media alta o media baja, supongo que varía. Tienes contacto con tus padres, una conversación variada pero falta dinero para los caprichos… Bueno, al menos ese es mi parecer – comentó sin hacerse problemas y sin dar a conocer de manera directa en cuál de sus ejemplos estaba clasificado.

Pensó en aquel comentario. En realidad le preocupaba mucho más lo que nana fuera a hacerle después. Su padre no estaba en la ciudad y su madre debe estar revolcándose en algún motel con el ultimo amante que se consiguió, pero nana… ella estaría en casa esperándole y si ya habían llamado para avisar sobre su nueva ausencia le daría una tunda. No entendía como aquella mujer, con sus años encima, podía golpear tan fuerte. Y con lo mucho que amaba a su nana jamás podría responderle y solo asumir. Suspiró con tranquilidad.

- No te preocupes por eso, lo último que jara mi padre es regañarme o algo parecido y esta no es ni la primera ni la última vez que me salto el instituto para dar vueltas. ¿Qué hay de ti? ¿No te regañarán por faltar?

Sonrió con su dulzura típica y algo idiota, el roce lo había captado de manera completa pero seguía sin presentar grande interés en tirarse al menor. Claro, no podía negar que era lindo y sabia como coquetear y provocar pero vaya a saber uno si es tan bueno en la cama como mintiendo. Porque eso si le estaba saliendo bien, podía captar sus indirectas bien cubiertas pero solo por jugar un poco mas se hacia el desentendido. Alois parecía bastante peculiar. ¿Cuánto podría hacer?



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Mensaje por Alois Trancy el Dom Oct 07, 2012 8:18 am

-La vida da muchas vueltas, supongo.- fue su vana respuesta, acompañada de una cordial sonrisa, cuando el chico le preguntó sobre su procedencia. Ese tema quedaba zanjado así (o eso esperaba) pues no tenía intención de explicarle a un desconocido su historia. Ni mucho menos.

Si Yuuta pilló sus indirectas no dio muestra de ello por la parrafada que le soltó. Alois, que no tenía ganas de entrar en debates morales en esos momentos, le dejó hablar sin interrumpirle. Entendía su punto de vista pero no lo compartía. Aunque más parecía que sus diferencias se debían a diferencias de concepto: a lo que Yuuta llamaba “niño de papá” Alois le decía “ojito derecho”. Un ojito derecho de papá efectivamente era el que, aún con falta de dinero, tenía una cálida relación con sus progenitores. Pero tal y como Alois lo veía un niño de papá era aquel que pedía cualquier cosa y le era otorgada por su padre sin más, como una forma de compensar la falta de cariño o cercanía. Y Yuuta tenía pinta de ser exactamente eso: un mimado que conseguía cualquier cosa con una orden directa o un lloriqueo a todo lo más. Un niño rico de papá. Pero, ¿qué importaba todo aquello en realidad? ¿Dónde estaba su helado?

-Tienes suerte entonces, saldrás de esta ileso.- rió el rubio menor, coqueto. Notó algo en la mirada de Yuuta justo antes de que éste pretendiera fingir que no había notado su “caricia”. No era idiota, solo se lo estaba haciendo.- A mí puede que me regañen pero no será mi padre.- señaló las bolsas que Yuuta había hecho notar antes.- Nada de esto es mío, solo es un encargo de mi jefe. Trabajo como… asistente personal.

Dudó al poner aquel título porque la primera definición que le vino a la cabeza fue “esclavo”. Ciel era un maldito tirano y seguramente le montaría una escenita por llegar tarde, pero a Alois no podía importarle menos. Justo en ese momento trajeron sus pedidos y su mente se llenó solo del dulce sabor del helado. La copa que le pusieron enfrente era bastante humilde, pero no por ello menos deliciosa. No tardó mucho en empezar a atacar a cucharazos.

-Hmmm~, realmente delicioso. Justo como dijiste, Yuuta-kun.- sonrió de manera un poco más sincera, disfrutando de aquel pequeño capricho. Llenó una cuchara de helado de chocolate y se la mostró.- ¿Quieres probar? Seguro que no te arrepientes…

Nuevamente, y sin pretenderlo, estaba siendo seductor. Era algo en el brillo de su mirada, en la curva de sus labios, en la postura de su joven cuerpo… Parecía que aquel muchacho siempre tenía una segunda intención. Un gaje de oficio.




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Mensaje por Takekawa Yuuta el Lun Oct 08, 2012 1:12 pm

- Ya veo, debe ser un trabajo agobiante. Tener que ir a la siga de un sujeto y de paso cumplir las labores que él no hará quizás por pereza o por el gusto de hacerte sentir el peso que existen entre posiciones. Espero no terminar así, es molesto que me den órdenes, creo que no podría trabajar más de unos minutos como asistente o algo así. – Comentó con calma mientras miraba de forma descuidada a quienes pasaban cerca. Era curioso, solía mirar a la gente y asimilar su caminar a su conducta e incluso indagaba en más cosas solo para pasar el rato. – Supongo que renunciar no es una buena opción para ti, ¿O me equivoco?

Vamos, no solo puedes ir a sentarte con un extraño y no conversar de nada. De por si estaban en medio de una situación poco frecuente, si lo iba a llevar a cabo un provecho debía sacarle a la situación. Pero parecía que era otro de esos que poco de cuentan, te sonríen mucho y de eso estamos hechos. No era muy divertido darle a platicas que se basan en el tiro la cuerda y quizás algo pesco.

Antes de soltar cualquier pregunta vaga que llegara a su mente, el chico ya había traído su orden. Sintió que se le hacía agua la boca y no era para menos, llevaba horas dándoselas de vago y no había probado bocado alguno. Lo primero que hizo fue llevarse un par de patatas a la boca, las saboreo como nunca, su estomago comenzaba agradecer la comida.

- Claro, este puesto es más higiénico y le ponen un poco más dedicación a lo que sirven en comparación al resto – Comentó con su tonta pero dulce sonrisa estampada en el rostro, para luego mirar la cuchara y asentir. Había algo en la vida a lo que jamás se negaba. Golosinas y cualquier otra comida dulce, independientemente de lo seductor o no que era el más pequeño, debía probar aquel dulce solo para decidir si volvería a este lugar a por mas.

Abrió un poco la boca murmurando un “aah” para probar aquel chocolate. Yuuta podría ser todo cuanto el resto quisiera pero nada cambiara la poca resistencia que ofrecía ante los dulces, lo distraído que parecía andar por la vida y lo poco preocupado que era. En estos momentos no ofrecía especial resistencia ni salía de sus propias casillas frente a las cosas nuevas. Si en algo se parecía a un crio era en que todo era un juego para él, muchas veces la vida misma. Y, quizás, pronto comenzaría a alzar interés sobre el contrario que teniendo cara de chico bueno soltaba leves acciones que quitaban completamente su fachada de inocente.

Personajes curiosos según él. Eran de esos que llamaban su atención y que no soltaba hasta darse por satisfecho.



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