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Palabras y mas...

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Mensaje por Gin Ichimaru el Lun Jun 11, 2012 9:41 am

La sala en la que se encontraba era bastante grande incluso para la mansión en la que vivía. Las paredes, altas, estaban cubiertas por imponentes libreras de oscura madera. En cada repisa libros de todos los tamaños y colores, y ordenados según su categoría, descansaba en un profundo letargo. La sala, que resultaba ser la biblioteca de la casa, estaba perfectamente alumbrada, así como amueblada. En el suelo, en medio de la sala, reposaba una tupida alfombra y, sobre ésta, que abarcaba de lado a lado de la lasa a lo ancho, se encontraban diversos sillones de pronunciadas orejas uno junto al otro, así como un sofá de cara al trío de sillones. Todo lo que ahí había era, pese a encontrarse en Japón, de lo más clásico y occidental.
Gin no había avisado de la visita que tendría. Tampoco es que hablara demasiado con sus padres. Lo primero que hacia nada más llegar a casa era abordar la nevera y marchar a su queridísima biblioteca donde se quedaba hasta que se aburría o se iba a dormir en el cuarto de arriba. En más de una ocasión pensó en trasladar ahí su cama, pero le pareció demasiado ridícula la idea. Le gustaba el sitio, era tranquilo, pero estar metido incluso para dormir de seguro que lo estresaría.
Cuando Yuu llegara nadie le obstaculizaría el camino si se limitaba a decir que venia a ver a Gin. Lo mas seguro es que fuera su “madre” o el criado interno quien lo guiara por la casa hasta donde se encontraba el albino.
Gin, mientras tanto, mientras esperaba al contrario, miraba de vez en cuando el trabajado reloj de péndulo que había en un hueco entre librería y librería. Quedaba poco, si es que en verdad iba a venir a la hora que le aseguró venir el rubio. Se llevó la mano a la boca para ahogar el bostezo. Empezaba a aburrirse sin nada que hacer ahí más que mirar el reloj, la puerta por la que aparecería su “mujer” y llevar su mano una y otra vez a sus labios para acallar el bostezo.
El albino se había cambiado el uniforme por ropa algo más cotidiano, y, su hinchazón de la mejilla había bajado considerablemente. En esta ocasión, en vez de asaltar la nevera asaltó el congelador para ponerse una bolsita de gel en la cara. No se veía nada, a menos que alguien se le quedara descaradamente mirando con toda la atención del mundo. En ese caso descubriría que aun seguía algo hinchado en comparación con el otro.
Gin, sin saber que hacer ahí sentado, se levantó y se acercó a una mesilla cerca de los sillones que se usaba de botellero. Se hizo con dos copas y llenó una de ellas con whisky. Cuando escuchó como el pomo de la puerta de la sala giraba, Gin bajó la mano que sujetaba su copa y la cual se disponía a beber.
-Pensaba empezar a entretenerme solo hasta que llegaras. En fin –alzó los hombros despreocupado y dejó la copa llena sobre la mesita-botellero. –Y yo que creía que ibas a ser de esos que se hacen esperar… -le dijo acortando el camino un poco por su parte al acercase al rubio mientras el contrario hacia lo mismo. Cuando se encontraron el uno frente al otro miró a quien le había guiado hasta él, el cual se quedó en la puerta mirándolos. Era muy poco corriente que aquel muchacho invitara a nadie en casa. Muy raro. –No hace falta que te diga que te vallas –le dijo desde el sitio mirando a la mujer, su madre adoptiva. Ésta, agachando la cabeza se giró y se marchó no sin antes cerrarles la puerta para dejarles a solas.
Hacia tiempo que aquella mujer sabia que aquel chico nunca la llamaría madre, pero es que le pareció tan niño y tan callado en su momento en aquel orfanato… Quien le hubiera dicho que los rechazaría tanto hasta el punto de tratarlos como a desconocidos pese a ser quienes le criaron.


Off; Croquis de la sala XD.

Spoiler:


Esto no es mas que un plano base para situar las cosas en un sitio concreto. Espero que no te importe, pero esk ya me a pasado que yo ponia que era en un sitio y el otro me respondia con que estaba en otro sitio lo que habia mencionado XD. Lo añadidos los puedes incluir tu si quieres tambien, solo solo yo XP



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Mensaje por Takekawa Yuuta el Lun Jun 11, 2012 10:32 am

La tarde había pasado bastante rápido. Se había tomado tres horas entrenando con sus sensei, quien le regaño por el uso de sus habilidades fuera de las competencias oficiales que le programaban. No importaba cuanto le regañara, el rubio cometería el mismo error una y otra vez porque más que cualquier cosa, incluso más que su amor a los caramelos o por los juegos, odiaba perder. Quizás, en medio de desesperación, vendería su alma al diablo por el triunfo. Luego del duro entrenamiento, había tomado una larga ducha mientras escuchaba tras la puerta a su nana regañándole por dejar todo regado en la habitación. Tanto su sensei como su nana se especializaban en darle reprimendas que no escuchaba en su totalidad, eran dos seres bastantes peculiares a los que, en el fondo, les tenia respeto. Mucho mas del que podría tenerle a su madre o a su padre.

Recibió la llamada cerca de una hora antes del anochecer. Su “tío” le había dado pequeños datos, partiendo con la dirección e informándole un poco más del núcleo familiar del albino. Tanto él como su hermano eran adoptados. Pertenecía a una adinerada familia dueña de una de las mansiones más extravagantes de la ciudad. Ni siquiera su propio padre había aspirado a gastar tanto dinero en una residencia tan grande como la que pertenecía a la familia de Gin.

Se alistó sin prisa. Las ropas que llevaba eran típicas en él cuando se encontraba sin el uniforme. Unos pitillos de cuero ajustados, unos zaparos negros con broches (odiaba los cordones), además del cinturón cuadrille, llevaba una pañoleta amarilla atada a la cintura, que cubría, en parte, su bien formado trasero. Una camiseta con mangas largas de franjas negras y anaranjadas, con una de las mangas completamente negra; sobre esta, llevaba una chaqueta de cuero de manga corta, llena de correas y otros accesorios que el mismo había agregado al sentir que iba demasiado ligera. Tenía un collar con una pluma, hecho por su nana cuando el aun era un crio, de su primer viaje a Europa. Además de eso, llevaba aquel cintillo en el desordenado cabello, por mero gusto.

Hizo que Roger, el chofer, le llevara hasta la mansión, ya que si decidía salir por su cuenta tardaría horas en llegar. Al llegar, con esa radiante sonrisa, tocó aquel timbre que anunciaría por si solo su llegada.

El paso al interior fue tranquilo, había observado cada rincón que había recorrido, con curiosidad; una mujer fue quien le dirigió hasta una biblioteca en la que se encontraba el albino. Le sonrió con tranquilidad al escucharle.

- En cualquier otro momento, hubiese tardado una hora o más, pero creí que sería mejor llegar temprano, solo por hoy~ - Comentó mientras daba los primeros pasos al interior – Gracias por traerme hasta aquí – Se volteo levemente mirando a la mujer que aun se encontraba en el umbral. Podía ser un maleante y quizás hasta vago pero tenía modales y agradecer nunca estaba de más. Aunque parecía que el albino no opinaba igual, siendo quizás hasta rudo para insinuarle a la mujer que debía marcharse. – La casa es enorme, Ichi-tan~ Tendrás que llevarme a recorrerla cuando terminemos la jornada de reflexión o que se yo.

Pasó por el lado del albino, tenía ese bichito de la curiosidad picándole con fuerza. Cuantos libros había en ese lugar, alzaba la vista, impresionado. En lo personal, prefería leer los libros en el computador, cuando le tomaba en mano le entraba un incontrolable sueño.

- ¿Cómo está tu mejilla? A lo lejos casi no se nota que te han golpeado, pero ¿Que tan hinchada de quedo? – Tomo su lugar en el sofá, sonriendo con normalidad, como si lo irritado que había podido sentirse hubiese desaparecido - ¿Y qué tanto planeas hacer hoy?



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Mensaje por Gin Ichimaru el Mar Jun 12, 2012 1:17 pm

El rubio parecía curioso por saber lo que aquella casa escondía, a parte de esa gran biblioteca propia, en su interior. Aquello en el fondo no le sorprendió, pues a mas de uno le había oído preguntar a su compañero de paseo por aquella mansión; ¿Quién vivía ahí?, que si debían de ser famosos millonarios, seguro que eran mafiosos, como seria por dentro, si tendrían mayordomo, cómo era posible que su jardín se viera siempre tan perfecto…
Gin acabó por dejar su copa de whisky sobre la mesa-botellero mientras Yuu pasaba a su lado y se dirigía al sofá mirando los estantes que se erguían a cada lado de la sala. El albino le siguió con la mirada incluso mientras dejaba su copa, escuchando al contrario. Para que luego dijeran las mujeres que un hombre no podía hacer más de una cosa a la vez.
-Mucho mejor que cuando llegue a casa ya está –fue su primera respuesta ante la pregunta. A pesar de que no había llegado a casa con un humor de príncipe encantador precisamente, ahora, se le notaba como el Gin de siempre. Sospechosamente feliz, tranquilo y (desconcertantemente) sonriente. –Tal vez te haces una idea de cómo quedó si me metiera una pelota de golf y me la pusiera a un lado de la boca. Igual igual. –Al parecer, ahora lo veía gracioso aquello. El rubio, sentado cómodamente en medio del sofá, parecía sentirse en su casa. Gin, quien se había mantenido hasta entonces de pie frente a él, a algo menos de un par de metros, dando cortos pasos a uno y otro lado, se paró frente a Yuu al escucharlo preguntar por lo que planeaba hacer hoy. Sus manos se pusieron sobre su cintura, quedando el albino en jarras, así como algo inclinado hacia el rubio para hablarle más de cerca.
-Tengo una cosa para ti que no tardaré en darte de un modo especial. Pero hasta entonces, hablemos… -volvió a erguirse, para entonces, sentarse al lado de su “mujer”. –Dime, ¿qué es lo que sabes de mi? Antes te escuché decir que conseguirías saber el nombre incluso de mis padres en una hora. –Sonreía con aquella sonrisa suya, pasando despreocupadamente el brazo por el respalda del sofá mientras que acomodaba su cuerpo de cara a Yuu. –Estaba molesto, pero no sordo… -añadió casi susurrante y de forma lenta, acercándose a su oído. Volvió a mantener las “distancias” respecto a su oído si es que mantener las distancias era estar a un palmo de distancia.
Nada se escuchaba absolutamente nada en aquella sala. Los sonidos o ruidos de las salas contiguas, así como del exterior, eran amortiguados e incluso eliminados por esas paredes insonorizadas, las cuales, no tenían otro objetivo que la de no dejar que la paz del interior fuera perturbada por nada. La biblioteca carecía de ventanas, pues, según era sabido, el sol comía el color de la madera y aceleraba el proceso de envejecimiento de los libros. Cosas obvias… ¿no?


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Mar Jun 12, 2012 2:27 pm

Se acomodó en el sofá como si estuviera en su casa, tan común en el ser tan confianzudo de buenas a primeras. Y es que dar rodeos no se le daba bien y le parecía aburrido. Era mejor ir directo al grano y mostrarse con naturalidad, claro, no era como que su total personalidad saliera a flote todo el tiempo, después de todo no era un idiota como podía llegar a aparentar, pero no había necesidad de poner todo sobre la mesa.

- Seguro se veía bien esa mejilla, lo bueno es que ha bajado rápido la hinchazón, en algunos casos tarda más tiempo – Lo observaba con tranquilidad. Fijandose levemente en la mejilla, se notaba, de cerca, el residuo del golpe, casi nada por suerte – Espero que me tengas muchas golosinas – Pronuncio estirando sus manos hacia el albino por cosa de segundos para verlo sentado a su lado.

Miró de manera despreocupada el techo del lugar, repasando mentalmente la información que había recibido de su “esposo”. Realmente había sido más escasa de lo que hubiese deseado pero no podía esperar más. Su “tío” siempre se guardaba mas información para quien sabe que, era un loco de esos a los que ni se molestaba en comprender.

- Creo que no viene al caso, Ichi-rin. El que consiguiera información no creo que tenga que ver con el motivo por el que me hiciste venir, ¿cierto? – Encuestó con una sonrisa infantil, mirándole con tranquilidad, ignorando la poca distancia entre los dos, como si fuera algo completamente normal – Veamos… te diré lo básico de la investigación… Aparentemente la mujer que me condujo hasta acá es tu madre. Ella y su esposo te adoptaron cuando tenias al menos unos seis o siete años, no estoy seguro de eso, tienes un hermanito de… más de diez – Ni se había molestado en aprender la edad del menor – y, al igual que tu, es adoptado, pero no tengo idea de su carácter. Creo que eres como la oveja negra y si no están mal mis fuentes., tus padres ya tiene una prometida para ti. ¿Con eso basta?

Encuestó de manera picara mientras se apoyaba en el respaldar del sofá con suma comodidad. Ni se molesto en pensar en lo silencioso del salón ni la falta de ventanas. Cada millonario de lugar tenía su manera excéntrica de ser, así que incluso las suposiciones básicas las dejaba de lado.

- Ahora, dime, ¿Principalmente, para que me has pedido que venga? No he traído mi psp pensando que podía ser algo “serio” – Le miró de reojo, sin dejar de sonreír - ¿Qué es lo que te traes en mente, Ichi-Piun~?



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Mensaje por Gin Ichimaru el Miér Jun 13, 2012 6:01 am

El albino pasó de largo de aquellas manos que deseaban que montones de gominolas cayeran del cielo directas a sus manos. Eso iba a ser que no, pues el contrario se sentó al lado del rubio de aquella forma y le pregunto por su información.
-Puede que tengas razón, pero solo puede, no sé… -comentó con una sonrisa algo traviesa, como si le hubiera pillado haciendo alguna tratada. O al menos pensándola. –Saber como de buena es la información que puedes obtener es importante. Venga, dime que información pudiste descubrir de mi –le animó dejando un poco atrás aquel animo infantil, moderándose un tanto. Entonces, Yuu le dijo todo lo que le había descubierto, o al menos eso supuso. La información no era exacta respecto a los años, pero eso era lo de menos. ¿A quien le interesaba que alguien tuviera un año más o un año menos? Tsk, pues eso, a nadie. Sin embargo, que le dijera aquello de que su padre ya le tenía una prometida era información que si que no se esperaba escuchar. Muy pocos sabia aquello. Al mencionarlo le sorprendió en su interior, mientras que su rostro no sufrió ningún cambio por la noticia. Su mascara era imperturbable. Esbozó una sonrisa al preguntar si con eso bastaba, viendo sonreir al rubio de esa forma satisfactoria mientras se recostaba hacia atrás en el sofá. El brazo del albino, aquel que reencontraba sobre el respaldo del sofá, ahora estaba, casi, sobre los hombros del contrario. Tan cerca… y su brazo descansaba sobre aquel hombro. Pero no.
-¿Principalmente? –fingió asombro, incluso su rostro se notó por un instante. Al menos hasta que esbozo una media sonrisa y lo miraba con sus orbes. –Oh, descuida, dudo que tengas tiempo de jugar a tu psp, aunque… si es así, arriba tengo algunas consolas con las que puede jugar. Al grano –se cortó él mismo y, ahora sí, posó su brazo sobre los hombros del contrario a la vez que su otra mano se hacia con su rostro, cociéndole por la mandíbula y haciendo que lo mirara de frente tras preguntarle lo último. No lo sostenía con demasiada fuerza. La suficiente. –Muchas cosas, pero ahora solo una –le dijo muy, muy cerca de sus labios. Sus narices se rozaban. El aliento de Gin chocaba contra los labios ajenos. –Y eso eres tu, “querida”. –Dio una lamida a aquellos labios de forma lenta, catándolos antes de probarlos. –Cuando dije que iba a acelerar mis planes, me refería a ti. Además… -volvió a lamerlos, esta vez de forma mas corta. Seguía susurrando. –hoy ya se movieron mas fichas de las que hubiera podido desear. Pensaba ir mas despacio, con calma, pero al parecer… -la mano de su mandíbula fue deslizándose por su cuello, quedándose entre su hombro y cuello, con su pulgar sobre su clavícula, acariciándola suavemente sin cesar. –las cosas allí transcurren mas rápido de lo que creía una vez se tiene todo listo… -se refería al instituto con “allí”. –Por eso te hice venir, para cerrar nuestra alianza como es debido. –Cayó unos segundos antes de retomar la palabra, mirándolo a los ojos desde aquella distancia. Bajo su mano notaba las pulsaciones del contrario, y desde esa distancia olía su fragancia. –Pienso follarte, Yuu-chan –confiesa tranquilo, incluso sonriendo. Entonces el brazo que se encontraba sobre el hombro contrario hizo que el rubio no acabara retirándose, acercándolo hacia él, así como coló su otra mano por el cuello de su camiseta, apretando un poco la parte de su cuello y hombro mientras lo besaba.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Miér Jun 13, 2012 6:58 am

No era como si le atormentara el guardar o no la información, poco le preocupaba el decírsela al albino porque se trataba de él. Claro estaba que no le soltaría la fuente, sería una estupidez suprema hacer algo como eso; quizás por eso decían “Se cuenta el milagro pero no el santo”. Además, algo tenia bien seguro, si se le ocurría andar soltando la existencia de su “tío” este lo haría dormir con los peces, cosa que no le quedaría para nada bien, ni siquiera le gustaban los peces.

Miró con esa anormal tranquilidad al contrario, como si el estar a escasos centímetros fuera tan común como sus golosinas; escuchaba con atención cada una de las palabras de soltaba y agregaba un par de sonrisas traviesas sintiendo como comenzaba con leves juegos. Desde cierto punto, sabia a que venía o como terminarían. Incluso sin ser el mayor quien tomara las riendas, el rubio ya se traía entre manos terminar revolcándose con el albino. Nadie podía solo provocarle y salirse con la suya, y, ciertamente, el contrario le parecía tan atractivo que le dejaba aquella sensación del “Debo probarlo” y Yuu, definitivamente, no era de esos que se quedaban con las ganas de tener algo, él tomaba todo lo que deseaba incluso si debía emplear fuerza en ello.

- Es así como se mueve todo en el instituto, Ichi-kyun – Murmuró dándose por entendido y sin oponerse a las acciones del más alto, que le saboreara cuando quisiese, para Yuu estaba bien. No soltó palabra de momento, dejándose llevar por el mayor, sentía curiosidad por saber como tomaría las cosas, de qué manera llevaría las riendas hoy. Porque estaba seguro que no sería la última vez que tendrían esta oportunidad. Era cosa obvia y siempre estaba la opción de forzarlo. Soltó una risa picara y divertida al escucharlo, menuda sutileza soltaba el mayor. Así de fácil, follar. Ya iban por buen camino.

Sus labios, se rozaron con tranquilidad contra los contrarios. De momento, conociéndolos. Los sentía tan apetitosos como los veía, no podía negar que ya había dado un análisis completo al cuerpo contrario, no había pecado en mirar y si podía tocar, mucho mejor, vergüenza no le daba ni pensarlo ni hacerlo.

Sus manos, tomaron la camiseta del contrario, desde el cuello, jalándolo un poco más hacia su persona, profundizando aquel beso, sintiendo un tanto más del sabor contrario. Ni se paró a pensar antes de introducir su lengua en la húmeda cavidad del mayor, recorriéndola con algo de prisa. Degollaría al mayor si solo se le ocurría quedarse entre besos, no permitiría algo que podía hacer con cualquiera solo de aburrido. De su “esposo” esperaba mucho mas, al menos, esta noche se traía mucho más en mente.

Estaba demás decir que no se negaría a la última declaración del mayor, sería ridículo. No planeaba solo irse sin terminar con lo comenzado hace nada. Hoy, probaría cada rincón del albino y si se le daba bien, lo más seguro es que le insistiría cuantas veces le entrara el hambre.



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Mensaje por Gin Ichimaru el Miér Jun 13, 2012 10:08 am

Los labios del rubio era carnosos y dulces, esto ultimo de forma literal. Tal vez esos dulces que no dejaba de comer le habían dado aquel sabor. Por esa razón, antes de seguir adelante, quería saborear bien esos labios, mordiéndolos suavemente gustosos cuando pudo antes de que el contrario le aferrara de los cuellos de su camiseta e hiciera que todo aquello se profundizara. La mano que rodeaba los hombros del albino se aferró mas a éste, a su hombro, y al igual que el menor, se lo acercó un poco más, comiéndose su boca más profundamente al meter el otro su lengua. No se andaba con rodeos su “esposa”. Eso le gustaba. Pasaba de delicadezas.
Separó sus labios un momento de los de Yuu. Un hilillo de saliva los mantuvo conectados unos instantes mas hasta que se rompió, pensándose en los labios del rubio. Sus rostros apenas se había separado. –Dime… ¿Crees que necesitaras tu maquinita? –le preguntó con sorna, deslizando la mano que acariciaba su cuello por encima de su camiseta por su pecho hasta llegar a los bajos de ésta. Una vez allí, con ambas manos le sacó la camiseta por la cabeza y la tiró a un lado del sofá. –No estás nada mal, Yuu-chan… -pasó sus dedos sobre uno de sus pequeños pezones, atrapando un momento éste. –Incluso estás mejor que mi prometida –añadió. Entonces, sin ser precisamente lo delicado que pudiera pensar que podía llegar a ser cualquier mujer, empujó al rubio con fuerza, dejándolo tumbado sobre el sofá, para, de seguido, como un cazador, acabar sobre su presa. Sus brazos se alzaban a cada lado de la cabeza de Yuu, sosteniendo el delgado pero formado cuerpo del albino. Gin lo miraba desde arriba. –Te veo tranquila “querida”… -Se acercó a su oído, pegándose ambas mejillas. –Demasiado para lo que te espera –le confesó en un susurro antes de descender el mayor hasta el desnudo pecho del rubio, lamiendo, succionando y comiéndose sus pezones intermitentemente, lamiendo su pecho y besando su vientre, mientras sus manos recorrían las suaves y escasas curvas de ese cuerpo.
El albino quería ver disfrutar a quien era su aliado, compañero y mujer. Quería verle excitado; que aquellos pezones se quedaran duros y erectos, que el calor de su cuerpo subiera, oírle gemir y pedirle mas, oírle incluso pedir que se la clavara, que le diera mas… Pero habría tiempo para eso y más. Tenían toda la noche por delante, y al menos, al mayor, poco le importaba si tras eso el rubio se iba marchaba de aquella casa para regresar a la suya. Y eso… si le quedaba fuerzas para preocuparse siquiera en volver.
Al de poco, el albino desabrochó el pantalón de Yuu, abriéndolo de lado a lado todo lo que pudo para ver sus boxers, masajeando sus pelotas así como su polla mientras seguía jugando con sus pezones, absorbiéndolos como si en verdad pidiera salir leche de ellos, dejándolos rojos.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Miér Jun 13, 2012 12:02 pm

Por su parte, disfrutaba del ameno momento con su “esposo”, se podía decir que no solía entrar en relaciones para no negarse la oportunidad de disfrutar estas cosas con quien se le antojara, hoy, deseaba probar al albino, sin pensar para nada en otras posibilidades; mucho menos le complicaba la idea de ser descubierto en pleno acto u escuchados, le tenía sin cuidado, no se limitaría por conservar apariencias o cosas así.

Al separarse, se lamio los labios, saboreando los restos de aquel beso recién finalizado, negó con suavidad, dibujando una lasciva sonrisa en su rostro – Creo que encontré algo mejor que mi psp, al menos eso parecer ser, pero quien sabe~ - Cuestionó jugueteando con las palabras, casi desafiándolo para que le enseñara que tanto podía hacer. Como niño levanto los brazos para que el contrario se deshiciera de su camiseta – No sé como tomarme aquel comentario – Susurró para luego dejarse caer sobre el sofá sin poner resistencia alguna – Por favor, cariño, hazme perder la calma – Comentó risueño – Quiero ver que tan bueno eres como para inquietarme, porque temor o vergüenza no es algo que pueda sufrir.

Dejó sus manos por sobre su cabeza, dándole espacio y comodidad suficiente al mayor para que explorara su cuerpo como se le viniera en ganas. Dejó salir un par de suspiros al sentir su boca devorando sus pezones, estimulándolos de buena manera. En ningún momento le quitó la libidinosa mirada de encima, ni siquiera cuando su mano comenzó a hacerse de su miembro. Al mayor se le daban bastante bien los toques, puesto que poco a poco su cuerpo comenzaba a dar leves señales de reacción gracias a los estímulos.

¿Qué tipo de amante era el albino? Lo imaginaba como esos sádicos que daban tan fuerte que hacían sentir que en cualquier momento terminarías rompiéndote. Dudaba, en todo sentido, de que fuera una persona dulce y amable. Já, no tenía ni una pisca que pudiera hacerle creer eso, porque incluso en el tranquilo juego que de momento llevaba se notaba cierto grado de ansias. Y el rubio no estaba tan lejos de eso. Sentía demasiada curiosidad en aquellos momentos por experimentar con aquel chico, porque algo era seguro, si la noche resultaba tan excitante como pensaba, no pararía de buscar a su esposo en busca de más placer. Era, desde cierto punto, algo insaciable y no se cansaba de muchas cosas. Los juegos, los caramelos y el sexo; nunca había suficiente de ellos.

Y bueno, de momento solo se dejaría consentir, como la buenas “esposa” que era. Quizás pronto él mismo terminaba por tomar las riendas de la situación, pero más adelante sabría que rumbo tomar.



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Mensaje por Gin Ichimaru el Vie Jun 15, 2012 9:44 am

Valla poca vergüenza que tenia aquel rubio, quien a diferencia de experiencias anteriores con otros chicos, e incluso mujeres, se mostraban recelosas y tímidos al que alguien los tocara de aquella manera como el albino lo hacia. Yuu no. Ese rubio no solo no se estremecía a la primera caricia ni a su primera lamida por el pecho, sino que recogía sus brazos sobre su cabeza, estirando así su cuerpo, para que el contrario lo recorriera e investigara con total comodidad. Menudo pervertido era. Y el albino, creyendo que el simple hecho de que ni se inmutara ante la cercanía de su rostro en la azotea no era más que una mascara, se daba cuenta de que en verdad era así, alguien quien disfrutaba tanto de las “cercanías” como de sus dulces.
Gin fue bajando poco a poco por su cuerpo, depositando superficiales besos allí por donde sus labios rozaban, mirando con sus rasgados ojos de ardiente mirada al contrario, quien lo miraba livianamente. Al llegar a su vientre, bajo su ombligo, y sin dejar de palpar aquel falo sobre la ropa, acabó bajando con una húmeda lamida hasta la goma de su bóxer. El albino se encontraba entre las piernas del rubio en aquel largo sofá en el que entraban hasta cinco personas. Seis si se apretaban tanto como Gin apretó aquel sexo ajeno antes de bajarle tanto los pantalones como su ropa interior. –Esto fuera… Nada de ropa cuando estés en mi casa, y más concretamente aquí –le impuso. No era una orden, sino una norma. De aquello no le había dicho el contrario nada cuando acepto “trabajar” con él, aunque mas cierto era decir “para él”.
Al igual que pasó con la camiseta, pantalones y bóxer fueron juntos al suelo, así como las zapatillas del rubio y sus calcetines. De rodillas y lazado frente al recostado muchacho, encontrándose entre sus piernas abiertas, el albino le recorrió con la mirada sin cortarse en detenerse en aquellas partes que le gustaban; Su cuello, su pecho, su lentamente desperezada entrepierna y sus manos. Esas manos finas de hábiles dedos.
-Me parece que tengo mucho con lo que jugar esta noche… -confesó con una taimada sonrisa repleta de misterio por lo que tenia pensado. Una de sus manos se fue directa y sin dudar a por aquella polla que aun le quedaba mucho por crecer aun ante sus toques. No había hecho más que empezar el mayor. –Tú me dirás como te gusta, querida. Fuerte, muy fuerte… que te rompa, que te utilice a mi antojo… -Enumeró. Su mano no dejaba de subir y bajar en torno aquel falo, pasando su pulgar sobre su glande para excitarlo. Su otra mano mantenía pegada la pierna contra el respaldo del sofá, acariciando de vez en cuando el interior de su muslo de forma distraída.
Tras su respuesta, el albino, deseoso por ver aquel rostro disfrutar aquel calentamiento de prueba, en el que lo estaba catando, se dobló hacia delante, hundiendo su rostro en aquella entrepierna. Presionó mas la pierna del rubio contra el sofá, así como agarraba la base de aquella polla mientras se la lamía y comía; al principio la punta acompañada de largas lamidas desde la base, se la cascaba con su mano y, acompañada de esta, se la comía entera. De vez en cuando le miraba desde aquel lugar, resultando erótica la escena que presentaba ver al rubio desde aquel ángulo y en aquella simple postura desnudo.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Vie Jun 15, 2012 11:26 am

Estaba demás confesar que realmente esperaba divertirse con todo esto. Se podía decir que entre sus planes tarde o temprano hubiese terminado así con el albino. Por mero gusto, quizás. Había algo en esa mirada indescifrable que le hacía entrar en ansias y bueno, el no se limitaba con nada y siempre, siempre se daba en el gusto cuando quería algo. A su manera de ver las cosas, es lo mínimo que podía hacer por él mismo. Llenarse con cuanto capricho pasara por su cabeza y en estos momentos, el albino era uno de esos. Desde luego, el rubio continuaba siendo un niño mimado y jamás media la profundidad de las cosas o las consecuencias de sus acciones, solo iba y se lanzaba a ver qué tal resultaba.

Sonrió divertido al sentir las reacciones de su cuerpo, que recibía con tranquilidad cada caricia o beso que el mayor iba dejando, tomándole costumbre a ese cuerpo con el que jamás había experimentado. Una risilla traviesa salió de sus labios al oír aquella “sugerencia”, como si fuera a obedecer algo como eso. Quizás, tendrían algunos conflictos en algunos sentidos, después de todo Gin parecía aquellos que imponían y todo se hacía según decían, por el contrario, Yuu era de esos que hacían cuanto querían y como querían y que ni siquiera en medio del sexo aceptaba ordenes. ¿Quién llevaría el control? Era obvio que, al menos por el lado del rubio, esto no se quedaría en “una vez”, le buscaría hasta sentirse saciado o hasta que su “matrimonio” se terminara. Lo primero que pasara.

Ayudo incluso para desprenderse de aquellas ropas que no serian más que una molestia y sonrió de manera dulce – Ya veremos, querido esposo. Mira que si no eres convincente seguro vendré con abrigo – Soltó desafiándolo, casi poniendo en duda la “hombría” del mayor.

- Adelante~ - Incitó al mayor a seguir con los juegos, mirándole lascivamente – La noche es larguísima, así que tenemos tiempo suficiente para jugar. – Peticiones, seguro las haría, lo importante de tener sexo era sentirse bien, sino para que molestarse.

Abrió un tanto más sus piernas al sentir la boca del albino sobre su miembro. Mientras más espacio le diera mejor se sentirían los roces de sus labios contra la sensible piel de su sexo. Casi como por inercia una de sus manos se poso en la cabeza contrario, enredando sus finos dedos en esa lisa cabellera, con ese color tan peculiar al que él no se hubiese atrevido a llegar. Le jalo sin aplicar demasiada fuerza de momento, cerrando los ojos para solo concentrarse en sentir aquella boca devorándole.



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Mensaje por Gin Ichimaru el Mar Jun 19, 2012 8:02 am

Los atrevidos comentarios del rubio que parecían cuestionar su hombría le hacia gracia, además de que le hacia querer mas a ese chico, en el sentido de querer metérsela. Gin nunca se había enamorado de nadie, y menos encariñado. Los anteriores que habían probado su tapado cuerpo fueron usados, simplemente. El albino era persona, y como toda persona y adolescente de alborotadas hormonas necesitaba descargarse. Pero en ningún momento les cogia cariño, ni una caricia les era dada por arte del albino. Los usaba y, como pañuelos los tiraba. Luego no los volvía a tomar, y si se le acercaban a por más éste marchaba con lo suyo. Tenia bien aprendido el; “si te he visto, no me acuerdo”, que se usa con las putas.
Gin mamaba aquella polla sin cortarse; la lamía de abajo arriba con lascividad mientras miraba al rubio de ojos cerrados y rostro de goce, succionaba aquel glande cuando se la apretaba con fuerza, exprimiéndosela hacia arriba y entre otras. La mamaba hasta el fondo hasta que en una de estas le dio un mordisquito un tanto fuerte, sacándose la polla ajena de golpe con una sonrisa, tragando saliva y preseminal del contrario. El rubio la tenia dura y erecta, erguida sobre su entrepierna totalmente tensa así como ligeramente enrojecida por las mamadas y lubricada por las mamadas.
-No quiero malcriarte, Yuu –dijo mientras se separaba su entrepierna y se sentaba con los brazos abiertos de par en par, limpiándose antes con el dorso de su mano los deliciosamente sonrientes labios. Sus brazos se posaron a lo largo del respaldo de sofá, teniendo sobre sus piernas parte de aquellas delgadas piernas que se habían tensado durante la mamada. –Las mujeres cuantos mas consentidas peor, así que… -lo miró de reojo, teniendo su rostro de cara en la pared del fondo sin un punto fijo. –ya que te gusta jugar tanto, mueve ese culo tuyo y enséñame que tan bien sabes jugar. –El albino estaba excitado por verlo; por ver esos erectos y morroncitos pezones duros y rugosos, esa polla alzada sobre su entrepierna como cual torre y ese vientre del contrario que subía y bajaba ligeramente acelerada.
-Ponte encima mío, querida –le dijo sin moverse de su cómoda postura ahí sentado. En su entrepierna, un bulto amenazaba por estallar el pantalón si hacia falta, sin embargo, el albino, con su mascara indescifrable a pesar de dejar ver sus ojos, no mostraba mas placer que el de disfrutar de ver al otro, de oírlo. –Desnúdame, quítame la ropa lentamente… -le pidió susurrándoselo pervertido en su oído, dejándole sentir su calido pero húmedo aliento.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Mar Jun 19, 2012 9:18 am

Seguramente, una de las cosas que el par tenía en común era esa, quizás, nula capacidad para enamorarse. No era algo que mereciera estudio pero frecuente en jóvenes que simplemente se guiaban bajo los constantes impulsos hormonales, esos que les volvían tan ansiosos como frenéticos. Por suerte, o tal vez desgracia, Yuuta era de esos que se negaba a creer en el amor y se guiaba por mero gusto. Si le agradaba lo tomaba, si no, le dejaba de lado.

Pero, todo esto era un tema que no se molestaría en recapitular, estaba mucho más interesado en las lamidas del contrario que en cosas tan banales como el amor y fidelidad.

No negaría la experiencia que el albino debía tener, había dado cada toque de buena manera, obligándole a soltar leves gemidos, incluso con aquella mordida no había sentido más que placer. Observó de mala manera al más alto cuando se alejó, una lástima no continuar con el papel de mujer consentida, se le daba bastante bien cuando le tocaba ser el pasivo en estas cosas.

- Je… - Su agitada respiración no era nada, solo el comienzo. Y bien provocado había sido por el mayor. Si tomaba el mando, se volvía más divertido. Se sentó sin prisas entre las piernas del albino, con una lujuriosa sonrisa estampada en el rostro, observándole de manera deseosa – Que malo eres, querido~ - Murmuró mientras se acercaba a su cuello, deslizando su lengua por la blanca y tersa piel – Ordenando que hacer de esa manera – Mordió aquel sector con algo de fuerza, coloreando la pálida piel del contrario.

Sus manos, comenzaron por deslizarse por el pecho contrario, sobre las ropas, deteniéndose por unos instantes sobre los pezones de este, jugando con ellos un tanto para luego comenzar a quitar con tranquilidad sus prendas. Incluso con su erección latiendo parecía no sentirse agobiado ni llevaba mucha prisa, para él, todo tenía un tiempo y de momento solo quería jugar y conocer aquel cuerpo que hasta el momento había permanecido cubierto. Después de quitarle la camiseta y observar con libido su torso, sus traviesas manos volvieron a emprender viaje. Con las yemas de los dedos acaricio el pecho bajando por el abdomen, pasando por el vientre y deteniéndose sobre el miembro contrario. Ejerció un poco de presión para luego soltar una risa traviesa al sentir la erección contraria. Tardó un poco más en liberarla de la opresión de las ropas, tomándola entre sus manos por mero morbo. Acarició el falo del mayor un poco antes de ponerse de rodillas en aquel sofá. Jugó un poco con sus caderas, deslizando su entrada un par de veces por el largo del sexo contrario. Se estremecía solo con los roces. Y aquella sonrisa pervertida aun la llevaba estampada.

Se tomó aun más tiempo para llevar la punta hacia su entrada, no haría las cosas de golpe, ¿Para qué? Se sentó con tranquilidad sobre su “esposo”, haciendo entrar con la misma lentitud aquel miembro en su interior. Mentiría si dijera que no se estaba sintiendo bien.



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Mensaje por Gin Ichimaru el Jue Jun 21, 2012 10:11 am

Como si de un espectáculo fuera, miraba al contrario sin cortarse, como quien mira como el gato de la casa se mueve. A horcajadas se le sentó sobre las piernas, dejando sentir su desnudo cuerpo sobre éstas. Esa piel, sus rugosos y duros pezones, así como ese rostro que tanto lo ponía por su tranquilidad y erotismo a la vez a la hora de moverse. Tan pasivo… Como se hacia derogar “la” jodida. Sin embargo, sus brazos siguieron posados de lado a lado sobre el respaldo del enorme sofá, dejándole hacer. –Para algo soy el que mete, y no el que recibe –le respondió, y al marcarle el cuello con un mordisco, estando el rostro del rubio hundido en su cuello, oculto en él, el albino cerró los ojos superficialmente, gozando de la excitación que tanto le causaba cosas como aquellas viniendo del rubio.

Sonrió con perversión cuan al manosearlo sobre la ropa, se entretuvo con sus pezones excitados. Para que negarlo. Esa imagen que tenia frente a él, ese cuerpo que jugueteaba sobre sus piernas lo ponía a cien. Sus brazos se separaron únicamente del sofá cuando el contrario le levantó la camiseta para quitársela, posándolas al final sobre los muslos del contrario. Su piel se estremeció cuando las yemas de aquellos dedos acariciaron por segunda vez su pecho y vientre, esta vez sin ropa. Al llegar a su pantalón, enarcó una ceja con diversión. –No te andes con rodeos, venga. Sé que lo quieres probar –se burló un poco, apremiándolo mientras esas manos lo acariciaban arriba y abajo los muslos bien formados y perfilados.

Gin, aunque pareciera que no, quería que se la comiera, frotara contra la ajena o se la cáscara. Que hiciera lo que quisiera, pero que hiciera algo. Tras ese rostro de eterna paciencia y aparente tranquilidad perturbada por roncos y suaves jadeos, quería tirárselo ya o su polla explotaría, y si de seguro tenia pensado que al día siguiente se limpiara a fondo esa sala, en caso de explotar esa limpieza duraría más tiempo de lo querido.

Al igual que el contrario en su momento, cooperó para que le bajara los pantalones y ropa interior, al menos lo suficiente para que la polla del albino emergiera de estos, siendo presa de aquellas traviesas manos de ágiles dedos de tanto jugar. Las manos del contrario se fueron al trasero del contrario, amasándolo con gusto mientras el rubio se la acariciaba y, de espalda a él (habiéndose movido) se la colaba entre sus nalgas, frotándosela al empezar a restregarse. Gin se hizo con la polla del contrario y se la frotaba con la mano, escuchando esos gemidos que tanto disfrutaba al salir de esas garganta ajena, perfilando su otra mano el costado del contrario, sintiendo su cuerpo calido lentamente. O al menos bajo su mano.

Si, eso le ponía al contrario, y bueno, también a Gin.

Su sexo había empezado a humedecerse entre esas nalgas, emanando el preseminal en oleadas de chorros, humedeciendo su entrada junto aquel culo entero, y bueno… el rubio iba sin prisas, o eso pretendía, al menos hasta que posiciono aquella entradita sobre su miembro latente y erecto. Al empezar a metérselo, las manos del albino se deslizaron hasta la cintura ajena. Se agarró bien y sin decir nada, a la vez que empujaba arriba, empujó hacia abajo aquellas caderas, soltando un jadeo sonoro ante esa estrechez que, pese a no ser virgen aquel culo, le acogía con cierta presión.
Acercó sus labios a la espalda de Yuu, a su hombro. –Me gusta que las cosas vayan a su ritmo –le susurró suavemente mientras besaba y mordía aquel hombro con lascividad. –No seas tu quien las retrase Yuu, anda… -añadió, cruzando los brazos sobre aquel torso fino, estremecido y agitado del contrario, pegando su espalda sobre su pecho. Sus caderas no dejaron de embestirlo, cogiendo velocidad. Su barbilla se apoyó sobre el hombro del rubio, asomando por este, aspirando y respirando de forma profunda, reteniéndola inconsciente cunado le daba con fuerza. –Déjame oír… Déjame oír esa voz. Mide y no te cortes, pues… esta noche eres mi “mujer”… -susurró ligeramente agitado mientras se lo metía, manteniéndolo recostado sobre su pecho y sentado, clavado, sobre sus caderas. Una de sus manos lo retenía de las mandíbulas posesivo, dominante. Su dedo índice entró en aquella boca, tocando esa húmeda y calida lengua resbaladiza e hiperactiva ante tanto estimulo.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Jue Jun 21, 2012 2:13 pm

Quizás el ritmo con el que llevaba sus juegos debía adecuarse al contrario, era algo que tenía en mente desde el comienzo, después de todo, él, quien lleva los juegos con calma, solía “chocar” con otros amantes debido al mismo motivo. Mucho juego y más calor. Era igual de travieso que en los juegos, daba vueltas a las cosas disfrutando con tranquilidad de cada instante. Pasaba lo mismo en esta ocasión. Si iba a hacerlo con su esposo, lo mínimo que podía hacer era molestarse en disfrutarlo, se negaba a andarse con prisa.

Sin pudor alguno, dejaba salir suaves gemidos, mucho más delicados que los contrarios. Normalmente su tono de voz era bastante suave y no poseía un tono marcado como en el caso del albino, quizás por eso mismo sus jadeos no se escuchaban 100% masculinos, aunque tampoco era símbolo de complejo o algo parecido. Según él mientras sea buen sexo, cosas como jadeos o voces pasan a segundo plano. Comenzaba a gustarle que las manos de Gin le tocaran, que recorrieran su cuerpo con confianza, así como él lo haría en su debido momento.

Cuando el líquido preseminal había salido del miembro contrario, soltó una sonrisa traviesa, entendiendo que no lo había estado haciendo mal. Además se podía ahorrar la molesta preparación o incluso la lubricación, ese líquido lo había hecho por cuenta propia. Claro, no se espero que el albino tomara el control tan pronto. Apenas tuvo tiempo para reaccionar. Un gemido más fuerte que los anteriores salió de sus labios mientras encorvaba ligeramente su espalda. Su estrecha entrada había recibido de golpe el miembro contrario y se había sentido más que bien. El tenerlo en su interior hacia que su cuerpo se estremeciera ligeramente y que se excitara mas, deseando sentirlo hasta el fondo. Sentía casi como si su interior busca absorber el sexo del albino.

Se recargo en el pecho del contrario, sintiendo el roce entre sus cuerpos. Si había algo en lo que destacaba era que poco hablaba cuando estaba en medio de esta clase de situaciones. No lo hacía porque una vez que comenzaba a gemir no lograba detenerse y cada frase que intentaba pronunciar salía cortada o muy decorada con “aah”, “mhh” y quien sabe que otro ruido placentero soltaba.

Una de sus manos le sirvió como apoyo mientras sentía las embestidas que el mayor comenzaba a dar, unas más fuertes que otras, unas más profundas, unas llegaban al punto exacto donde el calor del cuerpo aumentaba de golpe y los gemidos que salían eran más placenteros. Terminó jugando con aquel dedo, intruso en su cavidad, froto su lengua contra el casi como si volviera a besar al mayor. No pasó mucho antes de que comenzara a mover sus caderas siguiendo el ritmo del contrario, más que por “ayudar” lo hacía por satisfacción propia. Si ya no podía llevar el ritmo tranquilo del comienzo, se encargaría de llegar a uno que le llenara por completo. El mismo hacia que cada penetración fuera más profunda, sintiendo el largo del sexo contrario en su interior, frotándose contra su entrada con una fuerza desmedida y sin una cuota de preocupación. Hace mucho se había olvidado en qué lugar estaban y mucho menos pensaba en quien podría llegar a escucharlos. No sentiría vergüenza cuando decidiera volver a “visitar” al mayor y no se detendría cuando entrara en ansias otra vez.

Poco importaba si recién se estaban conociendo, no necesitaba saber su vida para terminar revolcándose con él. Pero algo era seguro, terminarían conociendo cada parte del contrario. Desde el humor y aptitudes hasta el más insignificante detalle. Al menos Yuu buscaría eso del contrario, era más divertido cuando podía explorar cada parte de una persona.



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Mensaje por Gin Ichimaru el Jue Jun 28, 2012 10:14 am

Se estaba ensañando con el rubio, aquel muchacho que estaba siendo tan buena mujer; cumpliendo las ordenes del mayor, satisfaciéndolo a la hora de follar y hasta participando en él, aunque, sabiendo que era un tanto parecido a él en ciertos aspectos, porque que si se movía era para sí mismo, para mas goce. No se lo reprochaba. Le gustaba hacerlo duro, y cuanto más lo disfrutara él gracias a sus movimientos, mas le dejaría hacer. Era un; “tu me das, yo te dejo”
Aquellos dedos de la boca que jugueteaban con la lengua del menor, metiéndoselos a veces hasta el punto de provocarle una pequeña arcada con el fin de oírlo y profundizar lo máximo en él por todos sus agujeros. Lo quería suyo esa noche y siempre que estuviese a su lado. Su desnudo cuerpo tan cerca del contrario, ligeramente sudados algo, hacia que el olor de Yuu lo envolviera. Si, seria suyo y de nadie mas.
Acabó sacando los dedos índice y corazón de la boca del rubio para deslizar su mano por aquel cuello, acariciándolo un tanto fuerte con sus dedos hasta llegar a ese pecho plano y de respiración acelerada. Sus lubricados dedos pinzaron uno de sus pezones, jugueteando con él mientras se lo seguía follando. Presionaba su pezón, se lo estiraba con cierta malicia y se lo frotaba en círculos para volverlo a pellizcar.
-No “juegas” nada mal… -dijo en un ronco jadeo cerca de su oído antes de morder su hombro, marcándole. El rubio no dejaba de botar sobre las caderas del albino, quien se había apoderado de una de las piernas del menor para que se abriera más. Gin estaba excitado, tanto le estaba poniendo de cachondo aquella situación que su atención estaba en ese hombro, ese pezón y ese culo que se estaba tirando. Nada que no tuviera relación con esas tres cosas, no existían para él en aquel momento.
El interior de Yuu estaba siendo corrido a pequeñas oleadas, llevando al albino con sus movimientos el rubio a un orgasmo. De ahí que, poseído y enloquecido de placer, acelerara las embestidas agarrando uno de los pechos del menor con su mano y, con algo de fuerza, su mano se apretara a aquel muslo del contrario para separarlo y penetrarlo mas cómoda y rápidamente. –Aaah… Sii… -jadeó sobre aquel hombro sin dejar de ver con una rasgada mirada la escasa parte del rostro que llegaba a ver. Aunque suficiente en aquel momento.
Con su glande, en cada embestida notaba frotársela contra el esponjoso recto del rubio, provocándole aquel incesante contacto mas que estimulante, orgásmico, al igual que sentía el albino con la presión del rubio sobre su cadera, ese trasero exprimiéndole y envolviéndole de calor. Gin respiraba por la boca. –Ya puedes venirte conmigo si quieres repetirlo –le advirtió en un jadeo, empezando a correrse en él a oleadas que cada vez se volvían mas espesas y largas, dejando los chorritos de semen para dar paso a corridas en condiciones en su culo.
(Off, siento la tardanza u.u Con esto de vaciones no paso mucho en casa, y, ademas, ando un poco de medicos con eso de que me van a kitar un lunar y revisiones de mi operacion de scoliosis hace unos años y asi. Ya siento u.u)


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Miér Jul 04, 2012 3:17 pm

Cada movimiento que hacia sus caderas profundizaban los que el contrario le daba. Podía sentir el espesor del miembro ajeno rozándose con fuerza en su entrada. Podía ser considerado como quisieran pero mientras lo disfrutara nada malo le encontraba. Si bien, no hacia muchas diferencias entre mujeres y hombres a la hora del sexo, prefería hacerlo con chicos, a su parecer se disfrutaba mucho más de esa manera. Y en cuanto al papel de activo o pasivo, solo dejaba que las cosas se dieran, le daba lo mismo el papel a optar mientras lo disfrutara, justo como en estos momentos.

Y si hablamos de amantes, hasta ahora se la estaba pasando más que bien con el albino. No detallaría cada cosa que comenzaba a gustarle, el punto era que se sentía bien y que quería mas.
Jugó con los dedos en su boca hasta que el mayor los sacó, llenos de su saliva e incluso con leves marcas de mordidas. Y los jadeos se volvían más fuertes conforme se acercaba al orgasmo. Regocijándose con los toques del contrario sobre sus rojizos pezones que habían endurecido desde hace un rato y que cedían ante los agiles dedos del mayor. Sonrió al escuchar al mayor, mas no respondió, no había manera de hablar cuando tanto gemido peleaba por salir y llenar aquella habitación como o hacia hasta el momento.

Podía sentir como si su interior absorbiera el miembro del mayor en busca de un recorrido más extenso, con más fuerza una vez que aquel líquido comenzó a llenarle. Aquella pierna a la que el mayor se sujetaba había hecho más espacio en su interior y a su vez proporcionaba roces más excitantes que los anteriores. No fue hasta sentir la última gota de la semilla de Gin que se corrió, soltando la propia, manchando con descaro el sofá en el que hasta hace unos minutos había estado acostado.

Cuando la última gota chorreo de su miembro se apoyo en el pecho del mayor jadeando de placer. Recupero un poco de aire en aquellos momentos para mirar de reojo a su “esposo”.

- Cariño, aun quiero más~ - Comentó de manera traviesa mientras su propia mano recorría su pecho y bajando – Lo haremos otra vez, ¿Cierto?



(No te disculpes!!! Y yo lo siento xD! El trabajo y la U me tiene como estúpida estos días :c!!! Pues, realmente espero que logres disfrutar tus vacaciones y que estés bien de salud D;!!!! Suerte con la operación y todas esas cosa!!! Y CUIDATE!!!!!!)



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Mensaje por Gin Ichimaru el Jue Jul 12, 2012 3:46 am

Llegó al clímax con aquel cuerpo del rubio, el cual no se cortaba, su poca vergüenza y su libertad de hacer eran valiosas actitudes cuando se trataba de sexo, y más con él. Estaba algo harto de mujeres tímidas y vírgenes a las que debías abrir a caricias y palabras bonitas solamente para airártelas, al igual que estaba harto de hombres débiles o farsantes que a la hora de un buen polvo se acojonaban, empezaban a echarse atrás y sollozaban mientras follaban pese a gustarles en silencio, acabando por pedir mas al final o hasta incluso pidiendo quedarse cuando el albino los desechaba de su lado, inservibles. Todos hasta ahora eran de usar y tirar, pero… tal vez empezara a hacer alguna excepción que otra con aquella “esposa” suya.
Una vez cesaron, retomando el aire ambos por la explosión de placer en sus cuerpo, el rubio, se recostó sobre su pecho, pegando su espalda contra el albino ya que este aun no había salido de aquel blanco trasero que no tardaría en proclamarlo como su propiedad.
Su rostro asomaba por uno de los hombros del contrario, viendo perfectamente el sube y baja de aquel pecho de rojizos pezones todavía algo erectos, así como su corrida polla ligeramente húmeda por su propia esencia blanquecina y gelatinosa. Era una escena deliciosa. Gin rodeó aquel cuerpo, como si le perteneciera, con sus brazos, recorriendo sus curiosos dedos aquel pecho que retomaba su ritmo y, otros aun mas aventureros, marchar por su vientre y apoderarse de aquel falo para que no se durmiera tras correrse por segunda vez. Mientras hacia esto, el rubio lo miraba de reojo, hablándole, asegurándose de que habrá mas mientras una de sus manos tocaba su pecho y bajaba, al parecer, hacia aquella mano mas aventurera.
-Depende. Eso se verá si te ves cooperativo –le respondió, rozando sus labios al hablar contra el oído de rubio. Tocó un poco aquel falo ajeno y, limpiándose la mano de semen en el vientre del rubio, lo soltó. –Aparta de encima –le dijo tranquilo, sin mandar, sin brusquedad, neutro. Su miembro estaba algo menos hinchado ahora tras haberse desahogado, así que al salir le resultaría fácil una vez se apartara el rubio.
Se ató los pantalones y se quedó sin su camisa. No sabia muy bien donde estaba y en verdad pasaba de buscarla. Se acercó al pequeño botellero, tomando uno de las copas que había llenado antes de entrar el rubio al cansarse de esperarlo. Sirvió la otra copa y se acercó a su desnuda “mujer”. –Recupera fuerzas –sonrió de aquella forma peculiar al ofrecerle la copa de whisky. Cerca del rubio, de pie, dio un trago a la copa. –Quiero que busques información de aquel que se ha proclamado Rey del Dokusei, y viendo lo bien has investigado sobre mi, encontrando incluso mi casa –mantenía su sonrisa, esta algo taimada y picara, dejando sus azules ojos a la vista –no dudare en saber que lo conseguirás. -Comentó mirándole, dando por hecho él que el rubio aceptaría, que buscaría esa información que le pedía. Que hiciera preguntas no le importaba hasta cierto punto, aunque, estando en el mismo bando, las preguntas tal vez no fueran ni necesarias a esas alturas.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Jue Jul 12, 2012 8:08 am

Después de todo, había valido la pena el aceptar, el haber venido a la casa del albino. Ya era claro que se seguiría tomando sus derechos de “esposa” cuando anduviera de ánimos, como ahora. El aire lo había recuperado a su ritmo y ya podía soltar sus bobadas con tranquilidad. Se había apoyado en el mayor para su propia comodidad y no se había hecho problemas al tener el falo del albino en su interior, que por cierto le acogía con normalidad.

- ¿Cooperativo? Querido esposo, no hablas con una quinceañera virgen – murmuró con una ligera sonrisa. Cooperar era para ese tipo de mujeres, el rubio era de los que pedía una vez, exigía a la siguiente y finalmente tomaba por la fuerza. Era un consentido después de todo. Tendría lo que deseaba siempre que quisiera. Se levantó sin prisa, sintiendo como a la perfección la salida del albino de su interior. La semilla que se alojaba dentro comenzar a deslizarse hacia la salida, goteando lentamente en aquel sofá. No lo considero gran cosa, ni se molesto en buscar sus prendas. Se sentó y observo los movimientos del albino.
Tomó la copa extendida por el albino y no tardo en beber. Si bien el whisky no formaba parte de sus tragos favoritos, el beberlo no le era desagradable. Dio un par de tragos escuchando al mayor.

- ¿El Rey del Dokusei? – La pregunta era retorica, no requería una respuesta, era algo para sí mismo. Rumores había escuchado del auto-proclamado Rey, además, al aceptar entrar en todo esto sabia que poco menos debería darle caza, algo que no le sonaba para nada atractivo. Hubiese preferido solo tener que esperar y ver pero ya estaba demasiado dentro – Podría hacer algo al respecto pero me tomare mi tiempo. – Sinceramente, poco le importaba para que necesitaba información o como la usaría, ni siquiera estaba muy feliz con la idea de buscarla pero fugazmente se hizo de otras ideas que aliviaban un tanto el desanimo de la situación.

Volvió a beber de la copa. Le sentaba bien el líquido bajando por su garganta. Causaba cierto calorcito agradable – Pero no te saldrá gratis, cariño. Recolectar información no es algo que me agrade y tiene su precio, que no es bajo. Además debo poner a juicio lo que quieras – Comentó dejando la copa a un lado – Ichi-wan, ¿Qué tan lejos llegaras para conseguir tus metas?... ¿Cuánto estas dispuesto a dejar con tal de ser el ganador?

Que no se confundiera, no era preocupación lo que sentía, después de todo el albino era lo suficientemente astuto como para saber perfectamente que hacia pero como en un comienzo sentía demasiada curiosidad. ¿Qué tan animal es? ¿Qué tal son sus instintos? ¿Como lo hará o que hará?



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Mensaje por Gin Ichimaru el Vie Ago 31, 2012 12:35 pm

Le estaba empezando a gustar aquel chico como quien compra un caballo ganador. Había hecho una gran “caza” con aquel sujeto al incluirlo en su banda, que pese haber nacido aquel mismo día, ya se empezaba a dar a conocer por el reclamo de su clase y el pequeño encuentro en la azotea. Si, aquel sujeto que no conocía la vergüenza y que, sin ropa, se encontraba sentado en aquel sofá de oscuro cuero marrón le gustaba en aquel sentido. Bueno en combate, con contactos para obtener información y además, condenadamente desvergonzado y experto en el sexo. ¿Dónde se había escondido todo este tiempo?
Dio un trago a su copa de alcohol tras dar por hecho que le conseguiría la información que le pedía. Sus ojos, de un frío azul, lo miraban directo a los ojos pese a poder deleitarse con su cuerpo. Con aquel cuerpo que acababa de tomar y que tanto le había agradado.
Sabía separar el trabajo del ocio.
-Que esté como muy tarde para el sábado. Es tiempo mas que de sobra –fue “generoso”. De ser otro y otra petición le hubiera dado dos días como mucho, y dándole más tiempo de lo que estaba dispuesto a esperar. La voz del menor, de su “esposa”, diciéndole aquello que prosiguió le hizo mirarlo sin ninguna media sonrisa. Le escuchó con atención, aun con la copa en la mano, estando ésta media vacía y él de pie frente al rubio, a quien vio dejar su copa a un lado.
-Si es por dinero me da igual el precio, siempre que sea de calidad –aseguró cuando le dijo aquello de que no le seria barata. Seguía sin esbozar ningún gesto facial, limitándose a mirarlo a la cara desde arriba. Para las preguntas del rubio se tomó su tiempo, quedándose la estancia durante unos segundos en un absoluto silencio. No hizo falta meditarlo mucho. –No te voy a engañar, Yuu. –Dio un sorbo a su copa, terminándosela de golpe. –Nunca empiezo nada que sepa que no puedo terminar, y en caso de poderlo hacer, si lo quiero, no me importa quien esté de por medio, y tampoco que tenga que hacer para quitarlo. Tal vez esto que andamos haciendo no sea mas que una gilipollez, pero resulta que para abrirse camino en este mundo hay que hacer estas gilipolleces para darte a respetar. No hoy, pero si el día de mañana –le respondió con una seria y segura actitud. Se acercó algo mas al rubio, dejando la copa donde el contrario la había dejado hacia poco. –Mírame –le ordenó, sin tocarlo, limitándose a mirarlo con sus rasgados ojos y una maliciosa ligera sonrisa en sus labios. – ¿Quieres saber algo? –le preguntó, no tardando en inclinarse un poco hacia aquel rostro. –Yo mismo mataré a los míos si hace falta. Traicióname y estas manos –pasó el torso de su dedo índice por un lado del cuello del rubio – cobraran lo que mas apreciamos en el ultimo momento cada uno de nosotros. –Tan rápido como terminó de decir aquello, unos instantes mas tarde, una sonrisa picara brotó de sus labios, sentándose al lado del rubio, con los brazos posados de lado a lado sobre el respaldo del sofá tan tranquilo, como si no hubiera dicho aquello con tanta seguridad como lo había hecho.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Mar Sep 04, 2012 1:03 pm

- ¿El sábado? – encuestó de manera rápida, alzando una ceja – Seguramente podría hacerlo pero ¿Para qué tanta prisa? Los alumnos de Dokusei no se destacan por lo ágiles que son mentalmente hablando, dudo que sea un problema, después de todo, los únicos músculos que saben usar a cierto punto son los de sus brazos y quizás, con algo de suerte, su miembro viril.

Realmente no tenía ansias de ir a buscar esa información con esa prisa, en especial con lo mucho que tardaba en convencer al viejo de entregarle información. Y eso era un problema, porque en el momento que el viejo se niega no hay manera de hacerlo cambiar de parecer. Definitivamente no quería terminar buscando personalmente información sobre el “rey” del Dokusei. Sería un lio de esos que prefiere ver en una línea distinta, no protagonizarlo.

Al principio escuchaba las respuestas a las preguntas que el mismo había hecho algo distraído, no se quitaba de la cabeza la pereza que sentía con solo imaginarse el buscar a un simio para obtener dichosa información. Claro que cambió de posición cuando escuchó el “mírame” del más alto, de manera inconsciente consideró que debía ser importante, sino ¿Para qué molestarse en interrumpir el monologo con una frase tan poco atractiva como esa? Alzó la mirada, topándose con los finos y rasgados ojos del albino. Aquella sonrisa no le decía nada bueno pero para nada le infundía temor.

Y así fue como soltó una carcajada viéndose obligado a cubrir su boca para apaciguarla o como mínimo tratar de ocultarla. No lo había podido evitar. Si bien era cierto que era la primera vez que alguien se atrevía a amenazarlo, no sabía que otro tipo de reacción se debía tener; debíamos partir pensando que nada en el rubio podría ser considerado “normal”. Entre las pruebas contundentes se encontraban su desvergonzada actitud y la risotada que dio por respuesta al mayor. Normal no encajaba con él ni con la inicial de la palabra.

- Cada vez pareces ser más interesante, Ichi-wan~ - Canturreó al verle sentado a su lado, con una amplia sonrisa. No tardó en sentarse sobre las piernas del contrario, deslizando sus manos por los hombros y cuello ajeno, apoyándolas finalmente en el mismo sofá; poco le importaba el estar desnudo, de su cuerpo no se avergonzaba – Sabes, no soy de esos que creen fervientemente en la fidelidad y ese tipo de cosas. A mi parecer no son solo más que palabras lindas para otorgar calma pero… - Se tomó su tiempo antes de continuar, mirando de manera picara al contrario – Creo que no me veré en la necesidad de “traicionarte” si sabes mantenerme satisfecho, esposo mío~

Desde un comienzo la simple unión al albino no había sido más que otro de sus juegos. Otra de sus grandes ideas en busca de algo para perder su tiempo de manera “didáctica”. De alguna manera el albino se las ingeniaba para volver aquel juego más interesante, obligándole a tomar el control del mismo solo para mantenerse estable en él. Además, mentir seria el decir que el albino no le ponía. Por favor, en sencillas palabras estaba cumpliendo con sus expectativas para el amante perfecto (no uno fijo pero si uno con el que pudiese disfrutar cada vez que entrara en ansias). Si podían repetir lo de hace un rato por más tiempo, no tendría nada de quejas (quizás). Se daría por satisfecho. Y eso que ni siquiera pensaba en cosas como amor o ese tipo de ñoñerías. A su mente venían cosas más libidinosas, siendo el mismo sexo la más acertada a sus gustos.

Y bueno, si no le era otorgado aquel premio. Se las ingeniaría para tomarlo. Yuuta no es de esos que se quedan con ganas. O se lo dan por las buenas o lo toma por las malas. Bastante sencillo.



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Mensaje por Gin Ichimaru el Miér Sep 05, 2012 1:11 am

-Tu hazlo y punto –le objetó cuando el rubio de su “esposa” le puso algo de pegas. No tenia por qué darlas, y de haber sabido aquel chaval de desnudo cuerpo que de ser otro seria para mañana a primera hora, de seguro que le hubiera respondido con otra risotada como con la que le respondió a su advertencia. Aquello, al igual que el encargo, habría sido como una burla hacia él, pero sabía que el rubio no era normal ni de lejos. Se podía ver incluso por el espejo retrovisor. Si, de haber sido algún gilipollas corriente de su instituto no hubiera dudado en darle tal pisotón en los huevos que lo hubiera dejado sin esta. Directamente. Pero no, con quien estaba no era otro que Yuu, su “esposa”, su reciente fichaje, y ante esa risotada se sentó a su lado, no tardando en notar el peso del cuerpo de éste sobre sus piernas. Sus ojos se clavaban en los ajenos mientras pasaba esas manos por su cuerpo antes de apoyarse en el respaldo del sofá.
Gin no lo tocó, no se mostraría tan ansioso de aquel cuerpo que, sentado a horcajadas y de cara a él, se sentaba sobre sus caderas. Desnudo y blanquito, así como con esa mirada de oro devolviéndole una traviesa mirada. Gin se mostró algo mas “divertido” por aquellas palabras del rubito.
-Con que satisfecho… -repitió con ese rostro del que no se podía leer nada de él -Con eso quieres decir que en cuanto te aburras te marcharas, como una puta tras cobrar, ¿no? –comentó tranquilamente, manteniendo aquel rostro y sus brazos extendidos a cada lado sobre el respaldo. –Puedo arriesgarme, pero… -uno de sus brazos se movió, y la mano se dirigió a aquel blanco trasero que tan rojito había dejado antes. Con su dedo corazón presionó la (nuevamente) cerrada entrada, tentándole un poco al contrario. –esto no lo va a tonar nadie mas que yo sin mi permiso. Si necesito que te follen o te folles a alguien te lo diré, pero nadie más te meterá nada aquí. –Miró sus labios y sonrió algo más ampliamente. –En cuanto a tu boca, haz lo que quieras. Y… -pasó la mano de su trasero por su cintura, en una caricia estimulante, hacia su (ahora algo flácida) polla, masturbándola lentamente mientras lo seguía mirando a la cara. –esto, esto también es mío, así que ni se te ocurra meterla en ningún lado. –Apretó su masturbación. –Aunque seguro que eres más de poner el culo –rió.
-Cumple esto y serás tendrás esa satisfacción que buscas –le aseguró, sin dejar aquella polla en paz.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Vie Sep 07, 2012 11:06 am

- Pues… realmente no había pensado en lo acercado que puede ser esa expresión. – Pensó sin sentirse ofendido – Claro que las putas son pobres y tienen sexo por dinero, yo lo hago por mera entretención y para mantener mis juveniles hormonas satisfechas. Creo que es bastante común en jóvenes con nosotros andar en esas. Si no fuera así, no me explicaría porque me ha ido tan bien en todos estos años – Rememoró mentalmente, su vida actual había comenzó cuando apenas tenía unos doce o trece años. Solo por curioso y siguiéndole el juego a aquella chica tres años mayor. Un niño como él no podía solo negarse a los juegos.

Sintió un suave escalofríos subir desde su entrada, recién presionada por el albino, hasta su espalda. Sonrió con suavidad no solo por la agradable sensación, sino también por aquellas palabras posesivas del más alto. Se dejó tocar sin poner resistencia a eso, moviendo sus brazos, para “abrazarse” un poco al cuello del albino, sintiendo en plenitud como la mano del chico se hacía de su miembro, masturbándolo. Se relamió los labios con ansias. Cuando nombro sus hormonas no estaba muy lejos de la verdad. Realmente era ansioso en el tema sexual, quizás por el tipo de comida o los ejercicios que realiza de manera diaria, sin saber el porqué, siempre ha sido inquieto, deseoso. Una vez nunca es suficiente, dos son deficientes. Es de esos que estrujan cuanto pueden a su pareja sin cansarse. Por eso era tan constante en cuanto al amante nocturno, por eso experimentaba cuanto podía, para saber si algún día estaría satisfecho de verdad.

- Todos los días, cariño~ - Susurró al oído del albino – Tendrás que soportarme todos los días, cada día vendré solo para obtener más de ti~ - Deslizó sus manos, rozando los hombros, bajando una vez más al torso desnudo del chico, acariciando de manera traviesa sus pezones – Tendrás que alimentarte bien, porque te hare perder peso con todo lo que exijo para sentirme “satisfecho”. – Sus manos volvieron a bajar, acariciando, por sobre las ropas, la hombría del albino – Si tu cumples con eso, yo cumpliré con tus peticiones. No follare con nadie mientras tú me des todo lo que necesito cada día~

Se inclinó un poco hacia el contrario, mordiendo con suavidad el lóbulo de su oreja, mientras sus manos buscaban tomar con firmeza el miembro de su “esposo”.

- Y en cuanto al último comentario – Se alejó sonriendo de manera tranquila – Los papeles en el sexo no tiene relevancia para mí, es mi amante quien elige que quiere hacer, incluso en tu caso ha sido así. Mientras me sienta bien, dar o recibir es lo mismo para mí. – Aclaró con la misma sonrisa al rostro. Nada que no fuera verdad.



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Mensaje por Gin Ichimaru el Vie Sep 21, 2012 4:00 pm

Al igual que el albino, el rubio no se cortaba lo mas mínimo en tocar y palpar el cuerpo contrario a sus anchas. Pocos eran los que se le habían “revelado”, atreviéndose a hacer lo de aquel rubito atrevido. Su forma de mirarlo, hablarle, tocarlo y tratarlo. Todo él era diferente en todos los aspectos a la gente corriente. Su caso era anormal, y esa peculiaridad propia del rubio lo hacia alguien único y mas interesante.

Mantuvo su media e indescifrable sonrisa, mirando al contrario directo a los ojos. Gin era de los que creía que los ojos, la mirada, era el reflejo del alma de cada uno. Y hasta el momento, sabia ver a las verdaderas personas que había tras esas fachada faciales.

-Me parece un buen trato, aunque no recuerdo haberte dicho nada de negociar. –Ensanchó burlón la sonrisita. –Aun así acepto, aunque… -mientras el contrario buscaba tomar su sexo con firmeza por sobre su ropa, el introdujo dos de sus dedos; índice y corazón, en su interior, en movimientos circulares. Estaba calido nuevamente prieto su interior. –Por hoy vas mas que sobrado, y por si se te ha olvidado, tienes “deberes” que hacer –le dijo, refiriéndose en cuanto a los deberes, a la tarea de recopilar información sobre el “Rey Simio” del Dokusei. Los dedos del albino en el trasero del rubito, sentado a horcajadas sobre sus piernas, no dejaron de moverse mientras le hablaba como si lo tuviera en frente a cierta distancia. Con total normalidad. –Tengo un detalle para ti. Podría darle otro uso, pero creo bien, que preferirías usarlos como se deben usar. Lo tienes sobre la mesa del escritorio. –Le dijo, indicándole con una gesto de cabeza la mesa que había tras él, tras el sofá a un par de metros.

Gin acabó por sacar sus dedos de aquel trasero, soltando su cuerpo por completo.

Lo que le esperaba al rubio en la mesa no era otra cosa que una bolsa de caramelos y todo tipo de gominolas por el estilo de la mejor marca del mundo. Gominolas suizas. La bolsita, de tela y con una cuerdita dorada anudada en la cima, manteniendo cerrada ésta, contenía las preciadas gominolas. Le había visto comer y tener encima un montón, así que seguro que no les hacia un feo. De haber sido por el albino, habría metido una por una en el trasero del rubio para ver como las engullía por abajo en vez de por arriba, que lo tenia ya visto. Si, él le hubiera dado otro uso a las gominolas. Un uso más “apetecible” e innovador, sin embargo, decidió por dárselas sin más. Como recompensa de “pertenecerle”.

-Son todo tuyas. Seguro que no te dura ni un asalto, pero para algo están. Si fueran para contemplarlas no tendría gracia –comentó mientras se ponía en pie y se acercaba también al escritorio, con la ropa de Yuu, o al menos sus pantalones y calzoncillos. –Póntelos –dejó la ropa sobre la mesa, la cual estaba despejada, cosa extraña pues el albino era de leer mucho aunque no lo pareciera.


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Mensaje por Takekawa Yuuta el Lun Oct 08, 2012 10:48 am

Soltó una expresión casi de infante al saber que el contrario aceptaba sus condiciones. No era que se llenara de gozo con ello pero al menos podría “esmerarse” un poco más en aquel nuevo trabajo. Pero claro, infló las mejillas reprochando el tener que darse satisfecho. Definitivamente no estaba satisfecho. Quizás mas que la mayoría de sus edad tenia hormonas por doquier, mínimo daba dos o tres rondas por noche y si no era con el mismo amante tardaba minutos en encontrar uno nuevo; ahora no sería tan sencillo si su “esposo” venia prohibiéndole el revolcarse con otros. Una cadena al cuello para alguien con una vida sexual tan activa como la suya.

- No lo olvido, dudo olvidarlo con el plazo que me has dado, cariño – Murmuró de mala mientras soltaba leves suspiros, sin pudor, gracias a los movimientos de los largos dedos del albino en su interior, por su parte, sabiendo que no darían mas pasos, no dejaba de frotar con sus manos el miembro ajeno. Era por mero gozo, por darse el gusto de hacerlo. – ¿Un regalo? – Preguntó olvidando lo que hacía, mirando de manera inmediata a la mesa. Sus ojos casi brillaron al verlos.

Una o dos veces antes los había podido ver como pequeños regalos que traían los socios de su padre a casa. Solían entregárselos porque de crio le encontraban “demasiado mono para ser el líder”. Actualmente era así pero casi no llegaban esas golosinas. Claro, le llenaban de chocolates extranjeros y dulces caseros tan deliciosos que le obligaban a siempre pedir más para la próxima visita.

Se puso de pie tras el albino y camino a analizar la bolsa ignorando por un tiempo sus ropas. Miró al mayor sonriendo con picardía. Solo confirmaba lo divertido que sería seguir volviendo a este lugar y, en especial, el continuar compartiendo algo de tiempo con este chico tan curioso. Era el tipo de villano al que le iría bien sin importar cuánto “héroe” se le cruzara por encima. Estaba convencido de que esta treta seria más que satisfactoria y le ayudaría a pasar su tiempo libre de una manera más “productiva”.

- Seguro les sacaré provecho el tiempo que me duren – Comentó mientras tomaba su ropa. Si bien las ganas de seguir no se le quitarían pronto, conseguiría luego que hacer. Se vistió sin prisa, poniéndose básicamente la ropa interior y sus pantalones.

Ahora le tocaría pararse a pensar cómo conseguir la información de aquel “Rey” de manera sutil o quizás no tan arrebatada. No quería terminar lleno de golpes solo por información que realmente no le interesaba. Lo peor, es que se quedaría con menos tiempo de juegos. Al menos podría continuar devorando sus golosinas en todo momento. Sería un martirio no poder tenerlas.

- Bueno, ¿Hay algo más que necesites, cariño? – Canturreó apoyándose en aquel despejado escritorio. Si no tenían nada mas saldría a hacer de las suyas por ahí, claro que la primera visita que haría sería su casa, necesitaba darse un buen baño.



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Mensaje por Gin Ichimaru el Lun Oct 08, 2012 11:48 pm

Vio como se vestía con cierta prisa, y observando por ultima vez, aunque pareciera que no por su rasgada mirada y lineal sonrisa, aquel cuerpo. Le había agradado demasiado la actitud del rubio, así como ese trasero. Tenía muy claro que la próxima vez no se limitaría a probar nuevamente su culo, sino también su boca, y le tocaría y dejaría marcado aun más. Ahora le pertenecía, era sus “esposa”, su mano derecha, la gente tendría que enterarse de quien mandaba sobre aquel gran sujeto ya no tan libre.

-Por necesitar necesitaría muchas cosas que solo tu puedes conseguir, pero me conformo por ahora como estoy –respondió al contrario. No solo pensaba sexualmente, sino también en sus planes para su “campaña”. Si, campaña, pues aquello se iba a convertir en una guerra, y las calles de la ciudad, institutos, parques y todo lo demás, serían el campo de batalla.

El albino, dicho aquello, rodeó su escritorio y se sentó.

-Supongo que sabes por donde está la salida, ¿no? –preguntó, apoyando sus codos sobre la mesa y entrelazando sus manos, recostándose hacia delante ligeramente. –Seguro que la mujer que te acompañó aquí –su madre- te vuelve a indicar el camino encantada –dijo. Parecía no llevar segundas aquellas
palabras, pero en verdad, las llevaba. Gin sabia que su madre se acostaba con otros hombres a parte de su marido cuando éste andaba fuera de la ciudad. Y lo más gordo que aquellos hombres eran algunos de los más cercanos y leales a su padre. Seguro que, por querer, su madre lo intentaría con Yuu. Sino hoy, en algún momento en que sus amantes no estuvieran. Ya fuera por negocios con su padre o por estar pudriéndose en el río, con una piedra encadenada a los pies.

Cuando se dispuso a marchar, Gin observó su marcha, fijándose en su trasero y su forma de andar. “La próxima vez dudo que regreses a casa tan pronto…” pensó, sonriendo ladino.

Una vez solo, notando aun la dureza de su miembro entre sus piernas de cuando Yuu le palpaba tan cómoda y libremente, Gin se desabrochó el pantalón y al ver ligeramente alzado a su “compañero”, rió un poco. Sí, estaba satisfecho con el rubio. Nadie hasta ahora le había dejado con las ganas de querer repetir de
culo, con las ganas de tener que masturbarse para aliviarse y quitarse de encima así esa tensión de entre sus piernas. Y eso fue lo que hizo antes, yendo
a su habitación tras desfogarse….


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