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Entre iguales [Priv. Gilbert][+18]

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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Mayo 27, 2012 4:15 am

El silencio se hizo en el callejón tras la marcha del grupo de Riyus, escuchándose solamente el no muy lejano ruido de la calle. Las pitadas de los coches, el paso incesante de la gente, las voces de estas… Pese a todo, Gilbert solo prestaba atención al rubio, dejando en un segundo plano lo ajeno a él como eran aquellos ruidos.
Sus ojos no dejaron de centrarse en sus azules ojos, desviándose de estos a sus mejillas e inclusos a sus labios. Pese a la oscuridad que los arropaba, las cercanas luces alumbraban tenuemente el lugar, y por tanto a ambos. No mucho, lo suficiente como para ver algo mas de la silueta del contrario.
-No entiendo por que tendrías que hacerlo, es solo la verdad Alois. –“Solo amigos” –le dijo una vocecilla interna. Era consciente de la situación, de la postura de ambos así como de la cercanía entre ellos. “Solo amigos… No líes las cosas, Gil” volvió a oír, aunque, mas que nada, eran pensamientos que anteriormente se había planteado y que ahora le venían a la cabeza recordando su decisión final.
Entonces, al de unos escasos segundos tras haber virado el rostro a un lado, el menor pareció transformarse. Su mirada, e incluso su actitud habían cambiado. Sin embargo, Gilbert no se percató, pensando que se había recuperado del momento de tensión que lo había dejado un tanto “perdido”. Aquella sonrisa y ese brillo en sus ojos, aunque no los había visto antes tan de cerca, haciendo que su corazón comenzara a taladrar su pecho incesantemente, los vio típicos de Alois. Del Alois que conocía.
Lo vio inclinarse nuevamente sobre él, sintiendo ahora de forma consciente el peso del rubio sobre su cuerpo. Como sus piernas se intercalaban, su mano se posaba en su acelerado corazón, e incluso, como algún que otra vez el menor se restregaba sobre él. Gilbert no podía negar que se le veía a Alois realmente sexy de aquella forma y a aquella distancia. Su aroma acalorado aroma (debido al ejercicio realizado) le agradaba, y la cercanía de sus labios, que se movían lentos y provocadores, lo hechizaba. Sus manos, como si tuvieran mente propia, se aferraron algo mas a la camisa del menor (recordemos que estaba rasgada a un lado).
-¿Eso te ha parecido, estimulante y excitante? –preguntó de forma retórica con una taimada sonrisa. No dejaba de mirarle a los ojos y después a sus tentadores labios que tanto quería probar desde… ¿Desde cuando? ¿Desde poco después de conocer a Alois y saber que iban al mismo instituto? –Alois… -su corazón inquieto no dejaba de latir, y de algún modo el peso del contrario lo encontraba más que agradable. Placentero. “¡Mira arriba, mira arriba!” se ordenaba inconscientemente, obedeciendo y mirando a sus ojos. No sabía que era mejor, si devolverle la mirada o mirarle a los labios… -Te diría que me dieras otra oportunidad, pero viendo cuanto te ha gustado esta aventura… -Sonreía de medio lado mientras tanto. –Dudo que te pida esa oportunidad… -su cabeza comenzó a despegarse del suelo, acabando su mirada por centrarse en sus labios mientras. –A menos que tenga que convencerte… -dijo recordando sus palabras en el hospital de que lo único que le hacia cambiar de opinión era un buen beso. Por lo tanto, le besó, estrechándolo por su cintura y pegando las piernas más a las del contrario.
La voz de su interior, con aquello, desapareció.
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Mensaje por Alois Trancy el Dom Mayo 27, 2012 5:22 am

No se le escapaba detalle de cómo Gilbert reaccionaba a cada uno de sus gestos y movimientos. Interiormente Alois sonrió satisfecho por un trabajo bien hecho. Estaba claro que el albino lo deseaba desde el principio, pero él estaba acelerando un poco las cosas con su más que exquisita técnica. Podía sentir el cuerpo firme y masculino de Gilbert bajo su cuerpo, sus brazos rodeándole, su aliento envolviéndole… Aaaah, tan cerca… Encendiendo su deseo y alzándolo hacia el máximo exponente. Quería más de ese chico, mucho más.

Gilbert lo tomó entonces de la camisa para aferrarse a él (¡cómo si Alois quisiera escapar!) y la prenda, rota ya de antes, se deslizó por su hombro derecho mostrando también parte de su pecho. Piel blanca como el marfil tan solo salpicada por aquel pequeño punto rosado que era su pezón. Alois no era una chica pero había algo ciertamente lascivo en la forma en que dejaba ver esta porción de piel. Algo calculadamente erótico. Sus ojos no se apartaban del rostro de Gilbert, de sus ojos y sus labios, denotando que también los deseaba; y de su cuello pálido y firme, provocativamente expuesto para ser besado y marcado. “Aaaah~” suspiró Alois para sus adentros “quiero lamerlo~…”. Pero el chico sabía que no se quedaría con las ganas.

-Sí, mucho~…- respondió a su pregunta con tono juguetón, y se movió un poco más sobre Gilbert. Eran pocos los centímetros que separaban sus labios y el corazón del albino iba a mil bajo su contacto, ¡era tan sexy cuando sonreía de esa manera! Gilbert acababa de ganar diez puntos de masculinidad solo con eso.- Si Gil-kun, convénceme.

Tal y como esperaba, Gilbert había mordido el anzuelo. Pero bueno, tampoco era tan decepcionante… No era como si Alois no deseara que lo besara también. Así que apartó de su mente la leve (levísima) decepción y se inclinó sobre el otro, buscando más roce, más pasión… Al encoger sus hombros su camisa se deslizó también por el otro, atascándose a la altura de sus codos y revelando así toda la parte superior de su torso. No se reprimió ni un poco y abrió su boca para que Gilbert pudiera profundizar su beso, sacando su propia lengua para acariciar la ajena. Gimió audiblemente cuando el contacto de sus caderas con las ajenas se hizo demasiado intenso.

Cuando se separaron en busca de aire los labios de Alois estaban rojos y húmedos y un leve hilo de saliva descendía por su mentón. Su respiración era lenta y profunda, su rostro estaba un tanto sonrojado y sus ojos ardían de pasión contenida. Se inclinó hacia atrás hasta quedar totalmente sentado sobre la entrepierna de Gilbert, regalándole al otro una muy buena visión de todo su joven y pequeño cuerpo.

-Neh, Gil-kun, ¿qué vas a hacer ahora que me has hecho ceder?- le preguntó con un leve puchero infantil que contrastaba graciosamente con el hecho de que en aquel cuerpo inocencia, poca.- Eres tan malo, yendo directamente a por mi debilidad…

Sí, él también recordaba la conversación en el hospital. Y no le había mentido al alemán: un solo beso, si era de los buenos, bastaba para hacerle perder la cabeza. El bulto en su entrepierna debía de ser lo suficientemente convincente para Gilbert. Alois tenía un cuerpo muy obsceno y cuando se encendía… alguien tenía que responsabilizarse de apagarlo. Ni si quiera era capaz de pensar que, aunque medio escondidos, seguían en plena calle y cualquiera podría descubrirlos. A él eso le daba igual, tendría que ser Gilbert el que se preocupara de los detalles sin importancia.




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Mensaje por Gilbert Weber el Jue Jun 14, 2012 11:31 am

Cuantas veces había imaginado en su mente que besaba al menor, que lo pillaba en el pasillo del hospital antes de marchar y le confesaba que le gustaba, acorralándolo contra la pared para, luego, besarlo fogosamente, e incluso a la fuerza si era necesario. Ahora, aquella imagen que tanto había repetido una y otra vez en su cabeza era realidad, incluso mejor. Aquel sabor de sus labios, la textura de éstos, aquella húmeda lengua unirse con la suya, ese aroma tan fino, el peso de su cuerpo sobre el suyo, así como lo excitante que era que se acabara sentando sobre su entrepierna… Eso era mucho más de lo que nunca hubiera podido imaginarse. En el fondo, muy fondo, flipaba de que en serio estuviera allí con el rubio.
La imagen que le era mostrada una vez cesaron aquel beso provocó que el propio Gilbert quisiera saltar sobre él y violarlo. Él no era de esos, pero le estaba excitando tanto la idea de tirarse al menor que su lado mas descontrolado se apoderaba de sus pensamientos. Ese pecho plano que subía y bajaba de forma lenta y suave, ese tímido pezón, esa mirada encendida, ese rostro aniñado que parecía llamarle a gritos… ¡Dios, le ponía tanto aquel cuerpo! Una de sus manos se dirigió de la cintura del menor hacia aquel pecho poco desarrollado, acariciando aquel botoncito rosado que tenia como pezón; tan duro, tan agradable al tacto… Lo pellizcó un poco mientras lo observaba. Su otra mano se mantuvo sobre aquella estrecha cadera, tentado de ir hacia aquel bulto que notaba sobre el suyo propio.

-Siempre había querido besarte, para que esconderlo… -confesó con cierta sonrisa irónica sin perder de vista aquella delicia que tenia sobre él. Movió su cintura, rozándose con la abultada entrepierna del menor contra la suya. Sabroso. –pero quiero mas. Más de ti Alois. Ya sabes a lo que me refiero… -comentó, apretando en su mano uno de los pechos del contrario. Su corazón latía con fuerza, enviando toda aquella sangre a su entrepierna muy seguramente. Gilbert levantó la espalda del suelo, quedando sentado sobre aquel suelo de oxidado metal y con el rubio sobre él a horcajadas. Sus rostros se encontraban nuevamente el uno frente al otro, tan cerca…
-Lo quiero todo –le susurró sobre los labios, lamiendo y mordisqueando los contrarios juguetón mientras aquellas manos independientes suyas apartaban por completo la camiseta del rubio y la dejaban a un lado. Como adictas a esa piel, que a causa del fresco de la calle se estremecía a pesar del calor que empezaba a emanar ese cuerpo, sus manos recorrieron su espalda, o al menos una, plantándose en el centro. La otra, más atrevida y aventurera, descendió, palpando sin cortarse aquel trasero sobre sus pantalones. Cuando esto ocurría, el albino comía la boca al menor.
Y parecía alguien formal el albino… Aparentaba más que los del Ryu juntos.
Una heladora brisa de aire nocturno chocó contra la espalda del albino, quien hizo de escudo contra aquel erótico rubio que tenia sobre sí. Gilbert se apartó escasamente de sus labios, cortando aquel beso al darse cuenta de que aquel lugar no era el más adecuado para seguir con lo que ambos querían. No lo pensó mucho, pues si lo hacia y se daba cuenta de lo cutre que resultaría hacerlo que aquel callejón sucio y abandonado, y además, en las escaleras de incendios… Nah, eso de “aquí te pillo y aquí te mato”, en esta ocasión no era lo más idóneo.
-Alois… -lo miró a aquellos azules ojos y sonrió al decir lo siguiente. Sus manos se quedaron quietas, sujetas, en sus respectivos sitios sobre el menor. –Se me congelaran los huevos como sigamos aquí. -Miró a su pecho y lo besó tras añadir. –Además, quiero ser yo quien te ponga así, y no el frío… -se refirió a sus duros pezones.
Miró a un lado y hacia arriba, hacia la pared de ladrillo por la que escalaba aquellas escaleras de incendios. En sí el edificio parecía abandonado; ninguna luz iluminaba ninguna sala en todo el bloque, no se oía nada y nadie parecía pasar por ahí. Con suerte, habría algún colchón abandonado, aunque con un sofá se conformarían. Puede que incluso que con menos. Estudiando en el Dokusei uno se acostumbraba a lo peor.
-Arriba… Está abierta la ventana –le indicó con la mirada. Quería resguardarse y tirarse al contrario con toda comodidad, sin tener que estar sufriendo el frío clavarse en su piel, así como clavarse los dibujos del suelo metálico en la espalda. Sin embargo, odiaba la idea de tener que separarse de aquel rubio aunque fuera por un momento. Su cuerpo lo calentaba, excitaba e incluso respondía a sus toques. Que le iba a hacer…
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Mensaje por Alois Trancy el Vie Jun 15, 2012 3:37 am

Gilbert estaba demostrando ser más osado de lo que Alois esperaba. Gimió levemente cuando el albino pellizcó su pezón por primera vez, totalmente encantado con esa nueva faceta más “salvaje”. Definitivamente las apariencias engañaban: Gilbert no terminaba de ser el chico bueno que parecía. ¿O quizás solo era así con él? En esos momentos Alois no estaba como para discusiones filosóficas consigo mismo, no cuando Gil le hablaba con ese tono excitante y caliente, no cuando le miraba como si quisiera devorarlo allí mismo y no dejar nada… Oír la confesión del otro llenaba su pecho de satisfacción, pues le encantaba saberse deseado. Pero no podía olvidar que él también deseaba al alemán, había aprendido a apreciar su responsabilidad, el cariño para con su pequeño hermano. Allí, en la sala de espera del hospital, había nacido cierta complicidad y hasta admiración. Saber que tenía a ese chico a sus pies lo hacía muy feliz…

-Te lo daré.- prometió, su voz a penas un susurro lleno de posibilidades y lascivia, rápidamente acallado por los labios fogosos de Gilbert. Respondía a aquel beso con tanta pasión y entusiasmo que a penas se dio cuenta de que el otro le quitaba la camisa, pero el frío fue tan amable de recordárselo. Alois se estremeció y gimió entre los labios de Gil, mezcla de placer y frío cuando la mano ajena apretó su trasero. El rubio comenzó a mover sus caderas contra la entrepierna del otro, abrazándose a su cuello y pegándose a su pecho como si quisiera fusionarse con él.- G-gil…- gimoteó, a punto de perder la cabeza.

Pero entonces el albino se separó de él y por un momento Alois pensó que se lo había pensado mejor y se arrepentía. Muchos habían sido los que al ver que la cosa iba a más recordaban que, por ejemplo, eran heteros y culpaban a Alois de provocarlos para pecar. El muchacho solía reírse en su cara por su hipocresía, pero en el fondo esas cosas le dolían… Mas podía estar tranquilo: Gil solo quería encontrar un lugar más íntimo. Tuvo que reír ante sus palabras y las cosquillas que el beso en el pecho le produjeron.

-Me parece bien.- convino, aunque tampoco quería separarse de ese cuerpo sexy y masculino. Lo miró lujuriosamente y añadió con una sonrisa pícara.- Pero hay otras cosas que también están duras y no es precisamente por el frío…

Mientras Gil alzaba la vista en busca de una forma de entrar al edificio Alois pensó que ese cuello estaba demasiado expuesto como para salir indemne. Se inclinó hacia delante y empezó a lamerlo y besarlo, succionando aquí y allá levemente, aún sin dejar marcas. Subió desde el borde de la camiseta hacia el lóbulo de su oreja, centrándose luego en éste, mordisqueándolo traviesamente. Le encantaba jugar con su lengua y el sabor del albino era intoxicante. El bulto contra su propia entrepierna presagiaba algo muy bueno y el chiquillo no quería ni pensar en separarse de Gil… Pero no quedaba otra. Se separó de su cuello, cogió su camisa y se levantó. Desde aquella nueva perspectiva el alemán podía ver claramente que sus palabras anteriores eran totalmente ciertas: Alois estaba duro. Y eso mermaba su paciencia.

-Vamos,- lo apremió extendiendo su mano para ayudarlo a ponerse en pie. La fría brisa de la noche le revolvió el pelo y lo hizo estremecer, erizando toda su piel.- antes de que me congele de verdad. Necesito que me calientes Gil-kun… aún más de lo que ya lo has hecho.

Su sonrisa, cómplice, pervertida, juguetona, pintó sus labios y sus ojos. Quería sentir más las manos del otro sobre su cuerpo, desnudarle y lamer cada parte de él, probar ese sabor prohibido… y sentirlo empujar salvaje y obscenamente contra su interior. Eran dos adolescentes con las hormonas alocadas, incapaces de pensar en nada más que saborearse el uno al otro. Y a Alois no le importaba que fuera en un asqueroso colchón, en un mugriento sofá o en el mismísimo suelo: solo quería sentir más de Gilbert, perderse totalmente en el placer de su cuerpo... Localizó la ventana que decía y comenzó a caminar hacia allí tirando de Gilbert, ansioso pero, sobre todo, cachondo.




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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Jun 16, 2012 8:05 am

Sonrió a modo de media luna pervertido por aquel comentario que le aclaraba que no todo lo que tenia duro era por el frío, y es que aquel bulto del menor que se había estado frotando con la entrepierna ajena, el albino sabía de sobra que no era causa del frío. Como si eso pudiera ponerse así por eso…
Gilbert estaba excitado, no podía negarlo, solo había que mirarle a los ojos para ver esas ganas de comerse todo el cuerpo del rubio y sino, siempre se podía palpar su entrepierna para verificarlo. Por eso, cuando alzó la vista a la pared del edificio y el menor besó y lamió su cuello, ascendiendo sabrosamente hasta su oreja, el albino por un momento se arrepintió de tener que separarse de aquel chico. Por suerte para el adicto albino, el menor se separó cuando le indicó una de las ventanas, volviendo éste su mirada rápidamente al chico. No podía evitar no mirar ese pecho de blanca piel y erectos y rosados pezones, esa cinturita estrecha, ese cuello tan vulnerable y provocador, ese rostros traviesamente aniñado e incluso aquel bulto que se hacia ver en su entrepierna.
Se dejó ayudar para levantarse del suelo y marchar cuanto antes hasta aquella ventana que se encontraba un piso sobre ellos, bastante cerca en verdad. Subir mas arriba seria un gran error si lo que quería era volverse a abrazar y besar con aquel rubio, comerle. Una vez de pie, sin que le diera siquiera a sacudirse el culo de sus pantalones y acomodarse su ligeramente subida camiseta, el rubio lo arrastró escaleras arriba, entrando ambos por aquella ventana tras abrirla el albino hacia arriba. Al parecer, antes de irse, se dejaron la ventana sin cerrar con pestillo. –Tu primero, haber si se te apaga la llama –sonrió haciendo un elegante gesto con su mano que le indicaba que entrara. De seguido entró el albino y cerró la ventana a su paso.
La habitación no estaba muy amueblada, y no es que fuera una belleza de sitio, pero aun así mejor que estar en la calle ya era. El viejo papel de las paredes se encontraba rasgado, despegado y colgando en ciertas parte. Por el suelo había algunas botellas de cerveza vacías, periódicos antiguos desperdigados por todas partes y una polvorienta alfombra en medio de aquella sala en la que, aparte de la alfombra, había un rancio colchón chirriante. No había duda de que aquel lugar había usado después del desalojamiento de éste, pero seguro que no les importaba lo mas mínimo el estado de la sala. Al fin y al cabo era como una de las salas del instituto, podría decirse que incluso estaba mejor que eso.
Gilbert se acercó al menor, posando sus manos en cada una de las calidas mejillas de Alois acercando su rostro. Ahora estaban solos. Nadie les vería. Nadie les escucharía. –Alois… -mencionó su nombre suavemente, saboreándolo mientras acercaba sus labios a los otros con sus ojos cerrándose lentamente durante el trayecto. En aquel beso Gilbert parecía querer absorber esos rosados labios al rubio, a quien le hizo andar a espalda, guiándole hasta aquel colchón chirriante. Sin embargo, se quedó a algo menos de la mitad del camino. No aguantaba mas, sentía esa entrepierna contra la suya y eso le excitaba. Sus manos se deslizaron por sus finos brazos mientras el se arrodillaba frente al rubio y desabrochaba aquellos pantalones, bajándoselos junto a su ropa interior. –Vaya contigo… -dijo juguetonamente fogoso al ver aquel sexo del menor. –Si que te has puesto duro, Alois –le sonrió pervertido, y con una traviesa mirada, llevó una de sus manos a aquella sensible polla para presionar su glande y masturbarla mientras Gilbert lo miraba desde abajo al contrario. Su otra mano acariciaba despreocupadamente su pierna, quedándose en aquella cinturita. –Dejame que te quite el frío… -dijo con voz suave, acercando mientras se la cascaba y presionaba, su rostro, besando y lamiendo sin prisas aquel vientre plano. Era tan delicado con aquel cuerpo como si se tratara de una mujer, al menos ahora.
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Mensaje por Alois Trancy el Sáb Jun 16, 2012 9:51 am

Fue Gilbert quien abrió la ventana, demasiado oxidada y atascada para que el rubio pudiera hacerlo con su escasa fuerza. Pero no le importó porque así pudo reír coquetamente el galante gesto del albino, cediéndole el paso como si él fuera una joven dama. Gilbert volvía a sonreír de esa forma que hacía a su corazón pegar brincos en su pecho.

-Dudo mucho que a estas alturas pueda apagarse tan fácilmente, pero te lo agradezco igual.- replicó con una risita y un guiño juguetón antes de cruzar la ventana hacia la oscuridad de la estancia. En cuanto sus ojos se acostumbraron a la penumbra pudo comprobar que el cuarto estaba tan asqueroso y destartalado como había imaginado.- Igualito que el Ritz.- bromeó, despreocupándose al instante por el lugar, al fin y al cabo había estado en sitios peores.

Toda su atención era ahora única y exclusivamente para ese sexy chico de peligrosos ojos rojos. Se estremeció cuando le tomó del rostro y susurró su nombre. Alois se agarró desesperadamente a la camiseta de Gilbert mientras éste le besaba apasionadamente. Se dejó empujar con pasos torpes hacia donde él suponía que estaba el viejo colchón que había visto antes, pero de repente Gilbert se detuvo.

-¿Qué…?- comenzó a preguntar, pero las respuestas vinieron por sí solas. Se sorprendió al ver que el otro se arrodillaba a sus pies y comenzaba a quitarle los pantalones y la ropa interior. Normalmente era él el que estaba en esa posición, pero desde luego no pensaba quejarse. No mostró signo de vergüenza alguno al verse totalmente expuesto, su erección orgullosamente alzada ante Gilbert.- ¿Y quién crees que tiene la culpa?- inquirió con un divertido mohín de enojo, claro que rápidamente su rostro cambió a uno placentero cuando empezó a masturbarle.- Mng… r-responsabilízate…

Y vaya si pensaba responsabilizarse. Con mano experta el alemán se aseguraba de tener atendida su entrepierna, pero eran sus labios sobre la suave y sensible piel de su vientre los que enloquecían al rubio. No había brusquedad ni urgencia en sus caricias, solo una pasión delicada, increíblemente agradable y realmente excitante. Alois no estaba acostumbrado a ser tratado con tanta delicadeza. Lo habitual era que se dejara tomar bruscamente, en cualquier lugar, sin importarle que hubiese algo de dolor al principio ya que había aprendido a disfrutar eso también… Pero definitivamente podría acostumbrarse al tacto de Gilbert. Los gemidos no tardaron en acudir a su garganta y el chico no se molestó en contenerlos. Sus manos buscaron los hombros del otro, más que nada por tener un punto de apoyo. Si el albino seguía así pronto le fallarían las piernas. Su pecho ya se agitaba marcadamente.

-A-aaah, Gil…bert…- el rubio se mordió el labio inferior y clavó sin querer las uñas en los hombros del susodicho cuando presionó especialmente fuerte su glande.- No solo yo… No solo yo, Gilbert… T-también quiero… mmmng~… q-quiero tocarte… Si sigues así me c-correré…

Alois no eran de los que se estaban quietos, le gustaba demasiado hacer gemir de placer a sus amantes como para eso. Ser el único que disfrutara no terminaba de convencerle. ¿Cómo podía estar Gilbert conforme con solo eso? Afortunadamente Alois Trancy era un amante con recursos: alzó su pie y fue a presionarlo contra la entrepierna de Gil, moviéndolo con descaro sobre la ropa, tratando de darle al menos una parte del intenso placer que él estaba recibiendo.

-G-gil…- volvió a gimotear, sus rodillas estaban a punto de fallarle y ya solo el agarre a sus hombros lo mantenía en pie.- D-detente o … ¡Aaaah~!... Gil...- no estaba ya muy lejos del orgasmo pero, en cualquier caso, aquello no había hecho más que empezar.




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Mensaje por Gilbert Weber el Miér Jun 20, 2012 8:21 am

No, Gilbert no era para nada un chico que fuera tirándose a todo ser viviente que por accidente hubiera acabado sobre él. No iba buscando sexo por las esquinas, ni tan siquiera en cada cara bonita que pudiera encontrarse tras estas. Era alguien mas reservado para eso aunque no lo estuviera aparentando, pero tampoco es que fuera un santo. ¡Por favor, es un adolescente! Pese a tener mil cosas en la cabeza, siempre tenia espacio para el sexo, y cuando esa idea era la primera respecto al resto, se cumplía ya fuera junto con otra persona o el mismo con un calcetín y un par de videos XXX. Para que esconderlo.
-No lo se, dímelo tu, Alois~… -le respondió a aquella pregunta, viendo con una sonrisa como aquel mohín de fingido enojo cambiaba a un rostro de placer, escuchando como con goce le hacia responsable. Gil, besando aquella calida y suave piel color leche, metió curioso la punta de su lengua por aquel agujerito que era su ombligo. Los gemidos del rubio llenaron la pocilga de habitación sin cortarse ni preocuparse de que alguien ajeno pudiera escucharlos. Su mano experta seguía agitando el falo del contrario mientras sentía sobre sus labios como aquella piel se estremecía y esas manos de finos dedos se apoyaban sobre sus hombros. La mano que el alemán tenia sobre la cadera del rubio sentía como esas piernas se tensaban, se estremecían e incluso temblaban. Como le gustaba aquel cuerpo…Sus dedos se encontraban ligeramente húmedos y escurridizos, al igual que el excitado sexo que tenia frente a él.
Sentía tan bien aquello de tener al rubio frente a él excitado como lo tenia que ni se percató de aquel pie cuando jadeo aquellas palabras, siendo distraído sus sentidos con el clavar de sus uñas en sus hombros y el amargo sabor de aquel preseminal que había logrado exprimir de aquella polla. – ¡Mmmhg! –lo pillo de sorpresa, pero lo excitó, poniéndosela mas dura si era posible. –Toca Alois, toca, no te cortes, es todo tuyo~ –se ofreció de lleno, moviendo las caderas contra aquel pie que se la presionaba y se restregaba sobre y bajo su paquete. Mientras, el albino alemán no se la soltaba, chascándosela e incluso lamiéndosela, jadeando sobre su sensible sexo mientras que Alois gemía y pedía que parara. No, no iba ha hacerlo. Fuera de su boca, Gilbert presiono más aquella polla, explotando en su mano tras unas frotadas. Sobre su camiseta negra cayó aquella blanca esencia, sobresaltando de aquel fondo oscuro.
-Ya se que será lo primero en lavar primero… -dijo lentamente y suave, así como con diversión tras mirar aquel chorro que chocó contra su cubierto pecho. Su mano soltó la berga del contrario, que seguía manteniéndose erecta frente a él, así como brillante ante la luz que se colaba cortada de la calle por las ventanas. –Dios, me está doliendo la polla… -se quejó entre dientes, desabrochando con prisa el cinturón y el pantalón, quedándose sentado y con el contrario entre sus piernas. Aun con su camisa abierta y camiseta por debajo de ésta fue quien se apartó los pantalones hasta por debajo de las nalgas. Su miembro, duro, se alzaba frente ambos con poderío y orgullo. –Es la primera vez que se me pone así –confesó con una pervertida media sonrisa, mirando al contrario, y aquel cuerpo agitado suyo. –Oeh, Alois, me estoy responsabilizando de tu “amiguito” –su pene- no me hagas la gorda de no responsabilizarte de lo mío –le dijo sin perder esa sonrisa pervertida a modo de media luna en su rostro, con sus rojizos ojos brillantes de cierta picardía. Una de sus manos se la llevó a su sexo, aliviándose. La otra la usaba para apoyarse en el suelo y no caer su espalda al suelo.
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Off; estos ya utilizaran el colchon chirriante?? XD jajaja
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Mensaje por Alois Trancy el Jue Jun 21, 2012 4:34 am

Alois se sentía enloquecer en las manos del albino. Su piel se erizaba bajo su tacto y su respiración se agitaba, cada vez más inestable. Esa lengua jugueteando con su ombligo primero y con su miembro después le resultaba irresistible: no podía apartar la mirada. Nadie podría decir ni que Gilbert no lo hacía bien ni que no se esforzaba por hacerlo todavía mejor. Entre gemidos un hilito de saliva se escurrió por los labios semiabiertos del rubio, pero él ni cuenta se dio. El albino, por otro lado, parecía muy satisfecho con su idea de darle algo de alivio con su pie. Una lástima que Alois aún llevara los zapatos, pues descalzo su trabajo habría sido mucho más fácil… y placentero para el otro. Presionó con más firmeza donde se suponía debían estar los testículos y luego recorrió toda la longitud de su pene (perfectamente visible como un gran bulto en su pantalón) con la punta de su zapato. Parecía un gesto sencillo de realizar, pero no lo era tanto cuando estabas al borde del orgasmo.

Y entonces Gilbert empezó a lamer su polla y Alois ya no pudo más. Eran demasiados estímulos y demasiado buenos para contenerlos. Volvió a hundir sus uñas en la camisa del chico y su cuerpo se arqueó bruscamente hacia atrás, todos sus músculos contrayéndose.

-¡Aaaaaaaaaaaaaaah~!- el gemido le salió de lo más profundo de su garganta mientras se vaciaba en oleadas, sin saber dónde estaba yendo a parar su semilla. Finalmente sus piernas no pudieron sostenerlo más y acabó de rodillas entre las de Gilbert, que se había sentado en el suelo. Sonrió un poco al ver cómo había dejado la camiseta del chico.- N-no te habría pasado si estuvieras tan desnudo como yo…- bromeó, recuperándose poco a poco del orgasmo, y echándose sobre él como un gato le quitó la camisa y luego le sacó la camiseta negra (con cuidado de no mancharlo).- Sí, mucho mejor...

Por su parte Gilbert se había abierto y bajado los pantalones para liberar su polla. A Alois no le extrañó que se quejara de que le doliera: estaba increíblemente dura, goteante, deseosa de más atención. El rubio se relamió con solo verla y deseó tenerla ya dentro de su trasero, embistiéndole con fuerza. Pero habría tiempo de sobra para eso: ahora tenía que corresponder a su placentero contacto.

-Pobrecito…- susurró, como hablándole directamente al miembro de Gilbert, mientras terminaba de deshacerse de sus propios pantalones y zapatos, quedándose totalmente desnudo. Se inclinó hacia delante y lo tomó delicadamente entre sus manos, acariciándolo contra su mejilla. Con aquella pose Gilbert tenía una visión magnífica de su trasero alzado y expuesto.- No te preocupes, gustosamente le daré mucho amor~.

Alzó sus ojos celestes para mirarle con picardía solo un instante antes de empezar a mamársela. Alois quería devolverle el favor por lo de antes y usó sus mejores trucos. Él no se contentó con lamer por fuera, sino que tomó el miembro en su boca todo lo que pudo y comenzó a moverse de arriba a abajo. Cuando llegaba al extremo se dedicaba unos instantes a lamer y succionar la suave y húmeda punta. El olor, el sabor de Gilbert… sentía como todo eso lo intoxicaba y prendía aún más su pasión. Su propio miembro seguía erecto y goteante entre sus piernas. Usaba sus pequeñas manos para acariciar los testículos, masajeándolos, y de vez en cuando recorría con sus uñas la escasa piel expuesta de sus piernas y caderas. No pensaba detenerse hasta sentir a Gilbert explotar en su boca: quería saborearlo totalmente, probar el semen de aquel hombre que, inesperadamente, le había seducido como nadie antes.


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U: No, no llegan al colchón a este paso xDDD




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Mensaje por Gilbert Weber el Jue Jun 28, 2012 10:43 am

Alois se deshizo de las ropas del albino de rojizos iris, y éste no opuso resistencia alguna, todo lo contrario. Se dejó quitar la ropa por el felino de Alois, cooperando con él para que aquella pausa terminara, pues la presión de su entrepierna le apretaba y dolía, desabrochándose el pantalón y bajárselos hasta por debajo del trasero, junto el boxer, para dejar su hinchada y suplicante erección a la vista del rubio. Mientras Alois se quitaba por completo todo, Gilbert se llevó una mano a su polla para masajearla y aliviar su dolor con cierto placer.
Al verlo agacharse e inclinarse de rodillas hacia su erección, tomándolo con esa delicadeza y tratándola como si fuera un cachorrito, Gilbert sonrió mientras miraba hacia abajo, hacia aquel rostro oculto por la oscuridad de la habitación y sus cabellos. Sin embargo, su cuerpo tenuemente iluminado captó su atención, y mas aquel pequeño y alzado trasero. Al sentir como la cabeza del menor se movía, Gilbert le devolvió la mirada, viéndolo y sintiendo como se la mamaba, poniendo gran interés en su glande.
Aquella boca, esa boca, esas manitas… lo estaban volviendo loco de placer con esos tratos que tanto aliviaban su polla ante tanta excitación apresada en sus pantalones. Gilbert soltaba algún que otro jadeo mientras decía cosas como; “Oooh, si…” o “Uuf” excitado y gozoso por las manualidades del menor, así como por su control bucal.

Gilbert, mientras veía como aquella cabecita de rubios cabellos ascendía y descendía entre sus piernas, el albino, quien se apoyaba con ambas manos ligeramente hacia atrás, se irguió un poco y se apoyó en una sola mano. La liberada del peso se poso sobre aquella espalda de blanca piel. Acaricio sus costados, sus lumbares y, deslizándose hacia abajo, o en este caso hacia arriba, acabó por llegar a aquel trasero alzado que había captado su atención. El albino era incapaz de quedarse sin hacer nada aun por mucho placer que le diera el menor, quería más, siempre más. Igual que con el dinero. Le gustaba ganar, pero una vez ganado, quería más. Esto igual.
Palpó sus nalgas con esa mano traviesa e inquieta suya, apretando bajo su mano aquel trasero tan bien formado, dejándole la marca de esta sobre su trasero seguro, haciendo esto cuando el menor lograba hacerle estremecer la piel, sintiendo como un cosquilleo en su vientre bajaba por su entrepierna y a la vez un escalofrío recorría su espalda rápidamente. Era una sensación increíble, tanto que no era capaz ni de controlar cuando se corría ni cuanto. Esas manitas lo exprimían, lo absorbía despreocupadamente, y eso, le ponía más. No ser dueño de sus actos, que morbo.

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Mensaje por Alois Trancy el Vie Jul 06, 2012 9:34 am

Los gruñidos y gemidos ahogados de Gilbert eran el mejor regalo que al rubio le podían dar. Aquello pagaba con creces su “trabajo”. El albino, duro, húmedo y caliente en su boca, sabía y olía a hombre de tal manera que Alois se sentía arder de pasión a cada segundo que pasaba. Su propio miembro no tardó en dar señales de estar recuperándose para un “segundo asalto”. Gilbert era tan caliente… Le encantaba, simplemente le encantaba.

Sintió esa mano recorrer su piel desnuda y en un primer momento se estremeció bajo el tacto frío. Su piel se erizó de manera agradable siguiendo el recorrido que marcaba el albino en su cuerpo. Cuando finalmente llegó a su trasero y lo apretó con fuerza, Alois tuvo que sacarse de la boca el pene de Gil para poder gemir sonoramente. El dolor fue suave y placentero, y hacía sentir al rubio como si el mayor estuviera marcando su territorio. La mano de Gil parecía decir “esto es mío, tú lo sabes y yo lo sé”. Y él se dejó arrastrar por aquel pensamiento, inmensamente complacido.

Notó como el cuerpo del otro se tensaba bajo él y como su voz se hacía más profunda. Tuvo el tiempo justo para prepararse antes de que Gilbert llegara al clímax y se corriera en su boca. Alois cerró los ojos por la intensidad de las oleadas y a duras penas pudo contenerlo todo en la boca. Cuando finalmente se detuvo, el menor alzó la vista hacia Gil, aún con su miembro en la boca, y lo miró con una mezcla de lujuria y satisfacción. Cuando se retiró un poco de semen le descendió por la barbilla y le cayó sobre el pecho. Alois tragó y se limpió los restos del mentón con el pulgar.

-Te corriste mucho, Gil-kun.- canturreó alegremente, lamiendo sin pudor los restos de su dedo. Se echó hacia atrás hasta quedar erguido de rodillas frente a él. Su erección era obvia.- Pero espero que aún te quede más, porque no he terminado contigo, querido. Aunque te daré un pequeño descanso…

Entonces el rubio se puso en pie grácilmente y caminó hasta el mugriento colchón, donde se volvió a dejar caer con la misma gracia. Sonrió ladino, una sonrisa que pronosticaba que iba a hacer algo “travieso”. Su pelo dorado se esparció por el colchón pero Gilbert difícilmente podría verlo en la oscuridad. Lo que sí podría ver sería su silueta tumbada, con las piernas flexionadas, y sus delgados brazos moviéndose de arriba abajo.

-Si no te importa mientras voy a empezar a jugar solo, ¿de acuerdo? Cuando te recuperes puedes unirte si quieres~.- comenzó a lamer tres de sus dedos, con sensualidad, y guió su mano lentamente por su cuerpo desnudo. Pasó de largo su erección para dirigirse directamente a su entrada. Gimió levemente cuando se metió el primer dedo, y otra vez cuando comenzó a moverlo. Con total descaro comenzó a masturbarse y prepararse así, él mismo. Pero su intención no era darse placer (eso solo era un “daño colateral”) sino calentar a Gilbert, despertar de nuevo su pasión, pero esta vez más salvaje y desenfrenada si cabía.- Aaah… Mnnn… G-Gilbert…- y para colmo daba a entender que hacía todo aquello fantaseando con el propio alemán.- ¡G-Gilbert~! ¡Aahm~!

No, Alois Trancy no tenía vergüenza. Ni la conocía.




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Mensaje por Gilbert Weber el Miér Sep 05, 2012 8:48 am

Aquel rubio era la criatura más erótica, lujuriosa y hambrienta que Dios o alguien había creado. Lo tenía todo. Todo se encontraba contenido en ese cuerpo delgado de suaves curvas casi rectas (masculinas dentro de lo que caben). Rubio, de ojos azules, sediento de “leche” y deseoso de “amor”. Aunque el albino no catalogaba su atracción por él como amor, si que podría darle éste. Le daría eso y mucho más si se lo pedía. Se lo daría toda la noche.
Gil se recuperaba de aquella corrida en la que tanto gozó por las atenciones de Alois. –No tendrás que esperarme mucho –le dijo, viéndole marchar gracilmente como un felino a aquel mugroso y chirriante colchón en el que acabó sentándose y hasta tumbadote.
No veía más que la silueta de Alois en medio de aquella semioscuridad. Allí sentado en el suelo donde estaba, Gil, pudo ver como aquellas piernas se flexionaban, así como el movimiento tranquilo e incesante de sus brazos, que por la postura de cada uno de ellos, supo imaginarse lo que hacia. Solo con la oscura silueta del rubio tocándose como lo hacia, Gilbert quería mas. Sin embargo, ese “mas” no se apaciguó con los gemidos del menor. Solo hizo que aumentaran sus ganas. Si había sentido tanto placer solo con la boca del menor, hacerlo debía ser la gloria.
-Dios, como voy a resistirme a esto…!? -comentó para él un tanto desesperado por las ganas de estar a su lado, encima. El muy lascivo fantaseaba con él mientras se masturbaba, y él ahí mirando su silueta cuando podía ir junto a Alois y jugar como había dicho. Se puso en pie, apartó los pantalones por completó y se acercó al menor. –Puedes dejar de fantasear. Estoy aquí… -obvió con una voz posesiva mientras se arrodillaba frente aquellas flexionadas piernas tan delgadas. Sus manos acariciaron estas simultáneamente, mirando el oscuro (pero aun así visible) rostro del menor, dando un mordisco en una de sus rodillas mientras lo hacia. –Espero que me dejes jugar como me dijiste, Alois –le dijo con picardia en su voz, mirándolo igualmente. -¿Qué te parece ser mi paciente? Déjame verte, ábrete –le dijo, aunque fueron sus manos las que separaron un poco mas aquellas piernas, colándose él (de rodillas y algo reclinado hacia el menor) entre el hueco de estas. –Haber que tenemos aquí… -se metió un poco en su papel, tocando aquel pecho, pellizcando esos pezoncitos. Y así fue bajando por su vientre, al menos una de las manos, pues la otra se quedó entretenida con uno de los “botoncitos” del menor. La siguiente acariciaba esa piel, notando la reacción que aquellas caricias provocaban en su piel y cuerpo. –Dime… te duele aquí? –pregunto pervertido, pasando su dedo índice por el falo nuevamente alzado del menor. Fue de su base hasta su cima, dando un toquecito en su glande, aun siguiendo estimulando y jugueteando su otra mano con aquel pezón.
El albino tenía fetiches raros, y aquel tal vez pasara a ser otro. Esto de los roles le gustaba…
Off; siento la tardanza con éste, entre los preparativos de la uni, el tema con zack y otros de otros sitios no daba a basto XD
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Mensaje por Alois Trancy el Miér Sep 05, 2012 11:39 am

A lo largo de su corta vida le habían llamado zorra, puta y toda serie de insultos relacionados muchas, muchas veces. Pero Alois no solía negarlos, al fin y al cabo eran ciertos. Se acostaba con hombres por dinero o beneficios, así que era una puta. Y desde luego le encantaba el sexo y no se molestaba en ocultarlo, así que también era una zorra. Hacía mucho tiempo que había pasado ese bache emocional de sentirse sucio y despreciable; ahora era consciente de que aquella era la mejor forma que conocía de sobrevivir solo en aquel mundo, en aquella ciudad corrupta y cada vez más salvaje. Y el sexo se sentía bien, joder; quien dijera lo contrario mentía descaradamente.

Así que el rubio no tenía reparos en hacer aquel tipo de cosas frente a Gilbert. Imaginaba (acertadamente) que verle tocándose pensando en él lo excitaría, y eso supondría que ese sexy alemán se le echaría encima y le daría mucha más diversión y placer. Efectivamente el albino no tardó demasiado en acudir a su encuentro tras desnudarse entero, algo que gustó mucho a Alois y se reflejó en la forma en que se mordía los labios, lujurioso.

-Prefiero al de verdad definitivamente~.- susurró lascivamente mientras el otro le acariciaba las piernas. Rio un poco cuando le mordisqueó la rodilla y un poco más cuando le propuso jugar a los “médicos”.- Oh sí Doctor, revíseme

Gilbert le abrió las piernas y Alois no opuso resistencia. Sus dedos habían estado en su trasero, abriéndolo y acariciándolo pero con cuidado de no tocar los lugares más sensibles (esos se los reservaba a Gil), pero ahora los sacó. Se relamió de pura lujuria al ver cómo le miraba y acariciaba el albino, y gimió quedamente cuando se puso a juguetear con sus sensibles pezones.

-D-debo estar muy enfermo, Doctor…- gimoteó, regalándole una pequeña actuación de paciente inocente e ingenuo.- C-cuando me toca m-mi pulso se acelera… ¿V-voy a morir, Doctor? ¡Mmmm~!- Gil estaba ahora recorriendo su erección con uno de sus dedos, jugando con la paciencia del rubio. Alois se mordió los labios y lo miró tratando de sentir una vergüenza que en realidad no sentía. Era complicado hacerse el virginal.- D-d-doctor ahí… ahí se siente… m-muy doloroso… Pero…- tomó aquella mano con la que Gil rozaba su polla y la empujó más abajo, justo contra su ansiosa entrada.-… a-aquí está muy caliente y se siente tan, tan vacío… ¿S-sabe que tengo, Doctor?

Tenía que reconocer que el juego de los roles había sido muy buena idea: se estaba poniendo bastante cachondo con todo aquello. Claro que la estimulación sobre su pezón y la forma casi animal con la que Gil le miraba también tenían parte de culpa. Aún en la semi-oscuridad reinante Alois podía ver esos ojos rojos, ese torso suave pero masculino… y esa polla que tanto deseaba tener dentro. ¿Le haría Gil suplicar por ella o captaría la indirecta de su “enfermedad”?




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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Sep 29, 2012 6:35 am

Gilbert lo “estudiaba” con sus manos, disfrutando como nunca en ningún estudio. El menor estaba calido, y su repentino cambio de estar completamente lascivo a ser alguien inocente y virgen, pasando de ser su compañero a su paciente, le gustó. Había aceptado su papel y lo interpretaba de tal forma que lo excitaba todavía más con aquella mirada y aquellos gestos, así como por su voz.

Sonrió al asentir que le dolía en aquel punto que era su polla, la cual acarició de arriba abajo mientras seguían entreteniéndose con la rigidez y rugosidad de su pequeño e empitonado pezón. –Pues no sé cual es el problema, ¿eh….? ¿Pero? –preguntó, recibiendo como respuesta la mano del menor sobre la de polla, que la arrastró un poco mas hacia abajo, a su trasero. Gilbert lo miraba con
hambre. Estaba realmente duro y apenas duraría mucho más sin hacer algo más que representar los papeles de rol. –No te preocupes –dijo apartando la mano de su pezón y trasero. –Tienes suerte de que sea tu doctor. Lo que necesitas está ya listo aquí,
entre mis piernas –fue diciéndole mientras se recostaba un poco sobre Alois, guiando su polla hacia el culo del contrario con una de
sus manos para “darle su medicina”. –Está como nunca, dura, dura –le aseguró, acariciando con su glande la entradita. –Tal vez te duela el “pinchacito” –Con esto empezó a avanzar en su interior, abriendo al rubio a su paso por él.

El menor se había preparado con sus dedos, pero eso no quitaba que siguiera igual de estrecho, aunque con su cuerpecito… La estrechez la tenía asegurada.

Gilbert pudo verificar que realmente estaba caliente el rubio, pues era esa misma calidez y su estrechez la que tan bien le hacia sentir. Eso y que quien estuviera bajo él fuera nada más y nada menos que el rubio. De verdad que sentía un cariño por él. Sentía hacia el rubio una serie de profundos pero ciegos sentimientos. Sabia quien era, que decían de él en el instituto y conocía su fama, pero sabia por qué lo hacia. Eran iguales. La única explicación de que hicieran cada uno lo suyo, uno pirarse a todo ser viviente, y el otro apostarse hasta la vida, era por sus respectivos hermanos pequeños.

Comenzó entrando y saliendo de él mientras encontraba su mejor postura sobre él para tomarlo, encontrándose entre las piernas del rubio, delgadas y blancas como el resto de su piel. Una de sus manos se entrelazó con la de Alois, y la posó sobre el colchón, sobre la cabeza del menor. Con el codo de su otro brazo se apoyaba, ayudándose en sus movimientos. Sus rojizos iris miraban el rostro de Alois, o al menos lo que la luz que se colaba en aquella pocilga de sitio le permitía ver, volviendo aquel rostro infantil y lujurioso exótico.

-Seguro que aquí también te duele… -dijo casi en un ronco susurro, acercando sus labios a los rojizos de Alois. Poco a poco iba acelerando, entrando más en el menor. Sus labios se fundieron con los del rubio, dando comienzo a un húmedo beso, largo y profundo…
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Mensaje por Alois Trancy el Dom Sep 30, 2012 5:51 am

Gilbert estaba tan o más caliente que él, y eso le encantaba. Adoraba que los hombres le miraran con esos ojos lujuriosos y desesperados, como los de un predador a punto de echarse sobre él para darse un banquete. Alois gimoteó como un niño privado de su juguete favorito cuando el germano dejó de tocar su cuerpo, haciendo que todo él se estremeciera ante una pequeña brisa que se filtró por las viejas ventanas. Quería su calor, quería su cuerpo sobre el suyo propio, moviéndose salvajemente en esa danza de placer tan conocida. Y no se molestaba en ocultar su deseo así que Gil debía estar notándolo claramente. Afortunadamente su compañero no era un sádico y no le haría rogar: gustosamente le daría su “medicina”.

-Dámelo, dámelo Gil…- exigió con tono infantil, estirando sus brazos cuando el mayor se recostó sobre él para abrazarse a su cuello. Abrió aún más las piernas al sentir aquella polla dura y caliente contra su trasero.- Mnnh… Póngame mi inyección Doctor… la necesito…

No le importaba el dolor, estaba acostumbrado. Se arqueó hacia atrás con un sonoro gemido mientras el albino se hundía en su cuerpo lentamente. Le encantaba esa sensación, el verse invadido tan íntimamente pero, al mismo tiempo, tan delicadamente. Escondió su rostro en el hueco entre el cuello y el hombro de Gil cuando éste empezó a moverse. Alois se abrazó a sus caderas con las piernas y se dedicó a lamer, morder y jadear contra aquel cuello pálido pero cálido, dejándole marcas allá donde pillaba. Pero es que aquella era la mejor forma que conocía de controlar su propio placer, ese que le subía desde su trasero, le hacía palpitar la polla y estremecer todo el cuerpo. En muy poco tiempo estaba totalmente acostumbrado a la intromisión y movía sus propias caderas al son del albino, buscando el placer de ambos.

Se sorprendió cuando el alemán le quitó una de sus manos del cuello solo para poder entrelazarla con la suya. Sus ojos azules, grandes y expresivos, fueron testigos de esta sorpresa: no estaba acostumbrado a gestos tan tiernos. Se le escapó una sonrisilla tierna que poco tenía que ver con las lujuriosas de antes y apretó aquella mano con sus dedos. Su mirada se prendó de la carmesí y por un momento se le olvidó dónde estaban y qué estaban haciendo. Le vio inclinarse hacia sus labios, hablarle con aquel tono ronco que le ponía la carne de gallina…

-Sí…- susurró, su voz limpia de segundas intenciones. El rubio se descubrió a sí mismo deseando desesperadamente ese beso. Deseando aquellas pequeñas muestras de cariño con todas sus fuerzas.- Cúrame Gil…

Se fundieron en un beso húmedo y apasionado, incluso mejor que los que habían tenido hasta el momento. Alois jugueteó con la lengua del albino y le dejó campar a sus anchas por su boca mientras que sus caderas recuperaban el ímpetu de antes. Podía sentir a Gil totalmente duro abriéndose paso por su interior, cada vez más y más adentro… Y entonces la punta de su miembro rozó un punto muy sensible en su interior y Alois tuvo que romper el beso para gemir fuertemente.

-Aah… Aaaa~h… J-justo ahí… ¡Aaaaah~!- con cada nueva embestida el albino volvía a estimularle y el rubio ya tenía los ojos anegados de lágrimas por el placer. Notaba su propio miembro aprisionado entre los vientres de ambos, estimulado también por todo aquel vaivén.- ¡Mmmm~! G-gil… s-si sigues así yo… D-demasiado pronto…- ni si quiera podía coordinar sus palabras, pero quería avisarle de lo cerca que estaba de correrse.

Alois no entendía porqué se sentía tan bien. Es decir Gil era bueno en la cama, pero los había tenido mejores. También los había tenido con la polla más grande, pero… Pero inexplicablemente en esos momentos no recordaba una vez que se hubiera sentido mejor. Quizás solo era por la fogosidad del momento, o quizás porque estando con Gilbert se sentía cómodo y seguro. Sabía que no le haría daño ni le obligaría a hacer nada que no quisiera y eso le daba cierta seguridad. Ese chico no iba solo a buscar su placer personal, realmente lo estaba haciendo de forma que el propio Alois se deshacía de gusto…

Apretó de nuevo aquella mano, grande y fuerte, y se sintió protegido por alguna estúpida razón. Y después todo empezó a darle vueltas y el aire a faltarle: estaba al borde del orgasmo.




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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Oct 07, 2012 2:04 am

Entra y salía. Entraba y salía. Lo hacia sin brusquedad, pero tampoco con suma delicadeza, pues tuvo que abrir al menor, adaptarlo a él, cosa que no tardó el rubio, quien se abrazó a su cintura con sus piernas, manteniendo así al albino fijado a él. Seguro de que no se iría a mitad del polvo, aunque… ¿Quién sería tan estúpido de hacerlo siquiera cuando el contrario no era otro que Alois? Tonto había que ser para eso.

La vocecilla del menor al susurrarle la afirmativa de su frase, escuchando aquello de que le curara, le excitó. Todo él le excitaba. Su piel, su cuerpo, su voz, su forma de moverse, su forma de agarrarse a él, su… Su TODO. De haber sabido que invitándole a tomar algo antes hubiera estado así con le contrario, lo hubiera hecho hacia tiempo, pero no tenia marcha atrás, y Gil vivía el presente. Un presente que quería que nunca acabase. No señor.

Sus labios se mantuvieron sellados por los del contrario, entrelazándose sus lenguas, besándose profunda y fogosamente. Con una pasión que Gilbert no había sentido jamás, ni siquiera con Zack en aquella “primera” vez que lo hicieron. Ni con Zack ni con alguna alumna de otro instituto que había conseguí convencer de que le acompañase a casa, donde terminaba liándose por provocación ajena. Algún roce ya había tenido con algún hombre, pero nada más que eso. Roces. No los contaba para nada, y menos se los contaba a nadie.

Durante aquel beso, dejándose llevar por la fuerte pasión que lo embriagaba, fue profundizando en cada penetración en el menor, con el que se frotaba activamente sobre aquel viejo colchón que no dejaba de chirriar sin descanso por el incesante ejercicio. Gil frunció el entrecejo y lo relajó al segundo siguiente. Alois, por como se separó del beso, de golpe, para gemir de placer, supuso el albino que también sentía lo mismo.

Gilbert sentía un exquisito placer en su entrepierna. Un~placer que se extendía por su vientre y piernas, aceleraba su corazón, su respiración, y has le aceleraba a él para evitar que esa llama de intenso placer no dejara de cegarlo. A él y al rubio, que gemía bajo el germano.


Crii - Crii - Crii - Crii

La cama no cesaba en sus propios “gemidos”.


-Déjalo… no te contengas. Conmigo no, ¡Hmmg…! –gimió al final, clavándose en él de una sola embestida, abordándole una chispa de cegador placer que recorrió su cuerpo. El germano no cesaba, yendo adelante y atrás sobre aquel cuerpo del menor, moviendo sus caderas descontroladamente, encontrándose sus ojos rasgados por el placer y sus mejillas ardientes de excitación. –Conmigo no… -repitió en un jadeo, completamente centrado en aquel intenso placer
que aun tenía que llegar, manteniendo su mejilla casi pegada a las del rubio, quien apretaba su mano más intensamente.

-Te has cerrado un poco… -observó en un susurro, con gusto. Aquella sensación de mayor presión cuando el aun no se había corrido era… era increíble. –Te voy llenar. Alois… Mmmhg… –Anunció, sin dejar de tomarlo, sintiendo como llegaba por completo al orgasmo, como no dejaba de hacerle el amor mientras lo marcaba con su semilla. –Alois… -dijo su nombre, ya fuera para llamarlo, mencionar éste sin más o a saber. El caso es que de un modo u otro, sus labios recorrían aquella mejilla, barbilla, mandíbula y hasta cuello.

Off; Siento tardar, y bueno... abrí un tema entre mis dos pjs, para que al final llegue el momento (lejano seguro XD) en el que Zack y Gin se encuentren y se zurren. Para eso se necesitará un cebo, y ¿quien mejor que Gilbert? XD Espero que te parezca buena idea, jaja
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Mensaje por Alois Trancy el Dom Oct 07, 2012 7:59 am

Su piel se estremecía al escuchar los jadeos de Gil junto a su oído. Podía notar los cuerpos de ambos rozándose una y otra vez, húmedos de sudor y ardientes de deseo. El propio Alois no se molestaba en esconder sus gemidos, como no escondía su placer. Apretaba tan fuerte las caderas del otro con sus piernas que sentía que al día siguiente tendría moratones en los muslos. Se abrazaba al cuello ajeno como si no quisiera soltarlo jamás. Ambos escondían el rostro en el cuello del otro, empapándose de aquel olor fuerte y excitante, para nada desagradable.

Estaba a punto de acabar y así se lo hizo saber al albino. Pero Gilbert ni se detuvo ni le pidió que lo esperara. “No te contengas… conmigo no…”. Aquellas palabras, pronunciadas quizás al azar, fueron calando poco a poco en la mente del rubio. No era eso lo que estaba acostumbrado a escuchar. Normalmente le ordenaban que no se corriera antes que el otro, o simplemente le prohibían hacerlo hasta que le dieran ese permiso. Porque su placer no solía importarle a nadie. Él era una puta, y su única labor era dar placer a otros. Tampoco era que solo se acostara con cabrones sádicos, casi siempre Alois terminaba por correrse también pero generalmente teniendo que recurrir a la masturbación… Como fuera, Gilbert le estaba dando “libertad”. Con aquellas pocas palabras Alois sentía como si Gil le diera permiso para ser él mismo, para disfrutar simplemente de aquel acto tan natural… Y, ¿acaso no estaba haciendo aquello aún sin haber ningún beneficio detrás? No iba a ganar nada acostándose con Gilbert. Gil no tenía dinero. Gil no podría protegerlo. Gil no podría ponerlo a él por encima de todo lo demás, porque Gil ya tenía a Aaron… Así que si tenía sexo con él era simplemente por desfogarse, o eso había creído al principio. Ahora pensaba que, si estaba así con él, era por sentir esa libertad de ser él mismo.

Como en el caso de la Cenicienta, el cuento se desvanecería en el aire con el alba. Porque si Gil no sabía aún como se ganaba Alois la vida, lo averiguaría pronto. Aquella noche no se repetiría, y Alois apretó esa mano terriblemente agradecido por aquellos instantes de sencilla felicidad. El mañana le daba igual, nunca pensaba en él… porque de hacerlo no habría podido seguir adelante.

Cerró los ojos con fuerza y su espalda se arqueó mientras alcanzaba el orgasmo. No supo si el gemido se le escapó o se quedó atrapado en su garganta porque todo se volvió blanco y la cabeza empezó a darle vueltas. Un par de lágrimas se le escaparon y recorrieron sus mejillas. Y Alois escuchó la voz de Gil y rió por lo bajo.

-Lléname Gil… Hazme sentir completamente tuyo aunque sea por un instante…- le susurró al oído, gimiendo de nuevo y temblando cuando lo notó correrse en su interior y, aún así, seguir moviéndose. Notó que empezaba a besarlo por todo el rostro y el cuello, y aquello lo hizo reír una vez más mientras más lágrimas salían, pero pasarían desapercibida como una simple consecuencia del fuerte orgasmo.- Gil…- lo llamó, y liberó la mano con la que se sostenía de su cuello para tomarlo de la mandíbula y alzarle el rostro.- Bésame otra vez… Me gusta… Me gusta mucho cuando lo haces…

Pero fue él quien lo besó, lenta pero desesperadamente. Su pecho aún latía acelerado y su respiración no se había normalizado, pero sus piernas ya no tenían fuerza para seguir aprisionando al albino así que lo soltaron. Alois dejó que el peso del mayor lo cubriera, húmedo y caliente, agradable… Y disfrutó de aquel beso como si fuera el último, porque no sabía si efectivamente lo sería.

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U: Síiiii >w< Lo leí y me encantó, como también me encanta la idea! Estaré atenta al desenlace de ese tema êwê Drama, drama~ (?)




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Mensaje por Gilbert Weber el Lun Oct 08, 2012 11:12 am

Gilbert había escuchado rumores respecto al rubio en el Dokusei. Siendo alguien que estaba siempre puesto, cosas como las que rodeaban al menor no se le pasaba desapercibido. Aun así, al albino le importaba poco esos rumores, pues él conocía al verdadero Alois Trancy. Él conocía a la persona que había tras esos rumores, cómo era en realidad y, por mucho que lo pusieran de un interesado y una puta, él para nada lo veía así. Sabía por qué lo hacia, por su hermano, por Luka. Al igual que él hacia sus “negocios”, el contrario hacia los suyos a su manera para lo mismo que Gilbert. Pagar el hospital que, para unos
adolescentes, era terriblemente difícil para pagar. Pero ahí estaban, sacrificándose, arriesgándose a cada día para salir adelante.

Sí, Gilbert Weber quería a aquella persona que tenia bajo su cuerpo, calido y húmedo. Desde la primera vez que lo vio sintió un profundo interés en él, de ahí que cuando se lo encontró en el hospital, en la sala de espera por vez primera, quiso conocerle mas, llegando así a darse cuenta de que eran dos personas idénticas. Sin padres, luchadores en un mundo de miseria, hermanos mayores dedicados a sus hermanos… Fue desde entonces, desde que supo que eran idénticos, el reflejo del contrario, que decidió no tener mas que una relación amistosa. Nada más. No iría mas adelante pese a que sus sentimientos hacia el menor no cesaron.

Aun así… Ahí estaba, con él.

Escuchó su nombre, como lo llamó. ¿Por qué sonaba tan bien su nombre al salir de sus labios? El albino fue a mirar al rubio, siendo guiado su rostro por la mano del menor, quien lo tomo con suma suavidad de la mandíbula, ordenándole que volviera a besarlo. Aquello le gustó, aunque le gusto por lo que vino a continuación.

Mientras seguían en su acto sexual en aquel mugroso lugar, habiendo relajado el enloquecido ritmo que habían llevado hasta minutos mas tarde de que Gil lo llenó, ambos se fundieron en un nuevo beso húmedo, profundo, pasional y… al menos por parte de Gilbert, sincero.

Con la mano de aquel brazo con el que se apoyaba sobre el colchón, con el codo, enredó sus dedos en el cabello dorado del menor, besándolo con los ojos cerrados, dejándose llevar por los instintos básicos y del corazón.

-Te vuelves a cerrar…Es muy estrecho... -susurró, jadeante, cuando sus labios se separaron antes de volverse a unir. El corazón del albino palpitaba, amenazando con taladrar su pecho, y su respiración era profunda e intensa. –Mmh... Te… -¿Qué iba a decirle? ¿Que le quería? Él se había dicho que nunca fuera mas allá de una simple amistad con el rubio aun por lo que sentía, pero… ¿acaso no se había saltado ya su propia norma? – ¿Ya te queda algo…? -dijo tontamente, con una sonrisa feliz y un brillo en sus ojos, que miraban al rubio bajo él. Se había quedado con las ganas de decirle aquello, lo que sentía, por miedo a su respuesta y puede que por miedo a lo que aquella relación podía causar….

Gilbert, habiendo cesado al final de penetrarlo, quedandose unido de aquella forma, permanecia sobre el rubio, cubriendole, notando como una pequeña rafaguita de aire se colaba por alguna d elas ventanas, erizando la piel de su espalda por el contraste de temperatura.
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Mensaje por Alois Trancy el Sáb Oct 20, 2012 5:13 am

Gil le devolvió el beso, y lo hizo de tal forma que Alois se sintió totalmente correspondido. No podía entender lo que sentía en esos instantes, cuando su cuerpo aún temblaba de placer y su piel se veía incapaz de desprenderse del calor ajeno. No quería que aquel beso acabara jamás. Quería disfrutarlo y después atesorarlo en su recuerdo. Porque aquel era el tipo de beso que él pensaba que se daban los amantes, aquellos que compartían su amor. ¿No tenía derecho a dejarse llevar por una vez por la fantasía? ¿Qué daño podía a hacer a nadie más imaginando cómo podía ser tener una vida normal con aquel chico, una sana relación de pareja? Despertar todos los días entre sus brazos, sentirse querido, necesitado por otro ser humano… Sin problemas, sin responsabilidades, disfrutando del día a día, emocionándose por el mañana…

Soñar era bonito. Pero para alguien como Alois tenía un límite, y era aquel. Al final solo él saldría dañado por esas fantasías imposibles.

-Eso es porque Gil está dentro de mí…- le respondió con una sonrisa cansada por todo aquel ajetreo y sus pensamientos. Cerró los ojos unos instantes para sentir los dedos del albino entre sus cabellos, amables y cariñosos. Le escuchó dudar y abrió lentamente los ojos, centrándose en los carmesíes del otro. ¿Iba a decir lo que él creía…? No, claro que no. Sonrió un poco más fuerte, sus ojos celestes tratando de no mostrar su egoísta decepción.- Si es contigo podría pasar toda la noche sin parar… Pero creo que ahora prefiero que simplemente nos quedemos como estamos…- soltó su mano por primera vez para poder abrazarse a su cuello con ambos brazos, apoyando el rostro sobre su hombro. No le importaba su peso, ni le importaba el molesto dolor en el trasero que tendría al día siguiente en el trasero.- Quédate dentro…- le rogó, pues quería seguir sintiéndose unido a Gil aunque solo fuera de aquella manera física.

Solo era un momento de debilidad, se dijo. Pronto pasaría y mañana sería otro día. Podría volver a mirar a Gilbert a la cara y sonreírle con naturalidad, hablar de sus hermanos, de los médicos, del hospital… Volver a la rutina. Pero, mientras tanto, podía ser egoísta y retener a aquel hombre con él. Solo por una noche. Se giró para que ambos quedaran sobre la cama, frente a frente, y rápidamente se volvió a pegar a él cual lapa.

-¿Podemos dormir aquí? ¿O tienes demasiado frío?- le preguntó en un susurro, mirándolo directamente a los ojos.- No quiero ir a casa ahora…

Porque en casa solo estaría Ciel. Ciel y sus reproches, Ciel y sus exigencias. Ciel, y su incapacidad para mostrarle aunque solo fuera una migaja de cariño. ¿Y ese era el chico al que amaba? Ya no lo tenía tan claro… Y, cuanto más conocía a Gilbert, menos.




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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Oct 21, 2012 12:32 am

Gilbert, sintiéndose en paz con Alois, allí tendido sobre él, le obedeció y se mantuvo dentro de él un rato mientras se abrazaban. Le hubiera gustado decirle que le quería, pero por miedo a echar a peder todo aquel momento tan especial, se lo había callado, conformándose con el aroma del contrario, ahora mezclado con el olor a sexo.

El colchón sobre el que se encontraban seguía chirriando en cada movimiento por pequeño que fuera. Al final no resultó tan mierda a fin de cuentas. Era mejor que dormir en el suelo, que aun estaba mas echo mierda que el propio colchón. Cuando se giraron, terminando por salir en aquel movimiento el albino del rubio, el colchón chirrió al ponerse ambos de lado cara a cara y bien entrelazados. Gilbert daba la espalda a la ventana, sirviendo al menor de refugio en cuanto a la suave frisa que se colaban por entre las ventanas.

-Tranquilo,no importa… - sentía bien que se preocupara alguien por él. Vale que Zack se preocupara por él, pero solo solía hacerlo, por lo general, cuando algo iba mal o ya estaba mal. No se preocupaba por algo tan banal como de si tenía o no frío. Y Aaron… era su hermano pequeño, era normal que le preguntara si estaba bien pese a no saber ni
siquiera lo que hacia el mayor para pagarle el hospital. Gil se acercó un poco más contra sí al rubio. –Mientras estés cerca estaré bien –añadió a no tardar, escuchando aquello último de Alois sobre que no quería ir a casa. Al menos ahora.

-Duerme entonces…

El albino acomodó su barbilla sobre los rubios cabellos del contrario, no sin antes besarle ahí. El nudo de piernas y brazos que resultaba ser sus cuerpos descansaba en aquel lugar de mala muerte. Tal vez aquel lugar era el lugar idóneo para ellos, dos personas que apenas podían ahorrar aun por el trabajo que realizaban. Si, eran dos pobretones solitarios que solo tenían a sus hermanos pequeños en este mundo, aunque… ahora se tenían el uno al otro. Y así, teniéndose por aquella noche el uno al otro, acabaron durmiéndose en un pacífico silencio corrompido únicamente por los lejanos sonidos de la calle.

Gilbert esperó a que Alois se durmiera frente su pecho, entre sus brazos. Parecía tan inocente y tranquilo en aquel momento… Su cabello despeinado y pegado a la frente, su rostro tranquilo, relajado, y sus labios entreabiertos le daba una imagen muy tierna. Satisfecho por aquella imagen, cansado por el largo día, Gil se permitió dormir tras haber recibido aquel regalo para la vista pese a encontrarse en la semioscuridad, entrando una luz anaranjada en el lugar. Por las ventanas…
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Mensaje por Alois Trancy el Jue Nov 01, 2012 4:35 pm

Estar con Gilbert era increíble. Cada gesto del albino estaba orientado a hacer sentir más cómodo a Alois, algo que este agradecía en su fuero interno. No estaba acostumbrado a ese tipo de trato pero no podía negar que era muy agradable. Podría llegar hasta a acostumbrarse, algo peligroso… Pero en esos momentos solo podía acurrucarse en el cálido pecho de Gilbert y sonreír como un idiota. No quería pensar en las lágrimas anteriores, solo en el ahora: en la calidez, la ternura, la sensación de protección…

-Sí…- susurró, y se acurrucó un poco más. Estaba totalmente agotado ahora que lo pensaba. Había sido un día muy, muy largo. Habían pasado muchas cosas… Y aunque al día siguiente todo volviera a ser como siempre, recordaría aquel instante, entre los brazos de Gil, y sonreiría.- Buenas noches Gil…

Notaba la respiración del otro en su pelo, meciéndolo suavemente. El latir de su corazón era lento y acompasado, casi como una nana… Y sus efectos no se hicieron esperar. En pocos minutos estaba totalmente dormido, vencido por el sueño, ajeno a esos ojos carmesíes que le observaban con extremada ternura. Esos ojos que eran capaces de ver bajo toda su suciedad, capaces de ignorar la podredumbre, capaces de alcanzar su alma… Y capaces de perdonarlo todo.

Con todo, no pasaron muchas horas antes de que Alois se despertara. La luz del sol entraba a raudales por la ventana y le daba directamente en la cara. Al principio frunció el ceño y trató de cubrirse con la mano. Tardó unos momentos en recordar dónde estaba y con quién… y unos momentos más para recordar como habían acabado allí. Sin atreverse a moverse aún observó el rostro dormido de Gilbert. Tenía unos rasgos realmente hermosos y parecía un ángel allí dormido, abrazado a él. Realmente se había portado como uno la noche anterior. Tan amable y atento… Era un gran chico. No se merecía la vida que le había tocado vivir. Alargó sus dedos para apartar delicadamente un mechón blanco que le caía por la sien, preguntándose qué hubiera pasado si se hubieran conocido en otras circunstancias, en otra vida… Tal vez habría habido una oportunidad para ellos. Tal vez se habría atrevido a quedarse allí, entre sus brazos, dejándose arrastrar por ese deseo egoísta de querer ser mimado.

Pero no podía permitírselo. Solo le traería problemas a Gilbert. Él se merecía algo mejor que una puta como el rubio… Y estaba Ciel. Estaba olvidando a Ciel con demasiada facilidad.

Salió como pudo del abrazo del albino, con mucho cuidado de no despertarlo. Buscó su ropa por el mugriento piso (que gracias a ellos ahora estaba aún más mugriento) y mientras lo hacía notó como algo pegajoso se escurría por sus muslos. Era una sensación conocida. Se vistió en silencio y, cuando estuvo listo, volvió a mirar el mugriento colchón que los había acogido esa noche. Ahora podía ver con todo lujo de detalles el cuerpo del albino, y qué cuerpo… Buscó la chaqueta de Gil y se la echó con cuidado por encima, para que no cogiera frío. Fue a acariciarle el cabello, casi por instinto, pero se detuvo en el último momento. Era mejor dejarlo así: una noche de locura, nada importante. Así estaba bien. Salió por la ventana sin mirar atrás, dispuesto a comenzar un día más de su patética vida…

Ciel le iba a estar gritando durante horas por no haberle preparado el desayuno a tiempo.



~ TERMINADO ~





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