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Entre iguales [Priv. Gilbert][+18]

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Mensaje por Alois Trancy el Lun Abr 02, 2012 3:05 am

Las risas infantiles se escuchaban por todo el pasillo. Venían de la habitación 208, cuya placa rezaba “Luka Trancy”. Era una habitación individual, espaciosa y hasta bonita… para ser la habitación de un hospital. Hacía tanto tiempo que Luka estaba allí ingresado (casi toda su corta vida) que el cuarto estaba totalmente personalizado: posters de series y películas, fotografías de paisajes, lugares y personas, libros y más libros, juguetes… Todo regalos que su querido hermano mayor le había ido trayendo desde “el exterior”. A pesar de vivir confinado en un hospital y de tener una salud extremadamente delicada Luka no era un niño infeliz. O al menos no lo parecía cuando Alois estaba con él.

-… y entonces Ciel apareció con la mitad de los botones mal abrochados y las cordoneras desatadas, no sabes como se lía con eso de las cordoneras… ¡Es increíble lo torpe que puede ser!- reía descontroladamente Alois Trancy, el hermano mayor. Se sujetaba la barriga en un vano intento de relajarse, pero era inútil cuando ambos llevaban tanto tiempo riéndose a costa de su “patrón”.

-Ciel no sabe que hacer nada sin ti, Onii.- replicó Luka con una enorme y encantadora sonrisa, sus grandes ojos brillando de amor y admiración hacia el rubio. A pesar de tener casi trece años ya no aparentaba más de ocho debido a su enfermedad. No estaba creciendo a un ritmo normal.- ¡Seguro que se moriría!

-¡Seguro! Sabes Luka, es que él es como un niño pequeño. Tan torpe y adorable al mismo tiempo…

La agradable conversación de los hermanos fue interrumpida por la llegada del doctor. Habían comenzado las rondas por el ala de pediatría, donde se encontraban, y la enfermera le pidió como siempre que saliera del cuarto mientras examinaban a Luka. Aquello era algo que repateaba en el hígado a Alois: ¿por qué diablos no podía estar presente? La excusa de que era menor de edad no le parecía suficiente. Él quería estar con Luka mientras ese estúpido médico le toqueteaba y le pinchaba…

-Tsk, estúpidos hospitales y más estúpidos aún médicos…- iba farfullando mientras pateaba débilmente la máquina de refrescos antes de sacar de ella un zumo de frutas tropicales. Necesitaba azúcar.

Se dejó caer sobre unos sillones del área de espera. Toda la jovialidad que había mostrado en la habitación había desaparecido y ahora los jóvenes hombros se veían hundidos, como si Alois soportara el peso de medio mundo. Su mirada se perdió en las baldosas del suelo, la lata de zumo entre sus manos, dando perezosas vueltas entre sus dedos.


Última edición por Alois Trancy el Dom Mayo 27, 2012 5:23 am, editado 1 vez
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Mensaje por Gilbert Weber el Mar Abr 03, 2012 4:25 am

Aaron llevaba unos días con décimas de fiebre, por lo que Gilbert lo visitaba más a menudo a lo largo del día.
En esta ocasión, Gilbert, le traía un pequeño regalo para alegrarle el día. Pasar los días de su joven vida metido en aquella habitación, en aquel hospital… debía ser agobiante y estresante. Para él lo sería, y mucho. Cierto es que Gil pasaba gran parte de su tiempo allí metido junto a su hermano, pero a diferencia del menor, él podía salir cuando quisiera y marchar a donde quisiera. Aaron no.
Entró al hospital con un paquete envuelto en un colorido y llamativo papel de regalo. Subió las dos plantas por las escaleras. Con tanta gente yendo y viniendo los ascensores estaban siempre llenos, y en más de la mitad de veces, tenías que chuparte mil subidas bajadas de pisos hasta llegar al tuyo. Nah… para eso, se ahorraba el ajetreo de la gente y el tortuoso olor a humanidad del ascensor subiendo los dos pisos a patita. Una vez allí, nada más llegar, una de las enfermeras le informo educadamente que los doctores andaban con la revisión de sus pacientes, y que por tanto, debía esperar a que terminaran antes de entrar. Ante esta noticia el alvino suspiró resignado y se dirigió hacia el área de descanso. Ya en su momento intentó e insistió en que le revisara frente a él, que era su hermano y que no debía de haber nada que se le ocultara. Pero nada, las enfermeras le ganaron en cabezonería y, bueno… fue su hermano quien, al no querer que Gil tuviera problemas, le pidio que saliera, prometiéndole con una infantil y sincera sonrisa que estaría bien. El albino, sin darse cuenta, sobreprotegía a su hermano demasiado.
Caminando por el pasillo del hospital, pasando por la puerta de su hermano, la 212, se encontró con una más que conocida figura. Ésta estaba sentada y mirando de forma neutra el suelo, sujetando entre sus manos la lata de lo que era un zumo. Se le veía cansado. No, más que eso, parecía agotado. Gilbert, al verlo continuó hacia delante. Se paró frente a la maquina de refrescos que estaba a un metro del chico, se colocó el regalo entre el brazo y el costado, y de seguido, le dio un golpecito maestro a uno de los costados de la maquina mientras presionaba el botón del refresco-cola. La lata calló sin más dificultad. Tantas horas en aquel hospital hacia que uno aprendiera ciertos trucos. Cogió la lata y se sentó al lado del rubio muchacho, dejando el regalo entre sus piernas y abriendo la lata al poco de sentarse. ¿Se había percatado acaso el chico de quien era quien se había sentado a su lado?
-Tío, no se como lo hago pero siempre llego a la hora de la revisión… -suspira y da un trago a su refresco. –Bueno, supongo que así mi visita no se ve interrumpida… -comenta un tanto pensativo, mirando al techo y tras un par de segundo en silencio; -Alois, tío, se te ve de bajón. ¿Anda todo bien? –le preguntó refiriéndose a su hermano. No era por cotillear, pues conocía a Alois del insti y nunca le había visto fuera del hospital con aquella actitud. -Si es por alguna chica no merece la pena comerse la cabeza -prosiguió con cierta gracia para volver a dar un trago, intentando con esto último dicho al menos avivarle un poco. Al estar a tan poco de ver a su hermano estaba de buen humor el albino.
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Mensaje por Alois Trancy el Mar Abr 03, 2012 5:41 am

Por lo general Alois se mostraba siempre radiante de energía, viéndose como un muchacho alegre y positivo, capaz de enfrentar cualquier cosa que se le viniera encima. Pero no era más que una máscara, un engaño para cubrir su propia debilidad. Y a veces el peso de ésta era demasiado para sus delgados hombros. Aquella mañana había vuelto a pelear con Ciel antes de ir al hospital, por una tontería sin importancia, la verdad, pero estaba harto de que pasaran cosas así. Las cosas se estaban poniendo complicadas en el instituto también, por alguna razón los ánimos se estaban caldeando y cada vez le era más difícil asegurar su seguridad y la de Ciel. Se le estaban empezando a acabar las excusas que darle a Ciel para que le diera dinero con el que sobornar a los mastodontes de siempre para que cuidaran de ellos. Porque por descontado no le diría en qué gastaba el dinero en realidad: en un arranque de estúpido orgullo Ciel le prohibiría que pagara “guardaespaldas” y entonces les darían la paliza de sus vidas, o algo peor… Proteger a un mocoso rico, cabezota y mimado era un trabajo muy, muy pesado.

Y luego estaba Luka… Los médicos le hacían pruebas y más pruebas y seguían sin saber qué era lo que debilitaba su cuerpo hasta esos extremos. No paraban de probar en él nuevos tratamientos que solo conseguían agotarlo aún más, sin dar demasiados resultados. Alois ya no sabía qué más podía hacer.

Sentía ganas de llorar así que trató de evitarlo dándole un nuevo trago a su zumo. Tan solo un pequeño estruendo metálico lo sacó de sus negros pensamientos un tiempo indefinido después. Pestañeó un par de veces mientras que volvía a la realidad, reconociendo al chico que frente así robaba una lata de refresco.

-Esa me la apunto, Gilbert.- comentó con una leve sonrisa; ahora que sabía cómo sacar los refrescos gratis no volvería a gastar ni un yen en esa máquina. Volvió a mirar el suelo y beber de su lata mientras el otro se sentaba a su lado.- En realidad las revisiones deberían haber empezado hace un hora, pero seguro que el inútil del médico estaba tomándoselas en la cafetería…

Había cierto aire de camaradería entre ellos, forjado tras muchas horas de hospital juntos. Alois sabía que Gilbert, como él, tenía ingresado a su hermano pequeño allí. Y también sabía que él y su hermanito estaban tan solo en el mundo como los propios Alois y Luka. Además estudiaban en el mismo instituto. Eran demasiadas cosas en común como para no terminar por forjar algo parecido a una amistad.

-¿Eh?- la pregunta sobre su estado le pilló algo desprevenido. Interiormente se sintió agradecido por aquella pequeña muestra de empatía y comprensión. Sonrió débilmente a pesar de no tener intención de confesarse en realidad.- Sí, es solo que estoy un poco cansado. ¿Chicas?- eso sí que lo hizo reír, su voz resonando armónicamente por la sala.- No, no, me temo que yo no bateo para ese lado. No hay chica en el mundo que me quite el sueño a mí.- añadió pícaramente, guiñándole un ojo de modo juguetón. Se fijó entonces en el paquete que Gilbert traía consigo y no puedo evitar curiosear.- ¿Qué le traes hoy a Aaron?


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Mensaje por Gilbert Weber el Mar Abr 03, 2012 11:40 am

El albino se alegró al escuchar reír a Alois. No eran íntimos ni por asomo, sin embargo, tenían más en común que nadie más en todo el mundo. De eso no había duda alguna. ¿Cuál era la posibilidad de que dos personas de la misma edad hubieran perdido a sus padres en un accidente, tuvieran un hermano menor a su cargo, que estos estuvieran permanentemente en el mi mismo hospital ingresados, y que por colmo, fueran ambos al mismo instituto? Pues eso… Era algo irrepetible.
Lo que vino tras aquella melodiosa risa no sorprendió a Gilbert, todo lo contrario, se lo esperaba en el fondo. En parte era, cierto es, porque a Gilbert aquel muchacho le fascinaba de una forma un tanto peculiar. Peculiar hasta el punto de llegar a pensar que en verdad admitía que sí le gustaba. Y eso, en su caso, era ya que decir a pesar de ser bisexual. Por ello, sonrió ante el coqueto guiño del contrario, dando un nuevo trago a su refresco.
Cierto era que le gustaba Alois, que se identificaba con él en un millón de aspectos, pero aun así, no veía conveniente, ni por un momento, que su relación sobrepasara a la que tenían ahora de amistad. No sabía siquiera si el contrario sentía lo mismo por él, por lo que desde un principio podría no darse nada, sin embargo, por si las moscas, se guardaría aquello en secreto. Si hacia falta, incluso se lo llevaría a la tumba.
-Ah, esto… Es una tontería que he estado haciendo durante unas semanas –comentó posando su mano libre sobre el paquete, esbozando una inconsciente sonrisita al imaginarse la reacción de su hermano. –Es un álbum de fotos de nuestros padres y nuestras, de cuando éramos más pequeños y estábamos aun en Alemania –le confesó. –Aaron nunca llegó a conocer a nuestro padre, sé que para él no será mas que un extraño en las fotos, pero… se le parece tanto y sale en tantas fotos con nuestra madre que no tenia mas que ponerlas –prosiguió con una leve y calida sonrisa. Referente a su padre, Gilbert era quien, desde que nació su hermano, había realizado el papel de padre y hermano a la vez. Tras la muerte de éste y la venida al mundo de Aaron, Gil no tuvo más que madurar algo más que el resto de sus compañeros para hacerse cargo de su hermano. Solía sentarle mal el pensar lo mucho que disfrutó de pequeño con sus padres y lo poco que los disfrutó (al menos a su madre) Aaron en cambio. –Si algún día te pasas a hacer una visita a Aaron, puedes verlas. Por mi no hay pega, y no creo que él te ponga alguna. –Le mira y sonríe, ahora consciente, divertido por lo siguiente; -Y en todo caso, con traerle algún dulce cederá enseguida, jeje… -rió y dio otro trago, siendo éste largo hasta el punto de dejar la lata con algo menos de la mitad de su contenido.
Ya fuera porque muchos de los que venían ha hacer visitas eran los padres u otros adultos relacionados con los jovenes pacientes, y por tanto se les permitía estar en la habitacion durante las revisiones, o por otra razón, el área de espera en la que ambos estudiantes se encontraban estaba desierta. Menos por el ir y venir de alguna que otra enfermera o medico en practicas, ellos dos eran, al parecer, los unicos que esperaban para sus respectivas visitas....


Última edición por Gilbert Weber el Miér Abr 04, 2012 3:17 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Alois Trancy el Miér Abr 04, 2012 1:52 pm

Una extraña sensualidad envolvió a Gilbert cuando sonrió. Tenía una sonrisa preciosa, eso era un hecho. Y no era la primera vez que Alois lo notaba. Él era una persona detallista, sobre todo cuando se trataba de hombres atractivos, y el albino podía catalogarse entre ellos. Alto, atlético, sin resultar demasiado amenazante pero tampoco afeminado: un chico atractivo de ojos irresistibles. Justo después de su sonrisa, eso era lo que más le gustaba de Gil, sus ojos carmesíes. Y le gustaba cómo estos brillaban con dulzura en cuanto su hermano salía en la conversación. Viéndole acariciar aquel pequeño paquete con tanto cariño Alois no pudo más que sonreír delicada y tiernamente, mejorando su humor considerablemente.

Oír hablar a Gilbert de su familia le resultó entretenido, agradable. Pequeños momentos de camaradería como aquel alegraban las largas estadías en el hospital de ambos. Hacían a Alois sentir menos solo… Compartir aunque fuera un poco la carga de sus pasados era relajante.

-No creo que Luka sea capaz de recordar las caras de nuestros padres, al fin y al cabo murieron cuando era muy pequeño.- su tono salió algo melancólico, pero mucho más animado que antes. Jugueteó con la lata ya vacía entre sus dedos, probando a encestarla después en una papelera cercana (y acertando).- Decidí hace mucho que era mejor no enseñarle a echar de menos algo que ya nunca tendría, así que tampoco le muestro fotos de ellos. En realidad solo tengo una de todas formas...

Cuando sus padres murieron el banco los había expropiado de la casa antes incluso de que pudieran ir a recoger sus pertenencias. Con el papeleo del orfanato y la falta de parientes nadie se había molestado en plantearse que tal vez esos niños querrían conservar a algún recuerdo, por mísero que fuera. Alois no sabía si las cosas de su familia habían sido almacenadas en alguna parte o simplemente tiradas a la basura.

Extrajo de su camisa el pequeño guardapelo de oro que siempre llevaba consigo. Era una joya bellísima, llena de filigranas trabajadas a mano. Presionando un pequeño botón se abría para mostrar dos fotos, una en cada lado, y se las mostró a Gilbert alargando la cadena hacia él. En una de las fotos se veía a Luka de pequeño, con unos cuatro o cinco años, sonriendo adorablemente como solo un niño de esa edad puede hacer. En la otro había una pareja vestidos con sus trajes de bodas: la mujer era la viva imagen de Alois y el hombre se parecía más al joven Luka.

-Era hermosa, ¿a que sí?- preguntó refiriéndose a su madre y sonriendo con ternura sin poderlo evitar.- Era una madre fabulosa. Se fueron muy pronto, los tuyos y los míos, ¿verdad?

A pesar de estar sonriendo había algo en sus pupilas celestes que lo hacían ver increíblemente solitario. Pero Alois había aprendido a vivir con ello hacía mucho tiempo. Era capaz de reír y bromear al respecto, de hablar de ello con naturalidad… pero no podía ocultar ese brillo de su mirada.

-Vaya, entonces Aaron es como yo: le pierden los dulces.- rió.- ¿Y a ti, Gilbert? ¿Cómo se consigue hacerte ceder?

La pregunta era en principio inocente, pero algo en el tono que adoptó su voz o en la forma fija que miraba al albino, junto al hecho de que estuvieran solos, lo hizo sonar como si fuera una pregunta con segundas intenciones. Tampoco era que a Alois le importara ser malentendido; estaba demasiado acostumbrado a coquetear y a jugar con los dobles sentidos. Al final terminaba por salirle solo.




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Mensaje por Gilbert Weber el Jue Abr 05, 2012 3:29 am

-Buen tiro –comentó tras encestar en la papelera más cercana, su compañero, aquella lata. Todo lo que Alois dijo fue aceptado por Gilbert, quien suavemente asentía con la cabeza, al menos cuando dijo que decidió, ya hace tiempo, no enseñarle a echar de menos a lo que no volvería, a sus padres. –Supongo que es lo mejor. -Gilbert no había pensado en ello. Su hermano era más pequeño que el de Alois, y siendo aun reciente la perdida de sus padres, obligarle a esa edad a olvidarse de ella (puesto que el padre murió antes de que él naciera) le parecía demasiado duro. Y mas cuando aun lloraba por las noches por echarla de menos, abrazándose a su hermano mayor hasta que, cansado, Morfeo lo acogía en su tierra de sueños.

Cuando le enseñó la única foto que preservaba de sus padres, tan rápido como un destello de luz, vio en el rostro de aquella mujer la viva imagen de Alois. Piel clara, claros ojos que emanaban felicidad, calida sonrisa…Y a su lado se encontraba el que sería su padre. Luka había sido quien había heredado los rasgos de éste, quien, a pesar del estilo que se llevaba en aquellos momentos, se le veía apuesto. Al otro lado del guardapelo el albino vio a Luka de infante. Era un niño muy lindo.

-Y que lo digas, te pareces muchísimo a ella –confesó para fijarse en su padre y su hermano Luka. Ellos también eran calcados el uno al otro. A diferencia de de su propio hermano, así como de Alois y Luka, Gilbert era una mezcla entre su padre y su madre. -Seguro que era una gran madre –dijo con una suave media sonrisa mientras seguía contemplando a los tres de aquella pequeña fotografía. Por su mente apareció una de las fotos que había puesto en el álbum. Una foto que el pequeño Gilbert (por entonces) les sacó cuando fueron de camping los tres. –Cierto –respondió secamente por los recuerdos que comenzaban a llegarle, por lo que dio un largo trago con el que se terminó su lata de cola con el fin de reponerse en aquel instante. Por ello, cuando termino su refresco le ofreció al contrario ver las fotos de su familia cuando quisiera, aconsejándole sobre como persuadir a su hermano algo mas contento tras levantar sus ánimos y su muro mental contra los recuerdos.

-Tsk –chaqueó la lengua divertida acomodándose en el sitio mientras devolvía la mirada al contrario. –Empiezo a torcer el brazo en cuando veo una cantidad de mil yenes hacia arriba –dijo con una traviesa pero amistosa sonrisa en broma. ¿O no? –Aunque… en tu caso me conformaría con un encuentro fuera de este hospital y del instituto –dijo, aunque más que un comentario corriente, era una propuesta un tanto indirecta.

No solían coincidir en ningún otro sitio, y en verdad, es que nunca coincidían en otro sitio que no fuera aquel hospital. Más exactamente, aquella segunda planta. Y bueno… cuando no era ahí era en los pasillos del insti, pero allí como cada uno iba a su bola, no hablaban mucho. Además, Alois siempre andaba con aquel otro chico del parche, Ciel. Por lo que sabía, éste era algo así como su “señor” o “protegido”. Desconocía como se dio aquella situación, aunque sospechaba que había comenzado con el primer giro que dio la vida del rubio al perder a sus padres. Gil, en su caso, se volvió “autónomo” en cuanto a ganarse el dinero. Todo mediante trabajillos, apuestas y alguna que otra cosa.

Se levantó dejando el regalo en el asiento para tirar la lata a la papelera, no iba a probar suerte como Alois hacia poco, y se quedo de pie cerca del chico, apoyándose de costado y de brazos cruzados contra la maquina de refrescos. La cual, a su lado, tenia una vecina que le hacia la competencia al dar pequeños paquetes de galletas, sándwich y variados. Ésta, como la de refrescos, tenía su truco también.

-Que me dices de ti, Alois… ya que sabes que proponerme a cambio de que ceda a lo que me pidas, -no se percató que podía malinterpretarse sus palabras- dime; ¿Qué te hace ceder a ti? –le pregunta curioso y animado. -Ahora no vale quedarse callado, así que responde –insiste con una picara sonrisa y una mirada que reflejaba nada bueno, se puso frente a él rápido como un rayo en un solo paso para revolver el peinado cabello de Alois y así picarlo. –No parare hasta que lo digas… -le asegura.
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Gilbert Weber
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Mensaje por Alois Trancy el Jue Abr 05, 2012 4:28 am

Fue todo un descanso que la conversación girara hacia derroteros menos melancólicos. Gilbert sabía qué decir y cuándo decirlo para relajar el ambiente, algo que Alois agradeció interiormente. Cerró el guardapelo y volvió a metérselo por el cuello de la camisa, sintiendo cierto alivio al notar de nuevo su frío tacto contra la piel de su pecho. Como siempre lo llevaba encima se sentía “desnudo” sin él. Seguro que Ciel lo hubiera visto como una estúpida debilidad, pero no renunciaría a lo poco que le quedaba de su familia por otro de los tontos caprichos de su “amo”.

Rió un tanto al oír lo “sobornable” que era Gilbert, llevándose coquetamente la mano a los labios para ocultar parte del gesto. Le sorprendió, no obstante, lo que añadió después. Normalmente respondía muy rápido cuando otros trataban de ligar con él, tenía mucha soltura en lo que a coquetear se refería. Pero no esperaba que Gil le hiciera una propuesta así. Hacía bastante que se conocían y aquella era la primera vez que le insinuaba que quería quedar a solas con él. Y el rubio descubrió que, a pesar de la sorpresa, no le molestaba lo más mínimo. Era más: le encantaba la idea.

-Vaya, vaya, entonces eres muy fácil de contentar, Gilbert.- le replicó con picardía, sonriendo de la misma forma que lo hacía el otro.- No me sobran mil yenes ahora mismo pero creo que podría hacerte un hueco en mi agenda… ¿Qué te parece si te invito a salir cuando termine el horario de visitas? Podríamos ir a tomar algo o a bailar…

Sí, aquello era una propuesta de cita en toda regla. Alois no desperdiciaría una oportunidad así de salir a divertirse con alguien que, además de estar tremendo, le caía tan bien. Gilbert lo hacía reír con naturalidad, con sinceridad, y eso no era precisamente fácil para alguien que estaba ya tan corrompido como el rubio. Observó con detenimiento, sin vergüenza alguna, como el albino se ponía en pie para tirar su lata y se apoyaba en la máquina de aquella forma tan masculina y sensual. Le gustaba ese brillo que adquirían sus ojos carmesíes cuando le miraban.

-¿A mí? No deberías preguntar algo cuya respuesta podría asustarte, Gilbert.- respondió con tono juguetón, su mirada celeste entrecerrándose seductoramente. Cruzó sus torneadas piernas con un movimiento calculadamente provocativo y apoyó ambas manos en el asiento, reclinándose hacia atrás sin perder el contacto visual en ningún momento.- ¿De verdad quieres saber lo que me hace ceder a mí…?- pero aquella pregunta quedó en el aire cuando el albino se abalanzó sobre él para revolverle el pelo en un “cruel” castigo para hacerle hablar. Alois volvió a dejar salir su melodiosa risa, pura como la de un niño cuando le salía del corazón, y trató de detener aquella malvada mano sosteniéndola entre las suyas.- ¡Basta, basta, hablaré! ¡Hablaré! Pero no sigas torturándome así, ¡jajaja!

Alois sujetaba la muñeca de Gilbert con una mano y usaba la otra para secarse los rastros de lágrimas que se le habían escapado de tanto reír. Respiró hondo varias veces para calmarse y después recuperó su cara de niño travieso, sonriendo de manera “maliciosa”. Dio un leve tirón para separar la mano de Gilbert de su cabeza y hacer que éste tuviera que inclinarse hacia él.

-A mí lo que realmente me hace ceder es un buen beso en los labios.

Durante unos segundos Alois sintió como si el tiempo se detuviera a su alrededor. Sus ojos viajaron de los ajenos a sus delgados labios, una mirada que acentuaba sus propias palabras. Pero logró recordar dónde estaba y en qué circunstancias. Soltó la mano del otro y cambió su gesto a uno mucho más inocente, sonriendo como un niño bueno que nunca ha roto un plato.

-Ahora ya estamos a la par, ¿verdad? Pero no vayas exponiendo mi debilidad por ahí, ¿eh?- lo “sermoneó” para después volver a reír alegremente.




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Mensaje por Gilbert Weber el Jue Abr 05, 2012 1:01 pm

-¡Claro! –asintió mas que conforme con una sonrisa. Era la primera vez, que en tanto tiempo, planeaban en salir juntos ambos adolescentes. Después de verse día si y día también, era hoy el primer día en que al fin Gilbert pasaría tiempo con Alois. El hecho de que supiera y se recordara que no funcionaría ningún tipo de relación mas seria de la que ya tenían, no quitaba que el albino no quisiera quedar con el chico y pasarlo bien con él. Entonces Gilbert, tras entrarle curiosidad respecto a aquello que le haría ceder a Alois ante “cualquier cosa”, le preguntó. Al ver como el otro empezaba a escaquearse mediante aquellas palabras, no pasándole desapercibido aquel cruce de piernas, lo torturó como mejor se le ocurrió, haciendo aparecer aquella risa de Alois que era música para sus oídos. Al igual que con su hermano, el albino era feliz con robarle una sonrisa también a aquel chico.
Cuando Alois comenzó a pedir que parara Gil notó como lo agarraba de la muñeca a la vez que dejaba sus manos quietas, pasando los dedos de su mano libre por su cabello para, mientras el oto se secaba las lagrimas, colocárselo lo mejor posible antes de quitarla de allí. Al de poco Alois le dio un pequeño tirón que le pilló por sorpresa, separando la mano que aun tenia sobre su cabeza de ésta a la vez que su rostro quedó casi a la altura del contrario.
Ya fuera por la cercanía de su rostro, su maliciosa sonrisa, esos ojos que no le perdían de vista, sus palabras o todo eso y más, Gilbert se quedó sin decir nada durante unos segundos que le resultaron eternos. En su mente una voz no le dejaba de decir “Vamos, bésalo… ¿A qué esperas, tío? ¡Puede ser tu última oportunidad! ¡Venga, vamos!....”
Cuando liberó el contrario su muñeca, Gilbert, levemente sonrojado tanto por aquello que supuso que era una indirecta y lo que por su mente pasaba, se irguió obligándose a mostrar una sonrisa divertida. Como si aquello tan solo hubiera sido una broma. –Y luego soy yo al que se le contenta fácilmente… -comentó manteniendo la sonrisa como el leve sonrojo, metiendo ambas manos (o lo que cabían) en sus bolsillos del pantalón. –Eh!? Si, claro. Siempre que tú no lo hagas no lo haré. Aunque… -se arrasca la nuca sin dejar de sonreír a modo de media luna. Dios, aquella frase del contrario aun retumbaba en su mente. –creo que en mi caso me daría igual pues me beneficiaría, al igual que tú, que ahora sabes que no me tienes que sobornar para convencerme. Tsk –chasqueó la lengua a modo de risa. -Pero tu tranqui, no diré nada.
En medio de un silencio que apareció entre ambos chicos se escuchó como se abría lentamente una de las puertas de las habitaciones de los pacientes. De seguido, una voz infantil rompió el silencio que para nada resultaba tenso para aquellos dos, pues como suele decirse, los amigos disfrutan tanto cuando hablan como cuando escuchan. Aunque sea el silencio del otro.
-¿Oni-chan…? –Gilbert se giró al reconocer la voz de su hermano. El menor al confirmar que era su hermano quien se encontraba allí, salió en pijama y se dirigió a donde ambos a un torpe trote, por culpa de las zapatillas, que le quedaban grandes.
-¡Ehy, Aaron! -dijo nada mas alzarlo y bajarlo una vez lo tuvo cerca. –¿Aun no ha pasado el doctor? –preguntó, siendo respondido por un negativo cabeceo. Gil suspiró. Seguro que volvería a ser de los últimos. –Te he traído una… -comenzó a decir a el albino, a quien se le veía feliz ante la presencia del menor.Sin embargo… –Aloiiiiis! –se alegró Aaron al ver al rubio sentado tras su hermano, a quien se le abalanzó y se le echó casi encima para abrazarlo. Gilbert, ante esto no hizo más que sonreir mientras el menor se sentaba de lado sobre el rubio y le hablaba sin parar; -Ayer Luka me enseñó un juego nuevo cuando fui a su cuarto. Me dijo que se lo enseñaste tú. ¿Sabes más juegos? Quiero ser yo quien le enseñe otro nuevo. Siempre es él quien me enseña juegos nuevos… –habló rápido y emocionado con su vocecilla infantil. -Porfiiii… Luka-kun siempre me gana porque ya lo controla… -puso un puchero con el que Gilbert caía siempre a sus peticiones.
El albino se volvió a sentar junto al rubio, volviendo a poner el regalo a descansar sobre sus piernas, recostándose cómodamente hacia atrás mientras observaba la escena. Le daba igual esperar a dárselo un rato mas.
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Mensaje por Alois Trancy el Vie Abr 06, 2012 3:32 am

Pensó que lo iba a besar. Vio la intención en sus ojos, estaba seguro, pero finalmente decidió dejarlo marchar. No era el momento ni el lugar, ¿cierto? Además, verlo sonrojado e incómodo era también divertido. ¡Se veía tan adorable! Alois acababa de descubrir que aquel chico no solo estaba muy sexy cuando sonreía: también cuando estaba avergonzado. Un dato importante que almacenar. No pudo, por otro lado, evitar una risita discreta, regalándole al albino otra de sus sonrisas sinceras.

-¿Me estás llamando facilón?- le increpó con fingida indignación. Aunque bueno… en realidad lo era. Alois era de los que caía redondo con unos cuantos piropos y alabanzas; lo que a él de verdad le hacía ceder era un poco de cariño y amabilidad. Pero el mayor no tenía porqué saber eso, no quería humillarse ante sus amables ojos tan pronto.- He dicho un buen beso, no me vale cualquier cosa…- volvió a reír para poner fin a la broma.- Está bien, está bien. Confío en tu discreción Gilbert.

De repente el ruido de una puerta abriéndose llamó la atención de ambos y se giraron para ver aparecer la cabecita del adorable Aaron. Alois lo vio correr felizmente hacia su hermano y sintió que el corazón se le derretía de ternura en el pecho. Aaron era un niño precioso y se notaba a la legua que adoraba a su hermano mayor como si fuera su dios. Allí dentro era el mejor amigo de Luka a pesar de que sus edades fueran un poco diferentes; y eso había hecho que su relación con Alois también fuera más cercana.

-¡Aaron!- lo recibió con los brazos abiertos, estrujándolo cariñosamente y ayudándolo a trepar hasta su regazo. Comenzó a acomodarle bien el pelo mientras escuchaba divertido todo su parloteo. Tan, tan, taaaaaan adorable… ¿Habría sido también Gilbert a su edad?- Hmmm, juegos nuevos, ¿eh? Conozco uno pero…- se hizo el misterioso bajando el tono y mirando hacia todos lados como si temiera que los estuvieran espiando.-… deberás proteger el secreto con tu vida. Es un juego que ha ido pasando de generación en generación dentro de mi familia por siglos. Se llama…- pausa dramática.-… ¡el ataque del monstruo de las cosquillas! ¡Groaaaarg!

El rubio se abalanzó sobre el menor para comenzar a hacerle cosquillas por todo el cuerpo (asegurándose de que no se le iba a caer del regazo pasándole uno de los brazos por la cintura). Todo aquel escándalo que estaban montando alertó a otra cabecita que asomaba por otra puerta recién abierta.

-¡Aaaaaah! ¡Yo también quiero, Onii!- gritó un tanto celoso Luka, que salió del cuarto seguido del doctor. Al girarse para verlos el médico le lanzó una significativa mirada a Alois, el cuál comprendió al instante que quería hablar con él… y que no sería para darle buenas noticias. Luka llegó junto a ellos y tiró de la manga de su hermano.- Onii, yo también…

-Perdona Luka, tengo que ir a hablar con el médico.- se disculpó con esa sonrisa que había aprendido también a adoptar para ocultar su preocupación.- Gilbert se quedará jugando con vosotros un rato, ¿verdad?- terminó por echar una mirada de soslayo al albino en una muda petición. Se levantó con Aaron entre los brazos y se lo pasó.- ¡En seguida vuelvo!

Su hermano hizo un pequeño y adorable mohín de frustración pero en seguida comprendió que no había nada que hacer. Luka era muy buen niño, nunca se quejaba de cualquier cosa que su Onii dijera o hiciera. Y eso a veces era bastante duro para Alois, quien habría preferido oírlo gritar y reprocharle. Tantas cosas podría haberle reprochado… pero ahora no era el momento de pensar en eso. Caminó hacia el doctor y comenzó a hablar con él. Rápidamente debió ser palpable para cualquiera que lo estuviera mirando que Alois se estaba enfureciendo. Al principio trató de controlar su tono pero terminó por írsele de las manos, tal era la ira que lo consumía.

-…¡¿Más pruebas?! ¡¿Pero qué más les queda ya por probar, maldita sea?!- el doctor trató de calmarlo poniéndole una mano en el hombro pero Alois se desembarazó de ella como si fuese lo más asqueroso del mundo.- No me vuelva a tocar…

Se maldijo a sí mismo al notar que había llamado la atención de Luka y que este le miraba con preocupación, así que se mordió el labio con fuerza y trató de terminar la conversación lo más calmada y silenciosamente posible. El doctor se fue entonces a la siguiente habitación y Alois se quedó allí plantado, con la mirada en el suelo y los puños cerrados fuertemente. Tenía que calmarse, calmarse… Calmarse. No podía trasmitirle esos sentimientos tan negativos a su hermano.




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Mensaje por Gilbert Weber el Vie Abr 06, 2012 6:34 am

Aaron abrió los ojos con extrema curiosidad cuando Alois comenzó a captar su atención desde el mismo momento en que le puso aquel pero, y que decir de cuando le dijo lo siguiente. – ¿Si…? –se le escapó susurrante, mirándole con atención, expectante, con sus azulados iris de brillo infantil. –¡¡Aaaah…!! ¡Aaah…jajajajaja…! ¡Pa-para, jajajaja… me voy a hacer pis! Jajajaja… -La descontrolada risa de Aaron inundó el lugar. Gilbert, quien se encontraba sentado al lado de estos dos, sonreía divertido viendo como su hermano se retorcía entre el regazo de su amigo e intentaba, sin resultado alguno, parar sus rápidas manos.
Debido al alboroto, una segunda puerta algo más lejana se abrió. De ella salió en esta ocasión el hermano de Alois, quien celoso por lo bien que se lo pasaba el mas pequeño de todos, quería que también le hiciera cosquillas. El albino dirigió la vista a éste mientras venia a toda prisa seguido del doctor. Éste no persiguió al chico, sino que esperó cerca de la puerta de la habitación de Luka, lanzando una mirada al rubio. Esa mirada, aun sin ir referida a él, le supo mal. No era algo que pudiera entenderse tan fácilmente, pero, cuando uno lleva tiempo en esto… sabias cuando el medico, ese medico de pasiva y neutra mirada, te iba a dar buenas o malas noticias.
-¡Claro que sí, Alois no es el único que sabe juegos nuevos! –respondió animado mirando a los dos menores a la vez que se levantaba enérgico, echándole una mano al contrario en cuanto a mantenerlos entretenidos. Distraerlo y protegerlos de cualquier noticia. Era pero dejar que se preocuparan por ellos dos, y por ellos mismos, cada vez que los mayores hablaban con los doctores. Gilbert dejó a su hermano en el suelo junto a Luka, quien siguió al rubio con la mirada hasta el momento en que, Aaron, le tocó el brazo para atraer su atención. –Luka, que nos enseña un juego nuevo, escucha –le ordenó al ver que su hermano estaba listo para la explicación. –El juego es sencillo. Veis el dibujo que hacen las baldosas en el suelo –les indicó una cuadrado negro de 2x2 m que había en el centro de la sala de espera, tras ellos. Casi a sus pies. Gilbert rodeó a los menores, se puso en medio y extendió sus brazos de par en par, flexionando sus piernas ligeramente. –Consiste en echarme de él como sea. Podéis hacer lo que queráis… -sonríe mas ampliamente. –No me vais a sacar de aquí… -añadió creído para chincharlos. Lo cual consiguió porque se le abalanzaron de cabeza. Aaron se le pegó a la pierna como cual koala, mientras Luka tiraba de su muñeca hasta el punto de, haciéndolo a posta el albino, dejar que le pegara el brazo a la espalda y se lo tensara.
Al final, entre risas y fingidas quejas por parte del mayor, quien se encontraba muy cerca de ser echado del cuadrado por aquellos dos diablillos, además de encontrarse medio arrodillado, manteniendo a ambos chicos agarrados de la cintura respectivamente mientras cada uno tiraba hacia su lado, la voz de Alois resonó por encima de todo. Tan gilbert como los menores se pararon en seco y miraron al rubio. Luka, preocupado por su hermano soltó a Gil, haciendo Aaron lo mismo. Sin embargo, este ultimo pasó la mirada a su hermano, quien miró a Alois hasta sentir la mirada de su hermano. Gilbert, al igual que haría el rubio, esbozó una sonrisa a la fuerza con la intención de quitar tensión y preocupación alguna. Por esa razón, libre como estaba ahora sin ellos encima, agarró a Luka y lo alzó en brazos hasta ponérselo al hombro, como cual saco, mientras se ponía en pie. –Ha ha… Esto es lo que pasa por despistarte. Hay que estar siempre atento al contrario… -Aaron asintió y se unió al juego, haciendo que su hermano liberara a su amigo. – ¡Bájalo, bájalo! ¡No seas abusón! –empezó a replicarle a Gilbert el menor al ver que no lograba hacer nada ante la pedida de ayuda de Luka, que reía nervioso por la posibilidad de caerse.
No muy lejos, Alois parecía estar terminando de hablar con el doctor. No le prestaba mucha atención el albino, ya que su mirada podía hacer que estos también miraran por lo que, al igual que los pequeños, se entregó al juego lo mejor que pudo. Era agotador entretenerles, y mas estando juntos. Sin embargo, era algo que merecía la pena hacer. Era una de las mejores cosas del mundo.
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Mensaje por Alois Trancy el Vie Abr 06, 2012 12:03 pm

Alois podía escuchar las risas de su hermano de fondo, al igual que las voces divertidas de los hermanos Weber. De alguna manera aquello le ayudó a tranquilizarse más rápido. Sabía que tenía que ser fuerte por Luka, callarse y mostrarse despreocupado para no asustar al menor. ¿Qué era el saber que seguían sin tener ni idea de lo que le pasaba a su hermano? Solo una decepción más. Pero estaba harto de ver a Luka pasar por todo tipo de pruebas dolorosas y angustiosas porque los médicos que le atendían eran demasiado inútiles para hacer bien su trabajo (o al menos así pensaba él). Respiró hondo varias veces y probó a sonreír con normalidad, consiguiéndolo a la segunda. Sentía sus músculos faciales incómodamente tensos.

Aparentemente siendo él mismo otra vez caminó con pasos alegres hacia el pequeño grupito de alborotadores. Rió al ver a Luka pataleando sobre el hombro de Gilbert y revolvió el pelo de Aaron mientras miraba “mal” al mayor.

-¿Así es como cuidas a mi hermano?- se notaba de lejos que su tono era de broma, y si no no había más que ver sus carrillos hinchados infantilmente.- Desde luego que lo es, Aaron: tu hermano es un abusón de la peor calaña. ¿No crees que él también se merece probar el ataque del monstruo de las cosquillas?

Era previsible: la idea pareció encantar al pequeño alemán. Alois se apresuró a agarrar la cintura de su hermano no fuera a ser que en un arranque de risa se le callera a Gilbert. Luka se reía a carcajada limpia, como hacía tiempo que no lo hacía. Sin embargo aquella risa terminó por provocarle un ataque de tos, pues sus pulmones no eran muy fuertes. Ya en el suelo, Alois le masajeó lentamente la espalda hasta que se le pasó.

-Creo que ya está bien de emociones fuertes por hoy.- sentenció, pero sin mostrarse enfadado ni nada parecido.- Además creo que Gilbert quería darle algo a su hermano y el doctor ha dicho que la siguiente habitación será la suya. Despídete de Aaron para que podamos dejarlos solos un rato.

-Jooo… yo quería seguir jugando, Onii.- pero toda su queja acabó ahí, ni si quiera el mohín de disgusto le duró mucho. Obedientemente fue a despedirse de Aaron y hacerle prometer que volverían a jugar juntos otro día. Alois, por su lado, se acercó a Gilbert y tiró un poco de la manga de su camisa para llamar su atención.

-Gracias y…- le guiñó un ojo de manera cómplice.-… lo de salir después sigue en pie, al menos por mi parte.

Distraerse era justo lo que necesitaba. Y si era con alguien confiable como Gilbert mejor. Alois sabía perfectamente lo que pasaría si esa noche, estando del humor que estaba, salía por ahí solo… y prefería evitarlo.




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Mensaje por Gilbert Weber el Vie Abr 06, 2012 1:47 pm

-En mejores manos no puede estar ahora mismo, admítelo –sonrió Gilbert, haciéndole reír la sugerencia del rubio hacia a Aaron de hacer probar el mortal ataque de las cosquillas. El menor miraba a su hermano con picardía, viéndosele en los ojos sus traviesas intenciones. -¡Si! ¡Ataque de las cosquillas! –aquel renacuajo no se agotaba nunca. Sin embargo, a la hora de acostarse caía rendido al instante. –Pequeña tregua, necesito un respiro –pidió entre risas.
El albino pasó a Luka a su hermano, y Aaron esperó ansioso a que se le unieran los refuerzos para atacar a Gilbert. Sin embargo, los refuerzos nunca llegaron a causa de la llega de un fuerte ataque de tos en Luka. Ambos hermanos germanos miraron como Alois atendía a su hermano. Ahora que Aaron tenía el pelo revuelto, encontrándose de pie frente a su hermano, se les veía claramente el parentesco pese a las diferencias. Uno rubio y de ojos azules y el otro albino y de ojos rubíes.
Al mencionar Alois el regalo, Aaron miro hacia arriba (a su hermano) con otra ilusionada sonrisa, cayendo Gilbert en la cuenta del paquete. Aunque, la noticia de que él seria el siguiente de la revisión no le hizo mucha gracias porque sabia que suponía separarse de su querido “brother”.
-Ah!, se me había olvidado ya… jejeje – Se dio un golpecito en la frente. Se había centrado tanto en los dos pequeños que el paquete había quedado en un cuarto o quinto plano en su mente. –Tu también canijo, despídete de Luka y vallamos a tu habitación a esperar al medico antes de que se haga un basilisco –le puso las manos sobre los hombros, mirando ahora éste hacia abajo con una amplia y fraternal sonrisa, viendo el puchero que su hermano le ponía. –No soy un canijo… Cuando sea mayor, seré mas alto que tú –le señaló alzando su brazo hacia Gilbert. Ambos menores no pusieron resistencia a las decisiones de sus hermanos. En verdad, rara ver lo hacían, por no decir nunca.
-Mañana te enseñaré el regalo de mi oni-san, ¿vale? –le prometió tras asegurarse ambos volver a jugar juntos, y dicho eso, se puso un poco de puntillas y le dijo algo al oído a lo que Luka asintió. ¿Qué planearían esos dos? A saber… Aun no pudiendo salir del hospital, esos dos niños eran felices. Eso quería seguir creyendo Gilbert al menos. Y hablando del rey de Roma… éste notó un tirón en su camisa, que lo sacó de sus pensamientos, y miró a su lado, a Alois. –Por supuesto, yo no me hecho nunca atrás –le respondió seguro de sí. Aaron, habiendo escuchado aquel ultimo comentario…: -¡Si y yo tampoco! –dijo llamando la atención de los presente, tomando una pose heroica. –Tsk, tú y yo nos vamos al cuarto, vamos… -le indicó el cercano pasillo. El pequeño obedeció, despidiéndose con la mano de Luka nuevamente mientras marchaba a su habitación (212).
Gilbert se acercó a recoger el regalo que había dejado donde antes había estado sentado, y cuando pasó junto a Alois, quien tenia a su lado a Luka; –Supongo que luego nos veremos. Si quieres beber algo ya sabes el truco. ¡Ah!, y la maquina de al lado, –la de comida- funciona igual –le confesó mientras se acercaba a la habitación en la que le esperaba su hermano. La voz de éste llamándole se oía desde donde estaban los hermanos Trancy.
Tras entrar a la habitación, Gilbert cerró la puerta y le entregó el regalo a su querido hermano una vez se sentaron en la alta camilla del hospital. Vieron las primeras fotos juntos, respondiendo Gilbert a las preguntas de éste. Le dio pena que no hubiera podido disfrutar su hermano de aquellos momentos que él si pudo, pero… sabía tan bien como que dos y dos son cuatro que, no podía haber hecho nada porque Aaron hubiera estado en esos momentos en que aun vivía su padre…
Cuando llegó el doctor Gilbert, como siempre, fue echado de la habitación, y no volvió a entrar hasta que salió éste y le dijo que su hermano, pese a la pequeñas décimas de fiebre que estaba sufriendo estos últimos días, estaba bien. Entró en el cuarto nuevamente, en esta ocasión para acostar a su hermano… Pronto le diría una enfermera que debía marcharse, así que nada mas lo dejó durmiendo, antes de que pudiera despertarlo la interrupción de la enfermera, salio en silencio tras haberse asegurado que estaba bien tapado por la sabana.
¿Estaría Alois esperándole abajo? Bueno, en caso contrario… esperaría ha que apareciera. Para algo le había recordado lo de la salida…
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Mensaje por Alois Trancy el Vie Abr 06, 2012 2:41 pm

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Qué razón tiene Aaron U_U Aún no lo sabe pero llegará el día en el que ukee a su hermano mayor (?) xDDD


Alois alzó una ceja al ver cómo los pequeños cuchicheaban entre ellos. ¿Qué estarían tramando? Cuando querían podían ser tan trastos como cualquier niño de su edad, pero no era algo que preocupara al rubio: seguro que no sería nada malo. Aquellos dos eran unos trocitos de pan. Y aquellas maquinaciones le dieron tiempo suficiente como para intercambiar unas palabras con Gilbert. La intervención de Aaron le hizo sonreír y reír un tanto quedamente. Despidió al pequeño con la mano cuando se marchó hacia su cuarto y siguió con la mirada a Gil yendo a por el paquete.

-Gracias por el aviso, créeme que le sacaré partido.- le aseguró con tono cómplice, despertando el interés de su hermano, quien miró con el ceño fruncido la máquina. Alois le revolvió el pelo pero guardó silencio a sus mudas preguntas: seguro que si se lo explicaba se pasaría el día robando chucherías de la máquina.- Venga, vamos al cuarto. Aún no hemos terminado de leer ese libro que tanto te gustaba, ¿no?

-¡Ah, sí! ¡Estaba muy emocionante, tenemos que terminarlo!- qué fácil era distraerlo con aquellos pequeños detalles. Alois le dedicó una última sonrisa a Gilbert antes de seguir a Luka hacia su habitación, la 208.

Por las siguientes dos horas (que era el tiempo que quedaba de horario de visitas) Alois y Luka estuvieron leyendo juntos. Pasaban tanto tiempo encerrados en aquel cuarto de hospital que se habían buscado todo tipo de actividades para hacer juntos. Además de leer hacían rompecabezas, veían películas y jugaban a juegos en el portátil que Alois le había regalado por su último cumpleaños (y que le había costado un buena pelea con Ciel por un adelanto), jugaban a todo tipo de juegos de mesa y cartas… Vamos, cualquier cosa que se les ocurriera. El rubio se quedó también mientras Luka cenaba y pudo despedirse de él antes de que la enfermera (no sin quejas por parte de Luka) lo mandara a dormir. Le dio su beso de buenas noches característico mientras le susurraba un “te quiero, Luka” contra la frente. El “te quiero, Onii” no se hizo de esperar. Apagó las luces y salió del cuarto.

Suspiró lentamente apoyado contra la puerta cerrada. Se dio unos segundos antes de echar a andar hacia el vestíbulo del hospital, donde suponía estaría Gilbert esperándole. Y efectivamente allí estaba. Alois sonrió encantadoramente (como siempre) y lo saludó con la mano mientras bajaba a saltitos los últimos escalones.

-Ya que soy yo quien te ha engatusado para salir supongo que el itinerario corre de mi cuenta, ¿no?- preguntó con tono jovial. Se llevó las manos a la espalda, entrecruzándolas en una pose infantil muy típica de él al andar.- ¿Bailas, querido Gilbert? ¿O preferirías algo más tranquilo como ir a cenar?

Aquella sería una muy buena distracción: salir a dar una vuelta con un amigo. Como cualquier chico de su edad normal.




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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Abr 07, 2012 3:46 am

De pie, en el vestíbulo, Gilbert esperó a que bajara su camarada para salir como ambos habían quedado, aunque… ahora que lo pensaba, no habían decido nada más que salir. A donde irían, que harían así como otras preguntas respecto al amplio abanico de posibles “actividades”, no fueron respondidas por ninguno de los dos. Gilbert, de brazos cruzados, suspiró. El pensar esto, aunque fuera por un minuto, le molestó un poco. Mas que nada por el hecho de que se estaba preguntando cosas como aquellas cuando, siempre que salía de casa ya fuera solo, con el grandullón y salido Zack u otros, nunca se preocupaba de eso. Él simplemente iba, se dejaba llevar e improvisaba. Si le apetecía beber, bebía, si le apetecía dar una vuelta, comer, ir a una discoteca o probar suerte en algún juego simplemente lo hacia. ¿Por qué preocuparse por lo que haría con Alois? Al fin y al cabo, tan solo irían a divertirse un rato…
Al verle bajar las escaleras, y más de aquella forma, esbozó una sonrisa a modo de media luna, respondiendo con un ademán de cabeza a su saludo mientras se descruzaba los brazos. –No es realmente necesario, Alois, ambos andamos igual respecto a nuestro bolsillo. Pero oye… como quieras, como tu has dicho… eres tu quien me ha engatusado para salir –le respondió en un tono similar, comenzando ha andar ambos hacia la salida. –Quítate de cosas tranquilas por hoy, Alois –soltó –Jugar con Luka y Aaron a la vez ha hecho que me despierte. Además, no hace mucho que le ayude a terminar la cena a Aaron –le confiesa con gracia. Sí, se había comido lo que su hermano había dejado de la sopa, la pechuga y bueno… se había pillado un bollo de la maquina como postre antes de irse. –Así que, la propuesta de bailar me parece genial –aceptó en el momento en que salían ambos, simultáneamente, uno junto al otro, por las puertas automáticas del hospital. -Rezaré para que puedas seguir mi ritmo –sonrió pícaro de medio lado, obviamente, buscando chincharle.
Fuera, pese al oscuro cielo, se visualizaban grandes y esponjosas nubes más oscuras que la propia noche. Sin embargo, parecía que aguantarían sin descargar, al menos, por un buen rato. O eso se esperaba el albino. El ambiente de fuera era agradable, fresco, pero aun así, Gilbert se ató la sudadera al notar como una fría brisa se colaba por los pequeños huecos de su ropa, acariciaba su piel y la estremecía. –A donde propone el guía que vallamos para empezar el tour –quiso saber mientras caminaban fuera del recinto del hospital y se incorporaban a la multitud que circulaba arriba y debajo de las iluminadas calles.
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"Se me quedó algo corto jejeje, no se me ocurrió mucho mas... XP. Y sobre lo de que Aaron se ukeará a Gil, cierto al 100%, seguro jajajaja"
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Mensaje por Alois Trancy el Sáb Abr 07, 2012 10:21 am

Spoiler:
http://www.zerochan.net/1041671 Ésta es la ropa que lleva Alois, pero sin la boina ;)

Gilbert lo esperaba con una sonrisa en el rostro. Solo con verlo allí de pie, esperando por él y solo por él, sintió una agradable calidez en el pecho. Rió con algunos de sus comentarios, especialmente con la alusión a que ya había cenado. Era tan fácil estar con él… ¿Por qué no habían dicho de salir juntos antes?

-¿Perdón? ¿He oído bien?- su tono se había vuelto incrédulo y se había llevado la mano al oído, colocándola como si quisiera con ello oír mejor.- ¿Qué tú vas a rezar para que yo siga tu ritmo? Oh, amigo mío, serás tú el que se las vea y se las desee para seguirme a mí.- le aseguró con un nuevo guiño travieso, rompiendo a reír inmediatamente después.- Está bien entonces: ¡a bailar se ha dicho!

Al salir del hospital los recibió una brisa fría que hizo al rubio estremecer y abrazarse a sí mismo para frotarse los brazos un instante. No es que hiciera un frío extremo pero aún tenían que aclimatarse, al fin y al cabo en el hospital estaba puesta la calefacción aunque la primavera ya había dado comienzo. Alois pensó entonces en su indumentaria y se dio cuenta de que no era exactamente la que habría elegido de saber que iría a bailar esa noche, era demasiado… formal. Pero por aquella vez tendría que valer. Se abrochó los botones de la corta gabardina y cerró el cinturón, metiendo después las manos en los bolsillos para mantenerlas calientes.

-¿A dónde? Hmm, déjame pensar… ¡Oh, ya sé un buen sitio! A lo mejor has estado antes allí, es un pub con pista de baile llamado “Spiral”. La música que ponen es bastante variada, aunque sobre todo son cosas bailables como pop y electrónico.- le explicó el rubio mientras caminaban por las transitadas calles.- No queda muy lejos de aquí. ¡Yo te guiaré~!- exclamó finalmente, colgándose del brazo de Gilbert con una sonrisita divertida.- Vamos, vamos, ¡tengo muchas ganas de llegar!

Estaba siendo infantil y lo sabía, pero él también tenía derecho a divertirse de vez en cuando, ¿no? No quería pensar en más cosas negativas por hoy. Quería bailar, reír, beber… olvidarse hasta de su nombre si hacía falta.

-Neh, Gilbert, ¿cómo te va en el instituto?- preguntó por sacar conversación durante el camino.- Vamos al mismo curso pero a penas nos vemos por estar en clases diferentes…- hizo un pequeño mohín, como si aquello le molestara de pronto.- ¿A ti te gusta el Dokusei? Yo creo que es un asco... Es feo, sucio, desvencijado... ¡y la gente que va a allí es tan bestia! Prácticamente nadie presta atención en clase, qué desperdicio.


Las nubes amenazaban lluvia pero probablemente no descargaran hasta la madrugada. De momento la noche se mostraba llena de luz y color para Alois.




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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Abr 07, 2012 2:17 pm


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Tras preguntar y mencionarle el rubio en nombre del pub, Gilbert negó con la cabeza como respuesta, intentando entonces el contrario vendérselo a pesar de ir si o si a aquel local. No sonaba mal el nombre, y eso contaba, así como la información de que su música era en general pop y electrónico. No era la primera vez que, dejándose aconsejar, acababa en un local en el que solo ponían heavy, rock, metal… Dios, aquella noche fue eterna para él. Así pues, se alegraba la idea de ir al “Spiral”, y más aun la idea de ir con el rubio. – ¡Pues está decidido, vamos al Spiral! –sentenció enérgico parándose en seco, estirando el brazo hacia delante, señalando el horizonte con decisión y con una incontenible sonrisita en su rostro. Alois con esto se le colgó al brazo libre y exclamó igual de animado por los planes, quedando Gilbert (instantes después) un poco mal ante los que le miraban, ya que el rubio le dirigió hacia una calle lateral cuando él señalaba convencido hacia delante hasta que Alois lo encarriló en la dirección correcta.
-Bueh, tirando… -dijo despreocupado. –Eso lo dirás por ti, porque yo te veo todos los días cuando entras y sales de clase junto Ciel –le confesó ligeramente, en el fondo, celoso por el otro, observando, de reojo, como cambiaba su mohín por una traviesa sonrisa. Cierto era que, como solía pasar el recreo en clase charlando con uno u otro, o mirando por la ventana haber que era lo que hacia el resto de gente, solía ver muy a menudo, por la franja de cristal, pasar a la “pareja” frente a su puerta de clase. La siguiente de Alois le hizo que pensar, pues él tenia razón pero… -Nunca me he llegado a preguntar eso, y eso que saber si te gusta o no se sabe a primera vista, jejeje… -se rasca inocentemente la nuca mientras seguían andando entre la gente codo con codo. –Es cierto lo que dices, pero… no sé, al final, como los buenos negocios, si sabes con quien estar, te das cuenta que esas bestias no son mas que gente como tu y yo –recordó el caso de aquel mono peliazul y pervertido llamado Zack. -En cuanto a la atención que prestan, tsk –rió- se nota que no has disfrutado de un sueñecito en medio de clase de lengua, jejeje… Pruébalo y me entenderás –le recomendó. Había clases que no se perdía, como mate e historia, por el hecho de servirle en sus “negocios”, pero tras probar una vez, le fue cogiendo el truco a quedarse ausente, ya fuera durmiendo, mirando por la ventana o garabateando en su cuaderno mientras estaba a sus cosas.
Siguieron andando, viendo como cada vez había más y más carteles luminosos a cada lado de aquella calle. Todos éstos exponían el nombre del local con llamativos colores. Las farolas, comparadas con aquellos carteles no alumbraban más que una cerilla junto a una gran hoguera, de ahí que no hubiera farolas a lo largo de la calle. Y, entre tanta luz, tantos carteles y tanto de todo en aquel lugar, Gilbert visualizó aquel local llamado “Spiral”. –Ya lo veo Alois. Esto va a estar a tope, ¡mira la de gente que entra! –le mira. –Haber si te voy a pedir al final la lista de los pub y discotecas a los que vas –bromeó. –Woeh! - al sentir como una marea de gente le empujaba hacia adentro una vez se acercaron, inconscientemente cogió a Alois por el brazo, pegando la espalda de éste a su pecho mientras seguían la corriente humana. No se había dado cuenta de lo bien que olía hasta aquel momento, aunque… en verdad, nunca antes había tenido al contrario tan cerca de él.
Al final, tan pronto como se vieron arrastrados por aquella masa de gente se encontraron dentro del pub. Gilbert, al ver parpadeó un poco confuso y miro al contrario, bajando la vista a él al sacarle unos diez centímetro. Ya nadie les empujaba, nadie les arrastraba hacia delante, sin embargo, le seguía pegando contra sí. –Oh, vergebung (perdón) –se disculpó con una nerviosa sonrisa a la vez que lo soltaba, y seguido, se desabrochaba la sudadera.
Dentro estaba algo oscuro en comparación con la de luz que rebosaba tras las puertas que daban a la calle.
-Bueno, pues ya estamos dentro, jeje –comentó mientras tanto. – ¿Qué tal si pedimos algo antes? Este “pro” del baile no funciona sin haber bebido antes –sugiere, echando un vistazo para ver donde iba a ser posible tomar algo. Y como no, donde la gente se apiñaba, ahí, tras toda esa gente, estaba la barra si o si.
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Mensaje por Alois Trancy el Dom Abr 08, 2012 2:58 pm

Alois se dio cuenta de que podía malinterpretar las palabras ajenas. Con cualquier otro habría aprovechado aquella oportunidad de oro para responder con algo como “pues sí que estás pendiente de mí, ¿no serás un acosador, verdad~?”, seguido de una mirada sensual y una sonrisa que a más de uno llevaba directo a su trampa de araña. Eran pocos los que podían resistirse a los encantos del rubio cuando éste se proponía en serio conquistar a alguien, incluso heterosexuales habían caído en la tentación… Pero no era eso lo que buscaba en aquellos momentos. Él sólo quería divertirse junto con Gilbert, y ya lo estaba consiguiendo sin necesidad de mucho esfuerzo. Siguió todo el camino colgado de su brazo, escuchándole hablar del instituto.

-A mí no me compares con esas sucias bestias.- se quejó, supuestamente ofendido.- Como tú, lo dudo, pero como yo… eso seguro que no.- terminó por sacarle la lengua infantilmente. Gilbert sacaba la parte más aniñada de él aun sin pretenderlo.- Es una oferta tentadora pero… prefiero dormir en casa y aprovechar el tiempo en clase, jeje.

Lo cierto era que Alois se tomaba muy en serio sus estudios por una única razón: serían su única forma de escapar de la vida que tenía ahora. Sin dinero ni familia solo veía dos formas de prosperar: o seguir eternamente con Ciel o tratar de procurarse un futuro decente con sus estudios. Y una parte de él (la más pesimista y depresiva) le decía que no podría estar siempre con Ciel… Antes o después sus estúpidos sentimientos le traicionarían y toda su “mentira” se vendría abajo.

Afortunadamente todos aquellos pensamientos se desvanecieron en el aire cuando llegaron al local. Ni tiempo tuvo Alois de responderle al alemán antes de que la marea humana los empujara hacia el interior.

-¡Gilbert!- lo llamó, temiendo que se separaran, pero el otro había sido más rápido y lo había agarrado, reteniéndolo contra su pecho.

Alois se dejó llevar sintiéndose protegido por ese pecho firme y masculino que notaba a su espalda. “No está nada mal… pero seguro que desnudo se ve mejor”. Aquel era un pensamiento muy típico en él, nada de qué preocuparse. La música, estridente y machacona, no acabó de convencerle pero, ¿qué diablos? Para lo que habían venido les sobraba. No entendió lo que Gilbert le dijo pero por el gesto de su cara creyó que se disculpaba por haberlo agarrado así. Alois solo sonrió como respuesta.

-¡Jajaja! Ok, ok, vamos a meterle algo de “gasolina” a tu depósito, señor Pro.- ahora fue él quien tomó al otro de la mano para arrastrarlo hasta la barra. Allí tenían servicio de guardarropas así que las prendas de más no serían un problema: perfectamente intercambiables por fichas numeradas. El rubio se deshizo de la gabardina y el pañuelo al mismo tiempo que pedía su primer cubata de ron.- ¿Qué vas a querer, Gilbert? Propongo que nos tomemos algo más flojo antes de que empiece a emborracharte a chupitos.- le propuso juguetonamente.- Aunque si hacemos un concurso de beber perderé vergonzosamente y tendrás que llevarme a casa en brazos. Te aviso ya de que tolero muy mal el alcohol... y quien avisa no es traidor~.

Y tan mal, era muy poco lo que necesitaba para emborracharse y muy poco más para terminar potando en cualquier esquina. Lo bueno de conocerse es que podría evitarlo. Prefería que fuera su compañero el que se desinhibiera y le mostrara que tan alocado podía ser el perfecto modelo de hermano mayor.




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Mensaje por Gilbert Weber el Lun Abr 09, 2012 6:16 am

Al igual que el rubio, Gilbert se deshizo de su sudadera para dejarlo en el guardarropas, quedando con su blanca camisa de manga corta desabrochada completamente, dejando a la vista la camiseta base de color negra. De su cuello colgaba la cruz de hierro de su padre. – Tomaré vodka negro con lima bien cargado –respondió a la vez que se hacia con el pañuelo y la gabardina del contrario para llevarlo al guardarropas, pero, la propuesta hizo que, se quedara a su lado un poco más, con la ropa sobrante de ambos doblada sobre un brazo. -¡Oh! ¿Me vas a emborrachar? Entonces mejor que sea uno muy cargado, jaja –rió. –De seguro que conocerás el famoso aguante alemán respecto al alcohol –comentó, alardeando en broma de ello. Él para nada tenia un aguante de aúpa, sobrenatural, pero en fin… -¿Por qué no hacemos esto mas entretenido con un concurso? –se le ocurrió, chafandole un poco el juego el rubio. Aun así, no le dio más importancia. Había mil cosas con las que pasarlo en grande aquella noche, y tener que llevar a Alois a su casa (que desconocía donde vivía) al de un par de horas de llegar, no era la mejor opción para pasar una gran noche de juerga. –Pues para tolerar mal el alcohol bien te deleitaras con tu cubata de ron, Alois –se lo echó un poco en cara, gracioso. –Venga, que no se hable mas, pídeme vodka con lima mientras dejo esto –le indicó los abrigos y, tras una animada sonrisa, se alejó de la barra marchando entre la gente hasta llegar al guardarropas. Allí le dieron una ficha que guardó en el bolsillo de su pantalón.
Moviendo la cabeza un poco al ritmo de la música, se dispuso a regresar junto a Alois y beber su querido vodka. Por el camino, entre algún que otro empujón, el moreno creyó reconocer algún que otro rostro, pero, creyendo imposible que pudieran ser ellos (alumnos de tercer curso del instituto contrario), siguió a lo suyo sin preocuparse lo mas mínimo. Cuando llego junto a Alois, tomó su vaso y dio un trago. –Ya que te retiras del concurso del beber, te sugiero que te retires del de bailar. Aun estás a tiempo, Alois. Una vez termine el esto, –alza el vaso de vodka en un pequeño gesto - ya no habrá marcha atrás –sonrió confiado y echó un nuevo trago. –No me hace mucha gracia la idea de llevarte al hospital después de machacarte –siguió alardeando, claramente en broma. Se le parecía tanto a Aaron, incluso en algunos de sus infantiles gestos, que, chincharle y bromear con él le era inevitable en momentos como este.
El “Spiral” tenia ambiente. La música sonaba sin cesar, la gente bebía, reía, charlaba, bailaba e incluso, en las sombras, alguna que otra pareja, se liaban desvergonzadamente en una esquina. Si, era un buen ambiente aquel… Un poco mas de alcohol en su cuerpo y estaría listo para romperlo todo aquella noche y pasarlo de miedo a mas no poder mientras el efecto de aquel primer vaso de vodka hacia efecto en él.
Un grupo de chicos de blancos uniformes se encontraban cómodamente sentados en la esquina más lejana del local, en los sofás. Al igual que el resto de los presentes, bebían y charlaban entre ellos, algunos incluso se movían de una lado a otro al son de la música pese a estar sentados. Nadie se acercaba mas de lo necesario a aquella esquina, pues bien sabían, o mejor dicho, bien se veía a primera vista que era una de las bandas del instituto riyu maindo.
Cuando Gilbert fue a dar su último trago a su vaso, a ver en la barra a un integrante de aquella banda a no más de tres personas de distancia, escupió el trago que se acaba de meter a la boca a propulsión sobre una chica que estaba a su otro lado. Ese tío… sabía quien era. Buscó rápidamente con la mirada al resto, cosa que no tardó en encontrar al ir todos de blanco y destacar de sobremanera en el lugar. La chica de a su lado soltó una maldición, calándose en el albino y todos su muertos por haberle calado de aquella forma. –Si, mira toma esto y sécate –le dijo rápidamente pasándole una par de servilletas de papel, pasando de sus comentarios mientras esperaba que aquel tío de la barra no se fijara en ellos. Mejor dicho, en él. –Con eso bastara, eh? –sonrió nervioso a la chica y se giró hacia Alois. –Eeeeeh… ¿por qué no vamos ya a bailar? Venga, vamos –le apresuró, tirando de su mano para que le siguiera.
No hacia mucho que había habido bronca entre la banda de Zack y aquella. Al parecer había gente nueva a la que no conocía de antes, pero también había gente ya veterana. Era peligroso meterse en aquel lugar, pero…! Joder, si ya estaba dentro ¡¿¡Qué coño iba a ser peligroso meterse ¡? Ahora el problema iba a ser salir, y más ahora que estaba con Alois, quien no sabía que estaba metido en aquel royo de bandas del instituto. No quería arruinar la fiesta al rubio, así que se arriesgaría a pasar desapercibido en aquel lugar. Con suerte… No, con mucha suerte igual ni se fijaban en ellos y pasaba la noche sin ningún lío. Estar ahí era como estar en la boca del lobo.
Tras guiar al contrario hasta el centro de la multitud que bailaba alocadamente, empezó a moverse al ritmo de la música frente al rubio, moviendo caderas, hombros, brazos y pies mientras observaba al contrario con una media sonrisa un pelín tensa. Y no tensa por tenerle bailando frente a él, sino por la posibilidad de tener una decena de ojos mirándole.
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Mensaje por Alois Trancy el Vie Abr 13, 2012 12:20 pm

Le encantaban esos piques amistosos que se traían entre manos los dos. Con Gilbert cerca no podía dejar de sonreír ni un momento. ¿Cómo no se había dado cuenta antes del feeling que había entre ellos? Habían perdido un tiempo precioso que podrían haber dedicado a cultivar su amistad… Pero nunca era tarde.

-De ron con coca-cola, no soy tan machito como para tomar eso a palo seco.- reconoció el rubio, riendo graciosamente. Desde luego “machito” no era un buen término para describirle, Alois era demasiado afeminado como para que le fuera bien, aunque a veces con Ciel sacaba su vena más masculina cuando tenía que echarle una buena bronca.- Muy bien: vodka con lima cargadito, tomo nota.

Gilbert fue a dejar las prendas y Alois se encargó de pedir las bebidas y pagar aquella primera ronda. Esperó hasta ver llegar de nuevo al alemán para darle el primer trago a la suya, agradeciendo interiormente que la coca-cola matara en gran parte el sabor del alcohol. Le gustaba emborracharse a veces, pero no el sabor del alcohol.

-Permíteme que discrepe: a bailar no podrás conmigo. Es imposible, te lo advierto ya. En la pista de baile no tengo control, Gilbert-kun.- le dijo con un tono misterioso y una mirada con cierto aire sensual.- Ni si quiera necesito beber para “desmelenarme”. Será mejor que te quedes bien cerca de mí o me perderé por la pista de baile~.

Si de por sí a Alois Trancy le gustaba llamar la atención, una discoteca era un arma mortal para quien quisiera resistírsele. Bailaba con desenfreno, de una manera atractiva y sensual que hacían pensar que había estudiado danza, pero no era más que cuestión de práctica. ¡Si hasta ya se le movían los pies solo de oír la música! Entre trago y trago tamborileaba con sus dedos sobre el cristal al son, sintiendo el ritmo invadirle y deseando empezar a bailar de inmediato. Pero algo raro pasó: Gilbert estaba discutiendo con una chica. ¿Qué había pasado? Tan solo se había despistado un segundo mirando a la gente y ahora Gil parecía extrañamente apurado.

-¿Eh? ¡Pero no he terminado el cubata!- gritó mientras era arrastrado hacia la pista de baile. Bueno, ¿qué más daba? ¡Él quería bailar! Apuró el vaso y lo abandonó en la primera superficie que vio, siguiendo entonces los pasos del alemán con emoción.- ¿Qué prisas te han entrado? ¿Tantas ganas tienes de que te demuestre nuestra diferencia de nivel?

Alois no se había fijado en los uniformes blancos, inocente de él. Y mejor así pues se habría puesto bastante nervioso. Pero no llevaban sus uniformes del Dokusei aquel día así que en cualquier caso estarían a salvo, ¿no? A no ser que los reconocieran…

Malentendió la sonrisa tensa del albino y pensó que se ponía nervioso por la cercanía a la que ahora estaban debido a la cantidad de gente que llenaba la pista. Alois sonrió maliciosamente, cual niño travieso, y comenzó a bailar muy cerca de él. Su cuerpo se movía con soltura, con gracia natural, danzando al ritmo de la música y contorneándose de una manera sensual. De vez en cuando echaba miradas pícaras a Gilbert y se rozaba “sin querer” con él.

-No lo haces nada mal, he de admitirlo. Esta “pelea” va a estar muy igualada.- con un ágil giro quedó de espaldas a él y se inclinó hacia atrás, acoplando los cuerpos de ambos en un movimientos sensual de caderas. Tomó la mano de Gil y la usó para girar sobre sí mismo y quedar de nuevo frente a frente.- Te ves un poco tenso, ¿pasa algo? No me digas que te pone nervioso bailar…- lo tomó de las solapas de la camisa y tiró hacia él haciendo que sus cuerpos se volvieran a encontrar, sin dejar de mover sus caderas y piernas con la música.-pegados.

El rubio estaba jugando, pero de la única manera que sabía: coqueteando de paso. No había ya en su cuerpo ni el más mínimo rastro de inocencia, así que aquello era lo más cercano que Gilbert podría encontrar. A Alois le gustaba demasiado sentirse observado, deseado… incluso por los amigos.




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Mensaje por Gilbert Weber el Sáb Abr 21, 2012 9:09 am

A pesar de bailar frente al rubio, quien despertaba en él sus deseos e instintos mas reprimidos con aquellos movimientos tan sensuales y tan cercanos a su cuerpo, una parte de su cabeza no dejaba de pensar en el grupo de blanco. Al menos así fue hasta que lo tomó de las solapas de su desabrochada camisa y tiraba de él, obligando a que ambos cuerpos se encontraran e incluso se pegaran el uno al otro, meneando sin cesar sus caderas contra las ajenas. Aquello excitaba al albino, a el cual se le veía un achispado brillo en su mirada a pesar de su ya no tensa sonrisa. -No digas tonterías… -le dijo muy de cerca sin cesar aquella sonrisilla nerviosa, casi frente a su rostro si no fuera por la diferencia de aquellos diez centímetros que le hacía descender su mirada ligeramente hacia el travieso rostro del rubio. –Para ponerme nervioso necesitaras hacer más que eso –le aseguró aun excitándole.

Gilbert no era alguien que ocupara su tiempo en cazar a gente que llevarse a la cama, ni tan siquiera era de los que perseguían a otro u otra por querer salir y tener una relación. No. El albino no le interesaba el amor, o al menos no lo tenía en uno de los primeros puestos en su lista de preferencias. Él más bien era de los que no rechazaba ninguna oportunidad si surgía algo. Al fin y al cabo también era un adolescente, y ahora, a pesar de haberse repetido una y mil veces aquello de no tener nada con Alois, le estaba siendo imposible no reaccionar a sus provocaciones. Aquel rostro malicioso de niño travieso reflejaba que era muy consciente de lo que hacia. Gilbert, habiendo bajado la guardia respecto a los de blanco, no le quitaba el ojo de encima mientras seguía moviéndose y frotándose contra el contrario sin cortarse. Aunque… en comparación, quien más se restregaba contra el otro era el menor.

La cercanía y movimientos de ambos no pasaron desapercibidos aun por la cantidad de gente que había en la pista. Las luces cambiaban de color en esta, alumbrándoles de forma intermitente pero continuada. Las miradas ajenas fueron incrementando, y en aquel momento en el que el albino se había relajado e incluso le había empezado por resbalar el que esos del Riyu Maindo estuvieran allí, alguien lo agarró del hombro por la espalda y tiró hacia atrás haciendo que se separara del Alois y que cayera de espaldas contra el duro suelo de la pista de baile. Mirando la escena desde arriba vio a tres tipos con aquel odioso uniforme tan impecable. El rostro de Gilbert se serenó de golpe al verlos. Se levanto pacientemente quedando en pie en medio de los tres del Riyu.

-Tu eres uno de los perros del Dokusei que sigue a ese creído de mierda de Zack –dijo uno como si le tuviera que recordar a Gilbert quien coño era él mismo. Al instante de terminar una nueva mano volvió a sujetarlo del hombro, haciendo esta vez que se girara de cara a otro de los estudiantes. –Tu hoy no sales de rositas…-le aseguro con retenida rabia aquel tipo. - Recibirás todo lo que nos hicisteis la otra noche tu y los tuyos –acabó sentenciándolo, terminando por golpearlo en pleno vientre con el puño americano que llevaba. En ese momento, Gilbert se dobló hacia delante con dolor, manteniéndose de pie y sin pronunciar ningún sonido de queja, escuchando como un tercero le felicitaba por el golpe, riéndose del albino.

Aquel espectáculo llamó más la atención de los presentes, tanto en la pista como en la periferia del local. Ahora si que habían captado la atención, y todo por intentar pasar desapercibidos. Dos nuevos de blanco se había acercado desde la misma mesa en la que habían permanecido durante la velada, acosando ellos al rubio al estar el albino ocupado entre aquel triangulo del Riyu. Sin embargo, con lo que no contaron fue con el enojo y la chispa de rabia que despertó en Gilbert el ver a esos dos poner la mano al contrario, así como escuchar lo que le sugerían de forma cerda. Tal fue el resultado que plaqueó al que tenía en frente y llegó incluso al golpear al más cercano en la cara, pillándolo por sorpresa. -¡No le toquéis ESCORIAAA! –gritó, propinando un nuevo golpe al sentir una mano por tercera vez en su hombro. ¡Joder, estaba arto de siempre el mismo gesto! Que se metieran la mano por el culo.

""Off; espero no haber perdido el hilo ... :S""
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Mensaje por Alois Trancy el Dom Abr 22, 2012 5:06 am

Se lo estaba pasando genial, como hacía siglos que no hacía. Se sentía libre, como cualquier chico de su edad: sin preocupaciones, sin responsabilidades… Solos él y Gilbert bailando y bebiendo, divirtiéndose. Hasta el albino terminó por relajarse frente a los insistentes movimientos e insinuaciones de Alois. Lo notó en la forma en la que sonrió cuando lo agarró de la camisa.

-O~h, no me tientes Gil-kun: me encantan los retos.- le susurró de manera pícara al oído, teniéndose que poner de puntillas para alcanzarlo. Después rió divertido y siguieron bailando.

Los movimientos de aquella pareja eran tan sensuales y obscenos que inevitablemente llamaban la atención de la gente de alrededor. Alois no sabía que eso era peligroso, y de haberlo sabido no se habría sentido tan increíblemente bien de que Gil y él provocaran las envidias de todos. Así que cuando aquellos tres tipos se acercaron y le arrancaron a Gilbert de los brazos, tirándolo al suelo y empujando a Alois lejos para que no pudiera intervenir, el rubio se quedó totalmente sorprendido. ¿Qué diablos estaba pasando? Reconoció entonces los uniformes y abrió los ojos con espanto. ¡Riyus no!

-¡Ey! ¡Dejadlo en paz!- gritó al ver cómo golpeaban a Gilbert en el estómago, haciéndolo doblarse de dolor. Quiso atravesar la barrera de aquellos tipos para llegar hasta su amigo pero era demasiado débil y pequeño como para hacerles frente. Encima alguien le agarró por detrás y tiró de él para volver a alejarlo de la pelea. Se revolvió para soltarse, sin éxito- ¡Soltadme!

-Tranquilo chico, no debes molestar a los mayores cuando están solucionando sus problemas.- le dijo con una sonrisa uno de los dos tipos que ahora lo rodeaban y que lo tenía agarrado de la muñeca derecha.- Tu amigo ha cometido un terrible error en venir a nuestro territorio y ahora va a pagarlo.

-Pero tú puedes venir a divertirte con nosotros.- propuso el otro, a la espalda de Alois, y lo agarró del trasero para sobárselo impunemente.- Ese tipo es un mierda, nosotros te trataremos mucho mejor.

-¡Deja de tocarme, asqueroso!- gritó Alois y quiso golpearlo pero su compañero lo agarró de la otra muñeca, alzándole ambos brazos y dejándolo inmovilizado con una facilidad que hacía ponerse rojo de rabia al muchacho. ¡Si tan solo hubiese tenido un arma consigo! El cuerpo a cuerpo era la mayor debilidad de Alois.- ¡No pienso ir a ningún lado con unos pringados como vosotros! ¡¿Por quién diablos me tomas?!

-Ahora no te hagas el estrecho, zorra.- aquel chico sonreía de una manera que asustaba al rubio; había un brillo peligroso en esos ojos que lo devoraban y Alois se estremeció muy a su pesar.- ¿Te crees que no hemos visto como bailabas? Estabas provocando a toda la puta pista. Tú lo que quieres es que te violen…- su compañero se echó a reír y el hombre que hablaba lo tomó de la barbilla y se inclinó como si fuera a besarle, pero solo para amedrentar más a Alois.-… ¿o me equivoco? Las putas solo tienen que estar calladas y dejarse hacer.

-¡¡Suéltame!!- gritó e intentó patearlo pero sin resultado. De pronto escuchó a Gilbert gritar tras él y Alois y los dos Riyu se giraron justo a tiempo para ver cómo el albino se lanzaba hacia ellos como una fiera salvaje, golpeando en el rostro a aquel que lo retenía de los brazos. El puñetazo hizo que lo soltara y no perdió su oportunidad: le dio un rodillazo en la entrepierna con todas sus fuerzas al que le había dicho todas aquellas cosas. El tipo se dobló de dolor y cayó de rodillas, quedando a la altura de Alois. Éste lo agarró del pelo para alzarle la cabeza y dijo.- Hasta las putas saben elegir a los clientes que merecen la pena… Y yo no follo con perdedores.

Lo empujó lejos y se volvió para tratar de ayudar a Gilbert. En la discoteca se había empezado a dar una batalla campal: alguien había empujado a otro alguien y una cosa había llevado a la otra… Ya no estaban peleando solo ellos. La música seguía y las luces parpadeaban, haciendo que todo se viera ridículamente estúpido. ¡Se suponía que habían venido a pasarlo bien! Pero la mente práctica de Alois le dijo que aquella era su oportunidad: tenía que tomar a Gilbert y salir de allí cuanto antes.

-¡Gil! ¡Gilbert!- lo llamó entre la multitud, tratando de acercarse a él entre aquel mar de gente violenta. Le empujaban y pisaban, y se sentía como una hoja en medio del mar embravecido, pero no se rendiría.- ¡¡GILBERT!!

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Simplemente perfecto *____*




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Mensaje por Gilbert Weber el Lun Abr 30, 2012 3:17 am

Todo transcurría muy rápido. La gente del lugar había empezado a golpearse entre ella por un efecto domino que empezó en el momento en que Gilbert golpeó al tercero que quiso girarle, agarrándole por el hombro. Le regaló una ración de nudillos a una de sus mejillas y una buena patada en el vientre que lo hizo chocar contra una inocente chica. El novio, que parecía un mueble tallado en pura roca, al ver lo ocurrido a su chica, lo levantó en brazos y lo lanzó a un lado bruscamente. De ese modo, el mismo tío de blanco fue golpeado por los tipos sobre los que había caído y les había tirado las bebidas. Los gritos y amenazas enseguida se vieron acompañados por los golpes y la música machacona del fondo. Aquello era un caos.
Entonces, al oír una familiar voz gritar su nombre entre el ajetreado bullicio de gente, Gilbert pareció despertar. Recuperó parte de su serenidad y conciencia, encontrándose aun hirviendo en su interior el recuerdo de cómo habían tratado a Alois. Esas imágenes tardarían en borrarse de su mente. El albino comenzó a moverse, siguiendo los gritos de Alois. Entre tanta gente era difícil moverse, y mas esquivar los empujones, pero aun así, el mayor logró dar con él rubio. –¡¡ALOIS, CUIDADO!! –gritó apresurándose a llegar a su lado a ver al tipo del Riyu, aquel que le había hecho preso y le había dicho todas esas cosas, se acercaba otro otro lado hacia él. Entre la gente y a contra corriente, el albino fue abriéndose camino hasta el menor, a quien cogió de la muñeca y se dirigió a toda prisa a la salida. Su corazón volvía a latir con fuerza, pues aquel tipo les seguía junto a dos matones más. No era dado al combate cuerpo a cuerpo, y menos si estaba en desventaja en número. Además, no quería que le pasara nada a Alois, por lo que lo protegería como fuera sin ponerlo en peligro.
Una vez llegaron a la entrada, el aire fresco y nocturno de la calle lo despejó de golpe. Aun sujetando a Alois de la muñeca con fuerza, no queriendo perderlo, miró a uno y otro lado de la transitada calle, decidiéndose rápidamente en tirar calle abajo. La otra calle les conducía a una de las calles principales, amplia y con pocos sitios donde poder perder a sus perseguidores. Esta otra, la que había tomado… no sabía a donde daba, pero no tenía mas remedio. Y menos podía ya arrepentirse de su elección y echarse atrás, puesto que sus perseguidores iban tras ellos por aquella calle como rabiosos sabuesos de caza.
Gilbert respiraba agitadamente a bocanadas mientras corría arrastrando consigo a Alois, apartando a la gente que le gritaba tras empujarla. La adrenalina que recorría su cuerpo le hacia correr mas rápido de lo normal, teniendo que frenarse al notar como Alois no seguía su ritmo. – ¡Un poco mas, vamos! –le pidió echándole un rápido vistazo tras ver unos metros mas adelante un callejón, apretando el paso.
Al llegar, una vez entraron decididos (al menos el albino), un callejón sin salida se alzaba frente a ellos.
-Joder… –se maldijo frunciendo con rabia el ceño y apretó los dientes con fuerza. Se giró hacia el rubio, portando un semblante serio y preocupado. Al mirar su rostro, tan rápido se percató de lo fuerte que presionaba la muñeca del contrario, apartó la mano como si esta le quemara. –Tsk, menuda puta mierda todo… -dijo molesto con todo, apartando el rostro a un lado para luego girar el cuerpo entero, dando la espalda a el rubio. Los del Riyu no tardarían, y ellos no podían más que esperar allí ahora que no podían regresar o de seguro acortarían el tiempo que tenían antes de su encuentro.
Se acercó a uno de los contenedores que había bajo una vieja escalera de incendios en la que no había caído Gil, y lo pateó, descargando su rabia por lo inútil que era a la hora de proteger lo que le importaba.
La escalera estaba incompleta, y para llegar a ella, a falta de la escalera corrediza que debía por terminar el tramo hasta el suelo, había que ser muy alto. Eso, o simplemente tener algo de cerebro. No quedaba mucho tiempo para que vinieran los “blancos”, y el tiempo era oro si querían salir de ahí de una sola pieza.
El edificio al que daban las escaleras parecía antiguo y abandonado. Tal vez lo usaran de forma clandestina y en verdad estuviera repleto de drogatas sin techo, pobres e incluso delincuentes callejeros. Pero… tal vez no hubiera más que asustadizos roedores y basura por todos lados. Hubiera lo que hubiese, era mejor arriesgarse que no intentar nada y recibir una paliza aun defendiendo su orgullo.
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Mensaje por Alois Trancy el Sáb Mayo 12, 2012 5:32 am

Todo se había vuelto tremendamente caótico. La gente gritaba, empujaba y se golpeaba a su alrededor, y Alois estaba atrapado entre todo aquello. Había perdido de vista a Gilbert y trataba de hallarlo desesperadamente, sin éxito. De repente sintió que alguien le agarraba por la camiseta entre la multitud y vio horrorizado que se trataba de uno de los tipos que le habían acosado. Sin embargo antes de tener tiempo si quiera a asustarse sintió que alguien más le agarraba de la muñeca, y esta vez se trataba del albino. Gilbert lo apartó de allí (a costa de rasgar la prenda, pero Alois ni cuenta se dio con la tensión del momento).

Ambos se escabulleron del pub como pudieron y luego corrieron calle abajo. El rubio trataba de seguirle el ritmo a su compañero, pero no sin mucha dificultad. No tenía mucha resistencia física y eso se notaba rápido. Pudo aguantar más de costumbre porque tenía el incentivo de que los perseguían y, de detenerse, ambos eran hombres muertos. Pero aún con todo a los pocos minutos estaba jadeando y le dolía muchísimo el costado por el flato.

-L-lo… intento…- masculló a duras penas cuando Gilbert lo animó a seguir. El corazón le latía a mil por hora y estaba rojo por el esfuerzo, sin contar con el dolor de la zona donde Gilbert lo sujetaba para hacerlo correr más (ya ni sentía la mano).- S-siento… ser tan… patético en… estos momentos…

Ni veinte segundos de descanso después estaban corriendo de nuevo. Alois daba por sentado que su compañero sabía a donde iba, pero pronto se dio cuenta de que no era así: estaban en un callejón sin salida. Habría maldecido como Gilbert estaba haciendo, pero para eso se necesitaba un aliento que no le sobraba, así que tan solo se dedicó a jadear mientras el otro aplacaba su ira con el mobiliario urbano. Miró atrás con miedo de ver aparecer a los Riyus en cualquier momento. Apenas tenían tiempo.

Y entonces se fijó en la escalera de incendios que había justo encima de Gilbert, demasiado alta para alcanzarla… pero no totalmente inaccesible.

-Gil, tengo una idea.- le informó, ya casi recuperado de la carrera. Fue hacia él y lo tomó de la camisa para después señalarle con el dedo las escaleras de incendios y los contenedores que estaba pateando hasta ese momento.- Trata de trepar hasta ahí subiéndote sobre los contenedores de basura. Yo soy demasiado bajo, no alcanzaría las escaleras ni con esas, pero cuando tú estés arriba podrás ayudarme. ¡Vamos, no tenemos tiempo!

Volvió a mirar hacia la entrada del callejón con miedo, mas seguía despejada. Con muy poco estilo (todo hay que decirlo) se subió a uno de los contenedores mientras que esperaba que Gil hiciera lo propio. Si el albino lograba impulsarse con los brazos hasta arriba luego podría tenderle una mano para ayudarle a subir. Pero si no tenía fuerza suficiente como para realizar aquella maniobra… estaban perdidos. Y prefería ni pensar en lo que esos tipos le harían por haber pateado la entrepierna de su amigo.




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Mensaje por Gilbert Weber el Dom Mayo 20, 2012 11:01 am

Descargaba su impotencia sobre aquellos contenedores sin pensar en nada más que la había cagado bien gorda. En su mente incluso veía el momento de los blancos apareciendo por aquella calle, acorralándolos al final para allí comenzar a pelear. Para que la golpiza y la masacre por parte de esos pijos cabrones hacia ellos empezara y, seguramente, terminara tan rápido como empezara. Gilbert estaba decidido a defender a Alois, le importaba en aquel momento tanto como su hermano Aaron.

-…Eh? –miró hacia donde le señalaba, arriba. Una plataforma de hierro que trepaba por la pared del edificio se le apareció. No literalmente puesto que llevaría ahí mas tiempo que él en el mundo, pero por la falta de luz, los nerviosos a flor de piel y que todo lo había empezado a ver negro tras dar con aquel callejón sin salida, la discreta escalera de incendios se le había pasado por alto. Aunque… algo ciego e idiota para no ver aquella grandiosa alternativa que subía a los cielos. – ¡Alois, eres un genio! –le felicitó, recuperando ese chispa vital que casi había desaparecido en él por la oleada de negatividad que le había golpeado. En cuanto lo apremió, sin tiempo para nada, Gilbert se puso en marcha. Se subió al contenedor y de un salto logró llegar a la plataforma metálica de las escaleras. Al parecer algo le servia hacer algún que otro ejercicio en las dejadas clases de educación física.

Una vez arriba, de rodillas frente al hueco por el que tendrían que ir las escaleras, se agachó y estiró la mano para subir al rubio. Unos gritos que decían “¡están en este callejón, vamos! ¡Qué no escapen!” se acercaban, y el corazón de Gil latía a mil por hora. La adrenalina del momento (pues aun quedaba el rubio por “desaparecer” del lugar) provocó que nada mas sus manos se unieron, la aferrara con fuerza y lo subiera como si pesara la mitad. Ambos cayeron hacia atrás, encontrándose Gilbert bajo el menor.

Todo en ese momento fue muy rápido. Los blancos llegaron e incluso registraron el lugar sin darse cuenta de la presencia de los dos “fugitivos” ahí subidos. Gilbert no se percató de que mantenía entre sus brazos a su amigo hasta que notó un en intercalado aliento de este sobre su aliento por la agitación del momento. Habían estado tan cerca… Cuando se percató de esto, Gil soltó el aire y tomo una gran bocana de aire. Al parecer, por los nervios y la tensión del momento, había dejado de respirar inconscientemente. Gilbert le sonrió aliviado y estupidamente divertido.

-Dios… -jadeó. –Alois, eres el mejor. No sé que seria sin ti, en serio, no seria nada. Si estamos bien es por ti, por tu control –lo halagó con la mirada fija en sus ojos. –Además, esto ha pasado por mi culpa. Tuve que haberte avisado antes de que estuvieran ahí esos tíos, pero como no quería joder el nuestra… -dudó un momento. –Lo que sea esto… -acabó diciendo. - No quería estropearlo porque me importa lo que piensas de mi… - confesó sin apartar el rostro y la mirada. –Desde que te conozco me importa –remarcó sin saber por qué. Sus brazos habían soltado al contrario al principio, o al menos se habían aflojado de su espalda y cintura.
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Mensaje por Alois Trancy el Mar Mayo 22, 2012 8:39 am

Si había algo que Alois adorara eso eran los elogios. (Incluso más que el sexo, porque los elogios los podía recibir hasta de personas que el rubio jamás dejaría siquiera acercarse a su cama). Pero no tenía tiempo para recrearse en le hecho de que un chico sexy y cool como Gilbert le hubiera dicho que era un genio. Ambos se subieron a toda prisa sobre los contenedores y Alois esperó ansiosamente a que el albino se alzara. Le sorprendió la agilidad que mostró, algo que hubiera estado totalmente fuera de su alcance. Rápidamente ocupó su lugar y estiró los brazos hacia el hueco de la escalera, escuchando ya los pasos a la carrera y los gritos. Cerca, demasiado cerca.

-¡Aaaah!- no pudo evitar el pequeño gritito cuando sintió que sus pies se separaban del suelo con brusquedad. Se habría regañado a sí mismo por ser tan poco masculino, pero la nueva posición en la que se encontraba lo distrajo bastante.- G-Gilbert…

En su afán por esconderse de los Riyus, Gilbert había terminado bajo Alois y lo abrazaba con tanta fuerza contra él que el rubio no tenía margen de movimiento alguno. Sabía que debía estarse quieto y en silencio pero… ¡su corazón estaba montando un maldito escándalo! Palpitaba con tanta fuerza que le costaba creer que sus perseguidores, allí abajo, no lo escucharan. Pero… primero la alocada carrera y ahora aquello… Sentía sus mejillas un tanto sonrojadas, todo culpa del calor y la firmeza que desprendía el cuerpo del albino. Y lo abrazaba de una manera tan estrecha… Estaban tan cerca que el olor de Gilbert empapaba sus sentidos, una mezcla de sudor y perfume que lejos de ser desagradable le estaba gustando. Quizás demasiado. Tragó saliva con dificultad y cerró los ojos con fuerza. “Pasará rápido, pasará rápido… ¡deja de pensar en cosas pervertidas!” se reprochaba interiormente.

Finalmente los tipos se fueron y Gilbert pareció relajarse. Solo entonces se dio cuenta de la situación tan “delicada” en la que estaban y lo soltó. Alois se sintió un poco molesto por esto, pero se tragó su infantilismo y se separó de Gil al menos lo necesario para mirarse a los ojos. El sonrojo seguía allí pero ya comenzaba a calmarse… hasta que el alemán empezó a decir cosas raras.

-T-tampoco es para tanto, estás exagerando…- ¿por qué estaba tan feliz y avergonzado a la vez? Lo habitual en él era tomarse piropos como aquellos como si fuera lo más normal del mundo. Pero Gilbert lo decía de una forma tan directa, y encima mirándole a los ojos con tanta intensidad que… que… bueno, que lo confundía.- ¿D-de verdad te importa? S-si sigues diciendo cosas tan raras voy a empezar a pensar en cosas equivocadas, idiota…

¿Por qué desviaba la mirada y se sonrojaba como el típico uke inocente? ¡Oh venga, vuelve en ti Alois! Esa actitud no iba nada con él, tenía que mostrarse más seguro, fingir que controlaba la situación aunque no lo hiciera… Pero no podía mostrar dudas. Las dudas eran un tipo de debilidad… y Alois había aprendido de la experiencia personal que la debilidad se pagaba muy cara en un mundo como aquel. Aquel oscuro pensamiento fue suficiente como para despertar a su lado cínico. “Idiota” se dijo “no dejes que te engañe con su fingida amabilidad, seguro que solo busca lo mismo que todos los demás…”.

Una seductora y ladina sonrisa se formó en sus delicados labios. Un brillo extraño había aparecido en sus grandes ojos celestes, no exento de sensualidad pero tampoco de malicia.

-Neh, Gilbert…- la voz le salió lenta, melosa. Volvió a inclinarse sobre el albino restregando su cuerpo contra el ajeno deliberadamente.- ¿No crees que todo esto de la pelea y la carrera ha sido estimulante… y excitante?

Su diestra descansaba ahora sobre el pecho del otro, justo encima de su corazón. Alois había entrado en modo “depredador” casi sin proponérselo. Era lo malo de estar totalmente condicionado a expresar cualquier tipo de gratitud con gestos como aquel. Pero dentro de él, Alois sabía exactamente lo que estaba haciendo: demostrarse a sí mismo que hasta un tipo de tan buen corazón como aquel caía víctima de sus propios instintos y deseos más ocultos.




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