Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Registro del grupo
Ayer a las 5:28 am por Director Dokusei

» Registro del físico
Ayer a las 5:14 am por Director Dokusei

» Civiles — Sociedad
Ayer a las 4:46 am por Director Dokusei

» Políticos —Gobierno
Ayer a las 4:44 am por Director Dokusei

» Policía — Ley
Ayer a las 4:43 am por Director Dokusei

» Pandilleros — Bandas
Ayer a las 4:42 am por Director Dokusei

» Famosos — Idol's
Ayer a las 4:36 am por Director Dokusei

» Instituto Lotto
Ayer a las 3:52 am por Director Dokusei

» Academia Sakuranomori
Ayer a las 3:50 am por Director Dokusei


♫Los malaventurados no lloran♫

Ir abajo

default Re: ♫Los malaventurados no lloran♫

Mensaje por Invitado el Vie Ago 03, 2012 4:33 pm

Retrocedió un paso cuando comenzó lo que sería un gran alboroto. No confiaba en la mole de músculos que lo había guiado hasta esa oficina, no tenía más que a sí mismo para resguardarse en situaciones como esta por lo que, sin dudar, se hizo a un lado dejando que uno y luego otros salieran disparados fuera del recinto, mas así, su fino oído no se privó de ningún detalle, de ninguna palabra, y esa única que recibiera por parte del cautivo en vías de escape fue suficiente para encrespar sus nervios sensibles y llevar todo el desprecio que era capaz de sentir a aflorar en un gesto en su rostro.

- Idiota – murmuró siguiéndole con la mirada un corto tramo hasta que, varios segundos después, el cuerpo del guardia se interpuso entre sus ojos y el… castaño?

- Lo siento, deberemos dejar esto para la próxima.

Mihail lo despachó con una seña despectiva, refunfuñando en su fuero interno, ver a un ato de imbéciles corriendo por allí por mucho no era su idea para esta noche y lo que a simple vista le hubiera parecido interesante, arruinó su humor completamente.

- “Princesa”, maldito idiota – siseaba en un tono tan bajo que ninguno de los que cruzaba en su camino conforme regresaba a la zona publica del antro sería capaz de oírlo. Ya no tenia ningún interés en ese lugar, arrastraba los pasos hacia la salida, pero antes de encontrar la puerta se topó con una mujer, una chica joven que llevaba una botella y varios vasos a una de las mesas lindantes.

Sintió el deseo en la boca, en su garganta seca y el motivo de su llegada a un establecimiento tan vulgar como este se volvió imperioso. Le temblaron las manos cerradas en apretados puños así como la mandíbula tensada, estaba colérico, enojado consigo mismo y esa debilidad por el sexo y el alcohol que lo dominaba, sin embargo, con todo y el terrible malhumor encima, volvió sobre sus pasos hacia la barra para, entregando un billete a cambio, hacerse poseedor de una modesta dosis del vodka más fino de la casa.

Tras un primer sorbo, tomó asiento en el único banco libre bajo la barra, terminaría su bebida y saldría de aquel lugar con un sabor más apropiado en la lengua mientras aquellos ruidosos sujetos continuaban requisándolo todo.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

default Re: ♫Los malaventurados no lloran♫

Mensaje por Arantxa Boanerges el Sáb Jul 28, 2012 10:02 pm

Apretándose las tripas el momento vino a èl como una revelación, la luz de afuera blanca relampagueo frente a sus ojos activando un “clic” mental, si bien sus manos estaban atadas aun podía usar sus piernas, con un movimiento de resorte se puso en pie dando un cabezazo a Ito, mas por la fuerza con la que se había movido que por querer hacerlo, el golpe de las carnes dejo un suave “crash” antes de que los otros que se acercaban pudieran reaccionar, Arantxa se abalanzo usando su cuerpo, moviéndose dificultosamente con las manos en la espalda jadeo en busca de aire cuando sus pulmones se vieron afectados al choque, tambaleándose sin querer fue a parar casi encima del otro tipo que habían traído en cuando la puerta había sido abierta, apenas dio un par de tumbos, rosando nariz con nariz le miro por una fracción de segundo directo a los orbes verdes, su aliento caliente golpeo contra la piel blanca del contrario antes de alejarse tan rápido como vino, sonrió huraño.- mueve princesa- recalco antes de girarse con un cambio de pies y con un punta pie abrir la puerta.

La masa de cuerpos que le siguió era fácil de dejar atrás debido a la forma en la que se habían atorado en la entrada, jadeando y sudando frio sabia que no podía salir tan fácilmente, entre las luces se movió en la pista de baile, sacudiéndose lentamente hasta encontrar un espacio oscuro, si no estaba mal pasando un par de espacios la puerta trasera seria una buena idea. Le guiño el ojo a una chica a la que había asustado al tirarse, literalmente, sobre la barra, relamiéndose con ojos empequeñecidos. Ella no pareció notarlo así que solo le sonrió levantando la bebida. Manteniendo un perfil bajo debería encontrar algo con que desatarse o alguien. Sus cejas permanecían fruncidas, le buscarían rápidamente, esos idiotas seguro que habían revisado las entradas pensando que había salido lo mas rápido posible. Sus ojos escudriñaron el terreno, sentándose en una de las sillas vacías en un rincón como un cliente mas, aguardo en las sombras.

-tsk- mascullo en cuanto noto la oficina donde las cámaras de video operaban, estaría perdido si se descubría que aun pertenecía dentro, lo único que quedaba era buscar, sus ojos miraron una vez mas la masa de cuerpos y rostros que parecía fundirse al ritmo de la música. Los baños tenían una luz neón azulina.- demasiado arriesgado- murmuro ya que si era atrapado en un espacio tan pequeño estaría de nuevo en problemas, se relamió los labios delgados, notando el sabor de la sangre seca que comenzaba a coagularse sobre sus labios, seguro que se veía realmente mal, por suerte la oscuridad le protegía, ahora solo quedaba encontrar una simple presa para seducir que lo liberara de las ataduras.
avatar
Arantxa Boanerges

MENSAJE : 29
Localización : buscando calor...y dinero

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

default Re: ♫Los malaventurados no lloran♫

Mensaje por Invitado el Lun Jul 23, 2012 5:12 pm

Esto me satura, mi piel escuece y no logro calmar el deseo que nace en mis entrañas cada vez que estoy sólo, papá no me mira, mi hermano no es capaz de tocarme; vaya mierda.

Tras una semana aquí, aun no me acostumbro al idioma, pocos parecen entender mis palabras y son pocas las ajenas que yo entiendo. Estoy cansado de las pequeñas empleadas domesticas que parecen gnomos pululando por la casa, riéndose estúpidamente por cualquier peculiaridad demasiado alemana que encuentran en algún decorado, en la comida y/o en mi propia persona… Y el olor a polvo llenando asquerosamente mis poros ¿Cuánto tiempo estuvo vacio este lugar antes de nuestra llegada? Ya no lo soporto, no quiero estar aquí, iré a dar un paseo.


_________________

El malhumorado alemán dejó la pluma sobre el colchón, arrugó el papel donde escribía y lo botó en el pequeño cesto de basura, luego dejó caer un cerillo encendido sobre el papel para que ardiera hasta que las fibras se consumieran lentamente y el fuego se extinguiera por completo. En tanto alistaba su cuerpo cuidadosamente, cada detalle de su vestimenta, el cabello, el laqueado perfecto en cada uña para que el negro se luciera en todos sus dedos contrastando maravillosamente con el pálido de su tez, sólo cuando todo estuvo de acuerdo a su exigente y detallista persona, salió del dormitorio haciendo sonar las gruesas suelas de sus borceguíes y tintinear el contenido de sus bolsillos a cada paso.

No hallo obstáculo alguno en su camino sino el frio de la noche al abrir la puerta principal, obligándolo a volver sobre sus pasos para tomar un abrigo no demasiado pesado pero eficiente, de corte militar, negro, de textura aterciopelada, largo poco más abajo de las rodillas, adornado en la solapa con una pequeña esvástica plateada, único detalle llamativo pues incluso los botones eran de un elegante, sutil y disimulado tono oscuro.

Caminó bajo el amparo de la brillante iluminación de la atiborrada ciudad, no tenia destino ni el temor de perderse, simplemente anduvo en busca de algo que llamara su atención, cualquier particularidad digna de su persona, que valiera como entretenimiento por al menos unos minutos de esta, otra noche de insomnio. La oportunidad pareció darse cuando a su frente las luces y sonidos tomaron mayor candor, se acercaba a la zona comercial, específicamente donde los clubes nocturnos se concentraban.

Aquí la ciudad no distaba demasiado de su Alemania natal. El mismo hedor a humo y alcohol, la misma lacra vagando por las calles, los mismos antros y sus guardias en cada entrada, hombres corpulentos, de buen ver e imponente presencia. Para Mihail era una tentación innegable, esas grandes manos de poderoso dedos, esos brazos trabajados hasta el hartazgo, vientres marcados bajo finísimas remeras y pantalones ceñidos a voluptuosas entrepiernas… Antes de darse cuenta estaba merodeando a uno, bajo la aparatosa cartelera de un casino.

- Hey, chico, hazte a un lado y deja pasar a los demás, este no es sitio para acampar.
- ¿Estas seguro de eso? – su hablar era una extraña pero entendible mezcla de alemán y japonés, decorada con su fragante y seductor acento, ahora que tenía una gran presa en la mira – Tengo con que pagar, sabes? Deberías ser un buen anfitrión y mimar un poco a los clientes.

Con una sutil sonrisa ladina, Mihail sacó del bolsillo un par de billetes de alta denominación, no los entregó a la mano del celador de la entrada, se valió del papel para enfundar sus dedos y repasar con ellos la línea que se marcaba justo en medio del torso ajeno.

Fue cuestión de platicarlo y algo de tiempo para que ambos, guardia y estudiante, ocuparan la misma mesa en un rincón del ruidoso antro, entre besos y excitantes caricias, dejándose ser a sus insanas paciones. Pero el descanso del guardia no duró mucho, de pronto, cuando Mihail recostado sobre el asiento circular, con el mentón sobre la pierna del otro, comenzaba a bajarle el cierre de los pantalones, la radio de este chilló y al atenderlo una osca y demandante voz exigió su presencia en las oficinas administrativas, según alcanzó a oír el germano.

- Vamos, pequeño, te mostraré los interiores y con algo de suerte encontraremos donde atender ese rico culito tuyo.

Mihail accedió torciendo la sonrisa, con malicia, picardía y sumamente complacido. Se abrazó al grueso brazo de ese que por poco doblaba su edad y le siguió fielmente, sin despegarse de su cuerpo incluso cuando llegaron al lugar de la cita.

Tras la puerta de madera, la escena era por demás pintoresca. Otro sujeto de gran porte, otro algo más delgado pero de gesto demandante, ese era el líder, Mihail lo supo con solo mirarlo, luego y tras varios regaños, notó en detalle al tercero, un pobre infeliz lacerado a fuerza de puños, supuso.

- ¿Saito, que demonios crees que haces trayendo a ese mocoso aquí?
- No se preocupe, Jefe, es buen niño, sabe comportarse ¿Verdad? –palmeó un par de veces las caderas del alemán, este se limitó a asentir con la cabeza con un solo movimiento, sin perder la suave sonrisa, sin despegar sus ojos de aquella maltrecha figura amoratada; sin lugar a dudas este se veía más interesante que el traía sujeto del brazo.
- Más te vale, imbécil. – con una seña, el líder le indico al otro guardia que se acercara, al parecer uno no bastaba para disciplinar al infractor atado a la silla…

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

default ♫Los malaventurados no lloran♫

Mensaje por Arantxa Boanerges el Sáb Jun 09, 2012 6:40 pm

La sala olía a metal y cigarro, el olor acre le picaba la nariz, las aletas se agitaron mientras razonaba un poco la marcha de acontecimientos que le habían atrapado. Había salido del colegio a una hora normal, después de llamar a su hermano se había decidido por ir a perder el tiempo al pachinko un rato. Estuvo cerca de media hora sentado en las pequeñas maquinas tragamonedas antes de levantarse, había una linda chica que estaba rosando sus pechos contra su hombros y él estaba por cambiar el dinero para salir a pasar un buen rato con ella…entonces, habían aparecido un par de tipos vestidos de una forma extraña, el tatuaje que asomaba sobre la muñeca le hizo saber que iba a se runa larga noche, antes de que pudiese darse cuenta, estaba tendido en el suelo recibiendo una paliza de parte de cuatro hombres nipones que lo había dejado fuera de combate, en el transcurso había perdido su celular.

-tsk- gruño bajo cuando sintió que su mandíbula no se movía como normalmente lo hacia, parecía mas grande, seguro eso a lo que la enfermera llamaba “inflamada”, trago duro, tenia la garganta seca y se sentía como una lija. El cuarto estaba oscuro, la luz llegaba detrás de una pequeña puerta de metal, había música, lejana que hacia retumbar su gran cuerpo depositado en el suelo, sentando contra la pared sus manos estaban atadas, trato con mas fuerzas sin tener caso, si las rompía podría salir de eso, peor no le serviría de nada, trato de echar el cabello que cubría sus ojos fuera del camino, el sudor hacia que se le pegaran los mechones castaños. Lentamente evaluó lo que tenia alrededor, un sillón de color rosa brillante, un tubo estaba en el centro de la habitación, al parecer era una especie de “oficina” ajustada a los caprichos de su dueño. Un ligero clic le hizo saber que alguien estaba por entrar, sus músculos se tensaron anticipando la pelea, levanto la vista sin emoción en el rostro, confiado, sonrió al bastardo que había sido una espinilla en el culo desde la primera vez que decidió poner un pie en las calles y la zona que la yakuza controlaba.

Ito era un hombre delgado y feo, el hombre estaba cerca de los treinta, analfabeto ignorante que había sido relevado a cuidar de las ganancias del pachiko, había recibido muchas amonestaciones serias referente a un Gaejin que había estado ganado demasiado, enflacando el bolsillo de los altos mandos, las reglas estaban claras. Debía de tomarlo y convencerlo de trabajar y ceder la información sobre el pachinko en otras aéreas de familias rivales o hacerlo desistir de las maquinas.

-hey…Burondo…¿cómodo?- Ito hablo refiriéndose erróneamente al color de su cabello, haciendo que Arantxa solo rodara los ojos- bastante…y no soy rubio…castaño.
Corrigió con una brillante sonrisa lobuna, ganándose una patada en el estomago que no hizo sentir nada, sin embargo era mejor fingir, sin mas se retorció sin perder de vista al hombre, si no hubiese entrado con guardaespaldas las cosas serian mas simples. Pensó. Mirando a la puerta, la única forma de salir era por ahí, solo necesitaba una detracción, algún estúpido crio que se equivocara, demasiado borracho, al ir al servicio, si esos hombres vestían como las bizarras películas…la situación podrá acontecer.
avatar
Arantxa Boanerges

MENSAJE : 29
Localización : buscando calor...y dinero

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

default Re: ♫Los malaventurados no lloran♫

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.